domingo, 5 de noviembre de 2006

Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthty / El talento de la evasión

Salinger

El talento de la evasión

La genialidad literaria de J. D. Salinger Thomas Pynchon y Cormac McCarthy es equiparable a su arte para ocultarse

Barbara Celis
Nueva York, 5 de noviembre de 2006

En una cultura dominada por famosos que dicen ser artistas y cuyo único probado talento es saber aprovecharse de las cámaras de televisión, existe un exiguo grupo de creadores reales que generan atención exactamente por todo lo contrario. Son los escritores fantasma, autores huidizos como Thomas Pynchon, J. D. Salinger o Cormac McCarthy, cuya genialidad literaria es sólo equiparable a su talento para evadirse del ojo público. El halo de misterio que rodea sus existencias es un delito con efectos secundarios en la cultura mediática, adicta al chismorreo. Su obsesión por la privacidad alimenta ríos de tinta cargados de elucubraciones tanto sobre su persona como sobre su obra, que se disparan cuando se anuncia un nuevo título.
Ese efecto está especialmente acentuado en el caso de Pynchon. "Es un hombre que ha optado por no ser una figura pública, una actitud que resuena en una frecuencia tan al margen de la cultura actual que si él y Paris Hilton se encontraran alguna vez, el resultado de la explosión de materia / antimateria sería tal que desaparecería todo desde aquí hasta la estrella Tau Ceti IV", bromeó hace dos años un crítico estadounidense.
Desde que este verano se supo que su próxima novela, Against the day, la primera en casi una década, se publicaría el 5 de diciembre -aunque la nueva fecha es el 21 de noviembre- Pynchon ha vuelto a convertirse en blanco de la rumorología.
En cambio, McCarthy, quizá porque su producción literaria reciente ha sido más regular, ha conseguido que en los últimos años se escriba sobre él sólo en relación a sus libros. Su décima novela, The road, una visión estruendosamente apocalíptica de un futuro cercano y posible en el que un padre y un hijo tratan de sobrevivir, llegó a las librerías estadounidenses hace casi un mes, entrando inmediatamente en la lista de los más vendidos. Y ninguno de los críticos se ha preocupado esta vez en recordarle a los lectores los escasos detalles que se conocen de su vida.
McCarthy, autor entre otras de Todos los hermosos caballos, sólo ha concedido una entrevista en toda su vida, a The New York Times en 1992. Allí el escritor, de 69 años, declaró abiertamente su desinterés por el mundo literario y sus protagonistas y su entrega a una vida libre de ataduras que le ha llevado, más de una vez, a vivir en la miseria con tal de no transigir y aceptar, por ejemplo, invitaciones para comentar su obra en foros intelectuales. Entonces afirmó que pensaba mudarse a España, pero nadie sabe si llegó a hacerlo. Oficialmente vive en Nuevo México.
Sobre Pynchon se sabe aún menos. Nació en Long Island (Nueva York) en 1937 y está considerado por el crítico Harold Bloom uno de los cuatro pilares esenciales de la literatura contemporánea estadounidense junto al propio McCarthy, Philip Roth y Don DeLillo. Es célebre por una producción cargada de complejidades temáticas, narrativas e ideológicas, con títulos celebrados y machacados por igual, como El arco iris de la gravedad o La subasta del lote 49.
Desde que publicó su primera novela, V, en 1963, por la que ganó el premio de la William Faulkner Foundation, no ha concedido entrevistas ni ha hecho apariciones públicas. Sus únicas fotografías conocidas pertenecen a su adolescencia y durante décadas ha conseguido mantener en secreto el lugar en el que reside, aunque a finales de los noventa la CNN lo encontró y lo filmó en Nueva York. No obstante, el autor consiguió que no se emitieran sus imágenes y según afirmó en escuetas declaraciones al ser inquirido sobre su naturaleza ermita-ña, contestó: "Ésa es una expresión inventada por los periodistas". Lo que significa que no le gusta hablar con la prensa. Aun así, su sentido del humor , otro de los rasgos inconfundibles de sus novelas, le ha llevado a permitir que en dos capítulos de la corrosiva serie de dibujos animados Los Simpson apareciera un escritor con su nombre y con el rostro oculto bajo una bolsa.
Ante la inminencia de su nueva obra, Pynchon se ha vuelto a poner de moda. En las librerías estadounidenses ya vuelven a resurgir sus libros. Se ha discutido sobre la veracidad o no de la sinopsis del libro, publicada en la librería onlineAmazon; sobre su extensión -se habla de 992 páginas y también de casi 1.200-; sobre su título, y cómo no, sobre su contenido y sus protagonistas. Pynchon ha dicho que el marco temporal de la novela arrancará en la Exposición Universal de Chicago de 1893 y se cerrará tras la I Guerra Mundial. También promete cameoscon Bela Lugosi y Groucho Marx y advierte que el libro estará lleno de hechos contrarios a los hechos. No es el mundo, sino el mundo que habría si se ajustaran una o dos cosas.
El misterio que rodea su vida no sólo ha llevado a compararle con J. D. Salinger, sino que incluso ha provocado que algunos críticos sugieran que ambos son la misma persona, algo que Pynchon ha desmentido. Salinger, autor del clásico El guardián entre el centeno, publicado en 1951, lleva desde aquel año huyendo de la prensa. La sensación de anonimato y oscuridad son la segunda propiedad prestada más valiosa de un escritor, proclamó hace varias décadas. Sin embargo, al tratarse del autor de un libro que sigue vendiendo 250.000 ejemplares anuales sólo en Estados Unidos y que apareció en el bolsillo del asesino de John Lennon y que obsesionó al del presidente Kennedy, la tendencia a mitificarle se ha multiplicado con los años.
Su escasa producción literaria (lo último que publicó se remonta a 1965, una novela epistolar titulada Hapworth 16,1924 y que apareció por capítulos en The New Yorker), ha alimentado la curiosidad sobre su persona. El autor Ian Hamilton sentó la creencia popular a través de una biografía respecto a su carácter depresivo y huraño. Pero años después Margaret Salinger, su hija, desmintió ése y otros mitos en el libro de memorias El guardián de los sueños, donde el mundo descubrió que el huidizo Salinger nunca ha dejado de escribir. Su casa es un baúl lleno de tesoros en forma de manuscritos que quizá algún día lleguen a ver la luz.Pynchon ha vuelto a la rumorología al saberse que su nueva novela saldrá en diciembreMcCarthy, autor de 'Todos los hermosos caballos', ha dado una entrevista en su vida
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de noviembre de 2006


DE OTROS MUNDOS
La venganza de Peggy Salinger
El guardián entre el centeno sigue cautivando después de cincuenta años
La biografía de Salinger escrita por su hija retrata a un iluminado entregado a sí mismo
Rodrigo Fresán / Para Jerome, con amor y sordidez
Benjamín Prado / Adoptados
La revista malagueña Zut publica dos relatos inéditos de Salinger
Salinger / Thomas Pynchon / Cormac McCarthy / El talento de la evasión
El atronador silencio de Salinger
Salinger demanda al continuador de su novela
El juez da la razón a Salinger en su denuncia por plagio
Salinger / La intimidad como arte
Salinger / El aire del New Yorker
Salinger / El miedo a hacerse adulto
Salinger / Adiós al gran enigma de las letras estadounidenses
Charlie Chaplin le quitó la chica a Salinger
El cine cuenta la vida de Salinger
David Trueba / Sin salinger
Salinger / La ternura entre el centeno
Dulce y desconocido señor Salinger
El paulatino viraje al negro de Salinger
Enrique Vila-Matas / Salinger y los nuevos tiempos
Así comienza / El guardián entre el centeno
Kenneth Slawenski / Salinger podía ser intratable
Salinger / Nueve cartas
Salinger / Las zonas oscuras
Salinger / Escribir para sí mismo
Cinco volúmenes inéditos de Salinger verán la luz a partir de 2015
Elsa Fernández-Santos / Lo nunca visto en Salinger
Eduardo Lago / Asedio a la fortaleza de Salinger
Salinger / Bioficción
Tres cuentos inéditos de Salinger, filtrados en internet
A los cuatro años de la muerte de Salinger / Este muerto está muy harto
Salinger / Todos los agujeros negros
Salinger / Si quieres que te busquen, escóndete
Ni Guerra y paz ni Cincuenta sobras de Gray / Los libros más influyentes según Facebook
One-hit wonder / Embrión de un catálogo de casos literarios
Secretos de los libros únicos de un autor / Treinta eclipses memorables
Salinger / ¿Cuándo demonios vas a crecer de una vez?
Autor de culto / Un secreto de dioses
Salinger / Cómo se engendra un monstruo
Salinger por Salinger
Salinger y otros nueve desconocidos
Oona y Salinger / Dos atractivos personajes
Frédérick Beigdeber / El escritor que odia a los viejos
Salinger / Un joven enamorado





sábado, 4 de noviembre de 2006

Tony Judt / Teórico en las dos orillas del Atlántico


Tony Judt


Tony Judt

Teórico en las dos orillas del Atlántico

EL PAÍS
4 de noviembre de 2006

TONY JUDT sabe de lo que habla cuando analiza las relaciones entre Europa y Estados Unidos porque tanto su vida como su trayectoria profesional han discurrido a ambos lados del Atlántico. Nacido en Londres en 1948, se formó en instituciones universitarias en el Reino Unidos y en Francia para impartir sus clases en Cambridge y en Oxford. Hoy es profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Nueva York y dirige el Instituto Erich Maria Remarque en la misma ciudad. Este centro de investigación fue fundado por Judt en 1995 y está dedicado al estudio de los temas europeos. Al igual que otros historiadores anglosajones de prestigio, Judt no ha renunciado a intervenir en los debates políticos y sociales en la prensa. Así, el autor de Postguerra. Una historia de Europa desde 1945 colabora en The New York Times, The New Republic o el Times Literary Supplement. Ha publicado una docena de obras y este libro fue incluido por The New York Times entre los 10 mejores aparecidos a lo largo del año 2005.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de noviembre de 2006

FICCIONES
DE OTROS MUNDOS

BIOGRAFÍAS
Tony Judt

Viajar a Lem

Stanislaw Lem


Viajar a Lem


F. C.
DESDE HACE un tiempo, Alianza Editorial lleva editando en bolsillo la Biblioteca Lem, donde el lector podrá encontrar alguna de sus novelas y antologías de cuentos (Ciberiada, Fiasco, Edén o Relatos del Piloto Pirx) mientras Minotauro conserva dos de las joyas del autor polaco: Solaris y La investigación. Por otra parte, hay que levantarse y aplaudir ante el esfuerzo de Funambulista por publicar dos magníficos inéditos en castellano de ese enorme escritor que fue Stanislaw Lem, fallecido en abril de este mismo año. Los libros son este El castillo alto y la obra maestra Provocación, otro libro de falsas reseñas (como el descatalogado Vacío perfecto) que compone parte de lo que el mismo autor llamaba "La biblioteca del siglo XXI". Así, que de biblioteca en biblioteca, podemos viajar a Lem, una de las actividades más agradables y beneficiosas que se pueda llevar a cabo en estos tiempos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de noviembre de 2006


Francisco Casavella / El arte de recordar


El arte de recordar


Francisco Casavella
Barcelona, 4 de noviembre de 2006

Stanislaw Lem, novelista de ciencia-ficción y autor de títulos como Solaris, desvela facetas íntimas de su vida y traza un mapa de Europa al abordar el relato de sus años de juventud durante el periodo de entreguerras.

Lo confieso: una vez llegué a pensar que Philip K. Dick tenía razón. A mediados de los setenta, un autor del bloque soviético escribe un fundamental ensayo que titula Un visionario entre charlatanes donde sitúa a Dick muy por encima del resto de autores de ciencia-ficción norteamericanos; hace, además, un óptimo análisis sobre el valor literario de un novelista y la importancia derivada del juicio justo y oportuno de una obra. Una circunstancia que redunda en beneficio del autor, equilibra la bolsa de valores literarios y no abandona el juicio crítico a un destino macabro: si vende, algo tendrá, así que es bueno. Es decir, esas páginas explicaban lo mismo que iba a hacer de Harold Bloom un superhéroe canónico dos décadas después, aunque el egregio catedrático poco le hubiera visto a Dick en su día, al no llevar éste un cartel colgando o fosforecer "literariamente". Pero ésa es otra historia. Sigo con la anterior. Según el misterioso ensayo que surgió del frío, el menosprecio o la miopía ante las mejores novelas de Dick, no sólo entorpecía la estima por la propia obra, sino que rebajaba hasta lo ridículo las posibilidades de otros autores cuando se igualaba mecánicamente lo bueno, Dick, con lo malo, todos los demás. El autor de esas páginas se llamaba Stanislaw Lem.




EL CASTILLO ALTO

Stanislaw Lem
Traducción de Andrzej Kovalski
Funambulista. Madrid, 2006
218 páginas. 16,30 euros




MÁS INFORMACIÓN



Tras un breve intercambio epistolar, Lem propone a Dick una visita a Polonia para impartir unas conferencias y cobrar unos derechos de autor paralizados en aquel lado del telón de acero. Entonces Philip K. Dick vio la luz: Lem no era Lem, sino LEM, una célula de espionaje y agresión política cuya misión era adularle primero y secuestrarle después para evitar que el "visionario" revelase al mundo el Gran Secreto: una larvada sovietización de Estados Unidos por el mayor y más intrincado agente comunista que jamás haya existido: Nixon.

Dejando a un lado el hecho deque la mente confusa de Dick asumiera el divertimento paranoico que Condon había urdido en El mensajero del miedo, unos años después un joven español que leía Solaris y, al poco tiempo, Un valor imaginario, estaba de acuerdo con Dick, no tanto en lo de Nixon, como en la existencia de LEM, una célula que reunía bajo el mismo nombre a varios escritores. Sin embargo, el tiempo pasa -en este caso, para bien- y uno averigua que la aparente y magnífica versatilidad del polaco le liga con otros autores que, por diversos motivos, juegan entre la alta cultura, la cultura de masas, o la incultura simple, haciendo malabarismos con géneros diversos y, a menudo, miserables: la ciencia-ficción o la reseña literaria, por ejemplo. Con permiso del muy insigne H. Bustos Domecq, diremos que, entre todos ellos, Lem es de los que antes, más fuerte y mejor ha jugado. En su obra encontramos todo lo contrario a la explotación de géneros, su elevación. Y al llenar de contenido unos esquemas simplones acomete desde el humanismo -nunca debemos olvidar ese punto- una crítica a lo antropocéntrico y, escrito como en broma pero hablando muy en serio, nos devuelve una escolástica cuya jerarquía no es piramidal, sino que, como el mar de Solaris, siempre será cambiante, inaprensible. Así perviven la trascendencia y el misterio.

En ese contexto narrativo ¿dónde situar un libro de recuerdos como El castillo alto? Pues en ningún lugar y en todos, como corresponde a un autor de primera fila. La categoría de este libro es similar a Habla, memoria de Nabokov. En el prólogo, Lem explica el modo en que el individuo, para justificar al hombre en que se ha convertido, orienta la propia memoria eliminando, entre tanto, cualquier otra posibilidad del niño que fue; en consecuencia, ordenar, domar, ese caos interior posee un lado funesto, contrario a la abundancia de la vida, a la originalidad de sus cabos sueltos. Sin embargo, ni en la justificación del prólogo, ni en lo que sigue, llega a señalarse lo que Lem quizá dé por supuesto, evitara en su día por la censura, o eluda para dotar al libro de mayor fuerza. Esos cabos sueltos, tan leves, tan poco importantes ya para el adulto, quizá hubieran sido determinantes si en 1939 a Polonia no le hubiera pasado lo que le pasó: Lvov, la ciudad natal de Lem, hoy en Ucrania, sufrió la invasión soviética, luego la alemana, y de nuevo la soviética. El castillo alto, sin invocar con nostalgia mundos perdidos, se detiene antes del sufrimiento. El relato nos va empujando a esa quiebra poco a poco, casi con dulzura; una sombra se cierne sobre el libro a medida que el niño Stanislaw se convierte en el joven Stanislaw. Ése es el modo en que Lem, nos explica a "Lem" y un poco a LEM. Sirva como ejemplo el arranque del segundo capítulo, desternillante y enigmático. Merece copiarse: "La autobiografía de Norbert Wiener arranca así: 'Fui un niño prodigio'. Yo debería decir: 'Fui un monstruo". Enseguida, descubrimos que lo monstruoso de Lem se puede aplicar a otro niño cualquiera. Un buen estudiante, con sus admiraciones, sus amistades y sus excentricidades de niño introspectivo. La memoria orienta una buena parte del libro a detallar la afición con que mata las horas en el colegio: la creación de documentos de un país imaginario, la reconcentrada perfección de una burocracia, por una vez, benéfica. Los futuros mundos de ficción ya están ahí, la extravagante erudición, la exuberancia imaginativa: la habilidad y aparente sorpresa ante lo que cuenta, tal que si hubiese hallado ese recuerdo de un modo súbito, es lo que vuelve tan luminosa esa parte.

Mientras el niño crece, el presagio se dibuja. Aun así, la memoria dirige de nuevo la memoria del que es novelista al evocar su adolescencia y justificar uno de sus temas: la incapacidad del hombre para predecir su futuro, para definirse de modo cabal en el tiempo y el espacio. Lem describe la conmovedora y ridícula instrucción militar a la que se ve sometido como si fuera el juego que, seguramente, debía parecer. El cielo amenaza ya la peor de las tormentas, pero todo sigue siendo extraña diversión, por un lado, y grotesca estupidez, por la otra. La historia se interrumpe antes que ese cielo derrame la primera gota de sangre. Sirva como fin a esta reseña de un libro más que verdadero la primera frase del epílogo, unas páginas con un tono maravillosamente controlado de elegía al brillo de las cosas que persisten en tramas informes, coronadas por el castillo alto, en la indomable memoria: "Cuando yo era niño, no murió nadie".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de noviembre de 2006

viernes, 3 de noviembre de 2006

Extranjeros en su propia casa


Extranjeros en su propia casa

Octavi Marti
3 de noviembre de 2006

"¡Qué horror! ¡Que una mano blanca y hermosa haya podido fabricar esa negrura!". Es un comentario indignado, escrito en 1800, a la pintura que ilustra esta crónica. ¿Por qué de la indignación? Sencillamente, porque la pintora Marie-Guillemine Benoist retrata a una mujer negra como un modelo de belleza y no lo hace desde el exotismo o el interés antropológico. Además, la artista, por ser mujer, está sometida a una exigencia suplementaria de recato que se contradice con la serena y sin embargo desafiante exposición de un cuerpo desnudo; y también indigna que la pintora, siendo blanca, nunca debiera presentar a una negra como a una igual.


Portraits publics, portraits privés se expone hasta el 8 de enero en el Grand Palais de París -luego va a Londres y después a Nueva York- , en una muestra dedicada a explicar cómo cambia de sentido un arte -el del retrato- entre 1770 y 1830, es decir, cuando los EE UU se proclaman independientes, los franceses le cortan la cabeza al rey, abolen la esclavitud y, de la mano de Bonaparte, lanzan el fantasma de la Revolución a recorrer Europa.
Una mujer que pinta a finales del XVIII y una mujer negra que accede a la ciudadanía o, mejor dicho, a la categoría de ser humano, son personas que han de sentirse "extranjeras en su casa". Es el título de otra exposición pariense, en este caso en el Louvre, concebida por la escritora y premio Nobel Toni Morrison, y que durará hasta el 15 de enero. Morrison es también mujer y negra. Afro-americana, tal y como ella prefiere autodenominarse. Extranjera en tanto que "afro", en su casa porque "americana". A Morrison le han pedido que desarrolle el tema que ella ha elegido, la idea de Foreigner's home, a partir de las colecciones del Louvre. En esa tarea de proponer una visita personal, la escritora ha sido precedida por el jurista Robert Badinter, que se interesó por la representación de la prisión a lo largo de los siglos; por el cineasta Peter Greenaway, que se centró en las nubes, cambiantes y extrañamente significativas -cielos amenazantes, amaneceres prometedores, calmas y tempestades-; por el filósofo Jacques Derrida y su curiosidad por el dibujo que habla del hecho mismo de dibujar, y será seguida por el pintor Anselm Kiefer y el músico Pierre Boulez.
Toni Morrison arranca su reflexión a partir de una tela célebre de Géricault, Le Radeau de la Méduse, que remite a un escándalo político -la incompetencia militar de la restauración monárquica- y a un drama humano. A la novelista la fascina la figura del hombre de color en la que se concentran todas las miradas, las de los espectadores pero también las de los protagonistas de la tela, unos náufragos desesperados que delegan sus escasas posibilidades de supervivencia en ese negro que agita un trapo rojo para reclamar atención y socorro del navío que se perfila en el horizonte.
El Louvre ofrece muchas posibilidades a quien quiere saber más de cómo uno puede ser o sentirse extranjero en su propia casa. En la Grecia antigua, en Egipto o en Asiria. En la calle, en el día a día, la sociedad francesa exige que la "otredad" -religiosa, étnica, cultural, sexual- quede circunscrita a la esfera privada. En la pública todos los ciudadanos son -o eran- iguales. La escuela, la vida laboral y política y el servicio militar servían para fabricar franceses, relegando las diferencias a la intimidad del hogar o del espíritu. Hoy la maquinaria integradora no funciona. Sarkozy habla de incorporar la "discriminación positiva", pero Toni Morrison, invitando al Louvre documentales sobre las llamadas black-divas -cantantes de ópera negras que fueron aceptadas antes en Europa que en EE UU- evidencia hasta qué punto esa famosa "discriminación positiva" puede ser un paso atrás.

El filósofo George Steiner pretende que "el hombre no tiene raíces, sino piernas" pero la historia de la humanidad se cuenta a partir de las mil formas, más o menos dramáticas, que acompañan el sentirse extraño o extranjero. La tolerancia respecto al "otro" acostumbra a ir acompañada de menosprecio e ignorancia: os dejamos existir tal y como sois pero nunca os consideraremos como nuestros iguales. El discurso multiculturalista o es eso, o es un elogio de la fusión de estupideces: Gran Hermano para todos pero cada cual con su bandera. La realidad multicultural ha existido siempre pero conlleva esfuerzo y violencia.
Morrison ha pedido al Louvre que invite ejemplos de supervivientes a ese esfuerzo y violencia: las citadas black-divas, al cineasta negro Charles Burnett, al coreógrafo William Forsythe, o a otros escritores, como Michael Ondaatje o Assia Djebar. Al final, acompañada de todos sus amigos, convierte el Louvre en su propia casa y nos enseña cómo hacérnosla nuestra.Benoist retrata a una mujer negra como un modelo de belleza y no desde el exotismo
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de noviembre de 2006