El apagón de Petro
Decisiones de Petro y su minminas nos dejaron sin gas, frenaron proyectos y quebraron distribuidoras.
5 de septiembre de 2026
En los próximos meses, el país afronta el riesgo de dos catástrofes. La primera es de dimensión planetaria: la alta probabilidad de un devastador fenómeno de El Niño en el mundo que, en la mayoría del país, causaría una sequía que reduciría a mínimos los embalses de las hidroeléctricas que suelen producir más del 60 % de la energía eléctrica. Y la segunda, de origen nacional: la aterradora fragilidad del sector energético por efecto de cuatro años de desastroso manejo en el gobierno de Gustavo Petro.
A fines de 2022, el sistema contaba con un superávit —más generación que demanda— de 2 % de energía eléctrica firme–. Para 2026, mientras el consumo siguió en aumento, la capacidad de generación se estancó. Hoy, el país afronta un déficit de 4,4 %, por causa de equivocadas decisiones de Petro y sus ministros de Minas y Energía, empezando por la muy ideológica e ignorante Irene Vélez y terminando por el controvertido Edwin Palma.
La ceguera del binomio Petro-Vélez golpeó en materia grave los proyectos de gas natural, en especial los grandes desarrollos ‘off shore’ en el mar Caribe. Colombia pasó de estar cerca de la autosuficiencia a importar este año (a precios altos, pues importar es más caro) cerca del 26 % de lo que consume, a lo que se suma una dura caída de las reservas. La ministra de Minas y Energía, María Nohemí Arboleda, y su equipo trabajan a toda marcha para acelerar grandes proyectos como Sirius. Pero, aun así, ese gas solo estará disponible en 2030 y, por sí solo, no será suficiente. De ahí que el Ministerio impulse otras medidas.
El gas es vital para sobrevivir a El Niño: ante la sequía que va a reducir la generación hidroeléctrica, hará falta operar a tope las plantas de generación térmica, para las que el gas es clave. Las térmicas también pueden trabajar con ‘fuel oil’ (mucho más costoso) o con carbón, que, a pesar de ser más contaminante, está salvando al sistema: más del 40 % de la generación térmica se da ahora con carbón.
Los pecados de Petro no se limitaron a sabotear el gas. Varios proyectos de generación —entre ellos, algunos de energía solar y eólica— fueron abandonados por sus inversionistas porque los funcionarios petristas permitieron que las comunidades —con líderes dedicados al chantaje— los paralizaran. Otros avanzaron a paso de tortuga: de los 4.475 MW de nueva generación programados para 2026, solo ha ingresado el 15,5 %.
Para rematar, cerca del 60 % de los proyectos de transmisión eléctrica presentan atrasos. El país no genera suficiente electricidad, y la que produce tropieza con cuellos de botella para su transmisión. Otro pecado: el gobierno de Petro puso topes a las tarifas de las distribuidoras, mientras dejaba subir los precios de la energía en la bolsa. Además, demoró el giro de subsidios. Asfixió así a las distribuidoras, como Air-e, Afinia, y varias electrificadoras regionales propiedad del Estado.
Los pecados de Petro no se limitaron a sabotear el gas. Varios proyectos de generación fueron abandonados por sus inversionistas porque los funcionarios petristas permitieron que las comunidades los paralizaran
Air-e, que presta el servicio en la mitad oriental del Caribe, fue intervenida por el Gobierno en una operación bajo graves sospechas de corrupción. Edwin Palma fue uno de los interventores, antes de ser nombrado ministro por Petro. El deterioro de Air-e bajo la intervención se mide en gigantescas cifras: pasó de un patrimonio positivo de $ 2,2 billones en 2023 a uno negativo. Su fragilidad es tal que esa región es una de las más expuestas al riesgo de apagón.
El plan de choque del nuevo gobierno busca, entre otros puntos de una estrategia integral, garantizar el suministro de gas, tanto nacional como importado; activar a fondo las plantas térmicas para que suplan el faltante de los embalses; darles liquidez a Air-e y a otras distribuidoras para invertir en redes y pagar parte de sus deudas, y lanzar un plan de ahorro que castigará a quien despilfarre y beneficiará a quien consuma menos. Pero si, no obstante todo eso, los cortes del servicio resultan inevitables, habrá que recordar que ese apagón lleva el apellido de Petro.
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