
La aventura mexicana de Penelope Fitzgerald como cazaherencias
Jessica Francis Kane recrea en la novela ‘Fonseca’ el viaje de la escritora británica con su hijo para escapar de la penuria económica

Aún faltaba más de un cuarto de siglo para que Penelope Fitzgerald (1916-2000) arrancara su carrera como escritora a los 58 años, y se convirtiera en una de las autoras británicas más reverenciadas y queridas, un clásico de la literatura del siglo XX. En 1952 Fitzgerald mediaba la treintena, estaba en los primeros meses de su tercer embarazo, codirigía con su esposo Desmond, a quien había conocido en la Universidad de Oxford antes de la guerra, la revista literaria World Review, donde publicaban textos de J. D. Salinger, Norman Mailer o Alberto Moravia, y trataba de sacar adelante a dos hijos pequeños, mientras navegaba el alcoholismo de su pareja, que ya había perdido la licencia como abogado. Fue entonces cuando emprendió un viaje propio de una novela junto a su hijo Valpy, de cinco años, a Saltillo (México), alentada por la carta de unas supuestas parientes irlandesas, a quienes ella no conocía, y que le comunicaban que buscaban heredero para su fortuna y pensaban que su vástago era un posible candidato.