martes, 9 de noviembre de 2004

Juan Villoro / Premio Herralde de Novela XLISTO 036

Juan Villoro
Barcelona, 2004
Foto de VICENS GIMÉNEZ

Juan Villoro gana el Herralde con una obra "obsesivamente mexicana"

El argentino Eduardo Berti queda finalista


ISABEL OBIOLS
Barcelona 9 NOV 2004


Una novela "obsesivamente mexicana" escrita en Barcelona bajo el "síndrome de Ulises" que afecta a todo inmigrante. Así definió ayer Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) el libro con el que ganó el 22º Premio Herralde de Novela. El testigotiene una lectura política sobre el cambio de régimen en su país tras la derrota del PRI, pero también plantea interrogantes sobre la literatura misma. Una indagación en torno a lo literario que la hermana con la finalista, Todos los Funes,de Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964).
Juan Villoro es autor de las novelas El disparo de Argón y Materia dispuesta, y de los libros La casa pierde (cuentos) y Efectos personales (ensayos). En 2000 se instaló en Barcelona, donde pudo "cultivar la nostalgia" y escribir la novela El testigo con la perspectiva necesaria. Hace unos meses regresó a México. Y de un regreso, precisamente, trata el libro, calificado por el editor de Anagrama, Jorge Herralde, como el "do de pecho" de Villoro.
El protagonista, un profesor de literatura latinoamericana en Nanterre, vuelve a México tras muchos años de ausencia coincidiendo con la derrota del PRI que puso fin a siete décadas de dominio absoluto de este partido en el poder.
"En México pensamos que cuando cayera el PRI tendríamos un periodo de transición similar al de España, que gozaríamos de una apertura hacia un horizonte de futuro. Pero de alguna manera ocurrió todo lo contrario. El cambio fue hacia atrás y volvimos a los tiempos anteriores a la revolución, con nuevos autoritarismos, el dominio de una burguesía que es como un PP a la mexicana y una gran preponderancia de la Iglesia católica", explicó Juan Villoro, quien añadió que en la novela "no se editorializa" sobre estas cuestiones, sino que van apareciendo en el curso de una narración que, en los diversos planos de lectura -la historia del país y la historia personal-, reflexiona sobre el tiempo.
El retorno obliga al profesor a enfrentarse también a los interrogantes que penden de una vieja historia, una relación prohibida con una prima que le impulsó a huir a Europa. Al poner el profesor los pies en México "todo lo retrotrae al pasado. El tiempo bascula hacia adelante y hacia atrás", continuó Villoro.
Pero El testigo es también una indagación sobre la literatura que se manifiesta en la figura del poeta mexicano Ramón López Velarde, fallecido antes de la revolución y cuya obra es utilizada por la nueva élite del país en su vertiente católica.
Por su parte el título de la novela finalista - Todos los Funes, del argentino Eduardo Berti-, conduce al "memorioso" Funes de Borges, el que "podía reconstruir todos lo sueños, todos los entresueños". Como el de Villoro, su protagonista también es profesor de literatura latinoamericana en Francia. Jubilado, viudo, se desplaza de París a Lyón para participar en un congreso. Así y allí, se desencadena una serie de peripecias en las que se cruzan una historia de amor, un misterio familiar, una sensación de "viaje definitivo" y, "como un eco, la aparición de toda la colección de todos los Funes de la literatura latinoamericana como si fueran cameos de fantasmas literarios". Eduardo Berti es también el autor de la novela La mujer de Wakefield, donde regresaba al célebre relato de Nathaniel Hawthorne pero desde el punto de vista de la mujer que es abandonada por su esposo durante 20 años.
El Premio Herralde de Novela está dotado con 18.000 euros. La obra finalista no tiene dotación económica. De las siete obras que llegaron a la final, cinco procedían de países latinoamericanos y sólo dos de España. El jurado estuvo formado por Salvador Clotas, Juan Cueto, Esther Tusquets, Enrique Vila-Matas y Jorge Herralde.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de noviembre de 2004



lunes, 8 de noviembre de 2004

Margaret Atwood gana el Premio Booker de literatura



Margaret Atwood gana el Premio Booker de literatura

The Blind Assassin, los recuerdos de una mujer octogenaria transportan al lector al final de la II Guerra Mundial

La autora canadiense, Margaret Atwood, obtuvo ayer el prestigioso premio Booker de literatura con The Blind Assassin, una "novela triste", según el presidente del jurado, el periodista Simon Jenkins. Los recuerdos de una mujer octogenaria transportan al lector al final de la II Guerra Mundial y a las trágicas experiencias de las dos únicas hijas de un industrial de Canadá. La trama se complica con incursiones en ciencia-ficción. El galardón se dió a conocer anoche durante una ceremonia de gala en el lujoso salón Guildhall, en la City de Londres. Además de un premio en metálico de 21.000 libras (unos 5.7 millones de pesetas), Atwood tiene aseguradas ventas millonarias para una novela de trama enrevesada que estuvo a punto de echar a la papelera. "Me esforcé durante meses. Había arrancado mal y por poco abandono esta novela. De repente dí con la persona correcta para contar la historia", dijo al conocer su candidatura, el pasado octubre.
Es la cuarta vez que esta popular autora, de filo femenista, accedía a las candidaturas del Booker, un galardón literario que valora la cosecha anual de autores de los países de la Commonwealth e Irlanda. Atwood perdió, entre otras edicciones, en 1989, cuando el jurado falló en favor de Kazuo Ishigoro y su best seller Lo que queda del día, trasladado al cine con Anthony Hopkins interpretando al pulido mayordomo. En esta ocasión, el autor de origen japonés, asentado desde niño en Gran Bretaña, se quedó entre los finalistas con su novela When we were orphans.
Del total de 120 obras presentadas a concurso por las propias editoriales, el jurado seleccionó seis que, como es costumbre del Booker, suscitaron controversia. Atwood e Ishigoro son quizá los más conocidos de una lista preliminar que incluye también a Brian O'Doherty y Michael Collins, irlandeses ubicados en EE UU, y los británicos Matthew Kneale y Trezza Azzopardi. Autores consagrados, como Julian Barnes, J G Ballard, Michael Ondaajte, y con obras publicadas este año, quedaron fuera de la criba del Booker 2000.
El carácter histórico y localizaciones foráneas enlazan la lista de las seis obras seleccionadas. Todas ellas se remontan al pasado y, salvo The Hiding Place, el debú de Azzopardi, sitúan la acción en territorios lejanos como Tazmania, Shangai y EE UU, y en la cotidiana en este evento, la isla de Irlanda. Atwood, presente en cuatro candidaturas desde 1986, era la gran favorita.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de noviembre de 2000



sábado, 6 de noviembre de 2004

Margaret Atwood / "Las mujeres criminales resultan más llamativas que los hombres asesinos"


Margaret Atwood

MARGARET ATWOOD

"Las mujeres criminales resultan más llamativas que los hombres asesinos"


MIGUEL ÁNGEL VILLENA
Madrid 18 FEB 1999

Está convencida de que los asesinos siempre provocan una mezcla de repulsión y de atracción. Esta idea le ha servido a Margaret Atwood (Ottawa, 1939), una de las escritoras canadienses más prestigiosas, aunque poco conocida en España, para recrear la historia de Grace Marks, una joven sirvienta que estuvo involucrada en un famoso crimen ocurrido en Canadá a mediados del siglo XIX. "Las mujeres criminales resultan más llamativas que los hombres asesinos, porque sus casos son menos frecuentes", ha comentado recientemente Atwood durante una visita a Madrid para presentar su última novela, Alias Grace, publicada por Ediciones B.Al explicar por qué eligió una protagonista femenina para su narración, Margaret Atwood subraya que no había candidatos masculinos que la atrajeran tanto como Grace Marks, al tiempo que sostiene que le resultó más fácil contar esa historia desde el punto de vista de una mujer. "El concepto de inmoralidad, la ambigüedad de las conductas femeninas y la mirada de una sociedad hipócrita y represiva sobre la presunta asesina me brindaban un material literario mejor que en el caso de un hombre", señaló esta autora, una de las más populares tanto en Canadá como en Estados Unidos.
La peripecia de aquella sirvienta canadiense, implicada en el asesinato de su señor y del ama de llaves y recluida después en cárceles y manicomios, fascinó a Atwood, sobre todo por las miradas tan distintas que se proyectaron sobre Grace Marks.
Miradas subjetivas
"Creo", manifestó la escritora canadiense, "que la subjetividad de la mirada de los otros fue lo que más me interesó de aquel episodio. En la época en que ocurrieron los hechos narrados no sólo diferían las opiniones sobre el carácter de la criada, entre la bondad y la perversión, sino que algunas gentes la describían con colores de ojos distintos o con apariencias diferentes".
La novela no está centrada en desvelar, por tanto, la participación de la sirvienta en el crimen. Lo que vertebra la narración apunta al contraste de la experiencia de Grace Marks, tras salvarse de la horca, con los demás, y en especial con un médico psiquiatra que intenta ayudar a la joven. "La protagonista", cuenta Margaret Atwood, "se niega a desvelar el misterio porque sabe que, si cuenta la historia verdadera, esa confesión puede costarle la vida". Aunque rechaza el término feminista o el concepto de literatura de mujeres, lo bien cierto es que la mayoría de personajes de la literatura de Atwood son femeninos. Ha escrito narrativa, ensayo y poesía, pero la escritora canadiense no encuentra una explicación al hecho de que las mujeres occidentales lean mucha más novela, y los hombres, muchas más obras históricas o científicas. "Quizá", aventura, "los hombres tienen una cultura más visual y prefieren el cine o la televisión, mientras las lectoras prefieren la fabulación. La verdad es que no dispongo de una respuesta, si bien estoy persuadida de que las mujeres conocemos mejor a los hombres que a la inversa".
Declara la escritora canadiense que cada tema le dicta el género que ha de utilizar y añade que puede compaginar la elaboración de una novela con la redacción de un ensayo. "De cualquier modo", aclara, "escribir poesía exige una concentración tan fuerte que impide hacer otras cosas. Cuando estoy trabajando en un libro de poesía necesito concentrarme y abandonarme. En una palabra, no hacer nada".
Bilingüismo
Margaret Atwood ha impartido clases de inglés en diferentes universidades, ha residido en varios países europeos y ha sido presidenta de la Unión de Escritores de Canadá. Esta consagrada escritora, que recibió el martes un homenaje en Madrid, ha visto adaptadas al cine dos de sus novelas: Resurgir y El cuento de la criada.
Desde esa perspectiva tan cosmopolita, la autora defiende el bilingüismo como una ventaja a la hora de dedicarse a escribir. "Siempre supone un avance dominar dos o más idiomas", señaló. "Un país bilingüe como Canadá, donde todos sabemos hablar inglés y francés, permite una mayor apertura cultural. En mi caso han influido más autores en francés que escritores en inglés".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de febrero de 1999


jueves, 4 de noviembre de 2004

Benjamín Prado / Adoptados


Salinger

Niños adoptados

BENJAMÍN PRADO
4 DE NOVIEMBRE DE 2004

La maldad no se ve; a menudo está tan enterrada en el fondo de las personas que ni siquiera puede imaginarse. Y, a veces, cuando se descubre es tan sorprendente que resulta increíble, quizá porque lo que nos enseña es que muchas personas son justo lo contrario de lo que parecen o, incluso, de lo que representan. Leyendo la autobiografía de Margaret A. Salinger, El guardian de los sueños, uno se pone de color limón viendo qué tipo de canalla es su padre, el enigmático y maravilloso J. D. Salinger, ese hombre al que ha hecho célebre su aversión a la fama y que escribió uno de los libros más sensibles y más comprensivos que se han hecho jamás sobre la adolescencia, El guardián entre el centeno. En el libro de su hija, Salinger es un ser egoísta, intransigente, misógino y racista: "Un año saqué sobresaliente en español -escribe Margaret- y me dijo: 'Genial, ¡ahora estudias el idioma de los ignorantes!". Sólo pagó los estudios de la niña cuando su madre amenazó con contárselo a la prensa si no lo hacía y, años más tarde, cuando se celebró el banquete de bodas de la muchacha, del que también se hizo cargo a regañadientes, se pasó la mañana contando a los invitados y gritando: "¡He pagado por 80 personas! ¿Dónde demonios están?".
Salinger nunca dejó que su hija fuera atendida por médicos tradicionales, puesto que siempre le impuso sus propias creencias, que iban de la cienciología a la medicina homeopática, y llegó a ocuparse personalmente del asunto, practicándole acupuntura con astillas, quizá para purificarla a través del dolor como purificaba a su esposa a través de la incomodidad, cuando hacían algún viaje: él iba en preferente y ella en tercera, para que aprendiese las virtudes de la humildad.
El autor de Levantad, carpinteros, la viga del tejado, metió a Margaret en un internado durísimo, el colegio de Cross Mountain, donde la muchacha sufrió tantas vejaciones que acabó en la consulta de un psiquiatra. Al salir, trabajó de camarera, vivió en pésimas condiciones y con escasa ayuda de su acaudalado padre, cuya opinión, según le dijo, es que "todas las mujeres son unos parásitos"; poco después, intentó suicidarse y, durante una larga temporada, quedó prácticamente inválida. Más adelante, al quedar embarazada, fue a ver a su padre para darle la noticia. "Me atacó con la brutalidad impersonal de un terremoto", cuenta Margaret, "me preguntó si me había parado a pensar cómo mantendría a mi hijo. Pensé que era su forma de ofrecerme ayuda, así que le dije que pensaba en ello todos los días. Me dijo que no tenía derecho a traer un niño a 'este mundo asqueroso' y remató la faena añadiendo que esperaba que abortase. Nada de lo que había hecho en el pasado me había preparado para oír algo tan atroz. Le dije que era algo terrible sugerirme que matase a mi bebé y me contestó: 'Matar, matar... No seas tan melodramática". Tras oír eso, Margaret le hizo frente, por primera vez en su vida, acusándole de haber abandonado a sus hijos y ponerlos siempre por detrás de su trabajo. Éste es el diálogo que transcribe Margaret Salinger:
-¿Y qué pasa -me dijo- con la vez que os llevé a Inglaterra? Eso no me obligó a hacerlo nadie.
-¿El viaje a Inglaterra? Pero si en realidad fuimos para que pudieras encontrarte con una adolescente con quien te carteabas.
-Por Dios, ahora estás hablando igual que todas las otras mujeres que han pasado por mi vida: ex mujeres, hermanas, todas me acusan de haberlas desatendido.
-Por algo será -le dije.
-Entiendo que me acuses de ser algo distante, pero eso es todo. Jamás he desatendido a nadie. Siemplemente necesitas odiar a alguien. Siempre ha sido así. Primero odiaste a tu hermano, luego a tu madre y ahora a mí. Todavía vas al psiquiatra, ¿no?
-¿Y eso que importa?
-Pero vas, ¿no? Nunca has encontrado nada que te hiciera feliz, simplemente eres una neurótica insatisfecha.
En Madrid hay muchas personas que solicitan la adopción de niños. Ahora mismo, hay 600 familias esperando. La mayor parte se queja de que los trámites son demasiado largos. Pero, ¿qué esperan? ¿No es lógico que se tomen todas las precauciones? Hay que tener cuidado de a quién se le entrega un niño, ¿no creen? Y a veces, no estaría mal quitárselos a algunos que los tienen y no los quieren.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de noviembre de 2004


DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
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Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado





Margaret Atwood novela en 'Ojo de gato' la crueldad de la infancia

Margaret Atwood novela en 'Ojo de gato' la crueldad de la infancia



XAVIER MORET
Barcelona 24 SEP 1990

Margaret Atwood, la escritora más conocida de Canadá, ha pasado por Barcelona con aspecto cansado y una novela bajo el brazo, Ojo de gato, editada en castellano por Ediciones B y en catalán por Edicions de l'Eixample. Atwood, de 51 años, lanza en este libro una mirada hacia el pasado y regresa al mundo de la infancia, mundo etiquetado a menudo como feliz, y lo hace para mostrar su cara más oscura: la de las amistades destructivas de dos niñas de nueve años.
Tras el éxito de su novela anterior -El cuento de la criada, de la que vendió más de un millón de ejemplares en EE UU-, la escritora se mantiene en lo alto con esta novela en la que mezcla ficción y autobiografía. El personaje principal de Ojo de gato, Elaine Risley, es una pintora de unos 50 años que viaja de Vancouver a Toronto para visitar una retrospectiva de su obra. La exposición da paso a una retrospectiva de la vida, a un viaje al pasado que vivió en Toronto y del que destaca su relación destructiva con otra niña, Cordelia. Dadas las coincidencias del personaje de Elaine con la escritora -que también creció en Toronto-, Atwood se ha visto obligada a advertir en una nota previa que "ésta es una obra de ficción. Aunque su forma corresponda a la de una autobiografía, no lo es".
"Es cierto que el libro no es una autobiografía", precisa, "pero escribo sobre un tiempo y un lugar determinados y con detalles que me son muy familiares, los de la ciudad de Toronto. El comportamiento descrito en el libro, por otra parte, es típico no sólo de mi generación, sino de muchas generaciones de niñas".
La amistad destructiva de Elaine y Cordelia que se halla en el centro de Ojde gato ofrece una visión dura de la infancia. "He querido romper el estereotipo de las niñas monas y dulces", dice. Tal como dice la narradora, "las niñas son sólo monas y dulces a los ojos de los adultos y lo mismo pasa con los niños. Sin embargo, mientras que los niños establecen sus amistades de una forma más clara -el líder es siempre el más grande, o el más fuerte, o el mejor en los juegos-, las razones de las niñas para ser respetadas son menos claras. Los niños descubren que han de luchar fisicamente, mientras que las niñas utilizan las palabras. En este sentido, su círculo parece una corte renacentista, con una lucha por el favoritismo y con susurros de secretos y chismes. La figura del líder en las niñas puede cambiar de un día para otro y, por tanto, sus vidas en el grupo son menos estables".
Una cita del fisico Stephen Hawking encabeza el libro: "¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro?". Y la presencia de la fisica no se limita a esta frase, sino que tiene cierta relevancia en la novela. "Las diferentes formas de arte pueden conseguir cosas diferentes", explica Atwood. "Por ejemplo, la pintura no puede ofrecer un proceso del tiempo. Sin embargo, la novela siempre trata de procesos, del tiempo, de cambios. Los personajes siempre son distintos al final del libro. Antes pensábamos que el tiempo era lineal y se dividía en partes iguales. Ahora, sin embargo, la fisica moderna está de acuerdo con las experiencias que vivimos. El tiempo es relativo, no viene determinado por el calendario, sino por nuestras experienolias y la importancia que les damos".
Pronto podrá verse en España la versión cinematográfica de El cuento de la criada, con guión de Harold Pinter. "Una película no puede ser un libro", reflexiona Atwood, "las películas son más cortas, no pueden utilizar metáforas. De todos modos, mi opinión de la película es que tiene fuerza".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de septiembre de 1990