Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí.
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz.
Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.
La historia es una forma más de ficción.
El peor laberinto no es esa forma intrincada que puede atraparnos para siempre, sino una línea recta única y precisa.
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.
Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única.
Lo que realmente valoras es lo que extrañas, no lo que tienes.
El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.
La censura es la madre de la metáfora.
Todo lo que nos sucede, incluso nuestras humillaciones, nuestras desgracias, nuestras vergüenzas, todo nos es dado como materia prima, como barro, para que podamos dar forma a nuestro arte.
Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.
Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros.
La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”.
“La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.
Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones.
Solo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece.
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