sábado, 18 de abril de 2020

Body Art es una de las novelas más innovadoras de Don DeLillo




Body Art es una de las novelas más innovadoras de Don DeLillo

Definida por la crítica como uno de los trabajos más singulares del escritor americano, Body Art no deja indiferente a nadie por su naturaleza paradójica.

Ulises  Novo

8 de abril de 2018 (14:49 h.)

Lo inclasificable es una de las características de su narrativa y quizá sea en Body Art donde Don DeLillo nos enfrenta a ese duelo de la muerte a través de la construcción de continuas paradojas.

La muerte de un artista confina a su pareja a una serie de experiencias anómalas que comparte con el lector, sin saber exactamente si son resultado de alucinaciones patológicas o de la existencia de un mundo paralelo que se comunica con la realidad a través de voces, grabaciones y luces.

La constante intriga de un mundo personal que se desmorona para dar paso a otro completamente idealizado nos conduce a esa ambigua percepción de las acciones y los objetos, donde desconocemos el grado de engaño y de fraude de nuestros sentidos.

Lo mejor del relato es esa simbiosis entre arte, visión y la melancolía que provoca el duelo, recreando una y otra vez figuras, sensaciones, estímulos y recuerdos que la protagonista no dudará en llevar a su próxima exposición artística. Por lo tanto, parece que lo que se relata forma parte de ese entrenamiento personal, al que se está sometiendo Lauren Hartke con tal de ejecutar una performance, donde la experiencia traumática de la ausencia se manifiesta como un hecho auténtico, lejos del fingimiento o la interpretación.

Nuevamente, las obsesiones del escritor americano vuelven a surgir de su imaginario como síntomas casi depresivos de una sociedad, la nuestra, que vive bajo la sedación de las imágenes virtuales, bajo el lastre de una pérdida prolongada de la realidad como fisicidad, un síntoma decadente de los logros neoliberales.

Body Art reivindica la necesidad vital de relacionarnos, pero que la tecnología nos niega por medio de los entornos virtuales y de unas normas que han hecho saltar por los aires cualquier estabilidad emocional en la convivencia, ya sea en pareja o dentro de un grupo.

El uso frecuente de la elipsis así como la expresión de recovecos sutiles en una prosa detallista, como nunca se ha visto en obras anteriores, nos aporta una imagen de Don DeLillo mucho más lírica, menos rotunda, pues la introspección y la limitación de espacios nos conduce a un relato más íntimo y menos coral que en Fin de Campo o El hombre del salto.



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