domingo, 27 de diciembre de 2015

Vargas Llosa / La gran coalición



La gran coalición

Un pacto entre las tres fuerzas inequívocamente democráticas, proeuropeas y modernas —PP, PSOE y Ciudadanos— exige realismo, generosidad y espíritu tolerante

La gran coalición
FERNANDO VICENTE
Todo el mundo parece de acuerdo en que las recientes elecciones en España acabaron con el bipartidismo y una inequívoca mayoría parece celebrarlo. Yo no lo entiendo. La verdad es que ese período que ahora termina en el que el Partido Popular y el Partido Socialista se han alternado en el poder ha sido uno de los mejores de la historia española. La pacífica transición de la dictadura a la democracia, el amplio consenso entre todas las fuerzas políticas que lo hizo posible, la incorporación a Europa, al euro y a la OTAN y una política moderna, de economía de mercado, aliento a la inversión y a la empresa produjo lo que se llamó “el milagro español”, un crecimiento del producto interior bruto y de los niveles de vida sin precedentes que hizo de España una democracia funcional y próspera, un ejemplo para América Latina y demás países empeñados en salir del subdesarrollo y del autoritarismo.
Es verdad que la lacra de esos años fue la corrupción. Ella afectó tanto a populares como socialistas y ha sido el factor clave —acaso más que la crisis económica y el paro de los últimos años— del desencanto con el régimen democrático en las nuevas generaciones que ha hecho surgir esos movimientos nuevos, como Podemos y Ciudadanos, con los que a partir de ahora tendrán que contar los nuevos Gobiernos de España. En principio, la aparición de estas fuerzas nuevas no debilita, más bien refuerza la democracia, inyectándole un nuevo ímpetu y un espíritu moralizador. Acaso el fenómeno más interesante haya sido la discreta pero clarísima transformación de Podemos que, al irrumpir en el escenario político, parecía encarnar el espíritu revolucionario y antisistema, y que luego ha ido moderándose hasta proclamar, en boca de Pablo Iglesias, su líder, una vocación “centrista”. ¿Una mera táctica electoral? Tengo la impresión de que no: sus dirigentes parecen haber comprendido que el extremismo “chavista”, que alentaban muchos de ellos, les cerraba las puertas del poder, e iniciado una saludable rectificación. En todo caso, el mérito de Podemos es haber integrado al sistema a toda una masa enardecida de “indignados” con la corrupción y la crisis económica que hubieran podido derivar, como en Francia, hacia el extremismo fascista (o comunista).

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Vargas Llosa / La batalla de un hombre solo

Simon Leys

La batalla de un hombre solo

Simon Leys se enfrentó a una corriente colectiva de eminencias intelectuales con el propósito de disipar la maraña de mentiras sobre la "revolución cultural" de Mao, aquella locura inspirada por un viejo déspota



FERNANDO VICENTE
En los años setenta tuvo lugar un extraordinario fenómeno de confusión política y delirio intelectual que llevó a un sector importante de la inteligencia francesa a apoyar y mitificar a Mao y a su “revolución cultural” al mismo tiempo que, en China, los guardias rojos hacían pasar por las horcas caudinas a profesores, investigadores, científicos, artistas, periodistas, escritores, promotores culturales, buen número de los cuales, luego de autocríticas arrancadas con torturas, se suicidaron o fueron asesinados. En el clima de exacerbación histérica que, alentada por Mao, recorrió China, se destruyeron obras de arte y monumentos históricos, se cometieron atropellos inicuos contra supuestos traidores y contrarrevolucionarios y la milenaria sociedad experimentó una orgía de violencia e histeria colectiva de la que resultaron cerca de 20 millones de muertos.
En un libro que acaba de publicar, Le parapluie de Simon Leys (El paraguas de Simon Leys), Pierre Boncenne describe cómo, mientras esto ocurría en el gigante asiático, en Francia, eminentes intelectuales, como Sartre, Simone de Beauvoir, Roland Barthes, Michel Foucault, Alain Peyrefitte y el equipo de colaboradores de la revista Tel Quel, que dirigía Philippe Sollers, presentaban la “revolución cultural” como un movimiento purificador, que pondría fin al estalinismo y purgaría al comunismo de burocratización y dogmatismo e instalaría la sociedad comunista libre y sin clases.

Otros artículos del autor

Un sinólogo belga llamado Pierre Ryckmans, que firmaría sus libros con el nombre de pluma de Simon Leys, hasta entonces desinteresado de la política —se había dedicado a estudiar a poetas y pintores chinos clásicos y a traducir a Confucio—, horrorizado con esta superchería en la que sofisticados intelectuales franceses endiosaban el cataclismo que padecía China bajo la batuta del Gran Timonel, se decidió a enfrentarse a ese grotesco malentendido y publicó una serie de ensayos —Les Habits neufs du président Mao, Ombres chinoises, Images brisées, La Fôret en feu,entre ellos— revelando la verdad de lo que ocurría en China y enfrentándose con gran coraje y conocimiento directo del tema al endiosamiento que hacían de la “revolución cultural”, empujados por una mezcla de frivolidad e ignorancia, no exenta de cierta estupidez, buen número de los iconos culturales de la tierra de Montaigne y Molière.

Vargas Llosa / Venezuela libre

Venezuela libre

Si el Ejército mantiene la neutralidad, el desmontaje del chavismo puede ser pacífico. Lo peor ha pasado, pero los zarpazos del régimen moribundo pueden hacer aún mucho daño


Venezuela libre
FERNANDO VICENTE
El chavismo y su arrogante etiqueta ideológica, “el socialismo del siglo XXI”, han comenzado a desmoronarse luego de las elecciones del domingo pasado y la aplastante victoria de las fuerzas de oposición agrupadas en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Un viento de libertad corre ahora por la tierra venezolana, devastada por 17 años de estatismo, colectivismo, represión política, demagogia y corrupción que han llevado a la ruina y al caos a uno de los países potencialmente más ricos del mundo.
La oposición al Gobierno de Maduro cuenta con 112 diputados, dos tercios de la Asamblea Nacional, lo que en teoría le permite desmontar toda la maquinaria económica y política del chavismo, aprobar una ley de amnistía para los presos políticos e, incluso, convocar un plebiscito revocatorio del jefe de Estado. Pero es probable que, tal como ha propuesto Henrique Capriles, el más moderado de los líderes de la oposición, ésta proceda con cautela, consciente de que el problema más urgente para el pueblo venezolano es el del hambre, el desabastecimiento y la carestía de un país que tiene la inflación más alta del mundo y las mayores tasas de criminalidad (luego de Honduras) en América Latina.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Enrique Vila-Matas / Calvino, treinta años después

Italo Calvino

Calvino, treinta años después


A lo largo de la última semana, mientras releía a Cesare Pavese, autor que intuyo medio olvidado, no podía dejar de acordarme de sus palabras sobre la lectura y la soledad: “Incluso un libro en chino está hecho para ti. Se trata siempre de aprender las palabras de un hombre. Todos los libros que valen están escritos en chino, y no siempre hay un traductor. Llega el momento en que estás solo ante la página, así como estaba solo el que la escribió”.
Estos días, leyendo al gran Pavese de El oficio de vivir, llegué a tener hasta miedo de caer en manos de cualquier otro autor, y me acordé de Lichtenberg cuando decía que el único defecto de los escritores realmente buenos era que casi siempre ocasionaban que hubiera muchos malos o regulares.
Cuando finalmente quise probar suerte con otro autor, me refugié en Italo Calvino, lo que fue como llamar al timbre del mejor vecino de Pavese y continuar el camino sin sobresaltos. En el caso de los libros de Calvino, no parece haber hoy en día ni el menor fantasma del olvido. Es más, a los treinta años de su muerte, se ha convertido en un clásico contemporáneo, quizás porque se adelantó a su tiempo; se adelantó en parte porque leyó bien a Pavese, que fue un atrevido renovador.
La primera vez que leí a Calvino, su escrito giraba en torno precisamente de la “obra ejemplar” de Pavese. Allí explicaba que del autor de El oficio de vivir (Seix Barral) había aprendido que aquello que la literatura podía enseñarnos no eran métodos prácticos, sino sólo las posiciones: el resto no era una lección que debiera extraerse de la literatura, pues era la vida la que debía enseñarla.
Al mundo de Calvino, donde confluyen tantos registros literarios distintos, se puede entrar por donde uno quiera, porque las grandes alegrías y tristezas están aseguradas. Con el tiempo, cada lector acaba teniendo su propio Calvino, su propio libro predilecto de este autor. Me acuerdo de que Carmen Martín Gaite tenía predilección por El caballero inexistente, por un fragmento que nos recitó en un día de lluvia, en un taxi que circulaba muy lento por la Costa da Morte: “La voz del caballero Agilulfo llegaba metálica desde dentro del yelmo cerrado, como si no fuera una garganta, sino la propia chapa de la armadura la que vibrase. Y es que, en efecto, la armadura estaba hueca, Agilulfo no existía”.
En mi caso, el libro favorito es Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela), donde Calvino propone una literatura que haga suya “el gusto por el orden mental y la exactitud, la inteligencia de la poesía y al mismo tiempo de la ciencia y de la filosofía”. Dicen que para Seis Propuestas fue providencial entre nosotros el cambio del título Lezioni americane por el del epígrafe inglés, Six Memos for the Next Millennium. Pero lo que de verdad tuvo que ser decisivo fue la fascinante inteligencia de sus seis propuestas. Si Levedad fue mi “lección americana” preferida durante dos décadas, con el tiempo Multiplicidad fue ganando posiciones, tanto que aún celebro a diario la propuesta.


Italo Calvino / Sobre la escritura

Italo Calvino, 1969
Foto de Carla Cerati
Italo Calvino
SOBRE LA ESCRITURA

Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.

Alberto Manguel / Sombras y fantasmas aterradores, irónicos y malévolos

Sombras y fantasmas aterradores, 

irónicos y malévolos

Una selección de los 16 relatos más originales y terribles del género. Los autores resucitan a los muertos y conducen al lector a un mundo sobrecogedor, encantado y también divertido.

ALBERTO MANGUEL 8 MAR 2008

Otra vuelta de tuerca
Henry James
Henry James, autor de algunos de los más originales y aterradores fantasmas de la literatura, logró en Otra vuelta de tuerca una obra maestra. Basada en una anécdota que le fue referida cierta noche de invierno, cuenta la historia de una nodriza encargada de cuidar a dos niños en una solitaria casa de campo inglesa. Los niños parecen felices, las habitaciones cómodas, los jardines soleados, pero la nodriza siente algo en la atmósfera que le incomoda. Entonces el ama de llaves le cuenta que un apuesto mayordomo y la nodriza que le precedió murieron poco antes de su llegada y deja sospechar circunstancias bochornosas. Paso a paso, la nodriza se convence de que esos dos muertos rondan por la casa y quieren apoderarse de los niños. James no nos permite asegurar ni negar esas infames apariciones: magistralmente, cada palabra de la novela a la vez afirma y rechaza la interpretación fantástica.
Sombras suele vestir
José Bianco
Sombras suele vestir es una de las mejores historias de fantasmas de la literatura en lengua castellana. En un inquilinato de Buenos Aires viven Jacinta, su hermano enfermo mental y su madre, mujer incapaz de resignarse a la pobreza. Para satisfacer los pedidos de esta última, Jacinta se prostituye. Cuando la madre muere, uno de los clientes de Jacinta lleva a la muchacha a vivir con él y coloca al hermano en un sanatorio. Pronto el cliente confiesa sentir una extraña atracción hacia el hermano enfermo y él, a su vez, se interna en el mismo sanatorio. La novela entonces se corrige: el lector se entera de que Jacinta está muerta y que, para cada personaje, la realidad es leída de otra manera, tangible o soñada. El título es de Quevedo: "El sueño, autor de representaciones / en su teatro sobre el viento armado / sombras suele vestir de bulto bello".
El hombre verde
Kingsley Amis
El hombre verde es una taberna a unas cuarenta millas de Londres, famosa por sus vinos y sus fantasmas. El tabernero, Maurice Allington, empieza a obsesionarse con uno de los fantasmas, un cierto clérigo del siglo XVII quien (según la leyenda) asesinó salvajemente a su esposa. Allington empieza a ver imágenes espectrales y monstruosas, caras sin cuerpo, piernas y brazos cortados, un pecho o una nalga de mujer. Gradualmente, la curiosidad de Allington se convierte en desasosiego, sobrecogimiento y terror, y su familia asiste, sin poder ayudarlo, a una suerte de "secuestro psíquico", mientras Allington se interna más y más en un mundo de visiones incomprensibles y horribles quimeras. Amis, gran conocedor de la literatura fantástica y la ciencia-ficción, confesó alguna vez querer escribir una historia de fantasmas que fuese a la vez "irónica y malévola". Con El hombre verde logró su propósito.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Tomi Ungerer por Diego Monguelli

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Tomi Ungerer
TOMI UNGERER
Por Diego Monguelli

Tomi, su caballo de Troya y nunca es demasiado lejos
A su llegada a Nueva York, en 1956, Tomi Ungerer contaba sesenta dólares en el bolsillo, algunas hojas en blanco, otras ya ilustradas y unos lápices. No queda claro dónde se instaló inmediatamente. Se sabe, porque así lo cuenta él, que a los pocos días pasó su mañana frente a un puesto de diarios, ojeando y tomando nota de las revistas en las cuales le habría gustado trabajar. Más tarde, se sentó en una cabina telefónica y pidió a la telefonista que lo comunicara directamente con el director de unas de esas revistas; y, tan sencillamente como eso, tan sencillamente como podían darse las cosas hace medio siglo, concordó una entrevista para mostrar su trabajo unos días después.
Cuando llegó la fecha, Tomi -25 años, alto y esbelto; barba a lo Lincoln y ojos celestes; alsaciano desterrado acusado de comunista y de “francés” y de nazi; hijo fuera de tiempo de una tradición familiar encajada en la relojería astronómica; inmigrante, pobre e ilustrador- encajó un montón de sus dibujos bajo su brazo y salió a la calle.

Tomi Ungerer / Femmes fatales



Tomi Ungerer
FEMMES FATALES




Sexualidad en imágenes / Los mejores ilustradores eróticos


Ilustración de Milo Manara

ILUSTRACION DE MILO MANARA


Sexualidad en imágenes: los mejores ilustradores eróticos

El poder evocador y fantasioso de los dibujos los hace perfectos para recrear la imaginería sexual. Hablamos con algunos de sus mejores autores.

De todos los soportes artísticos sobre los que erotismo puede cabalgar, el libro y la ilustración son los que dejan más espacio a la fantasía. Pero, mientras un relato erótico cuenta con un montón de palabras como arsenal disuasorio, la imagen debe llegar a nuestras retinas como un mensaje subliminal y provocar una emoción similar a la de la poesía.
Los dibujos subidos de tono fueron antes que las fotos y las películas, por eso poseen una larga experiencia a la hora de tomar el camino más corto hacia nuestra libido, evocar otros mundos, recrear y materializar sueños eróticos e imaginar nuevas y variadas parafilias, para las que todavía no se han inventado nombres ni denominaciones. El arte Shunga japonés o la pintura mogol del norte de la India, que suele utilizarse para ilustrar las ediciones del Kamasutra, fueron los primeros cómics eróticos que tuvieron que pasar la censura y que compartían su labor didáctica con la de calentadores sexuales.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Giuseppe Ungaretti / El puerto sepultado





Giuseppe Ungaretti
El puerto sepultado

Versión de Marcos Rico Domínguez




Aquí llega el poeta
y luego vuelve a la luz
con sus cantos
y los dispersa

De esta poesía
me queda
esa nada
de inagotable secreto




Tomas Tranströmer / Pájaros matinales


Tomas Tranströmer
BIOGRAFÍA
Pájaros matinales
Traducción de Francisco Javier Uriz

Despierto el coche
que tiene el parabrisas cubierto de polen.
Me coloco las gafas de sol.
El canto de los pájaros se oscurece.
Mientras otro hombre compra un diario
en la estación de tren
cerca de un gran vagón de carga
que está completamente rojo de herrumbre
y centellea al sol.
No hay vacíos por aquí.
Cruza el calor de primavera un corredor frío
por el que alguien apurado llega
y cuenta que se lo ha calumniado
hasta en la Dirección.
Por una trastienda del paisaje
llega la urraca
negra y blanca. Pájaro agorero.
Y el mirlo que se mueve en todas direcciones
hasta que todo es un dibujo al carbón,
salvo la ropa blanca en la cuerda de tender:
un coro de Palestrina.
No hay vacíos por aquí.
Fantástico sentir cómo el poema crece
mientras voy encogiéndome.
Crece, ocupa mi lugar.
Me desplaza.
Me arroja del nido.
El poema está listo.




Robert Frost / Una parada en el bosque en una tarde nevada


Robert Frost
UNA PARADA EN EL BOSQUE 
EN UNA TARDE NEVADA



Creo saber de quién es este bosque
el dueño vive en el pueblo, sin embargo;
no va a enterarse de que me detuve acá
a mirar su bosque lleno de nieve.
Mi caballito debe creer que es raro
parar sin que haya una granja cerca,
entre el bosque y el lago congelado,
la noche más oscura del año;
hace sonar el arnés al sacudirse
para preguntar si hubo algún error.
El otro único sonido que hay es el barrer
del viento suave y los copos como plumas.
El bosque es encantador, oscuro y profundo,
pero yo tengo promesas que cumplir,
y kilómetros por recorrer antes de dormir,
y kilómetros por recorrer antes de dormir.