sábado, 18 de noviembre de 2006

Haruki Murakami / Fiebre amarilla




Haruki Murakami

Fiebre amarilla

R. F.
18 NOV 2006

LA PUBLICACIÓN en 2002 de Kafka en la orilla en Japón -como ya había ocurrido con Norwegian Wood en 1987- se tradujo en un fenómeno de masas trascendiendo lo estrictamente literario. Los misterios de la novela encendieron la imaginación y la curiosidad de los millones de seguidores compatriotas de Murakami y abundaron los chats, los sites y los debates cuyo objetivo era la decodificación de las claves y la iluminación de los agujeros negros en la aventura de Kafka Tamura. El mismo autor fue sepultado por e-mails; por lo que decidió publicar -antes de After Dark, una nouvelle nocturna- el libro Young Kafka, donde respondía más o menos a los a su juicio más interesantes 1.220 correos electrónicos y aventuraba hipótesis que, claro, no hacían otra cosa que generar nuevas teorías. Aquí y ahora, su editorial española contribuye al mito y a la mitomanía de este futuro premio Nobel con el sitewww.tusquetseditores.com/murakami.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 2006



Haruki Murakami / Kafka en la orilla / Reseña de Rodrigo Fresán



Juguemos en el bosque

Rodrigo Fresán
18 de noviembre de 2006

La edición española de Kafka en la orilla podría considerarse un compendio de "grandes éxitos" de Murakami. Publicada hace cuatro años en Japón, la novela contribuyó a aumentar el prestigio del autor de títulos como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Esta vez, el escritor japonés narra la odisea edípica de un joven cuya historia genera una sucesión de personajes y episodios prodigiosos y obsesiones típicas de Murakami.

En la introducción a su reciente colección de cuentos Blind Willow, Sleeping Woman (Harvill, 2006), el escritor japonés Haruki Murakami explica que, para él, la escritura de relatos es "como plantar un jardín", mientras que la construcción de novelas equivale a "plantar un bosque". Siguiendo este enunciado, puede afirmarse que las flores de los jardines de Murakami tienden a ser únicas y de perfumes imprevisibles (ya viene siendo hora que el lector en castellano conozca esta faceta, sus amplias ficciones breves, acaso la más personal y creativa de este jardinero nacido en Tokio en 1949); mientras que la topografía de sus bosques (siempre habitados por lobos más o menos feroces y donde siempre resulta un aventurero placer el extraviarse) obedece indefectiblemente a dos tipos muy diferentes. Por un lado están los bosques de senderos claramente trazados por la fuerza avasalladora de amores correspondidos o no (me refiero a Tokio Blues/Norwegian Wood o Al sur de la frontera, al oeste del Sol). Y por otro se alzan los bosques impredecibles y salvajes en los que hay que abrirse paso a golpe de machete, sin ayuda de brújula alguna, y en los que puede suceder cualquier cosa (pensar en La caza del carnero salvaje, Dance Dance Dance, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y, muy especialmente, la asombrosa Hard-boiled Wonderland at the End of the World).




KAFKA EN LA ORILLA

Haruki Murakami
Traducción de Lourdes Porta
Tusquets. Barcelona, 2006
584 páginas. 24 euros




MÁS INFORMACIÓN



Dicho esto, cabe preguntarse qué clase de bosque es Kafka en la orilla y demorarse un tanto en la respuesta. Porque Kafka en la orilla puede entenderse como lo mejor de ambos modelos y disfrutarse como un paraje mixto. Una jungla/parque o una arboleda/selva en la que el escritor, consciente o inconscientemente, parece haberse planteado una suerte de Murakami's Greatest Hits para el disfrute de fans incondicionales que, tal vez, desoriente a recién llegados o a los que se engancharon al elegiaco romanticismo del best seller Tokio Blues/Norwegian Wood.

Así, en Kafka en la orilla, se nos narra la odisea edípica del joven quinceañero Kafka Tamura (típico "héroe" disfuncional murakamiano; no en vano creado mientras Murakami completaba una nueva traducción al japonés de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger), se nos cuenta el bizarro "incidente" comatoso que sufrió en su infancia el sexagenario y forrestgumpiano Satoru Nakata, y se espera -como en Hard-boiled Wonderland...- a que los caminos de uno y otro se crucen y se enreden. Antes de que esto ocurra -imposible resumir la trama de esta novela de rigor invertebrado y escrita, según el propio autor, "dejándome llevar"- asistimos a una sucesión de prodigios inexplicables pero típicos en las ficciones del japonés, a un exhaustivo catálogo de sus más constantes obsesiones. A saber: gatos parlantes, fenómenos naturales nada naturales, el doble como interlocutor (el insistente Cuervo aleteando sobre Kafka), invocaciones pop (la corporización del Johnnie Walker de la etiqueta del whisky o del Coronel Sanders de las cajas de pollo frito Kentucky), la herida japonesa siempre abierta de la Segunda Guerra Mundial, el poder curativo de los libros (el ambiguo bibliotecario Oshima es sin duda uno de los más grandes personajes de Murakami) y de las canciones (el single -y cuadro- de culto Kafka en la orilla del mar), mujeres maduras y misteriosas (aquí la fascinante y trágica señora Saeki) y chicas enigmáticas con minifalda (la encantadora y volátil Sakura), la fascinación por Occidente como dimensión alternativa, el jazz como fuerza redentora, soldados espectrales perdidos en un pliegue del espacio-tiempo, múltiples alusiones que van desde el Genji Monogatari al Sgt. Pepper's y de Goethe a Bulgakov y de Beethoven a Bob Dylan, un peligroso bosque mágico, y la obligación de superar una serie de pruebas íntimas a la vez que épicas para llevar sano y salvo, pero definitivamente transformado, al otro lado de la muy espesa espesura.



La literatura de Murakami en general -y Kafka en la orilla muy en particular-es un juego de reglas imprecisas pero firmes. Obliga -como sucede con los filmes de David Lynch- a una entrega absoluta sin cuestionamientos ni prejuicios. Hay que entrar rindiéndose primero para salir ganando después. Quien se resista se quedará fuera, confundiendo lo raro con lo tonto, irritado e insomne. Y es que Murakami -aun nutriéndose de tantas fuentes, con prosa tan dulcemente realista como ácida y lisérgica- empieza y termina en sí mismo y lo suyo posee la textura imposible pero verosímil de los mejores sueños. De ahí que, a la altura de la última página, en lo que para muchos constituirá un final demasiado abierto, Cuervo le aconseje a Kafka (y, por extensión, a los lectores) que "es mejor que duermas. Y, al despertar, habrás pasado a formar parte de un mundo nuevo". Y Kafka en la orilla es la incontestable evidencia de que Cuervo no miente. He aquí un libro extraño -un mundo nuevo- que divierte, emociona, da miedo, hace reír, intriga y, por último pero no en último lugar, desconcierta. No se le puede pedir más a una novela.

Pasen y sueñen.


* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de noviembre de 2006

jueves, 16 de noviembre de 2006

La exagerada vida de Oriana Fallaci

 


Oriana Fallaci, en una imagen de 1963.

Oriana Fallaci, en una imagen de 1963.EFE


La exagerada vida de Oriana Fallaci

La legendaria periodista y escritora murió el jueves en Florencia a los 77 años


Enric González

Roma, 15 de septiembre de 2006


Oriana Fallaci, periodista, escritora, polemista, valiente y desmesurada, falleció el jueves por la noche, a los 77 años, en un hospital de Florencia. Residía en Nueva York, pero cuando el cáncer acabó con sus últimas resistencias, hace 10 días, pidió que la trasladaran en secreto a su ciudad natal. El final de su vida fue una mezcla de clandestinidad y fragor público: no se dejaba ver y apenas hablaba con nadie, y sin embargo desde 2001 publicó tres libros feroces contra el islam y contra la "cobardía y mediocridad" de lo que ella llamaba "Eurabia".

Su vida fue exagerada desde el principio. Nació el 29 de julio de 1929 en Florencia y con poco más de 10 años actuaba ya como correo de la Resistencia antifascista: su padre, un carpintero de izquierdas, no le ahorró ningún riesgo. Al final de la II Guerra Mundial estaba envuelta en la aureola de adolescente partisana y gozaba de la admiración de la nueva clase dirigente italiana.

Antes de los 20 años optó por dedicarse al periodismo y a los libros. Las primeras obras, Los siete pecados capitales de Hollywood (1959), El sexo inútil (1961), Penélope en la guerra (1962), Los antipáticos(recopilación de entrevistas de 1963) y Si el sol muere (1965), le reportaron fama y prestigio en Italia. Con Nada y así sea (1969), sobre la guerra de Vietnam, y con sus crónicas sobre aquel conflicto para el Corriere della Sera alcanzó un renombre internacional que le permitió conseguir entrevistas con personajes de gran relieve, desde Henry Kissinger a Golda Meir, desde Yasir Arafat a Bob Kennedy. La mayoría de sus entrevistados la detestaban. Eso le gustaba.

En 1975 publicó Carta a un niño que no llegó a nacer, un libro sobre la experiencia personal de un embarazo y un aborto, su primer auténtico best seller mundial. En 1979 concluyó Un hombre, dedicado a la historia de su compañero sentimental Alekos Panagulis, héroe de la resistencia griega contra la dictadura, fallecido el 1 de mayo de 1976 en un oportuno accidente de automóvil cuando estaba a punto de dar a conocer pruebas sobre la complicidad de varios políticos del nuevo sistema democrático con el régimen de los coroneles.

Cubrió como enviada especial numerosos conflictos bélicos, pero las entrevistas seguían siendo su especialidad, y la realizada en 1978 al ayatolá Jomeini reavivó su leyenda: a diferencia de otros periodistas occidentales, que veían en el clérigo chií una alternativa razonable a la dictadura del sah, Fallaci se le enfrentó y criticó sus opiniones sobre las mujeres.

Inshallah (1990), sobre la guerra de Líbano, fue una incursión en el terreno de la novela que dejó traslucir con claridad su antagonismo respecto a algunas organizaciones musulmanas, en especial la OLP. Siguió una fase de relativo silencio, marcada por su traslado a Nueva York. En 2001, Fallaci reapareció con virulencia. Tras los atentados del 11 de septiembre escribió un vehemente artículo para el Corriere en el que denunciaba el fanatismo islámico y lo comparaba con el nazismo. De ese artículo nació La rabia y el orgullo (2001). Aparecieron luego La fuerza de la razón y Oriana Fallaci se entrevista a sí misma, ambos en 2004.

Sobre el significado de esas tres obras, en realidad una trilogía, escribió ella misma después de los atentados de 2005 en Londres: "Hace ya cuatro años que hablo de nazismo islámico, de guerra contra Occidente, de culto de la muerte, de suicidio de Europa; una Europa que ya no es Europa, sino Eurabia, y que con su blandura, con su inercia, con su ceguera, con su humillación ante el enemigo está cavando su propia tumba".

Las invectivas contra "la comedia de la tolerancia, la mentira de la integración y la farsa del multiculturalismo" le costaron un juicio en Francia por racismo y xenofobia. Un tribunal suizo pidió al Gobierno italiano la extradición de la escritora por los mismos delitos. También en Italia un fiscal solicitó su procesamiento por "vilipendio al islam".

Fallaci estaba ya muy enferma y vivía como una reclusa en su apartamento de Manhattan. No respondía al teléfono y sólo abría la puerta a su hermana y su sobrino. Ambos revelaron que la escritora y periodista temía que la asesinaran. Quiso ser recibida por el papa Benedicto XVI antes de morir y éste le concedió una audiencia privada el 27 de agosto de 2005. No trascendió nada de lo hablado. Fallaci siguió definiéndose como "cristiana atea" y dispuso en el testamento que sus exequias fúnebres fueran laicas y estrictamente privadas. El Papa se sumó ayer al coro de tributos hacia la escritora: el Vaticano hizo saber que Benedicto XVI rezó por ella.


EL PAÍS 



sábado, 11 de noviembre de 2006

Entre la escritura y el silencio



Entre la escritura y el silencio

Patricia de Souza
11 NOV 2006


La temporada literaria en Francia ha lanzado cerca de 500 títulos. Obras que abarcan temas que van desde el problema del mal o la imposibilidad de amar hasta la autoficción.
Cómo puede ser que se escriban tantos libros? ¿Cómo puede ser que en cada rentrée littéraire en Francia se alcancen los 500 títulos, o incluso más? Quizás eso quiere decir que siempre se lee, por distintas razones, pero los lectores siguen esperando los títulos de la nueva temporada con curiosidad. En Francia es clásica la querella entre una apuesta y otra. El año pasado fue La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq (Alfaguara, 2006), favorito para el Premio Goncourt que se falla en noviembre, pero que fue a dar a un autor con una apuesta más vital: François Weyergans: Tres días en casa de mi madre (Grasset). Una novela de la catástrofe humana, la clonación, frente a otra que hablaba desde el plano individual sobre la relación con la madre. Porque, me arriesgo a decir, lo que cada lector desea es comprender un libro, sentirlo y vivirlo como si fuese él o ella quien lo ha escrito, que la letra escrita vibre, que posea, si puede, algo de divino, algo que haga soñar. Cada libro podría ser ese mensaje que espera ser leído para estar completo, escrito, como decía Kafka, en forma de plegaria.
Christine Argot

Es curioso que dentro de esta cantidad de libros publicados en Francia haya encontrado varias veces la palabra bienviellance, en los títulos y en los contenidos. Quiere decir benevolencia, altruismo, generosidad. No es gratuito que el premio Goncourt 2006, otorgado el pasado lunes, y uno de los libros más comentados, el de Jonathan Littell, nacido en Estados Unidos y que ha escrito en francés (una novela de 1.000 páginas), lleve como título Les bienviellants (Gallimard, 2006), Los benevolentes. La novela indaga el problema del mal encarnado en la persona de un oficial de las SS. Un hombre dispuesto a obedecer, una especie de Eischmann que explica sus razones para ejecutar ciegamente las órdenes de los verdugos. Al lado de Littel, una autora, la otra cara de la moneda, Christine Angot (su primera novela, El incesto, salió publicada en Seix Barral en 2000), porque Rendez Vous (Flammarion) es un largo episodio de su vida, extenso como el hilo de Ariadna que trata de conducir a su autora fuera del laberinto y saber quién es el hombre que ha querido. Angot perturba porque ha borrado la distancia que existe entre el autor y su obra y emplea el Yo en el límite del presente indicativo: yo digo, yo suscribo y firmo, sin contemplación,como dice ella. George Steiner escribió en Extraterritorialidad, "la vida es un alumbramiento, de una forma más o menos acabada, del yo potencial". En ella es una performance lingüística por medio de la autoficción, neologismo que desea implantar la validez de un Yo que se dice y se busca a través de las palabras. Pero también están los autores que bordean la experiencia, los que hacen de sus libros construidos espejos que deforman la propia imagen, un espacio de desarraigo, de ejecución trascendental, y de roce constante con la muerte. Richard Millet es autor de una larga lista de novelas y ensayos, complejo, ambicioso, siempre al borde de un abismo fundamental: la falta de una experiencia completa, en el amor, en las relaciones con los otros, siempre confrontadas a una especie de tragedia humana, a esa imposibilidad de realmente amar o ser amados.

Todo empieza en él, con esa arcadia perdida desde la infancia, la del amor materno, la del territorio y el reconocimiento de sí mismo en las relaciones con las mujeres que se convierten, como el título de esta novela, en Devorations (Gallimard), dimensión antropofágica de la experiencia amorosa. La novela de Yasmina Khadra, Las sirenas de Bagdad (Julliard), sobre el tema del terrorismo visto desde otra perspectiva, y la novela de Camille Laurens (Ni toi ni moi, POL), estupenda encuesta sobre el tema del apego. Son varias autoras que emergen en esta temporada, Lorette Nobecourt (En nosotros la vida de los muertos, Grasset), escritora interesantísima que aparece al lado de Amelie Nothomb, un fenómeno comercial inédito. Dentro de todo esto, la obra de Herman Melville aparece en un tercer volumen de la colección La Pléiade, en Gallimard, y no deja de plantearnos la pregunta sobre por qué se escribe o se mantiene silencio, pregunta fundamental que encarna Bartleby. En el centro de esa pregunta, que es también una larga historia de amor, emerge la del tema del amor entre las personas, quizás porque cuando se escribe algo sobre los sentimientos más íntimos rozamos con la idea del absoluto, con una especie de ausencia de Dios que todos lamentamos, un resabio de sentimiento religioso que podemos entender sin ser creyentes. Es esa presencia que encarnan las frases, evocando ese vacío para tratar de llenarlo, es ese movimiento que hace que un libro nos remueva en el interior.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006




jueves, 9 de noviembre de 2006

La 'cantante calva' llora a papá

 

indefinidoEUGENIO IONESCO, CA. 1985. FOTOGRAFÍA DE EUGENIO IONESCO


La 'cantante calva' llora a papá

Francia celebra el centenario de Ionesco, creador del 'teatro del absurdo' - Una exposición recoge el legado de uno de los grandes dramaturgos del siglo XX

Borja Hermoso
BORJA HERMOSO
París - 08 NOV 2009 - 01:00 COT

Jacques Derrida deconstruía el concepto, Ferran Adriá la tortilla de patatas y Eugène Ionesco, el lenguaje, "instrumento de exclusión y alienación". En cualquiera de los casos -el sein und zeit heideggeriano, la manduca de diseño o el teatro del absurdo-, el lema parecía ser algo así como "por la desmembración, hacia la esencia", que no es lo mismo que desmembrar impunemente la esencia, ejercicio muy del gusto de algunos políticos de hoy.

martes, 7 de noviembre de 2006

'Les bienveillantes', de Jonathan Littell, gana el Premio Goncourt



'Les bienveillantes', de Jonathan Littell, gana el Premio Goncourt

"Es una de las grandes novelas de los últimos 50 años", dice Semprún


El fenómeno Jonathan Littell sigue creciendo. Este americano de 39 años, nacido en Nueva York pero que escribe en francés, es un fenómeno por muchas razones y así lo reconoció el jurado del Premio Goncourt, que coronó ayer su novela Les bienveillantes como la mejor de entre las publicadas en francés a lo largo de 2006, es decir, de una cosecha que sobrepasa ampliamente los 600 títulos. "Pero no sólo es la mejor del año sino del decenio y una de las grandes novelas de los últimos 50 años", declaró Jorge Semprún, miembro del jurado. "Littell reelabora novelescamente un material histórico de calidad. Tiene un gran personaje, ese protagonista, Max Aue, que es plausible y horrendo".



Semprún: "Los jóvenes sabrán qué pasó mediado el siglo XX gracias a una novela como ésta"

En Les bienveillantes, Littell invita a sumergirse en la lógica del Mal de la mano de Max Aue, un oficial de la SS cultivado, inteligente y de una absoluta frialdad. Su único amor conocido es el que siente por su hermana, del que parecen haber nacido mellizos y que, al no poder continuarse, se transforma en una homosexualidad gimnástica. Aue participa en varias de las grandes operaciones nazis destinadas al exterminio del pueblo judío. "Dentro de una, dos o tres generaciones, los jóvenes sabrán qué pasó mediado el siglo XX gracias a una novela como ésta". Para Semprún, "no es una novela francesa sino una novela escrita en francés. Su modelo es la gran novela rusa del XIX, Tolstói o Dostoievski. Para la cultura francesa lo que es importante es que el autor haya elegido el francés como idioma. Eso prueba que sigue siendo una gran lengua de expresión cultural".
Les bienveillantes es un volumen de 900 páginas, editado por Gallimard y del que se han vendido, en dos meses, 250.000 ejemplares y 90.000 más van a llegar a las librerías de inmediato. En España lo publicará RBA el año que viene. "La leí antes de que estuviera en las listas, al comenzar el verano, y me convertí en uno de sus grandes defensores", dice Semprún, "hay quienes critican a Littell porque aseguran que se identifica con su protagonista y retrata a Aue haciéndolo atractivo. No es cierto. O si lo es, entonces hay que decir que Dostoievski también se identifica con Raskolnikov en Crimen y castigo. Los jurados del Goncourt hemos coincidido todos en ello. Esta vez no hemos tenido que recurrir al voto secreto. Enseguida se ha visto que nadie le podía disputar el premio a Littell".
Jonathan Littell no acudió a la lectura de la decisión del jurado y no se prestó a la habitual conferencia de prensa del ganador. Este pelirrojo judío recién afincado en Barcelona huye como puede de la curiosidad periodística. Antes de escribir -a mano- Les bienveillantes, sólo había publicado, apenas cumplidos los veinte, una novela de ciencia-ficción de la que hoy se avergüenza. Durante más de diez años ha trabajado en una ONG dedicada a la lucha contra el hambre. Eso le ha supuesto viajar a Chechenia, Bosnia o Ruanda. "Es una experiencia que me ha permitido empezar a comprender qué es lo que convierte a las personas en verdugos, en asesinos. Ése es el tema central de mi novela", ha dicho Littell quien, hace apenas dos semanas, ganó el gran premio de novela de la Academia Francesa.
Tres de los grandes premios literarios franceses han recaído este año en autores cuyo idioma materno no es el francés. Es el caso de Littell, como ya queda dicho, pero también de la canadiense Nancy Houston, que ha obtenido el Femina por Lignes de fuite, y el del congoleño Alain Mabanckou, quien ganó ayer el premio Renaudot. con sus Mémoires de port-épic.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de noviembre de 2006




domingo, 5 de noviembre de 2006

Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthty / El talento de la evasión

Salinger

El talento de la evasión

La genialidad literaria de J. D. Salinger Thomas Pynchon y Cormac McCarthy es equiparable a su arte para ocultarse

Barbara Celis
Nueva York, 5 de noviembre de 2006

En una cultura dominada por famosos que dicen ser artistas y cuyo único probado talento es saber aprovecharse de las cámaras de televisión, existe un exiguo grupo de creadores reales que generan atención exactamente por todo lo contrario. Son los escritores fantasma, autores huidizos como Thomas Pynchon, J. D. Salinger o Cormac McCarthy, cuya genialidad literaria es sólo equiparable a su talento para evadirse del ojo público. El halo de misterio que rodea sus existencias es un delito con efectos secundarios en la cultura mediática, adicta al chismorreo. Su obsesión por la privacidad alimenta ríos de tinta cargados de elucubraciones tanto sobre su persona como sobre su obra, que se disparan cuando se anuncia un nuevo título.
Ese efecto está especialmente acentuado en el caso de Pynchon. "Es un hombre que ha optado por no ser una figura pública, una actitud que resuena en una frecuencia tan al margen de la cultura actual que si él y Paris Hilton se encontraran alguna vez, el resultado de la explosión de materia / antimateria sería tal que desaparecería todo desde aquí hasta la estrella Tau Ceti IV", bromeó hace dos años un crítico estadounidense.
Desde que este verano se supo que su próxima novela, Against the day, la primera en casi una década, se publicaría el 5 de diciembre -aunque la nueva fecha es el 21 de noviembre- Pynchon ha vuelto a convertirse en blanco de la rumorología.
En cambio, McCarthy, quizá porque su producción literaria reciente ha sido más regular, ha conseguido que en los últimos años se escriba sobre él sólo en relación a sus libros. Su décima novela, The road, una visión estruendosamente apocalíptica de un futuro cercano y posible en el que un padre y un hijo tratan de sobrevivir, llegó a las librerías estadounidenses hace casi un mes, entrando inmediatamente en la lista de los más vendidos. Y ninguno de los críticos se ha preocupado esta vez en recordarle a los lectores los escasos detalles que se conocen de su vida.
McCarthy, autor entre otras de Todos los hermosos caballos, sólo ha concedido una entrevista en toda su vida, a The New York Times en 1992. Allí el escritor, de 69 años, declaró abiertamente su desinterés por el mundo literario y sus protagonistas y su entrega a una vida libre de ataduras que le ha llevado, más de una vez, a vivir en la miseria con tal de no transigir y aceptar, por ejemplo, invitaciones para comentar su obra en foros intelectuales. Entonces afirmó que pensaba mudarse a España, pero nadie sabe si llegó a hacerlo. Oficialmente vive en Nuevo México.
Sobre Pynchon se sabe aún menos. Nació en Long Island (Nueva York) en 1937 y está considerado por el crítico Harold Bloom uno de los cuatro pilares esenciales de la literatura contemporánea estadounidense junto al propio McCarthy, Philip Roth y Don DeLillo. Es célebre por una producción cargada de complejidades temáticas, narrativas e ideológicas, con títulos celebrados y machacados por igual, como El arco iris de la gravedad o La subasta del lote 49.
Desde que publicó su primera novela, V, en 1963, por la que ganó el premio de la William Faulkner Foundation, no ha concedido entrevistas ni ha hecho apariciones públicas. Sus únicas fotografías conocidas pertenecen a su adolescencia y durante décadas ha conseguido mantener en secreto el lugar en el que reside, aunque a finales de los noventa la CNN lo encontró y lo filmó en Nueva York. No obstante, el autor consiguió que no se emitieran sus imágenes y según afirmó en escuetas declaraciones al ser inquirido sobre su naturaleza ermita-ña, contestó: "Ésa es una expresión inventada por los periodistas". Lo que significa que no le gusta hablar con la prensa. Aun así, su sentido del humor , otro de los rasgos inconfundibles de sus novelas, le ha llevado a permitir que en dos capítulos de la corrosiva serie de dibujos animados Los Simpson apareciera un escritor con su nombre y con el rostro oculto bajo una bolsa.
Ante la inminencia de su nueva obra, Pynchon se ha vuelto a poner de moda. En las librerías estadounidenses ya vuelven a resurgir sus libros. Se ha discutido sobre la veracidad o no de la sinopsis del libro, publicada en la librería onlineAmazon; sobre su extensión -se habla de 992 páginas y también de casi 1.200-; sobre su título, y cómo no, sobre su contenido y sus protagonistas. Pynchon ha dicho que el marco temporal de la novela arrancará en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y se cerrará tras la I Guerra Mundial. También promete cameoscon Bela Lugosi y Groucho Marx y advierte que el libro estará lleno de hechos contrarios a los hechos. No es el mundo, sino el mundo que habría si se ajustaran una o dos cosas.
El misterio que rodea su vida no sólo ha llevado a compararle con J. D. Salinger, sino que incluso ha provocado que algunos críticos sugieran que ambos son la misma persona, algo que Pynchon ha desmentido. Salinger, autor del clásico El guardián entre el centeno, publicado en 1951, lleva desde aquel año huyendo de la prensa. La sensación de anonimato y oscuridad son la segunda propiedad prestada más valiosa de un escritor, proclamó hace varias décadas. Sin embargo, al tratarse del autor de un libro que sigue vendiendo 250.000 ejemplares anuales sólo en Estados Unidos y que apareció en el bolsillo del asesino de John Lennon y que obsesionó al del presidente Kennedy, la tendencia a mitificarle se ha multiplicado con los años.
Su escasa producción literaria (lo último que publicó se remonta a 1965, una novela epistolar titulada Hapworth 16,1924 y que apareció por capítulos en The New Yorker), ha alimentado la curiosidad sobre su persona. El autor Ian Hamilton sentó la creencia popular a través de una biografía respecto a su carácter depresivo y huraño. Pero años después Margaret Salinger, su hija, desmintió ése y otros mitos en el libro de memorias El guardián de los sueños, donde el mundo descubrió que el huidizo Salinger nunca ha dejado de escribir. Su casa es un baúl lleno de tesoros en forma de manuscritos que quizá algún día lleguen a ver la luz.Pynchon ha vuelto a la rumorología al saberse que su nueva novela saldrá en diciembreMcCarthy, autor de 'Todos los hermosos caballos', ha dado una entrevista en su vida
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de noviembre de 2006


DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado