El daño es real
Fabricar una imagen sexual sin consentimiento es disponer arbitrariamente de nuestra intimidad y vulnerar nuestra libertad.
Edna C Bonillá Sebá
Las imágenes son falsas, pero el daño es real. En un colegio de Lomas de Zamora, Argentina, varias familias denunciaron que alumnos utilizaron inteligencia artificial para crear y difundir imágenes sexuales de sus compañeras. Se investiga su presunta comercialización. Su intimidad habría sido vulnerada por sus compañeros de clase.
En Estados Unidos, la denuncia de una presunta violación grupal a una estudiante de Cornell ha provocado protestas y cuestionamientos a la universidad. Los hechos ocurrieron en 2024. Recientemente se anunció una revisión independiente de la respuesta institucional.
Ambos casos exigen examinar qué enseñamos sobre consentimiento, cómo prevenimos y cómo actuamos ante una denuncia. Educar implica comprender el daño y la responsabilidad de evitarlo.
No tenemos que mirar lejos. Entre enero y julio de 2026, Medicina Legal practicó 8.504 exámenes a menores por presuntos delitos sexuales. En promedio, 40 diarios. Las cifras preliminares del Dane para 2025 registraron cerca de 3.000 nacimientos cuyas madres tienen entre 10 y 14 años. Ocho diarios, en promedio. En el sistema de convivencia escolar, entre 2020 y 2025, cerca del 85 % de los registros de presunta violencia sexual correspondieron a niñas y mujeres.
Según la ONG Poderosas, en 2025 el 24,4 % de los nacimientos en Vichada correspondieron a madres adolescentes; en Bogotá, el 8 %. Esa desigualdad obliga a orientar recursos según las necesidades territoriales y garantizar educación sexual, salud y continuidad educativa. La protección de una niña no puede depender del lugar donde vive.
Proteger implica reconocer los derechos y la autonomía de las niñas y las mujeres, también en el mundo digital. Fabricar una imagen sexual sin consentimiento es disponer arbitrariamente de nuestra intimidad y vulnerar nuestra libertad. Una agresión atenta contra nuestros derechos, pero no nos quita dignidad. Gisèle Pelicot lo expresó: “La vergüenza debe cambiar de bando”. Ninguna víctima debe justificar su conducta para recibir protección.
Las buenas notas o el prestigio académico no garantizan que sepamos convivir. Respetar a una mujer no requiere aprobar sus decisiones. Las instituciones educan. Cuando minimizan una agresión o desatienden una denuncia, desprotegen a la víctima y enseñan que agredir puede quedar sin consecuencias.
Desde mi experiencia sé que prevenir requiere continuidad, decisión política y recursos. Necesitamos educación sobre sexualidad y consentimiento, familias comprometidas, docentes acompañados y trabajo articulado con las autoridades. Los niños y jóvenes deben aprender a respetar a sus compañeras y a pedir ayuda cuando sufren o conocen una agresión. Esa tarea empieza antes de la denuncia.
Proteger implica reconocer los derechos y la autonomía de las niñas y las mujeres, también en el mundo digital. Fabricar una imagen sexual sin consentimiento es disponer arbitrariamente de nuestra intimidad y vulnerar nuestra libertad
El Ministerio de Educación y el ICBF deben proteger a las niñas con acciones verificables. Esto implica fortalecer la educación integral para la sexualidad, adecuada a cada edad, y garantizar orientación escolar, atención sin revictimización y continuidad educativa para las niñas embarazadas y madres. La coordinación territorial requiere responsables, recursos y resultados públicos en prevención, atención y protección. A las plataformas les corresponde impedir la difusión de imágenes sexuales sin consentimiento y retirarlas con rapidez. La justicia tiene que responder con diligencia, garantías y enfoque de género, sin revictimizar a quien denuncia.
El respeto a las mujeres es irrenunciable. Nuestro cuerpo, nuestra intimidad y nuestra libertad nos pertenecen. Ninguna habilidad, título o tecnología da derecho a disponer de ellos. Educar bien exige enseñar ese respeto y hacerlo valer.
Posdata. Felicitaciones a la gran Piedad Bonnett por el Premio Federico García Lorca. Orgullo de mujer.


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