martes, 26 de octubre de 2010

Emilio Sanz de Soto / Paul Bowles vive solo


Paul Bowles vive


EMILIO SANZ DE SOTO
Madrid. 4 ENE 1985
Mi deseo no es otro que el de aportarle unos datos a Enrique Franco, cuyos conocimientos musicales me han llenado de asombro a lo largo de los años. Datos en exclusiva referidos al polifacético Paul Bowles, como así lo define el propio Enrique Franco en su artículo La tragedia lorquiana en la música (EL PAIS, 27 de diciembre).- Paul Bowles no ha muerto. Sigue vivo y gozando de buena salud en su retiro tangerino. Quien sí murió fue su mujer, Jane Bowles, la musa inspiradora de Truman Capote. Este ser fascinante falleció en Málaga en 1973 y allí está enterrada. Esperemos que ahora que la bella ciudad andaluza goza de un alcalde en nada ajeno a la cultura no olvide a Jane Bowles ni a otros escritores anglosajones (la lista puede resultar sorprendente) al llegarle el momento de rebautizar calles. Málaga fue cosmopolita mucho antes que existiera la Costa del Sol. Afortunadamente, la obra de Jane Bowles empieza a ser conocida de nuestros lectores gracias a la editorial Anagrama.
- E igual le sucede a Paul Bowles. Como novelista y autor de relatos breves (excelentes), ya no es para los españoles un desconocido. A la editorial Alfaguara se lo debemos y se lo agradecemos. Aunque muchos olviden que sus primera novelas pasaron ignoradas (por desconocimiento) ante los ojos de nuestros críticos: El cielo protector(Editorial Suramericana, 1954) y La casa de la araña (Luis de Caralt, 1958).
Pero quien ahora nos interesa es el Paul Bowles compositor. A pesar de gozar en su país, Estados Unidos, de merecido prestigio, y no ya como compositor, sino también como crítico y como musicólogo, en España apenas si se le conoce. Y ello es grave dado que Paul Bowles sí conoce en profundidad, tanto nuestra cultura literaria como nuestra cultura musical. Amén de hablar y de escribir el castellano a la perfección. E igual le sucedía a Jane Bowles.
- Como compositor, Paul Bowles buscó su inspiración por tres veces consecutivas en la obra de García Lorca: The Wind Remains, Cuatro canciones y Yerma.
The Wind Remains, al decir del propio compositor, es una zarzuela, y como tal la calificó en puro castellano. Está inspirada en escenas de Así que pasen cinco años. Hay en esta pieza una parte dialogada en inglés (traducida por el propio Paul Bowles) y otra cantada, sin traducir, que conserva el texto original de Lorca. Fue estrenada en marzo de 1943, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Leonard Bernstein dirigió la orquesta. Los decorados los iba a realizar Salvador Dalí. Incluso llegó a diseñar algunos bocetos. Ignoro el motivo que frustró tal colaboración. Lo que sí recuerdo es que Paul conservaba (y conservará) la correspondencia con Dalí referente a esta puesta en escena. Existe una grabación discográfica de The Wind Remains, editada por M. G. M., número E 3.549, con Caries Surinach (director de orquesta), Dorothy Rienzi (soprano) y Loren Driscoll (tenor).
Cuatro canciones (Cancioncilla, Media luna, Balada amarilla y Murió al amanecer), compuestas para voz y piano. En 1958 las dio a conocer en Nueva York la American Music Edition.
Yerma. De drama musical califica Paul Bowles a su partitura. Fue escrita para la muy particular voz de ese no menos particular personaje que fue Libby Holman. La traducción del texto lorquiano también es de Paul Bowles. Como bien dice Enrique Franco, se estrenó en la universidad de Denver (Colorado) en julio de 1958. Con Libby Holman (por supuesto) como Yerma y Caries Surinach al frente de la orquesta. Dos meses después (en septiembre) se estrenó en Nueva York. Existe versión discográfica, pero la ignoro.-





sábado, 23 de octubre de 2010

Nicanor Parra / Es el olvido


Christian Schloe
Nicanor Parra
ES EL OLVIDO

Juro que no recuerdo ni su nombre,
mas moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de la su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla.

Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!,
y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía,
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.

La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
pero jamás vi en ella otro destino
que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
con el celeste nombre de María,
circunstancia que prueba claramente
la exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡quién es el que no besa a sus amigas!,
pero tened presente que lo hice
sin darme cuenta bien de lo que hacía.

No negaré, eso sí, que me gustaba
su inmaterial y vaga compañía
que era como el espíritu sereno
que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
la importancia que tuvo su sonrisa
ni desvirtuar el favorable influjo
que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aún, que de la noche
fueron sus ojos fuente fidedigna.

Mas, a pesar de todo, es necesario
que comprendan que yo no la quería
sino con ese vago sentimiento
con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
lo que a esta fecha aún me maravilla,
ese inaudito y singular ejemplo
de morir con mi nombre en las pupilas,
ella, múltiple rosa inmaculada,
ella que era una lámpara legítima.

Tiene razón, mucha razón, la gente
que se pasa quejando noche y día
de que el mundo traidor en que vivimos
vale menos que rueda detenida:
mucho más honorable es una tumba,
vale más una hoja enmohecida,
nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.

Hoy es un día azul de primavera,
creo que moriré de poesía,
de esa famosa joven melancólica
no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo, lentamente,
como todas las cosas de la vida.

jueves, 21 de octubre de 2010

Nicanor Parra / Padre Nuestro


Nicanor Parra

PADRE NUESTRO



Padre nuestro que estás en el cielo

Lleno de toda clase de problemas

Con el ceño fruncido

Como si fueras un hombre vulgar y corriente

No pienses más en nosotros.



Comprendemos que sufres

Porque no puedes arreglar las cosas

Sabemos que el Demonio no te deja tranquilo

Descontruyendo lo que tú construyes.



Él se ríe de ti

Pero nosotros lloramos contigo:

No te preocupes de sus risas diabólicas.



Padre nuestro que estás donde estás

Rodeado de ángeles desleales

Sinceramente: no sufras más por nosotros

Tienes que darte cuenta

De que los dioses no son infalibles

Y que nosotros perdonamos todo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Karmelo C. Iribarren / Dos poemas



Karmelo C. Iribarren
DOS POEMAS

EL AMIGO

Llora cuanto quieras

sobre mi hombro,
desahógate,
cuenta conmigo
para lo que te haga falta.
Pero no te equivoques,
no soy mejor que él:
le envidio
cada una
de tus lágrimas.



ALGUNAS NOCHES

Algunas noches me arrimo
a tu calor bajo las mantas
como un niño asustado.
Necesito tocarte
urgentemente. Necesito
saber que está ahí,
que estarás siempre. Sentir
que tengo cerca a un ser humano,
y que no estoy tan sólo.


Karmelo C. Iribarren
El tamaño de los sueños


martes, 19 de octubre de 2010

Karmelo C. Iribarren / Las ciudades


karmelo BLOG
Karmelo C. Iribarren

Karmelo C. Iribarren
LAS CIUDADES

Me gustan las ciudades, sus plazas,
sus calles, sus esquinas,
sentarme en la terraza de un bar
con un café delante
y dejar que pase el tiempo,
sin hacer nada, sin prisa,
observando esto y aquello,
y luego ir a alguna librería y revolver
un poco en los estantes,
y si hay río cruzar el puente
y repetir la misma operación al otro lado.
Me gusta estar solo entre la gente,
no ser nadie, no tener que ir a ningún sitio
pero poder ir a todos.
Me gusta la primera vez que me asomo
al espejo del baño del hotel,
ese momento de suspense,
recién llegado, cuando
no sabes si va a aparecer tu rostro
o el del último huésped, atrapado aún
en la memoria del azogue.
Me gustan los parques y los ríos
urbanos, pasear por ellos, a su lado,
especialmente en otoño.
Me gustan las ciudades, sí: andar.
mirar, vivir, enamorarme
de esa mujer del vestido rojo…


lunes, 18 de octubre de 2010

Karmelo C. Iribarren / No hay más


Karmelo C. Iribarren
NO HAY MÁS

Al principio
quieres
cambiar el mundo,
y al final
te conformas
con dejar el tabaco.

No hay más.

Así de cómico,
y así de trágico.





domingo, 17 de octubre de 2010

Frank Miller / Retazos de genio

Frank Miller, durante el rodaje del 'spot' de Gucci
Frank Miller

Frank Miller

Retazos de genio


Javier Heras
17 de octubre de 2010



Para llevar toda la vida dibujando superhéroes, a Frank Miller (Olney, 1957) no se le ha pegado mucho de ellos. Espigado y enclenque, camina a pasos cortos. La piel cuarteada en el entrecejo, la nariz aguileña, la sonrisa amarillenta más propia de sus villanos. Inevitable fijarse en él —ropa negra, sombrero de ala ancha— en la fiesta de lujo que ha organizado Gucci, marca para la que ha dirigido un anuncio, en Roma.


Al presentarlo, los anfitriones subrayan que Miller es director de cine. Una de dos: o desconocen su obra gráfica o no saben apreciar cómo elevó a Daredevil a la categoría de héroe popular; cómo reinventó a Batman en los ochenta; cómo acaparó premios con la rompedora serie negra Sin City. Inconfundible por sus trazos angulosos y sus contrastes de color, introdujo en las historietas tramas oscuras, diálogos secos, personajes atormentados. Y, sin embargo, su única película como realizador le ha dado más popularidad que 30 años de cómics. ¿No se suponía que el noveno arte ya se había sacudido los complejos? El propio Miller enciende el debate: "Siento que pertenezco más a la cultura pop que al arte. El arte responde a un juicio que se hace después de siglos; yo quiero divertirme", zanja.



"Siento que pertenezco más a la cultura pop que al arte. El arte responde a un juicio después de siglos; yo quiero divertirme"

"Al Qaeda me gusta como villano. El cómic puede servir de propaganda, aunque era más fácil odiar a los nazis"

Nadie le enseñó a pintar. Siempre ha huido de academias. Pero Miller, quinto de siete hijos de una familia católica irlandesa, ya devoraba tebeos de niño ("son mi refugio"). Debajo del uniforme del colegio llevaba un traje de Superman. Y le impresionó tanto una portada de X-Men que se propuso emular a su autor: Neal Adams, a la postre uno de sus maestros junto a su íntimo amigo Will Eisner.


Se mudó de Vermont a Nueva York en 1976. Al principio, cuando solo dibujaba, no despuntó. "En Daredevil, su primer trabajo de peso, presionaba mucho el lápiz en la página y se le notaba inseguro", explica el entintador de aquella serie, Klaus Janson, en conversación telefónica. "Pronto exigió encargarse también del guión, y dio un gran salto. Fue desarrollando un estilo narrativo muy particular. Es su mayor fortaleza. No dibuja caras bellas, pero sabe contar". Janson atribuye a Denny O'Neil, el primer editor de Miller en Marvel, parte de la responsabilidad de su aprendizaje. O'Neil recuerda: "Solíamos caminar por Greenwich Village, donde ambos vivíamos: observábamos los rascacielos y hablábamos de todas las cosas que podrían tener lugar en los tejados, en los callejones...". En la oscuridad. En los rincones escondidos de la ciudad, siempre presentes en su obra.

Esas enseñanzas se plasmaron en El retorno del caballero oscuro (1986). Su Batman, cincuentón y crepuscular, en una corrupta Gotham City, influyó en las películas de Tim Burton, y más aún en las de Christopher Nolan. La miniserie sorprendió por sus escorzos y composiciones de página. Marcó una época, como recuerda Janson, que entonces aún colaboraba con él: "Nadie esperaba tanto éxito… inició una corriente nihilista donde se echa de menos al héroe de verdad: el que se sacrifica por el bien común, el admirable".


Cierto: los protagonistas de Miller caminan sobre el alambre de la moral, se llamen Elektra (una asesina a sueldo) o Ronin (un samurái deshonrado). Para O'Neil la explicación es sencilla: "Frank creció con la sombra de la bomba atómica. Temía la guerra total. Por eso su visión del mundo es oscura". 


La crítica le acusó de maniqueo por 300, que recreaba (en un formato apaisado espectacular) la batalla de las Termópilas. Para algunos, su exaltación del soldado rozaba el fascismo. Miller responde: "Eso es ridículo. Mis personajes no hablan por mí. Además, se juzgó con el rasero del 11-S, cuando la escribí en 1998". La considera su mayor logro. "He estudiado al héroe toda mi carrera. Es el sujeto de mi arte. Y no hay historia heroica más pura que la de los 300 espartanos. No creo que nadie deba ofenderse por unos hechos de hace 3.000 años". 

-Pero usted apoyó la guerra de Irak. Y ahora escoge como enemigo a Al Qaeda. 

-Me gusta como villano sediento de sangre…es una historia como las que se hicieron contra Hitler en los años treinta. 

-No me diga que cree en el cómic como propaganda. 

-Sí, es una de las cosas que se pueden hacer en un medio de comunicación de masas como cualquier otro. Aunque el contexto ha cambiado respecto a los años cuarenta. Ahora la gente es cauta. Era más fácil odiar a los nazis. 

-¿Qué le parece la situación actual de su país? 

-Hum… no quiero hablar de política. 

Miller, hoy, no se moja. ¡Pero sí todo el mundo conoce su pasión por debatir! Con su jefa de prensa al quite, se muestra tan comedido que parece otra persona. A Janson no le extraña la pose: "Frank es un buen promotor de sí mismo. Muy calculador. Ha creado cuidadosamente su propia marca". El representante de dibujantes David Macho había aconsejado: "Invítale a una cerveza, se sentirá muy cómodo". Mala suerte: pide un té. 

Al fin y al cabo es una estrella. Se le considera como tal ya desde los noventa. Desde Sin City, su homenaje a la novela negra. Personajes violentos y amorales. Una estructura fragmentada. Poderosos claroscuros en blanco y negro. "Es un realizador que utiliza papel en vez de una cámara", analizó el cineasta Robert Rodríguez en este diario.

Precisamente Rodríguez fue quien abrió a Miller las puertas del cine. Durante décadas, el dibujante se había mostrado reacio (aunque escribió, con más pena que gloria, el guión de Robocop 2). "No creía que mi forma de narrar pudiese filmarse. Robert me lo demostró". ¿Cómo? Con una pantalla de croma y tecnología digital. Sin City (2005) es una adaptación literal: cada plano, una viñeta. "La colisión entre cine y cómic es dramática", ahonda Miller. "Admite muchas fórmulas, y los resultados son diversos. Me gusta Watchmen, por su valentía, pero también Iron Man, que captó el espíritu del cómic". 

Este artista total (también actúa) detalla al máximo los storyboards. Quiere controlarlo todo. En su ópera prima como director, The Spirit (2008), Paz Vega estuvo a sus órdenes. "Susurra, te mete en la atmósfera con su misterio", relata por teléfono. "Creo que tiene un actor dentro, y a cada personaje intenta ponerle voz". Pero por aquella película le llovieron los palos. Dijeron que su formalismo había desnaturalizado la obra maestra de Eisner. Miller saca pecho: "Es duro… estoy aprendiendo mucho. Esto me mantiene fresco". 

Con sus limitaciones, la estética de Miller es única. Gucci lo fichó para que rodara un spot reconocible (a cambio de una remuneración que ni él ni la compañía revelan). El autor se lo tomó como un reto. Le encantan: "En su arte, el factor más importante es la voluntad de experimentar", escribió el prestigioso Alan Moore. "Me motiva contar una historia en 60 segundos", prosigue Miller. "Lo primero es establecer el personaje y su conflicto. Ese principio sirve para Ben Hur y para este spot". Que solo podría ser suyo: ese juego entre blanco y negro y color, esa ciudad futurista, ese Jaguar de 1953 que derrapa fuego.

Mickey Rourke y Carla Gugino en la película 'Sin City'
Mickey Rourke y Carla Gugino en la película 'Sin City



Treinta minutos con Frank Miller saben a poco. Enseguida regresa a Nueva York, donde vive con su novia. Se entregará a su nueva novela gráfica, Xerxes, en jornadas maratonianas de 9.00 a 21.00. Para ella ha leído decenas de libros, viajó a la antigua Persia, abocetó cientos de personajes. Pero lo más complicado llega ahora: "Tendrá la misma extensión que 300, unas 80 páginas. Aquella narraba tres días de batalla, esta representa una década. El esfuerzo está en condensar". 


Un reto más. En una carrera repleta de ellos. Cuando acabe, le gustaría volver al set para Sin City 2 (ha estado trabajando el guión). Suele alternar cine y cómic: "Las películas involucran a un gran número de personas, pero también me gusta estar solo, en silencio, dibujando". Es su parte favorita: "Mover el pincel. Arriba y abajo", ilustra con un gesto. 

El calor romano aprieta. Se quita la americana. En camiseta, muestra unos brazos rosados y escuálidos, tal como lo describía Paz Vega: "Frágil… da la sensación de que se puede romper. Pero guarda una bomba de relojería: su cabeza va muy rápido". Se hace de rogar hasta la despedida, cuando lanza uno de sus dardos, un retazo de Frank Miller, por fin: 

-Es muy acertado elegir una palabra tan vinculada al catolicismo como guilty (culpable) para un producto presentado en Roma.



Gucci Guilty for men (with Chris Evans & Evan Rachel Wood)


JOVEN Y VALIENTE


Una heroína rubia vestida de cuero (Evan Rachel Wood) surca una ciudad futurista. De repente, frena y recuerda con detalle un romance de bar. El spot de Gucci Guilty se dirige a una joven "valiente, arquitecta de su destino", en palabras de Frida Giannini, directora creativa de la marca. Para el perfumista Will Andrews, "su olor responde a la idea del placer culpable". El perfume atrae la atención con la pimienta rosa y la mandarina como notas de salida. La calidez de las flores de lila y el melocotón anticipa el fondo: pachulí, la insignia de Gucci.




viernes, 15 de octubre de 2010

Chuck Yeager / La palabra miedo no entra en mi vocabulario

Una leyenda

Audaz aviador, as de caza con 13 derribos de aeroplanos alemanes en la II Guerra Mundial, combatiente en Vietnam y osado piloto de pruebas, el general del arma aérea estadounidense Chuck Yeager (Myra, Virginia, 1923) es una leyenda viviente de la historia de la aviación.

ENTREVISTA:CHUCK YEAGER | LEYENDA DE LA AVIACIÓN

"La palabra miedo no entra en mi vocabulario"

JACINTO ANTÓN Sort 15 OCT 2010 - 04:30 CET

Es el hombre al que más veces se le ha preguntado si tiene lo que hay que tener. Retóricamente, por supuesto: lo tiene. "La palabra miedo no entra en mi vocabulario", asegura. Audaz aviador, as de caza con 13 derribos de aeroplanos alemanes en la II Guerra Mundial (cinco el mismo día), combatiente en Vietnam y osado piloto de pruebas, el general del arma aérea estadounidense Chuck Yeager (Myra, Virginia, 1923) es una leyenda viviente de la historia de la aviación y de la Historia a secas. Ha tripulado más tipos de aviones -amigos y enemigos- que nadie en el mundo, entre ellos los más extraños y peligrosos prototipos, y, sobre todo, pese a la controversia, está acreditado como el primero que rompió la barrera del sonido, el muro sónico (bum), en el famoso Bell X-1, volando sobre el Mojave a velocidad Mach 1 (1.225 kilómetros por hora), el 14 de octubre de 1947, hace ahora justo 63 años.
Hace 63 años fue el primer hombre en volar más rápido que el sonido
Yeager, que tiene un papel esencial en el libro de Tom Wolfe sobre la aventura aeroespacial de los EE UULo que hay que tener(Anagrama) -Wolfe lo describió para siempre como "el más honorable de todos los poseedores de lo que hay que tener"- y en su versión cinematográfica Elegidos para la gloria (donde lo encarnaba Sam Shepard, nada menos), se encuentra estos días en Sort (Lleida). Aquí, el Memorial Democrático de Cataluña y el Ayuntamiento de la localidad rindieron ayer homenaje a Yeager y a todos los aviadores aliados evadidos a través de los Pirineos durante la II Guerra Mundial, gente sin duda con suerte. El entonces joven piloto de 21 años fue derribado el 4 de marzo de 1944 cerca de Angulema por un Focke Wulf 190 y la resistencia francesa consiguió pasarlo a España. Tras penosas experiencias, Yeager arribó a Sort y luego, gracias a gestiones diplomáticas, pudo regresar a Gran Bretaña para seguir volando y combatiendo.


Aquel día del derribo, Yeager tripulaba un caza P-51 Mustang con el nombre de la que sería su primera mujer, Glennis, fallecida en 1990, en el fuselaje. Dado que llega precedido de su fama de hombre de carácter y carente del defecto de la modestia -"soy condenadamente bueno, y si existe el mejor, resulto como mínimo un buen candidato"-, parece buena idea propiciarlo, así que le llevo de regalo un modelo a escala de Mustang -"Cadillac del cielo", que diría Jim Ballard-. Se muestra extremadamente cordial. "He volado en todo en todas partes, 360 tipos diferentes de aviones, unos mejores que otros, pero el Mustang ha sido para mí especial, me gustaba mucho, piloté varios en la II Guerra Mundial, siempre les ponía de nombre Glamorous Glennis".
Entre los récords de Yeager, está haber sido uno de los primeros aviadores aliados que derribó un Messerchsmitt Me-262, el rutilante reactor alemán. "Bueno, no fue muy deportivo", dice quitando importancia con una de sus grandes manos -las manos que han disparado, han sufrido quemaduras y han empuñado firmemente los mandos en los picados más extremos-. "Lo abatí mientras aterrizaba, porque en el aire era frustrante, no podías cogerlos, además procuraban evitar los dogfigths e iban a por los bombarderos. Le fui por detrás y le disparé; se estrelló en una nube de polvo y humo. Hubiera preferido tumbarlo en combate aéreo al hijo de puta, pero no fue fácil, con toda la artillería antiaérea de su base tirándome".Yeager tuvo la ocasión de pilotar un Me-262 capturado y más tarde otro letal enemigo y aparato histórico, el Mig 15 de la guerra de Corea. "El jet alemán no lo considero un buen avión y el Mig, aunque apreciable, era una máquina estrafalaria y ruda que mató a un montón de sus propios pilotos porque entraba en barrenas de las que era imposible recuperarlo".

Sam Shepard y Chuck Yeager
Para él, el mejor avión alemán de la II Guerra Mundial era el Focke-Wulf 190, "pero llegó muy tarde". Yeager recuerda combates estremecedores: "En una ocasión vi llegar lo que parecía una nube, era una masa de dos centenares de cazas enemigos. Mi escuadrilla derribó 55". El aviador ha sido amigo de varios pilotos alemanes, como Galland y Steinhof. "Eran buenos tipos, luchaban por su país, yo por el mío: cuando combates no odias a los pilotos rivales, destruyes los aviones". Con el primero explica que fue a cazar en varias ocasiones. También cazó perdices con Franco, cuando estuvo destinado con los Super Sabres en las bases de Morón, Torrejón y Zaragoza. Pero no quiere hablar de ello, ni de la España que conoció: "No me meto en política, no es mi trabajo", sentencia.
Nacido en un ambiente rural de los Apalaches -de niño hacía puntería alcanzando invariablemente a las ardillas en la cabeza-, a Yeager le encantan la caza y la pesca: opina que las truchas del Noguera Pallaresa no pueden competir con los salmones de Alaska. Su legendaria vista sigue bien y recuerda que su madre leía el periódico a los 94 sin gafas.
Le pido que explique cómo fue el día mítico en que se apuntó cinco derribos de cazas alemanes y se convirtió en as. "Sí, ace in a day", dice mostrando luego con las manos -al puro estilo piloto de caza- la forma en que se produjeron las acciones. "Dos de las victorias fueron sin disparar, el piloto de un Me-109 giró bruscamente al colocarme en su cola y chocó contra el de al lado". ¿Qué se siente al matar a otros aviadores? "Era una cuestión simple: esos aviones atacaban a nuestros bombarderos y nosotros los protegíamos. No era personal. No pensabas que estabas matando a otra persona".
¿Nunca ha tenido miedo de nada Chuck Yeager? "No", responde sin dudarlo, un instante, como si fuera lo más natural. "El cielo no es un buen sitio para tener miedo, no hay tiempo para esas cosas. Si tienes miedo pierdes segundos que te puede salvar". Inútil pues hablarle de Milton, de la terrible poesía de la caída, del vértigo. Yeager parece confundido. No es un hombre refinado. Es un piloto nato, que llegó a volar gracias a la guerra. Empezó como mecánico de aviones. Su padre le dio dos consejos cuando a los 21 años se enroló en el ejército: "No juegues y nunca te compres una camioneta que no sea General Motors". Reconoce que no es ducho en historia ni ha leído mucha literatura sobre aviación. Ni Saint-Exúpery, ni Beryl Markham, ni James Salter. Puestos a citar un libro, menciona su autobiografía, Yeager (1985), un best seller en EE UU.
"He leído algunos libros de aviadores y el problema siempre es el mismo, es difícil recordar el pasado y en general mienten. Incluso hay quienes dicen que yo no fui el primero en romper la barrera del sonido, que lo hicieron un piloto de Me-262 u otros. Pero no hay ninguna documentación, no hay evidencias". Yeager se refiere al alemán Mutke, que habría roto la barera en abril de 1945 con su reactor y a George Welch que le habría precedido en un mes volando con un Sabre (véaseAces Wild, the race for Mach 1), de Al Blackburn (1999), un libro que Yeager considera lleno de falsedades.
¿Qué tal fue su día supersónico? "El X-1 fue lanzado desde un B-29. En el momento de la ruptura de la barrera no noté nada especial; fue muy suave, la aguja del machómetro saltó fuera de escala; antes hubo un bamboleo, un temblor, y luego un fluir suave. 1.05 mach. Me sorprendió que no pasara algo más fuerte". Desde luego Yeager no es un romántico. "¿Romántico?, no entiendo qué quieres decir. ¿Emociones del vuelo? Mira hijo, lo hacíamos, volábamos, era el deber. Lo importante es el deber, el deber lo es todo".
¿Qué opina de la gente que tiene miedo a volar? "¿Pilotos?". No, pasajeros. "Ah, que no vuelen, no pasa nada. Y si han de hacerlo, que sepan que no hay razón para tenerle miedo al avión. Los pilotos ya nos preocupamos de que no se caiga, por la cuenta que nos trae". ¿Qué le pareció Elegidos para la gloria? "Así, así, demasiado larga. Pero lo que explica Tom Wolfe es verdad: los primeros astronautas eran pilotos de pruebas de las Fuerzas Armadas. ¿Porqué no fue él astronauta? "Porque no tenía estudios, no pasé de la escuela". Lo dice sin ambages. Su mujer desde 2003, Victoria, 36 años más joven, que también pilota, le echa un cable. "Y...". "Y porque no quería limpiar la mierda de mono". Ambos ríen con la broma: los astronautas no eran entonces pilotos sino simples pasajeros, para lo que hacían era igual que el cosmonauta fuera un mono, como lo fue, de hecho, el primero, el macaco Albert, en 1948. "Ser astronauta era muy aburrido, pero se llevaron la gloria".
En algunas cosas Yeager es muy conservador pero no en su opinión sobre las mujeres piloto: "No hay diferencia, he volado y he sido amigo de varias grandes aviadoras, como Jackie Cochran, colega de Amelia Earhart o Pancho Barnes (Florence Lowe). Las admiro mucho". ¿Cuál ha sido el momento más hermoso de su vida en el aire?, insisto. El viejo piloto pone cara de perplejidad. "No sabría decir, cumplir el objetivo, eso es lo mejor, sí, eso es". Yeager, con 87 años, sigue volando. "Skill, stamina and courage, man".