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viernes, 7 de agosto de 2026

La llamada de Hanna Nordenhöh

 



La llamada de… Hanna Nordenhök


Álvaro COLOMER
11 de febrero de 2026


Hanna Nordenhök sintió la llamada de la literatura durante un vuelo. Tenía siete años cuando su padre se la llevó como acompañante al estreno de una obra de teatro traducida por él mismo: Bodas de sangre, de Federico García Lorca. La sala estaba en la otra punta del país y, durante el viaje en avión, el hombre leyó a su hija la historia que había trasladado al sueco, un manuscrito en el que dos hombres se pelean por amor y en el que tres mujeres lloran de dolor. Y lo que ocurrió durante aquel trayecto es que la voz del padre amado, sumada al calor que desprendía el texto y al zumbido del primer avión tomado en la vida, despertó en la pequeña un sentimiento, mejor dicho una necesidad, que hoy identifica con el nacimiento de su vocación.

lunes, 29 de junio de 2026

La llamada… de Miqui Otero

 

La llamada… de Miqui Otero

Foto de portada: Foto: Cecilia Duarte


La llamada… de Miqui Otero


Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.

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Miqui Otero sintió la llamada de la literatura precisamente a través de una llamada… aunque, en su caso, de teléfono. Al otro lado de la línea, una voz lejana, ignota, mínima: “Tú no me conoces, pero soy tu primo… el de América”. Cuando les entraba la morriña, los parientes que abandonaron Galicia para labrarse una vida allende los mares cogían el teléfono y marcaban un número de su España querida. Sus voces sonaban a través de la línea como si fueran psicofonías que reclamaran no caer en el olvido, y sus tonos de voz, casi siempre melancólicos y añorantes, excitaban la imaginación del niño en ese momento al habla. Después, cuando sus padres colgaban el teléfono y volvía la calma a la casa, el pequeño Otero preguntaba por los emigrados de la familia y, como a veces le respondían que no molestara y se fuera a la cama, él se encerraba en su cuarto y se ponía a inventar sus vidas.

La llamada de… Kike Ferrari

 




La llamada de… Kike Ferrari

Foto de portada de Eduardo Penagos.


La llamada de… Kike Ferrari

Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más misterioso: la literatura.

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La pasión lectora de Kike Ferrari, y en verdad su vocación literaria, despertó el día en que su padre, panadero de profesión, le pidió que se sentara a su lado y prestara mucha atención. El niño de siete años que algún día habría de convertirse en escritor obedeció de inmediato y, aun así, su progenitor le puso las manos sobre los hombros y le insistió en la necesidad de que se concentrara al máximo, ya que se disponía a hacerle entrega del único objeto que diferenciaba a los seres humanos de los monos. El padre abrió entonces la bolsa y, en vez de una pelota de fútbol o de unos autos de plástico, sacó un libro. Impresionado por el hecho de tener entre las manos un artefacto de tamaña importancia, Kike Ferrari decidió en aquel momento dedicar su vida al noble arte de las letras o, lo que es lo mismo, a la no menos noble labor de diferenciarse de nuestros antepasados primates.

domingo, 28 de junio de 2026

La llamada de… Hernán Díaz


La llamada de… Hernán Díaz


La llamada de… Hernán Díaz


Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más poderoso: la literatura.

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Hernán Díaz empezó a escribir antes de que le enseñaran a hacerlo. Ya en su primera infancia, cuando todavía no había pisado un colegio ni aprendido los fonemas representados en el alfabeto, el futuro ganador del premio Pulitzer garabateaba signos ininteligibles en papelotes y después corría hacia su madre mientras gritaba: “¡Mira, mamá! He escrito un cuento”. La progenitora fingía entonces que lo leía y, al terminar, felicitaba al artista con un enorme beso. Luego lo observaba mientras se alejaba ufano por el pasillo y, quién sabe, se preguntaba eso que todavía hoy enfrenta a genetistas, psicólogos y ambientalistas del mundo entero: el escritor, ¿nace o se hace?

La llamada de… Sigrid Nunez

 

La llamada de… Sigrid Nunez

La llamada de… Sigrid Nunez


Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.

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En sus primeros recuerdos, Sigrid Nunez se ve a sí misma persiguiendo a su madre por toda la casa y rogándole que deje las tareas del hogar y le lea un cuento. Le tira de la falda con insistencia, hace pucheros por las esquinas, pone ojitos de cordero degollado. Mami, porfi, léeme un cuento. Y al final la madre alza la mirada al cielo, acaricia la cabeza de la pequeña y, tras plantarse delante de la librería, coge un ejemplar de El libro azul de los cuentos de hadas, cuando no de El libro amarillo de lo mismo, y lo abre por cualquiera de sus páginas ya desgastadas. Las dos se sientan entonces en el sofá y, adoptando un tono de voz melifluo, la adulta al fin dice: “Érase una vez…”.

La llamada de… Javier Cercas

 

La llamada de… Javier Cercas

Imagen de portada: Iván Giménez


La llamada de… Javier Cercas


Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de sus vocaciones, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo todavía más complejo: la literatura.

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Javier Cercas se enamoró por primera vez a la edad de catorce años. En aquel entonces ya vivía en Girona y solo regresaba a su pueblo natal, Ibahernando, provincia de Cáceres, para pasar los veranos. Fue durante una de aquellas vacaciones cuando el amor irrumpió en su vida con la desmesura propia de las emociones en la adolescencia y, cuando llegó septiembre y tocó regresar a Cataluña, el muchacho sintió que el corazón literalmente se le rompía. De hecho, tan en serio (sic) se tomó el sufrimiento experimentado por la separación de su amada que una tarde entró en una librería y compró el libro más serio (sic) de cuantos aguardaban turno en la estantería. Se trataba de San Manuel Bueno, mártir, una nivola en la que Miguel de Unamuno cuenta los desvelos de un sacerdote que, pese a haber perdido la fe, decide seguir predicando para evitar que sus feligreses se aparten del recto camino. Cuando alcanzó la última página, Cercas sintió que aquel libro le había cambiado: le había alejado de la religión, pero acercado la narrativa. En aquel tiempo estudiaba en un colegio de curas, pero, hasta la aparición de Unamuno, jamás se había planteado si realmente creía en Dios. Y ahora, cuando al fin lo hacía, solo le tenía una respuesta: “Creo en la literatura”.

La llamada de… Anne Michaels

 

La llamada de… Anne Michaels

Foto de portada: Marzena Pogorzaly


La llamada de… Anne Michaels


Una noche lees un cuento a tu hijo y, sin haberlo pretendido, lo conviertes en (un futuro) escritor. Esas cosas pasan, no se necesita mucho para traer otro letraherido al mundo, basta una historia hermosa y cierta sensación de vacío. Pero convertir a los niños en escritores no es el problema; el problema es el tipo de escritor en que los conviertes. Y eso viene determinado por el cuento que les leíste aquella noche ya perdida en el tiempo.

martes, 16 de junio de 2026

La llamada de… Theodor Kallifatides

 

La llamada de… Theodor Kallifatides


La llamada de… Theodor Kallifatides


Álvaro Colomer
30 de octubre de 2024

Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de los escritores, es decir, en el origen de sus vocaciones, en el germen de sus despertares al mundo de las letras, en las circunstancias en que recibieron la llamada no precisamente de Dios, sino de esa otra entidad acaso un pelín más abstracta: la literatura.

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También la guerra convierte a los niños en escritores. A los cinco años, por ejemplo, Theodor Kallifatides  presenció la ejecución de un vecino a manos del invasor nazi. Un oficial alemán le pegó un tiro y su cuerpo se desplomó como si no tuviera esqueleto. Un segundo antes de recibir el impacto, el condenado cruzó la mirada con la del niño que observaba la escena; cuando un instante después yacía en el suelo, seguía mirando al pequeño. El chaval echó a correr hacia su casa y se refugió en el despacho de su padre, un maestro de escuela en ese momento en presidio. Se sentó a su mesa, cogió papel y lápiz, y escribió algo que ya no recuerda, pero que sin duda hablaba de la forma en que miran los muertos. Cuando meses después su progenitor fue liberado, Theodor le enseñó el escrito. Su padre lo leyó, y a continuación dobló el papel y se lo guardó en un bolsillo. Nunca le dio su opinión sobre el texto, pero siempre lo llevó consigo, incluso cuando vino la muerte y lo metió en un féretro. Kallifatides ha cumplido los ochenta y seis años, y a veces se pregunta si no será que todos los libros que ha escrito, desde el más importante hasta el más chiquito, no son más que un intento de recordar el contenido de la nota que sumió a su padre en el silencio.

jueves, 11 de junio de 2026

La llamada de… Mónica Ojeda

 

La llamada de… Mónica Ojeda

La llamada de… Mónica Ojeda


Álvaro Colomer sigue empeñado en desvelar el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, indagar en los orígenes de su vocación, en el germen de su despertar al mundo de las letras, en el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más poderoso: la literatura.

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Mónica Ojeda decidió hacerse escritora el día en que su madre descubrió un relato en el escritorio del ordenador familiar. Se trataba de un cuento de ciencia ficción protagonizado por una chica, Nixi Ling, que tenía poderes. Después de leerlo, la mujer miró a sus dos hijas por encima del monitor y preguntó: “¿De quién es?”. Cuando Mónica levantó el dedo, la madre arrugó la nariz. No se creyó que aquella niña de trece años a quien no se le daban nada bien los estudios fuera la autora de un relato tan perfecto, y le ordenó que escribiera otro delante de ella. Aquel gesto de desconfianza enrabietó tanto a la preadolescente que ese mismo día, mientras ponía las manos sobre el teclado, decidió que de mayor sería escritora.

La llamada de… Sara Torres

 

La llamada de… Sara Torres

La llamada de… Sara Torres

Álvaro Colomer sigue indagando en el mito fundacional oculto en la biografía de todos los escritores, es decir, desvelando el origen de su vocación, el germen de su despertar al mundo de las letras, el momento exacto en que sintieron la llamada no precisamente de Dios, sino de algo acaso más necesario: la literatura.

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Esta semana yo quería hablar sobre el amor como camino a seguir para alcanzar el despertar literario, en concreto quería hablar sobre las cartas que Sara Torres escribía de pequeña a su madre para reconciliarse con ella, pero el pasado domingo, 7 de julio, la hija de Alice Munro, Andrea Robin Skinner, publicó un artículo en The Toronto Star en el que revelaba que su padrastro abusó sexualmente de ella desde los nueve años en adelante y, claro, he perdido las ganas de escribir sobre el amor. Años después, Alice Munro supo lo que había estado pasando bajo su techo… y continuó al lado de su esposo hasta que la muerte lo quitó de en medio. ¿Cómo hablar de las relaciones maternofiliales y de la felicidad e incluso de la honestidad de los escritores con semejante noticia sobre la mesa?