Leonardo Padura
Los límites del amor
Para el Maluco Villafaña
Miércoles
Suena el despertador, justo a las dos y veinte de la madrugada. Es un alivio. Descubres que has dormido mal porque sentías frío. Las cuatro horas dedicadas al sueño las pasaste con unos intangibles deseos de levantarte y hacer algo, tal vez sólo orinar, pero nunca te atreviste a dejar la cama. Eso siempre pasa.

