viernes, 5 de septiembre de 2014

El día de Sir Nicanor Parra, Patti Smith y las almendras garrapiñadas

Nicanor Parra


El día de Sir Nicanor, Patti Smith 

y las almendras garrapiñadas

La cantante puso su particular toque grunge en la ceremonia más alternativa



Cristóbal Ugarte, nieto del gran poeta chileno Nicanor Parra, lee unas palabras de agradecimiento de su abuelo por la concesión del Premio Cervantes. / JUANJO MARTÍN (EFE)
Tololo, como llaman en familia al nieto de Nicanor Parra, estudiante de arquitectura, de 19 años, tenía una misión que cumplir. Su abuelo lo comisionó para leer el discurso de aceptación del Premio Cervantes y se convirtió en uno de los protagonistas de la fiesta. Su templanza ante el micrófono, embutido en un chaqué del que parecía iba a salirse, impresionó a todos los asistentes. A Cristóbal Ugarte el apodo se lo puso su abuelo cuando vio cómo miraba el mundo “de un lado a otro, con sus enormes y redondos ojos, como si del observatorio astronómico Cerro Tololo chileno se tratara”. Lo contaba Colombina, su madre, muy nerviosa ante tanto invitado y tanta responsabilidad. Tsunami, otra de las nietas del premiado con nombre de guerra, siguió los discursos, removiéndose en el asiento y apostada, junto a sus hermanos, en la baranda del salón de actos.
La de ayer, en la Universidad de Alcalá de Henares, fue una ceremonia algo diferente a la de otras ediciones. Fue solemne y muy natural a la vez. Algunos de los invitados a la entrega del Cervantes temían que el acto estuviera deslucido, dada la ausencia del premiado y la del propio Rey, que tradicionalmente ejerce como anfitrión. Pero los presagios se evaporaron antes del arranque. La presencia de Patti Smith, traje de chaqueta negro, corbata oscura y camisa blanca, entre los invitados, puso el toque grunge, en la ceremonia más alternativa de la historia del premio y en la que, fuera de los miembros del jurado, brillaron por su ausencia los escritores españoles.
Mientras el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, calificaba a Parra como el último vanguardista, la cantante norteamericana lo señalaba como “rebelde y humano”. Lo conoce bien y lo admira mucho. Lo ha leído en inglés, traducido por Allen Ginsberg y Ferlinguetti en los años en que su antipoesía hacía furor entre la generación beat. La cantante no habla español pero aprovechó la ceremonia para escribir un largo poema dedicado a Parra y a Cervantes: “Los imaginé a la sombra de un banano, tomándose un vino, mientras nosotros seguíamos el acto”. Tras el himno, los discursos y elGaudeamus igitur con el que se cierra la entrega, la artista alabó la solemnidad del acto: “Me ha gustado. Sin la ceremonia la anarquía no tiene sentido”, aseguró relajada en el patio de la universidad, ante una bandeja de almendras garrapiñadas que miró de reojo sin atreverse a probarlas. A su lado, acompañados del presidente Mariano Rajoy, pálido y muy delgado, departían los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, que debutaban como anfitriones.
Chaqués, abrigos de verano —el de Esperanza Aguirre de naranja subido— y esos pelos lacios como recién salidos de la peluquería, compitieron ayer con chaquetas de pana, como la que llevaba Raúl Zurita, amigo y poeta de “la calaña” de Parra, y las coletas de Niall Binns e Ignacio Echevarría, amigos del premiado y coeditores de sus obras completas. En el curso del aperitivo, Patricio Fernandez, director de la revista alternativa The Clinic —el nombre tiene su origen en la detención de Pinochet, cuando el dictador se encontraba en una clínica londinense—, ponía algunas pegas a los discursos. “Me han sorprendido el del Príncipe y el del Ministro de Cultura, tenían nivel, pero a Nicanor no le hubiera gustado que lo compararan, ni de lejos, con Gonzalo Rojas, se llevaban a matar. Tampoco le hubieran hecho gracia esas referencias a sus orígenes humildes. Suele decir que si en Chile existiera la aristocracia, él sería Sir Nicanor Parra”, contó.
Como en todo lo que rodea a este país, hasta en el catering se notaban los recortes. Los platos de jamón ibérico parecen haber pasado a la historia, sustituidos por rebanadas de pan con tomate y una pequeña lasca. Al final, cuando los invitados abandonaban el paraninfo, los íntimos del poeta visitaban la muestra amigo Zerbantes en la que se lee uno de sus poemas: “En qué quedamos entonces amigo Zerbantes hay o no caballeros andantes”.

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