Álvaro Colomer se ha propuesto desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores contemporáneos, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más abstracto: de la literatura.
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Enrique Vila-Matas tenía cinco años cuando Josep Maria Gironella ganó el Premio Nacional de Literatura con Los cipreses creen en Dios, pero se encontraba a las puertas de la adolescencia cuando se entusiasmó con la dramatización que RTVE hizo de esa misma novela. De hecho, aquella adaptación le gustó tanto que enseguida se puso a escribir el que sería su primer intento (fallido) de novela, a la que precisamente tituló La llamada de Dios.

