viernes, 23 de octubre de 2026

Manuel García Verdecia / Sábato y sus fantasmas

Sabato y sus fantasmas
La novela ha definido su esencia como genero al intentar la expresión más integral y conjuntiva del hombre como ser en busca de su otredad en medio del más complejo y dinámico contexto


SÁBATO Y SUS FANTASMAS

Por Manuel García Verdecia
Mediaisla, 26 de enero de 2013


Resulta una práctica consecuente que cada escritor conjeture determinadas consideraciones sobre la manera peculiar en que concibe su arte.  Es lógico y hasta necesario pues, en definitiva, la creación consiste en una manera peculiar de asumir y expresar el mundo. Cada creador parte de su individualidad singular y es esto precisamente lo que confiere atractivo y originalidad a su labor. No es fortuito que Buffon estimara que «El estilo es el hombre mismo»,  pues indiscutiblemente el carácter de toda escritura dimana de la destilación de preocupaciones, motivaciones, perspectivas y destrezas para asumirlos que son propias de cada autor.
En el terreno de la novela, autores tan paradigmáticos como Alejo Carpentier, Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Milan Kundera, solo para dar algunos ejemplos mayores, han escrito páginas verdaderamente reveladoras sobre esta ardua labor de composición. Estos escritos sirven para conformar una suerte de diario íntimo de los retos y aventuras que han arrostrado al escribir sus obras. Sirven para ahorrarnos tropiezos y sinsabores a los que intentamos lances semejantes pero, sobre todo, para incitarnos a pensar en determinados problemas que conllevan a hallar esa voz interior única que es la que puede salvarnos del oscuro montón.
En este sentido, es interesante asomarnos a los criterios de un autor latinoamericano fundamental, el argentino Ernesto Sabato, recientemente desaparecido. Sabato, altamente reconocido como un patriarca ético, realiza una serie de apreciaciones y opiniones que son altamente productivas. Estos criterios están prestigiados por su destacada práctica novelística. Recordemos que es el autor de novelas como El túnel, 1948, Sobre héroes y tumbas, 1961, y Abaddón el exterminador, 1974, ya imprescindibles en el panorama de la literatura hispanoamericana.
En un curioso e interesante dietario, El escritor y sus fantasmas, Madrid, 1963, el novelista aporta luminosos y enriquecedores juicios en torno a la novela. De entre las disímiles ideas veamos algunas medulares para entender mejor este fenómeno.
En primer lugar está el concepto de novela. Si en literatura hay algo escurridizo y arduo de entregar en los márgenes de un concepto es la novela. Hay definiciones, claro, pero la mayoría incurre en la inexactitud y nos deja confusos. Sabato no da una píldora de concepto, pero hace algo muy útil, nos dice, a su modo, cuáles son las cualidades que las distinguen. A partir de la tradición, sus exponentes y su propia práctica la caracteriza así: «1. Es una historia (parcialmente) ficticia. 2. Es un tipo de creación espiritual en que… las ideas no aparecen en estado puro, sino mezcladas con los sentimientos y pasiones de los personajes. 3. Es un tipo de creación en que… no se intenta probar nada: la novela no demuestra, muestra. 4. Es una historia (parcialmente) inventada en que aparecen seres humanos, seres que se llaman “personajes”.»
De estas notas se coligen algunos elementos significativos a la hora de acometer la escritura de una obra de este género. Como se ve el elemento persistente en esta caracterización es el que sus contenidos fermentan en una historia. Su componente de ficción, que la ubica en el reino de la literatura, no quiere decir que la aparte de la verdad, sino que sirve para exponer esta más eficazmente. Al ser básicamente narración, no ensayo o tratado, las reflexiones en torno a su mundo deben surgir de la propia intimidad de la historia. Surten, como en la propia vida, unidos espontáneamente con el resto de las esferas vitales de los personajes como lo emotivo y lo sensitivo y lo volitivo. De aquí se deriva que lo importante no sea imponer una tesis mediante disquisiciones y argumentaciones sobre determinados conceptos o fenómenos, sino dejar que sea la propia actuación de sus personajes las que nos visibilicen el mundo sobre el que nosotros hemos de meditar. Por último, la historia adquiere peso y sentido a través de sus personajes, las situaciones, dilemas y afanes en que ellos se ven implicados. Los mismos deben llevar la mayor carga de humanidad, pues solo son personajes porque viven, actúan, padecen y acontecen en un espacio-tiempo ficticio llamado novela, pero su esencia es profundamente humana. Mientras más eficazmente humanos sean ellos más certeros e inolvidables serán.
Otro asunto muy discutido ha sido el de la técnica, su lugar y peso. Sabato opina de esto: «Para mí la novela es como la historia y como su protagonista el hombre: un género impuro por excelencia.» De modo que reconoce la posibilidad del mestizaje, la inclusividad, los dialógico en su composición. Añade: «En cuanto a la técnica, considero legítimo todo lo que es útil para los fines perseguidos e ilegítimas aquellas innovaciones que se hacen por la innovación misma.» O sea el autor tiene un sentido funcional de la técnica, determinado por el fin expresivo. Y aquí debe insistirse en ciertos advenedizos del género que, antes de tener un fenómeno de interés humano que contar, se detienen a considerar el álgebra que nos infligirán, o sea, el formulario de malabarismos, excentricidades y devaneos que emplearán. Buscan «ser originales» a ultranza, sin percatarse de que la fuerza de una historia singular ayudará a encontrar los mejores caminos de contarla. Ser original es contar como solo la visión y la voz propia pueden hacerlo.
El empleo funcional, aunque abierto a disímiles posibilidades, Sabato lo justifica así: «La novela de hoy se propone fundamentalmente una indagación del hombre y para lograrlo el escritor debe recurrir a todos los instrumentos que se lo permitan.» Nótese que es la peculiar percepción sobre el hombre la que determina a qué recursos apelar, no viceversa. Es todo lo contrario de ciertas obras contemporáneas – objetos triviales de esta civilización del espectáculo de la que ha hablado Vargas Llosa – donde la técnica es un juego al escondrijo, un espectáculo de fuegos artificiales, con el triste inconveniente de que, tras los relumbrones, no hallamos esa «indagación del hombre». Sabato es categórico: «…nada en la novela debe hacer sacrificar la verdad.»
Un aspecto candente ha sido el de la aparición o no de ideas en la novela. Género mestizo por esencia – «impuro» lo llama Sabato –, últimamente ha incorporado muchas de las tareas del ensayo. Dice Sabato: «La literatura de nuestro tiempo ha renegado de la razón, pero no significa que renuncie al pensamiento.» Y en tal sentido señala que la irracionalidad en la novela, «…sostiene que los hombres, en la ficción como en la realidad, no obedecen a las leyes de la lógica.» Yo humildemente especificaría que se trata de cierta lógica establecida por la costumbre, la ignorancia y la demasiado larga adolescencia de la humanidad que no desarrolla su madurez consciente. Él concluye: «Nunca como hoy la novela ha estado tan cargada de ideas.» Lo cual no niega el grado de irracionalidad evidente en el mundo, pero este también se manifiesta en ideas. La novela, ya se ha dicho, muestra lo que es. Obviamente, habiendo dicho lo que ha aclarado sobre las cualidades de la novela, tal cuerpo de ideas debe brotar del propio comportamiento de los personajes y no como un injustificable añadido.
Terminemos este muestrario de las ideas de Sabato en torno a la novela con otro elemento distintivo. Desde la aparición de El Quijote se ha hablado una y otra vez del afán de totalidad que mueve a los novelistas. Es la aspiración a conseguir un universo pleno con todas sus complejas ramazones de causas y consecuencias. Sabato anota: «…por su misma hibridez, a medio camino entre las ideas y las pasiones, estaba destinada a dar la real integración del hombre escindido.» Es así que la novela ha sido el género que ha podido aportar, «…la síntesis entre el yo y el mundo, entre la inconsciencia y la conciencia, entre la sensibilidad y el intelecto. Es claro que se ha podido dar en nuestro tiempo pues, al quedar libre la novela de los prejuicios cientifistas que pesaron en algunos escritores del siglo pasado, no sólo se mostró capaz de dar el testimonio del mundo externo y de las estructuras racionales, sino también de la descripción del mundo interior y de las regiones más irracionales del ser humano, incorporando a sus dominios lo que en otras épocas estuvo reservado a la magia y a la mitología.» De modo que la novela ha definido su esencia como genero al intentar la expresión más integral y conjuntiva del hombre como ser en busca de su otredad en medio del más complejo y dinámico contexto.
Viniendo de un escritor como Sabato, estos apuntes son un armamento insuperable para adentrarse en el fascinante arte que es la novela. 




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