lunes, 18 de mayo de 2026

Mauricio Vargas / Una batalla sin partidos

 



Una batalla sin partidos

Vargas Lleras aprendió que no servía el apoyo de los partidos. De la Espriella sabe que es un apoyo tóxico.


Durante más de ocho meses de campaña política hemos visto un proselitismo ampliamente basado en las redes sociales, donde, por un lado, el gobierno de Gustavo Petro y sus bodegas interneteras han trabajado con vigor por su candidato, el comunista Iván Cepeda, y, por el otro, el aspirante ‘outsider’ Abelardo de la Espriella ha cabalgado sobre una poderosa y robusta red de decenas de miles de influenciadores, seguidores y replicadores de su mensaje en las redes sociales. Si los demás candidatos han quedado rezagados, ha sido en buena medida porque fueron incapaces de usar, con intensidad y eficacia, esas tecnologías.

Las redes seguirán jugando un papel clave en esta recta final. Pero ahora, a dos semanas de la primera vuelta y cinco de la segunda, la batalla electoral ha aterrizado en la cruda realidad de las calles de ciudades, y de pueblos medianos y pequeños. La chequera del régimen petrista ha regado cientos de municipios con miles y miles de millones de pesos en contratos de obras y servicios, así como en órdenes de trabajo individuales. A ello se suma el apoyo de las bandas armadas que saben que con Cepeda seguirían gozando de la escandalosa impunidad que Petro les ha garantizado.
Del lado contrario, los abelardistas batallan con presupuesto amplio y el apoyo de una enorme red de líderes sociales y políticos, y cientos de miles de ‘defensores de la patria’ que van de puerta en puerta, con camisetas, folletos, afiches, pegatinas y demás mercancía proselitista. Cabalga esa tropa sobre el enorme descontento de millones de colombianos con la inseguridad urbana, y sobre el fervor más emocional que ideológico que despierta la imagen del ‘Tigre’ De la Espriella. La tercera en discordia, Paloma Valencia, no se ha quedado quieta, pero su presencia es casi nula en regiones como el Caribe, lo que explica su desinfle en las encuestas serias.
La chequera del régimen petrista ha regado cientos de municipios con miles y miles de millones de pesos en contratos de obras y servicios, así como en órdenes de trabajo individuales
Y aunque las tres campañas usan los restos de las estructuras de los partidos políticos, lo cierto es que esas colectividades, como tales, han desaparecido de la escena. El triste fallecimiento del exvicepresidente Germán Vargas Lleras, el líder Cambio Radical, hace nueve días, marcó el final de uno de los últimos jefes de partido. En 2018, Vargas falló en su intento por llegar a la Presidencia —cargo para el que estaba muy calificado—, porque apostó todo al apoyo de los partidos. No obstante haber recibido el respaldo de más del 60 % de los congresistas, obtuvo en primera vuelta apenas el 7,3 % de los votos.
Además de Cambio Radical, es incierto el futuro del liberalismo, cuya jefatura pronto dejará el expresidente César Gaviria, después de evitar, en estos cuatro años, que Petro se apoderara de las toldas rojas. El senador Efraín Cepeda, que lideró el conservatismo, deja su curul, ‘la U’ estalló en pedazos. Queda el Centro Democrático, que puede salir muy golpeado si su candidata Valencia queda fuera de la segunda vuelta.
Sobrevive, y muy fuerte, el Pacto Histórico. Pero como su crecimiento ha sido alimentado ante todo por la plata del Estado, es difícil saber qué pasaría si Cepeda pierde las elecciones y eso priva al petrismo de su principal combustible: el saqueo de las arcas públicas. No es que la izquierda vaya a desaparecer si Cepeda pierde. Seguirá y muy fuerte, pero quién sabe si reunida en torno al Pacto.
Evidencia palmaria de la agonía de los viejos partidos es el rechazo de De la Espriella a recibir su apoyo y, sobre todo, a tomarse fotos con sus dirigentes, en contraste con el palo que le han dado a Valencia por respaldos como el que recibió del senador Jhonny Besaile, integrante de uno de los clanes paradigmáticos del clientelismo partidista de Córdoba. Vargas Lleras aprendió que los partidos ya no eligen Presidente. Y ahora, De la Espriella les ha cerrado la puerta en las narices porque sabe que el apoyo partidista ya no solo es inútil, sino contraproducente y altamente tóxico.

EL TIEMPO


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