martes, 5 de mayo de 2015

Miyó Vestrini / Valiente ciudadano



Miyó Vestrini 
VALIENTE CIUDADANO
                                

                                                        

A María Inmaculada Barrios 

Morid con el pensamiento
cada mañana y ya no
temeréis morir.

(Tratado Hagakuse)



Dame, señor,
una muerte que enfurezca.
Una muerte tan ofensiva
como a los que ofendí.
Una muerte que soporte la lluvia de Santiago de Compostela,
y de paso,
mate a los que me ofendieron.

Dame, señor,
esa muerte de la intemperie
que sorprende y tranquiliza.
Haz que esté largando mocos y lágrimas,
suplicando piedad
y deseando muerte ajena.

Haz, señor,
que aquel hombre con piel inédita
reconozca en mí al animal de los olivares.
Que su cuerpo pese sobre el mío
y haga dulce
la entrada al fuego.

Te prometo haberlo visto todo.
La misma culpa con la que nací,
el mismo furor.
Haz, señor,
que esté escuchando a Vinicio de Moraes
y a María Betania
y prometiendo que mañana,
lunes,
me inscribiré en un curso para aprender brasileño.

Que venga la muerte
cuando descubras en mí
alguna oculta intención de poder
y cuando sepas,
por tus informantes,
de mis maniobras para pasar a la historia.
Cuando te digan, señor,
que he agotado todos los recursos de la fatiga
sin pedir clemencia,
entonces, señor,
dame duro.
Haz que este golpe que tengo en la frente
por abrir puertas a cabezazos
se ponga
rojo,
latiente,
doloroso.

Supongamos, señor,
que eres el bing-bang.
Que ningún territorio escapa a tu vigilancia.
Que los hots-dogs son tema de tu predilección.
Que tu deseo de mí es parte obscena
de tu personalidad.
Entonces, señor,
examina mi estómago abultado
                por los espaguetis de Portofino
                por las favadas del Guernica
                por los pasteles de coliflor de mi madre
                por los largos tragos de cerveza y ron.

Espía, señor, los rostros de mi espejo en el espejo,
                                 yo, la pusilánime astuciosa
                                 la del dedo en el aire
                                 abanicando a la aburrida concurrencia.

Podrías venir al cine, señor.
Veríamos Brazil,
La vaquilla,
Un día de campo,
El cartero y Gatsby.
Me escucharías
sacudida por la risa
y el temor.

Permíteme, señor,
contemplarme como soy:
            el rifle en la mano
            la granada en la boca
            destripando a la gente que amo.

Acuéstate conmigo en la madrugada, señor,
cuando mi respiración es un golpe de piedras
en la corriente del río.

Y verás como nada,
ni siquiera la leche de tus cantares,
puede darme una muerte que me enfurezca





La casa donde Burroughs mató

En el 10, Burroughs jugó a ser Guillermo Tell con consecuencias fatales / SAÚL RUIZ

La casa donde Burroughs mató

Calle Monterrey 122, Ciudad de México

El viejo edificio de la Ciudad de México en el que el escritor ‘beat’ disparó a su esposa es un lugar de peregrinación para sus lectores

Detrás de esta puerta, el escritor norteamericano Williams S. Burroughs (1914-1997) disparó a su esposa un 6 de septiembre de 1951. Es el apartamento 10 de un viejo edificio de la Ciudad de México. Huele a humedad y encierro, y la poca luz que se cuela por las ventanas hace que los pasillos parezcan los de un convento. El inmueble se ha convertido en un lugar de peregrinaje —macabro— para los seguidores del viejo gurú de la contracultura. Los profesores de talleres literarios traen a sus alumnos hasta el rellano para explicarles que sin este suceso sería imposible entender su obra —cuando ocurrió tenía 37 años y no había escrito gran cosa— y los adolescentes que acaban de leer sus libros, extasiados por el malditismo del autor, trepan hasta el balcón para colgar crespones negros.
A los dueños del apartamento el asunto no les hace ninguna gracia. En él viven ahora tres hermanas solteras y cinco perros que ladran cada vez que escuchan ruido de pisadas. La mayor de las hermanas asoma la cabeza segundos después de haber tocado al timbre: “Ni sabíamos quién era ese señor. Es un fastidio. Cada poco viene gente. ¿Pero qué quieren ver? Es una casa normal y corriente. Que nos dejen en paz”.
—A mí sí me va a dejar echar un vistazo, ¿verdad?
—Por supuesto que no.


Allen Ginsberg (izquierda) y William S. Burroughs, padrinos de la generación beat. / AP
La última testigo de lo que pasó allí dentro es María Cervantes, la que entonces era la portera del edifico situado en el número 122 de la calle Monterrey. Pero tiene 90 años y sufre sordera. Su hermano, Cornelio, se ocupa ahora de fregar el suelo y repartir el correo. Vive en un cuartillo de 25 metros cuadrados en la entrada. “Tengo entendido que el señor (Burroughs) era muy estudioso. Ese día le tuvo que dar la loquera. Se atrevió a ponerle un vaso en la cabeza a la mujer, como si estuviera jugando, y disparó. Falló, claro, porque estaba muy tomado”, cuenta.
Cornelio, de 73 años, es de un pueblo del interior de México, a donde viaja muy seguido. Allí no relata la historia porque cree que a nadie le interesa ni van a saber de quién está hablando. Sin embargo, en la portería recibe continuas visitas: “Vienen grupos grandes de extranjeros, como si esto fuera la Basílica. Muy interesados ellos. Sabe Dios por qué. Casi no les entiendo, hablan en inglés. Puros güeros vienen”.

lunes, 4 de mayo de 2015

Vargas Llosa / Las esquinas del tiempo / Así nace el título de una novela

Mario Vargas Llosa
Poster de T.A.

Mario Vargas Llosa

Las esquinas del tiempo

  • Así nace el título de una novela

Cinco esquinas, el título de la novela que tiene proyectada Mario Vargas Llosa, es un término familiar para cualquier limeño experimentado. Se refiere a un punto de encuentro de cinco calles, en la zona de Barrios Altos, donde se cruzan autobuses, coches y peatones avezados. Ahora que estoy aquí el mundo parece gobernado por las oscilaciones de un semáforo que sirve a las cinco calles y que funciona como un faro en la incertidumbre. La zona, que está atravesada de montones de desperdicios, fachadas de rejas y paredes desolladas y pintarrajeadas, está lejos de lo que alguna vez fue. Hasta hace menos de cien años, este barrio aristocrático sirvió a su vez a la bohemia en sus tiempos de esplendor. César Vallejo, Ricardo Palma y el compositor Felipe Pinglo Alva mencionan en algunas de sus cartas sus estancias en los Barrios Altos (bautizados así porque se trata de una zona más alta que el resto de la ciudad y también por ser territorio de la aristocracia).
Esta mañana, cuando le propuse a un amigo acompañarme a Cinco esquinas, él aceptó con muchas reticencias, diciéndome que es posible que no saliéramos vivos de aquí. Los maleantes que aún pululan en la zona son parte de la historia urbana. Uno de ellos fue el mítico Tatán (llamado en honor a su héroe de la selva), un delincuente tartamudo y feroz. Su novia, la Rayo, era conocida por la velocidad con la que podía robar carteras y huir de la policía. Le contesto a mi amigo que siendo domingo es probable que los delincuentes hayan ido a misa o que estén viendo el fútbol (es la final del Campeonato, felizmente), de modo que podemos andar tranquilos. No parece muy convencido.

Vargas Llosa / Cinco esquinas / Así nace el título de una novela

Mario Vargas Llosa
Poster de T.A.
Mario Vargas Llosa

Así nace el título de una obra

'Cinco esquinas' se llamará la nueva novela del Nobel peruano Mario Vargas Llosa


Panorámica del punto que da nombre al barrio limeño, Cinco esquinas, en el cual se inspira Vargas Llosa para su nueva novela. / MORGANA VARGAS LLOSA

















Durante un año, Mario Vargas Llosa trabajó en un archivo de wordal que llamó nuevanovela.doc. Los títulos de la novela, dice, le sirven para organizar la historia. Son un norte. Pero esta vez no tenía título y nunca antes le había pasado. Ha escrito novelas que tuvieron hasta tres: La ciudad y los perros se llamó antes Los impostores y La morada del héroe. También ha escrito novelas que nacieron con el título puesto, como La Casa Verde. Y títulos que aparecieron con una imagen, como Conversación en La Catedral, que surgió en cuanto tuvo la idea del barcito que serviría de escenario a la conversación que vertebra la obra.
Vargas Llosa no tenía título y hace un par de semanas, sin saberlo, salió a la calle a buscarlo. Partió de su casa de Barranco, en Lima, con gafas de sol, un gorro que le tapaba media cara y una gabardina de aires detectivescos. La ruta que tomaría ese día la había fijado, también sin saberlo, en 1952.

Mujeres en la playa / Sophie Turner II


Sophie Turner bikini

Mujeres en la playa
SOPHIE TURNER

Sophie Turner bikini


Sophie Turner bikini


Sophie Turner bikini

Mujeres en la playa / Sophie Turner I





MUJERES EN LA PLAYA

`SOPHIE TURNER I







Sophie Turner / Azul


Sophie Turner
AZUL


Sophie Turner booty shots

sophie turner ass

domingo, 3 de mayo de 2015

El compulsivo fotógrafo Winogrand

Los Angeles, 1980-1983. Gelatina de plata. 

Garry Winogrand Archive, Center for Creative Photography, University of Arizona. 

El compulsivo fotógrafo Winogrand

Disparó su cámara con singular ahínco por las aceras de Estados Unidos y rechazó las etiquetas. Una gran retrospectiva esquiva el orden temático y reencuadra su búsqueda




New York, ca. 1960, de Garry Winogrand.
"Winogrand es a todas luces un anarquista de derechas". Así se expresaba Martha Rosler en los años ochenta, en uno de sus textos dedicados a la crítica de la fotografía documental. Contraponía allí la figura de Garry Winogrand a la de Robert Frank, ambos de tendencia "anárquica", según ella. Mientras la obra de Frank sugeriría un anarquismo de izquierdas —por su inclinación a hacer visible y dejar ver el significado en sus imágenes—, Winogrand, por su parte, sugeriría con sus fotografías la aparente inaccesibilidad de significado y la imposibilidad de un saber social. Aunque el primero que se encargó de dejar claro este último aspecto fue el propio autor a través de sus radicales y provocadoras afirmaciones, algunas de las cuales se citan una y otra vez como verdaderos aforismos (epigramas los llamó su mentor John Szarkowski). El más conocido y mencionado es su declaración de que hacía fotografías para tratar de averiguar el aspecto que tendrá algo al ser fotografiado.


Su posición explícita consistió en llevar la explicación o la interpretación de su trabajo hacia un territorio puramente formalista. Negaba cualquier vertiente de crítica social y rechazaba entrar a valorar, o interpretar, el significado de sus obras. Esto le acarreó duras críticas desde posiciones muy diferentes. De hecho, es difícil encontrar un fotógrafo tan influyente y, a la vez, tan cuestionado como Winogrand. Desde el frente de crítica política del documental, subrayaron su voyeurismo y la espectacularización de la temática social; desde posiciones más tradicionales, se discutió la calidad de sus fotografías, calificadas a menudo como meras instantáneas o malos reportajes, y se reprochó al autor su propuesta deshumanizadora.

Garry Winogrand / La verdadera belleza de las mujeres

Garry Winogrand

La verdadera belleza de las mujeres

La conocida serie de fotografías 'Las mujeres son hermosas', Garry Winogrand, llega a Moscú

Publicadas en 1975, las imágenes callejeras muestran el histórico cambio social de aquella época

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS Madrid 17 FEB 2014 - 01:30 CET

Una de las imágenes de la serie 'Las mujeres son hermosas' de Garry Winogrand. 
Las mujeres son hermosas, conocida serie del fotógrafo estadounidense Garry Winogrand (Nueva York, 1928-Tijuana, 1984), conocido como "el príncipe de las calles", llega esta semana al Multimedia Art Museum de Moscú. 85 fotografías del trabajo que Winogrand publicó en 1975 y que fue, en su día, un fracaso. Pero más de tres décadas después, las imágenes de Las mujeres son hermosas forman parte de un capítulo mítico de la historia de la fotografía callejera, de la crónica de un tiempo en el que miles de ciudadanas despertaron a la vida con toda su vitalidad, alegría y empuje. Comisariada por la española Lola Garrido (y coproducida por di Chroma Photography) estas instantáneas -tomadas a mujeres anónimas en piscinas, cafeterías, fiestas de sociedad y sobre todo, en las calles de Nueva York-, nos permiten revivir el momento exacto en que las cadenas saltaron por los aires dando paso a una nueva libertad.


Una explosión de vida que se simboliza en una carcajada en plena calle, un pantalón, una conversación en un banco público con un hombre negro, unas chicas abrazadas unas a otras... escotadas, bailando, mirando curiosas y sin complejos, o, acariciando en plena calle a un caballo blanco (símbolo de libertad) con un precioso niño –o niña- en los brazos. Winogrand pertenece a ese ramillete de fotógrafos gracia a los que podemos comprender mejor el siglo XX.


Una imagen de 'Las mujeres son hermosas' (1975). / GARY WINOGRAND
"Explora la manera en que las mujeres expresan su sexualidad a través de sus vestidos, peinados, sus ademanes, risas o susurros", recuerda la comisaria. "No sigue la corrección de la composición", añade. "Desobedece una y otra vez las enseñanzas básicas acerca de la pretendida 'apariencia formal de una obra de arte' y se convierte en el maestro del momento. Por tantas razones, Winogrand se considera un heredero del impacto estético de Robert Frank. Esta premeditada pérdida del equilibrio la fundamenta Robert Frank en sus célebres palabras: 'cuan pequeña puede parece cualquier cosa en una fotografía y aún así ser lo más importante”.
Tomadas en Nueva York en los años 60 y principios de los 70 sus fotografías, realizadas con una cámara de 35 mm con gran angular y la luz disponible, son casi siempre urbanas. El fotógrafo, que falleció de cáncer con 56 años (al parecer había viajado a México para someterse a un tratamiento) estaba obsesionado con “el comportamiento público” de la gente, tal y como recuerda la necrológica que Andy Grunberg le dedicó en The New York Times, un interés que le impedía centrase en un solo objeto sino en los múltiples puntos de vista de un mismo momento. "Este metafórico marco no es más que una experiencia desordenada de la propia realidad. En síntesis, Winogrand capta con su cámara todos los detalles que forman y dan sentido natural a la representación".


Mujeres en la playa / Sophie Monk II


Mujeres en la playa
Sophie Monk II







sábado, 2 de mayo de 2015

Bojayá / El día que todo cambió

El día que todo cambió

Bojayá

El día que todo cambió

Por abril 29, 2015

Nació como un pequeño poblado ribereño sobre el río Atrato hace setenta años. Allí, en Bojayá, viven 10.000 entre afros e indígenas. Dos generaciones de pobladores humildes, casi todos chocoanos, pescadores, pequeños agricultores, navegantes, músicos.
Desde el 30 de abril hasta el 6 de mayo de 2002, Bojayá fue el campo de batalla de 200 paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas en cabeza de Fredy Rendón “El alemán”, y guerrilleros del Frente 58 de las Farc, Bloque José María Córdoba comandado por Joverman Sánchez “El manteco”. Se enfrentaron por el control territorial de este corredor estratégico hacia el océano Pacífico.
El 2 de mayo la historia de Bojayá cambió: 79 personas, 48 de ellos niños, murieron, 98 quedaron heridos, atrapados en la iglesia adonde habían llegado junto a otros 200 vecinos en busca de refugio y protección. Aterrorizados por las balas cruzadas, por el estruendo. Con ellos estaba el padre Antún Ramos, un religioso de la Diócesis de Quibdó querido como ninguno otro por la gente.
Eran las once de la mañana cuando la iglesia fue el blanco de un cilindro bomba lanzado por guerrilleros de las Farc. Impactó el techo y se estrelló contra el altar. La fuerza de la onda explosiva desmembró cuerpos, los lanzó contra las paredes. Se incendió el templo y decenas de cadáveres quedaron tendidos sobre los mosaicos ensangrentados del piso de la iglesia. Los heridos no lograban salir. Silencio. Gritos de angustia. Todo fue dolor y miedo. El fotógrafo Jesús Abad Colorado consiguió llegar: registró el horror.

Haruki Murakami y los botones mal abrochados

Haruki Murakami
Poster de T.A.

Haruki Murakami 

y los botones mal abrochados

El japonés vuelve con su mundo de personajes aislados sin oportunidad de encajar. La búsqueda de identidad atraviesa unos relatos que nos recuerdan que es un gran escritor


    El escritor japonés Haruki Murakami. / JORDI BEDMAR
    Haruki Murakami (Kioto, 1949) regresa a la ficción con este libro de referencias hemingwayanas: Hombres sin mujeres. Son siete narraciones escritas durante los dos últimos años y que pueden entenderse como variaciones sobre el tema de hombres abandonados por mujeres o privados de su presencia. Mujeres que entran y salen de la vida de aquellos, sin posibilidad alguna de comunicación o armisticio, sin segundas oportunidades. Murakami sentencia que basta con amar con locura a una mujer y que ella se marche a cualquier parte para convertirte en un hombre sin mujer. Perder una es perderlas a todas. Esta manera de sentenciar simple e impostadamente romántica es lo que agrada a los adictos a Murakami en la misma medida que desespera a sus detractores. El mundo literario del japonés es artificioso, un coche de carrocería reluciente pero que, a veces, parece esconder más un manual de autoayuda que un fetiche posmoderno del que te encaprichas y te hace sentir raro y feliz.

    Haruki Murakami / El mundo es caótico

    Haruki Murakami
    Poster de T.A.

    Haruki Murakami

    “Si mis libros encuentran lectores, 

    eso implica que el mundo es caótico”

    Por: agosto 02, 2013
    “Si mis libros encuentran lectores, eso implica que el mundo es caótico”
    Cada día, a las diez de la noche, Haruki Murakami apaga la luz y se queda dormido en un instante. A las cuatro de la mañana, se levanta para ir a correr por las calles de Tokio. Este japonés solitario y reservado es -nadie lo diría viéndole aquí, en La Pedrera de Gaudí, confundido entre la marabunta de turistas asiáticos- uno de los últimos ídolos literarios internacionales, con millones de lectores en todo el planeta. Sutil retratista del desamparo sentimental que nos rodea y explorador sin red de nuestros barrancos interiores, pocos escritores son capaces de provocar colas de jóvenes con un libro en las manos. Pero Murakami lo hace. Lo hemos visto recientemente en Santiago de Compostela o en Barcelona, ciudades que ha visitado para promocionar “After Dark”, su última novela publicada. Lo llaman el ‘David Lynch de la literatura’ y otros de sus títulos son “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, “Tokio Blues” o “Kafka en la orilla”.

    Haruki Murakami / Al sur de la frontera, al oeste del sol

    Haruki Murakami
    AL SUR DE LA FRONTERA,
    AL OESTE DEL SOL
    Por Rafael Narbona

    Haruki Murakami (Kioto, 1949) pertenece a esa generación de escritores japoneses que crecieron leyendo literatura occidental, escuchando jazz y contemplando las teleseries norteamericanas.

    viernes, 1 de mayo de 2015

    Murakami y su discípula Banana Yoshimoto

    Murakami y su discípula Yoshimoto


    LUIS MATIAS LÓPEZ 30 JUN 2007

    Se dice que Haruki Murakami puede ganar el Nobel un año de éstos, y que Tokio Blues. Norwegian Wood es una anomalía en su producción literaria. Él mismo la considera un experimento. Sin embargo, sin Tokio Blues el fenómeno Murakami, de alcance universal, tal vez no hubiera llegado a estallar. Hasta a él le pilló por sorpresa su tremendo éxito cuando se publicó en Japón, en 1987. Tuvo que irse del país para asimilarlo.
    Muchos lectores españoles tienen los cables cruzados porque han leído las obras de Murakami sin seguir el orden en el que fueron escritas. Tal vez se iniciaron en 1994 con Crónica del pájaro que da cuerda al mundo(probablemente su novela más lograda) y no leyeron Tokio Blues hasta 2005 (cuando se editó en España) para terminar en 2006 (tras algunas otras paradas) con Kafka en la orilla. Demasiadas piruetas para caminar sin perderse entre las fantasías oníricas que, con estilo nada artificioso, permean casi toda su obra y el realismo sin complejos de Tokio Blues.Rehecho el calendario, se entiende mejor que a Murakami se le encuentren parientes tan diversos como Salinger, Don DeLillo, Carver o Kafka. En cualquier caso, el desorden no elimina ni una pizca del placer que produce leer hoy (o releer) Tokio Blues, con su lograda idealización de la memoria.


    Haruki Murakami / Tokio blues


    Haruki Murakami
    TOKIO BLUES
    Por Rafael Narbona

    Haruki Murakami (1949, Kioto) escogió una canción de los Beatles para recrear la peripecia de un personaje que no conseguirá desprenderse de la adolescencia, hasta conocer el amor, la pérdida, el sexo y la muerte. El pasado de Toru Watanabe regresa con los compases “Norwegian Wood”. La música comienza a sonar durante el aterrizaje de su avión en Hamburgo. Ya ha cumplido treinta y siete años, pero su primera juventud se obstina en reaparecer. Su memoria no ha borrado su amistad con Kizuki y Nagasawa, con destinos tan diferentes, ni su relación con Naoko, acechada por la locura o su idilio con Midori, que sobrevivió a todas las contingencias. Aún recuerda el fugaz encuentro con Reiko, que evidenció la persistencia del deseo -con independencia de la edad- y la proximidad entre el desamparo infantil y la urgencia de penetrar un cuerpo. Entre los diecisiete y los veinte años, conoció la pasión, la infelicidad, el miedo a vivir, el suicidio y el anhelo de superación, que permite constituir una identidad y aceptar el infortunio, sin perder la esperanza de una dicha duradera.

    Mujeres en la playa / Kyara Coakes


    MUJERES EN LA PLAYA
    Kyara Coakes

    Miss Australia Kyara Coakes bikini candids