sábado, 15 de diciembre de 2018

Triunfo Arciniegas / El pisingo y otras dichas



Triunfo Arciniegas
Cúcuta, 13 de diciembre de 2018
Foto de René Arciniegas

Triunfo Arciniegas
Biografía

EL PISINGO Y OTRAS DICHAS


Encontré otra definición de malparidez, y perdonen la franqueza: no poder mear sin la ayuda de otro.

Peor que el dolor, peor que el papeleo y los enredos burocráticos o el desangre económico que implican las enfermedades o los accidentes, es la dependencia de los demás. Uno queda tendido en una cama hasta que alguien hace la caridad de transportarlo al hospital, o tirado una azotea o una acera o a la orilla de la carretera, preguntándose qué le ha sucedido a su cuerpo, qué tan grave es la cosa y cómo hará para salir de semejante trance, agonizará como un personaje de Horacio Quiroga en la más absoluta soledad o alcanzará la orilla de la salvación, hasta que sucede el milagro y alguien le presta los primeros auxilios. Alguien inmoviliza una pierna o cierra una herida, uno amarra aquí y otro allá, y entre todos bajan al hombre en desgracia a la calle o lo suben a la carretera. El hombre apenas entiende. Sabe que el tiempo juega en su contra pero que al menos alguien apareció.

El calvario apenas comienza. ¿Tiene seguro? ¿Tiene influencias o al menos personas que lo orienten en este mar de confusiones? ¿Tiene suficiente dinero para no dejarse morir? El hombre en desgracia tiene que haberse quebrado una pata en una vida anterior para saber qué debe hacer en esta.

Cuando mi madre murió, y por la intensidad de este dolor que mantiene intacto el filo de sus garras parece que hubiera sido ayer mismo, entramos con el cajón hasta el fondo de la iglesia, y el sacristán dijo que debíamos devolverlo a la puerta y luego hacer la entrada de acuerdo a cierto ritual que me pareció absurdo y sobre todo innecesario. El cajón ya estaba dentro y no nos íbamos a poner a jugar a los muertitos. Le expliqué al hombre que de esas ceremonias no sabíamos nada y que el cajón se quedaba ahí, y punto. "Es la primera vez que mi mamá se muere", le aclaré, furioso.

La pregunta eterna es qué hacer. Nadie ensaya sus desgracias. El masoquismo de nadie llega hasta ese punto. Y ahora que lo pienso, deberíamos intentarlo no más por acumular experiencia y para que a la hora de la verdad no nos vaya tan mal.

Parece que el mundo de los funcionarios se especializa en enredar las cosas. Parece que se hubiera convencido de que entre más enredado sea un trámite más interesante se ve. Se le denomina burocracia.

Es decir, a un lado está el pobre paciente preguntándose qué hacer y al otro están los funcionarios empeñados en que nunca encuentre las respuestas.

Por ahora, y por siempre, no tenga la menor duda: el Estado lo dejará morir. El Estado, que lo ha jodido toda su vida, no tiene madre.

Diría que las peleas son dos: su propia e íntima pelea con su cuerpo para salir del trance y la pelea práctica de los procedimientos. ¿Es el lugar adecuado para sus males? ¿O, como su plata en el banco, está en el lugar equivocado? ¿Es la medicina correcta o lo están arreglando con Ibuprofeno? ¿Le niegan la cirugía que salvará su vida y el carísimo medicamento que aliviará sus males? Perdón pero no me extraña: estamos en el País del Desangrado Corazón. Se muere mal. No más por joder, pregúntese una cosita. ¿A sumercé le llegó la hora definitivamente y no hay nada que hacer o se va a morir porque no tiene plata? En el primer caso, ni modo, fue un placer conocernos. Todos nos petateamos. En el segundo, malparida sea su vida. Y la vida, porque en la misma barca navegamos.

Usted está tendido en una cama y la pelea la tienen que hacer los otros. Sus seres queridos. Y más le vale que los tenga, carajo, porque si no, se jodió. Así son las cosas. Y ellos, pobres, tienen que suspender sus asuntos para pelear por usted.

Tendrán que auxiliarlo hasta en las más humildes tareas de la vida cotidiana: ir al baño, beber un vaso de agua, cambiarse de ropa, mover una pierna. El pisingo alivia la malparidez y, como hombres, el uso nos queda fácil, pero alguien debe vaciarlo y lavarlo. Las situaciones son innumerables y a menudo vergonzosas. Medio mundo lo verá en pelota y usted tendrá que hacerse el pendejo, como si nada, al fin y al cabo, así llegó a esta tierra de nadie. Anoche mismo, saliendo de una juguetería y camino a la silla de ruedas, abrazado a dos hombres como un pinche borracho, se me cayó la pantaloneta y todo mundo se cagó de risa viendo lo que no debía. ¿Qué hice? Reírme, hacerme el pendejo, cosa que no me resulta difícil.

Vergüenzas aparte, se lucha contra el dolor, por superar el percance y, sobre todo, por alcanzar cierto grado de independencia que permita aliviar el trabajo de los demás. Para que los otros sigan sus propias vidas.

Hace tres o cuatro días hice mi primer café y lo celebré como si acabara de publicar un libro.

El otro día bajé de culo las escaleras y le pedí a Alejandra que me alcanzara la silla de ruedas porque nos íbamos de paseo. Llegamos hasta la esquina. ¿Qué bestias diseñan y construyen estas miserables calles? Teníamos que atravesar una calle que viene de la montaña y, aparte del desnivel que forma al cruzarse con la otra, debíamos salvar o saltar el reductor de velocidad o, como le decimos en Colombia, el policía acostado (¿servirán para otra cosa los policías?), de una altura que casi se confunde con una pared. ¿Reductores de velocidad en pinches calles llenas de huecos? ¿Quién demonios va a correr en una calle así? ¿Es preciso que sean tan altos? La apoteosis de la estupidez la vi la otra vez en un callejón ciego con tres reductores. Se desanima hasta el suicida que quiera estrellarse contra el paredón del fondo.

Hasta ahí llegó la aventura, hasta la esquina: un miserable paseo de media cuadra. Le dije a mi hija: Aleja, regresémonos porque aquí me voy de jeta.

Las calles de nuestras ciudades no están diseñadas para la gente y mucho menos para un infeliz en muletas o en silla de ruedas.

¿Este es el país más feliz del mundo, como dicen por ahí? Por supuesto que no. García Márquez, a quien admiro y leo con fervor desde niño, dijo que Colombia es el mejor vividero del mundo. Pero en Colombia el escritor se movilizaba con guardaespaldas y en un vehículo blindado. Si una granada o una ráfaga de ametrelladora nos puede despedazar en cualquier calle, si nos secuestran así como así, como si nada, no estamos en ningún vividero. Si tenemos esta clase política tan ladrona y descarada, tan cínica, no estamos en ningún vividero. Si en el país pululuan guerrilleros, paracos y otras bestias de la delincuencia, no estamos en ningún vividero.

Así las cosas, así el país. Y como dijo el infame político elegido por los narcos como presidente de la república, "aquí estoy y aquí me quedo", el mismo que después dijo: "Sólo quería ser expresidente". O como dijo ese otro cínico que gobierna en Venezuela, asombrado porque millones de personas se van al exilio, asqueados por el socialismo del siglo XXI, "yo no me iría".

De todas maneras, antes de que pierda el hilo de estos días aciagos y en esta tenaz búsqueda de la independencia, hemos salido de compras. René no solo maneja la Bronco sino que manipula la silla y me ayuda a acomodarme. He adecuado el segundo piso de mi casa en Cuatrovientos de tal manera que no haya necesidad de bajar nunca a la cocina. Por suerte, tengo un baño a la mano. Conseguí una tetera, la cafetera, el horno microondas, un mini bar, otro ventilador.  Ya teníamos un prodigioso mueble de madera que se transforma en sillón o comedor según nuestro antojo. Uno solo tiene que decirle: Transfórmese, Sésamo. Ya puedo prepararme la cena y el desayuno. Queda pendiente una cocinita eléctrica para freír unos huevos o preparar un arroz elemental. 

Mientras estaba tirado en la cama y no podía mover ni un centímetro la pierna fracturada, René hizo las compras urgentes: las muletas, el caminador, la silla de ruedas, el bendito pisingo.

René me trae el almuerzo, entre uno y otro de sus trabajos. Es profesor y trabaja en cuatro partes distintas para redondear un salario que cubra sus necesidades, así de mal se paga su profesión en el País del Desangrado Corazón. Señores, perdonen la obviedad: acá no sólo se muere mal. Se vive mal. Y, por supuesto, no es el país más feliz del mundo.

Han sido duras estas salidas. La ciudad está congestionada por el delirio decembrino, por los inmigrantes y sus necesidades, por la habitual y legendaria inseguridad, por el calor y el tránsito.

El lío no es solamente el deterioro y el diseño de las calles, que en algunos trechos parecen caminos de herradura y que hacen vibrar la silla de ruedas con más entusiasmo que un sillón de masajes. El lío es la gente, además. Sobre todo, la gente, la verdad sea dicha. Algunos brindan su generosa ayuda y facilitan la cosa, bendita sea su compasión, pero los otros, ay, madre.

A los conductores, al menos en Colombia, les vale huevo el peatón. Conductores descarados, idiotizados por el celular y el galopante acelere de la ciudad. No hay el mínimo respeto por los viejos. No hay respeto. Uno tropieza hasta con policías que trepan sus motos a las aceras, se desplazan en contravía y sólo viven con el propósito de imponer multas y hacer dinero como sea. Diciembre los vuelve como perros hambrientos. Sé que exagero, pero estamos en tierra de nadie, en la frontera. Las motos se multiplicaron como el hambre y a los motociclistas ni siquiera una silla de ruedas los hace disminuir el paso. Parece que todos llevarán una meada embolatada.

Uno al menos tiene su pisingo.

Amén y bendita sea la vida, glorioso esplendor.

Cuatrovientos, 13 de diciembre de 2018






viernes, 14 de diciembre de 2018

La hija secreta de Clint Eastwood que fue dada en adopción




La hija secreta de Clint Eastwood que fue dada en adopción

Laurie Murray tiene 64 años y contactó con el actor hace 30. Nació de la relación del cineasta con una mujer que le ocultó el embarazo


EL PAÍS
Madrid, 13 de diciembre de 2018

La familia que rodea a Clint Eastwood es de las más numerosas de Hollywood. Con siete hijos —de cinco madres diferentes—, todos inmersos en el mundo del entretenimiento, el actor y director de 88 años se ha asegurado un legado en la meca del cine más allá de sus trabajos. Kimber Lynn (54 años) es productora de cine, Kyle (50) es músico y actor, Scott (32) es actor, Kathryn (30) es actriz y guionista, y Francesca y Morgan, 25 y 22 años respectivamente, también han optado por la actuación.  Sin embargo, el clan Eastwood tiene un octavo miembro que salió a la luz el pasado lunes: Laurie Murray. 

Antonio Muñoz Molina / Cerca de la música

Cerca de la música

Hay tanto fervor y tanta exasperación en Schubert como en un grito de Janis Joplin o un solo sin fin de Jimi Hendrix


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
14 DIC 2018 - 18:22 COT

He salido del metro en el frío estimulante del anochecer de diciembre. He subido las escaleras con esa energía en los talones que solo siento cuando voy a escuchar música. Podía estar llegando a uno de esos clubes de jazz en los que se resume mi nostalgia atenuada y persistente de Nueva York. Hay una cola de aficionados impacientes que se refugian del frío cruzando una puerta giratoria. Podría estar esperando en la entrada inhóspita de un club en invierno, pero he salido del metro en la glorieta de Bilbao de Madrid y donde espero es en la entrada del Café Comercial, renacido lujosamente después de lo que a muchos nos pareció un eclipse sin remedio. En las puertas de los clubes los aficionados se reconocen entre sí por las pintas, y algunas veces hasta se saludan. La gente que espera a la entrada del Comercial muestra una alentadora diversidad de edades y apariencias, pero tiene algo difuso en común que los identifica como aficionados a la música, aficionados de a pie y sin ceremonia, sin exhibicionismo social, muy parecidos a los que esperan a la puerta del Village Vanguard o Smoke, donde tantas veces yo mismo he hecho cola con felicidad e impaciencia. Nos conocemos sin conocernos, aunque algunas veces nos conocemos de verdad y nos saludamos. Esperando esta noche a la puerta del Comercial me encuentro con Cibrán Sierra, violinista del Cuarteto Quiroga, y autor de un libro educativo y luminoso sobre ese formato musical. Cibrán es un hombre entusiasta que ama apasionadamente su oficio y le dedica su vida entera. Dedicándome yo a uno en el que no cuesta mucho fingir el talento o el esfuerzo, mi admiración por la disciplina inflexible y la entrega de los músicos es todavía más acentuada. Tocar en un cuarteto de cuerda exige una precisión de neurocirugía.
Hemos venido al Café Comercial a escuchar música de cámara. Para llegar a la sala hace falta subir una escalera tan estrecha como la de un club de jazz. La música de cámara, el universo entero de lo que se llama la música clásica, padece una fama de formalidad tediosa, de solemne rutina: los chaqués, los fracs, las largas faldas negras para las mujeres, el silencio forzoso, el protocolo que señala y aleja a los no iniciados. La música clásica es algo que sucede en lugares herméticos en los que la gente tose con gravedad geriátrica en los intermedios y fulmina de soslayo al que aplaude a destiempo. La música clásica es algo del pasado, dicen, algo más o menos muerto, momificado en el repertorio.
Basta un poco de cercanía para que esos estereotipos se disuelvan. Lo que se llama la música clásica la hacen ahora mismo sobre todo hombres y mujeres jóvenes que han de entregarse por completo a su dificultad y a su disciplina pero que viven tan en este mundo como cualquiera de nosotros y además suelen sentir curiosidad e interés y muchas veces entusiasmo por casi cualquier otra forma de música. La mayor parte de las glorias del rock son ahora viejales codiciosos que recaudan sin ningún esfuerzo ni mérito taquillajes masivos de estadios. Esta noche, en el Comercial, tres músicos jóvenes interpretan una obra de un músico todavía más joven que ellos, que murió trágicamente en plena juventud, como los héroes del rock, Franz Schubert, que se sobrepuso a la enfermedad y al miedo de morir creando casi hasta su último aliento obras que nos estremecen todavía por su caudal de vitalidad y de invención, de pura furia de vivir. Hay tanto fervor y tanta exasperación en Schubert como en un grito largo de Janis Joplin o un solo sin fin de Jimi Hendrix.
Esta noche toca el trío Vibrart: piano, violín, violonchelo. Tocan el Trío número 2,que fue una de las últimas piezas que compuso Schubert, la última que le dio tiempo de escuchar. No estamos en un auditorio de música clásica. No hay un escenario y un proscenio que nos separen de los músicos. Los tres músicos están muy juntos, porque el espacio es tan limitado como en un club de jazz o en uno de esos cuartos recónditos en los que se escucha el mejor flamenco. La acústica de la sala es buena, me dice alguien que sabe, aunque las condiciones no lo sean del todo. Se oye amortiguado el ruido de la gente en el café, la máquina de hacer hielo, el aire acondicionado.
No importa. También se oye, antes de que comience el concierto, el sonido de los cubitos de hielo en las copas de gin-tonic. Clubes importantes de Nueva York ofrecen la cena, lo cual es para ellos una manera de ganar un poco más de dinero. En el Village Vanguard solo se permite la bebida. La experiencia me ha enseñado que la música es gozosamente compatible con la bebida, pero no con la comida. Dejando aparte el incremento del ruido, no creo que se pueda comer y escuchar música al mismo tiempo. En Nueva York un club aventurado como Le Poisson Rouge fue el primero que hizo posible la música clásica y la bebida. Hace unos años yo escuché allí memorablemente el Cuarteto número 4 de Béla Bartók tomándome un gin-tonic. Así descubrí la concordancia perfecta entre el gin-tonicy la música de cámara.
La encontré de nuevo la otra noche, en el Café Comercial, en una sala estrecha y de techo bajo, tan cerca de los músicos que los veía esforzarse y sudar en una obra arrebatadora sobre el amor y la muerte, ese Trío número 2 de Schubert que muchas personas conocen sin saberlo gracias al Barry Lyndon de Stanley Kubrick, un director de cine con tanto oído para la música como nuestro Carlos Saura. Los músicos se escuchaban y se respondían entre sí igual que músicos de jazz. Había algo crudo e inmediato en la fuerza de la percusión, en el modo en que el pianista golpeaba las teclas y los arcos del violín y el violonchelo rozaban y hacían vibrar las cuerdas. Yo miraba a Cibrán Sierra escuchar la música con sus manos, repitiendo por instinto los gestos de los dedos de los que estaban tocando. Cuando entra la melodía del segundo movimiento, uno cae derribado por esa mezcla de dulzura y tristeza, de exaltación y despedida, que es exclusiva de Schubert. Por los ventanales se veían las luces del tráfico en la noche de diciembre. En las pausas llegaban de abajo los ruidos del café. El gin-tonic acentuaba la efusión de la música.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Muere el escritor Joseph Joffo, autor de ‘Un saco de canicas’




Muere el escritor Joseph Joffo, autor de ‘Un saco de canicas’

Superviviente de la persecución de los nazis, vendió 20 millones de ejemplares en el mundo de su novela autobiográfica



Alex Vicente
París, 8 de dicimbre de 2018







Joseph Joffo,  en el Salón de París en 2008.
Joseph Joffo, en el Salón de París en 2008.  REUTERS

El escritor francés Joseph Joffo falleció el jueves a los 87 años en Saint-Laurent-du-Var, en las afueras de Niza, donde residía desde hacía décadas. Joffo fue conocido por su novela más exitosa, Un saco de canicas, publicada en 1973, libro autobiográfico donde relataba su huida de los nazis junto a su hermano Maurice en la Francia de la Segunda Guerra Mundial. Con ese libro, traducido a 18 lenguas, Joffo logró vender 20 millones de ejemplares. Un saco de canicas tuvo dos adaptaciones cinematográficas: una de Jacques Doillon, rodada poco después de la edición del libro, y otra a cargo de Christian Duguay, que se estrenó a comienzos de este año. “Curioso destino para un libro que nadie quiso. Lo rechazaron 14 editoriales”, recordaba Joffo en una entrevista con EL PAÍS en enero de 2018. “En realidad, solo lo escribí para que mis hijos entendieran de dónde veníamos”.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Gustavo Álvarez Gardeazábal / Petro, el confundido


Gustavo Petro

Gustavo Álvarez Gardeazábal
PETRO, EL CONFUNDIDO


ADN
10 de diciembre de 2018

Petro está confundido pero el país también está confundido con él. Petro ha pretendido ser el líder de la oposición a Duque y aunque nunca antes un mandatario había servido tanta papaya, picada y en bandeja, a sus contradictores, Petro no pudo dejar de pensar cono el leninista que siempre ha sido y está feriando esa comandancia. Ahora lo vemos lánguidamente ido, perdiendo la oportunidad de representar a los millones de votantes que lo respaldaron en las urnas y a los otros millones que extraordinariamente se cansaron en menos de tres meses de ser mal gobernados.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Triunfo Arciniegas / Con ese man ni a la esquina






Triunfo Arciniegas

CON ESE MAN NI A LA ESQUINA
NI POR VEINTE MILLONES DE PESOS

Si usted cree en la honradez de los políticos o que los bancos "le están poniendo el alma", está jodido. Aunque lo sorprendan con las manos en la masa, el político alegará inocencia y persecución y tratará de envolver a los pinches electores con su verborrea. Ensayará miles de veces un discurso frente al espejo, con las palabras y la pinta escogidas por sus asesores, es decir, con una sopa de verdades a medias y mentiras descaradas, remendando aquí y allá, y luego grabará un video para los pendejos que abundan en este mundo. Dirá que el suyo es un proyecto de millones de ciudadanos, tratando de hacer creer que él es el pueblo mismo, el elegido, y disfrazando su obsesión de poder y sus ganas de hacer lo que se le dé la gana si alguna vez obtiene el cargo al que tanta hambre le tiene. Todo político nos jode tarde o temprano. No sólo piensen en sus propuestas, piensen quién es el tipo que las hace: un egocéntrico, uno que va tras lo suyo sin importarle a quién tenga que traicionar y que se aliará con quien sea si le resulta provechoso, atropellando ética y principios. Si no le sirven unos principios, usará otros, como diría Groucho Marx, tal como ha hecho con la gente que le ha servido en el oficio de trepar, saltar y caer de pie. Un político es ante todo un animal práctico y absolutamente desvergonzado. Y, sobre todo, señoras y señores, un político nunca pierde, ni siquiera cuando cae. "El escándalo pasa y la platica queda", dicen estos cínicos. Pierde el pendejo que cree en esta plaga.

 Cuatrovientos, 4 de diciembre de 2018





Juan Manuel Santos & Evo Morales / Los mamones

Juan Manuel Santos

LOS  MAMONES
Gustavo Álvarez Gardeazábal
ADN, diciembre 7 2018


Siempre hemos dicho que en Colombia para el mamón no hay ley. Lo hemos vivido muchas veces. La última vez fue aquél inolvidable 2 de octubre, cuando el pueblo convocado a plebiscito para aprobar o improbar el Acuerdo de Paz que el presidente Santos y la cúpula de las Farc habían redactado en La Habana, y  decidió por mayoría, escasa pero mayoría, decir NO a ese pacto de paz.

viernes, 7 de diciembre de 2018

¿Por qué no hay cine clásico en Netflix?



¿Por qué no hay cine clásico en Netflix?

Las plataformas mayoritarias de ‘streaming’ proponen una oferta exigua de películas no recientes

El cierre de FilmStruck, portal especializado en los títulos antiguos, fragiliza ese catálogo



París 6 DIC 2018 - 15:02 COT

¿Qué tienen en común Casablanca, Ciudadano Kane, Lo que el viento se llevó, Cantando bajo la lluvia, Vértigo y Rashomon, además de ser clásicos indiscutibles de la historia del cine? La respuesta es que ninguno de esos títulos está disponible en Netflix o en el servicio para suscriptores de Amazon Prime Video, las dos plataformas mayoritarias de VOD —video on demand, la oferta legal de películas y series en streaming—, ni en sus versiones españolas ni en las estadounidenses. El catálogo de Netflix en España solo incluye 18 películas anteriores a 1960. En la versión estadounidense, el recuento sube a 20. Por su parte, Amazon propone 13 películas previas a ese año a sus suscriptores en España. En Estados Unidos, donde su catálogo incluye más de un millar de títulos clásicos, esas seis películas se pueden comprar o alquilar por unidades, pero no están incluidas en la tarifa plana para suscriptores de Prime Video. En comparación, en el Netflix español hay casi 600 películas producidas entre 2017 y 2018.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Donald Trump / Todos los mentirosos del presidente




Todos los mentirosos del presidente

Los 19 meses de investigación del fiscal especial Robert Mueller han revelado el desprecio a la verdad que reina en la corte de Donald Trump


Pablo Guimón
Washington, 6 de diciembre de 2018

La mentira está en el centro de la administración Trump desde su llegada misma a la Casa Blanca, cuando el entonces secretario de prensa, Sean Spicer, soltó la falsedad, fácilmente demostrable, de que su investidura presidencial fue la más multitudinaria de la historia. Kellyanne Conway, consejera de Trump, preguntada en la NBC por la trola que había soltado su compañero sin despeinarse, acuñó la memorable expresión de “hechos alternativos”.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Iván Duque / El Principito


EL PRINCIPITO
GUSTAVO ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL
Publicado en Diario ADN, diciembre 5 2018

Es un niño, se siente un niño, actúa como niño. Si ve un niño de verdad tocando un tambor en el desfile, se acerca, le pide los palitos y comienza a demostrar que sabe tocar hasta mejor que el miembro de la banda. Si llega al Bernabeu no se pone a conversar con Florentino, le demuestra que es capaz de patear mejor que James. Si va a una cancha de tejo, no se toma una cerveza ni dialoga con los enruanados, coge el tejo y acierta en el bocin estallando la mecha.Vive en una batalla infantil por demostrar que es capaz de todo. Canta vallenatos con solo coger la raspa pero sin manejar el acordeón. Baila merecumbé con los mismos pasitos antiquísimos de Pacho Galán. No puede ver una pelota porque en su infantilismo demostrativo tiene que hacerse distinguir y entonces inmediatamente la coge y, como cualquier payaso malabarista del Circo  del Sol la lleva del pie a la cabeza, de allí al cuello, y sin dejarla caer, quiere recibir el aplauso de todo niño precoz y habilidoso mientras abre los brazos.Pero en su sed de ser reconocido cada que visita a alguien, le lleva de regalo una camiseta de la selección de fútbol de su país y si ve la oportunidad de tomarse una foto o que le firmen un autógrafo, busca a los príncipes de la farándula y los invita a su casa.Y si va de visita donde príncipes de verdad, les lleva saludes de quien lo recomendó públicamente como el más capacitado o les echa el cuento de Blanca Nieves y los siete enanitos presentándolos como miembros de su equipo secreto.Por supuesto, cada sábado tiene fiesta  para hacerse reconocer por pueblos que nunca antes había soñado y semana tras semana cambia de sombrero aunque, de verdad, ninguno le queda bien.Monta en avión  y habla casi todos los días pero como no compagina las palabras que pronuncia con los gestos del rostro,nadie le cree y genera infinita desconfianza. Así y todo cree que eso es gobernar. Y que es El Principito y que no es grave que  el 68% del país lo rechace.


martes, 4 de diciembre de 2018

Simón Vélez / Nunca le di plata a Petro. Nunca


Simón Vélez

¡Maldita suerte la del periodista! Tener la posibilidad de entrar al mundo secreto de tipos tan valiosos como Simón Vélez y terminar hablando de un video oscuro y tenebroso, donde la arquitectura visual descansa en mugrosas pilas de billetes. ¡Habiendo tanta cosa verdaderamente importante para charlar con él!

lunes, 3 de diciembre de 2018

Simón Vélez / “No le he hecho ningún préstamo a nadie y mucho menos al señor Gustavo Petro”


Simón Vélez

“No le he hecho ningún préstamo a nadie y mucho menos al señor Gustavo Petro”, Simón Vélez


29 de noviembre de 2018
360 Radio

Así respondió el arquitecto Simón Vélez al hoy senador Gustavo Petro, quien había asegurado el pasado martes que este le había prestado $20 millones en efectivo cuando transcurría el año 2005.

domingo, 2 de diciembre de 2018

James Salter / Todo lo que sé




James Salter
Poster de T.A.

James Salter 





Todo lo que sé
Hombre de acción, piloto de la fuerza aérea, escritor de culto de otros escritores, guionista y director de Hollywood, en 2015 James Salter dio tres conferencias en la Universidad de Virginia a los ochenta y nueve años, pocos meses antes de morir. Ahora esos tres textos llenos de evocación sincera sobre el propio aprendizaje en la escritura, las lecturas y los tropiezos del amateur, se publican en castellano. Breve y luminoso, El arte de la ficción permite, más que asistir a un cierre, una puerta de entrada a la obra de un escritor norteamericano muy influyente a partir de mediados de los años 70, y paradójicamente secreto.

Rodrigo Fresán
28 de julio de 2018


A esta altura, la historia real de James Salter (New Jersey 1925-2015) ya es muy bien conocida por todos aquellos a los que les interesan las verdaderas buenas ficciones. De hecho, el propio Salter la narró en una ardiente memoir de 1997 titulada Quemar los días: hombre de acción y piloto de caza hemingwayano (a propósito de la Fuerza Aérea escribió que “yo me la comí y me la bebí, estuve a su lado sin considerar el día o el clima, recité su discurso infinito, le entregué mi corazón”), posterior bon vivant fitzgeraldista (moviéndose entre Manhattan y las grandes capitales europeas y sets de filmación como guionista con un aire entre Paul Newmann y Don Draper), y celebrado “escritor de escritores” por nombres que incluyen los de Graham Greene, Susan Sontag, Richard Ford, John Irving, Julian Barnes, Michael Ondaatje, Joseph Heller, Harold Bloom y todo aquel más o menos preocupado por comprender el misterio y el don de la construcción de frases perfectas sin por eso dejar de indignarse por su privilegio/estigma de ser “el más secreto de los escritores secretos”. Por el camino, obras maestras como Juego y distracción, Años luz, los cuentos perfectos de Anochecer y La última noche (reunidos en inglés con prólogo de John Banville con quien Salter compitió cabeza a cabeza por el premio Príncipe de Asturias de 2014) y la despedida triunfal con esa extraña a la vez que clásica –y hoy, seguro, para muchas y muchos, demasiado “masculinista”– novela de título tan honesto como transparente, tan humilde como soberbio: Todo lo que hay.

James Salter / Los secretos de un narrador



LOS SECRETOS DE UN NARRADOR

El paladar del norteamericano James Salter 



Un libro con lecciones de escritura

Por Mercedes Stramil
30 de septiembre de 2018

Quizá porque los escritores son (o parecen, la mayoría) seres solitarios y poco dados a hablar de la cocina de su escritura, cuando por fin lo hacen el resultado tiene un sabor especial.Resulta valioso en primer lugar para otros escritores y más para los promitentes escritores, siempre al alpiste de fórmulas, decálogos, tips y todo aquello que tenga la irresistible apariencia de lo fácil. Pero suele pasar que los grandes escritores no tienen fórmulas ni las pueden dar. Transmiten más por ósmosis que por precepto. "Enseñan" en su pura admiración por otros. Hace unos años se publicaba en español Flores en las grietas (2012) de Richard Ford, que recogía conferencias y artículos del creador de Frank Bascombe, personaje ya legendario de la literatura estadounidense, y entre capítulos que hablaban de por qué escribimos, para quién y cómo, había uno dedicado a James Salter y a su novela Años luz (1975) donde se narra la felicidad chata y sin horizontes de un matrimonio de clase media estadounidense. Lo que Ford destaca es el virtuosismo de Salter para hacer de esa historia insustancial "una fiesta de efectos de ficción", el placer sostenido en una pulida combinación de palabras que construyen un mundo. "En las frases de Salter no hay astillas", dice Ford como un elogio (no quita que haya lectores que buscan cortarse y escritores con el instrumental para facilitárselo).

sábado, 1 de diciembre de 2018

Dennis Lehane / “La realidad está formada por la televisión y el cine”





Dennis Lehane: “La realidad está formada por la televisión y el cine”

El escritor, maestro de la novela negra bostoniana, vuelve con un 'thriller' psicológico en el que adopta por primera vez el punto de vista de una mujer


PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL
Los Ángeles 1 DIC 2018 - 15:53 COT


El maestro de los bajos fondos bostonianos, de la mugre, el frío, el indomable acento irlandés y el último pitillo, resulta que vive en Los Ángeles a dos pasos de la playa y trabaja en Hollywood. Dennis Lehane (Dorchester, Massachusetts, 1965) abandonó hace cinco años el escenario de todas sus novelas para instalarse “donde está el trabajo”, convertido en un cotizado guionista de televisión. “Es un buen trabajo, es más colaborativo. Te cansas de estar solo en una habitación sin gente alrededor”, argumenta. Pero olvidemos que hemos oído esto y que hace un día estupendo en Santa Mónica; hemos venido a hablar de novelas, de crimen y de Boston.

James Salter / La vida iba en serio

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JAMES SALTER: LA VIDA IBA EN SERIO

Por Daniel Gascón
‘Todo lo que hay’ es la primera novela que ha publicado en más de treinta años James Salter (Nueva York, 1925), un narrador admirado por muchos de los mejores autores estadounidenses contemporáneos. El libro incluye un epígrafe –“Solo las cosas conservadas por escrito tienen alguna posibilidad de ser reales”– y cuenta la vida de Philip Bowman, un joven que se cría con su madre, combate en la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y estudia en Harvard antes de entrar a trabajar en una editorial. Allí coincide con Eddins, con Baum y, en un bar, con Vivian, una chica de Virginia de padre riguroso y madre alcohólica con la que se casa. Ni la existencia ni la personalidad de Bowman son extraordinarias, pero están contadas con delicadeza, inteligencia y seguridad.