
Muere David Hockney, uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XX
El pintor, que tenía 88 años, alcanzó un éxito masivo con sus coloridas escenas de California, Normandía y el Reino Unido

En mayo de 2021, cuando el mundo trataba aún de resucitar de una terrible pandemia, el artista británico David Hockney presentó en la Royal Academy de Londres su exposición The Arrival of Spring. Normandy, 2020 (La Llegada de la Primavera. Normandía, 2020), decenas de horas de minucioso trabajo que dedicó a capturar e su iPad, con la aplicación Brushes, la esencia del cambio de estación mientras el mundo vivía recluido por la tragedia. En su línea, no renunció ni a la innovación, ni a la alegría.
Hockney, uno de los creadores británicos más influyentes del siglo XX, ha muerto este viernes en Londres a los 88 años, según ha confirmado su equipo de comunicación en un mensaje. “Podrán detener todo, pero no podrán cancelar la primavera”, había escrito por aquel entonces a las dos docenas de amigos a los que cada día enviaba una nueva pintura salida de su tableta.
La vida de Hockney (Bradford, 1937-Londres, 2026) no fue una primavera eterna, aunque él hizo todo lo posible porque lo fuera.
Sus pinturas de bellos jóvenes en la piscina, bajo el baño de sol y la luz resplandeciente de Los Ángeles, donde vivió una larga época de su vida, se convirtieron en un icono de aquella era pop, en la que Hockney compartió amistad y fama con figuras como Andy Warhol o Dennis Hopper.
Pero sus inicios fueron menos glamurosos, y dan fe de una ética inglesa del trabajo y del esfuerzo que el artista no abandonó a lo largo de su vida. Nacido en el seno de una familia que él mismo definió como de “radical clase trabajadora”, el cuarto de cinco hermanos tuvo la gran suerte de que sus padres supieron animar desde un principio su vocación artística.
Comenzó sus estudios en el Bradford College, pero la formación, después dos años de servicios en un hospital como objetor de conciencia, reacio a la prestación del servicio militar, la completó en el Royal College of Art de Londres, donde ingresó en 1959.
Rebelde e iconoclasta, reacio a seguir las normas académicas conservadoras (el desnudo de mujer que estaba obligado a presentar en su currículum fue finalmente un desnudo masculino sacado de una revista picante), los profesores de la academia aceptaron aun así que obtuviera su diploma de graduado, con medalla de oro, desbordados por su inmenso talento.
En los sesenta optó por alejarse del expresionismo abstracto que dominaba la vanguardia artística y centrarse en una obra figurativa, de líneas marcadas y sensación naíf que jugaba contra la corriente de la época.
Fue al mudarse a Los Ángeles cuando encontró el ambiente propicio para que prosperara su propuesta artística. Su serie de piscinas y hombres jóvenes, una celebración del hedonismo y la intimidad, consolidó su reputación como artista cotizado. A Bigger Splash (Un Chapuzón Más Grande), de 1967; Retrato de Un Artista (Piscina con Dos Figuras),de 1972 o El Nadador de Hollywood, de 1964, representan la culminación de esa época, en la que Hocney celebró con libertad una homosexualidad que en su país natal constituía aún un acto delictivo.
Ya había ensayado previamente esa temática sexual, con obras como We Two Boy Together Clinging (Nosotros Dos Chicos Fuertemente Abrazados), basada y nombrada a partir de un poema del estadounidense Walt Whitman, que cantó el amor entre hombres en el siglo XIX.
Hockney buscó también el reflejo de la intimidad individual con retratos dobles como el de Christopher Isherwood y Don Bachardy (1968), o el del Señor y la Señora Clark y Percy (1971), para los que desplegó una técnica que usaría durante mucho tiempo antes de renegar de ella, las fotografías preparatorias sobre las que después trabajaba su obra.
Hockney logró en vida el récord de ver cómo su obra Retrato de Un Artista (Piscina con Dos Figuras) obtuvo en una subasta de Christie’s el desorbitado precio (en noviembre de 2018)de 90,3 millones de dólares (unos 78 millones de dólares al cambio actual).
El amor por la tecnología
Si en el final de sus días, fue el iPad el instrumento elegido para expresar su arte, a lo largo de su trayectoria siempre abrazó las nuevas tecnologías. Sus foto-collages realizados con instantáneas capturadas con una máquina Polaroid le permitieron esquivar las rígidas reglas de la pintura figurativa para ensayar nuevas perspectivas con un cubismo actualizado que los críticos asemejaron al del Picasso.
Hockney también tuvo notables aportaciones en el diseño artístico de la ópera y del teatro, como su trabajo para el Ubu Roi de Alfred Jarry, para el Royal Court Theatre de Londres, El Progreso del Libertino de Stravinsky, para el festival de Glyndebourne o el Turandot de Puccini para la Ópera de Los Ángeles.
Fue durante toda su vida un fumador empedernido, tanto de tabaco como de marihuana. Tenía una tarjeta de comprador de hierba medicinal, legal en California, y fumaba por las noches porque le ayudaba a dormir.
Consideraba ambos hábitos una vía directa e imprescindible para experimentar el placer de la vida, y no renunció a ellos hasta el final, a pesar del íctus que sufrió en 2012, que le dejó durante un tiempo incapaz de hablar, aunque siguió trabajando.
Poco antes de inaugurarse una de sus últimas grandes retrospectivas en el Tate Britain de Londres, en 2017, uno de los comisarios le preguntó qué le gustaría que la gente extrajera de este estudio de seis décadas de su obra. “Un poco de alegría”, respondió Hockney, “que disfruten del mundo como yo disfruto mirándolo”.
Le siguió una década más de trabajo prolífico que lo acompañó hasta sus últimos días. “Cuando estoy pintando me siento como si tuviera 30 años, como Picasso. Cuando no estoy pintando me siento como si tuviera 60 o así”, reconoció en una entrevista para EL PAÍS en 2016.
En marzo de 2021 vio cómo se inauguraba una muestra en la Serpentine Gallery de Londres, con una de las obras más ambiciosas de su larga carrera: un monumental lienzo de 70 metros de longitud, inspirado en el tapiz de Bayeux y en su adorado cambio de las estaciones en Normandía.
Aunque siempre se rumoreó que rechazó en varias ocasiones ser nombrado caballero, y dijo no a la oferta de pintar un retrato de Isabel II, aceptó la invitación del decano de la Abadía de Westminster para producir una vidriera de color en honor a la entonces reina de Inglaterra, que fue inaugurada en 2017.
Se instaló definitivamente en Londres en 2023, y empezó entonces una era de retrospectivas y homenajes de un artista que ya era considerado patrimonio intocable del Reino Unido. Hasta el final le acompañó su pareja Jean Pierre Gonçalves.
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