Antonio López a los 90 años: "Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas"
No es Madrid el lugar de origen de Antonio López, pero sí aquel en el que aprendió a mirar. En él modeló el pintor parte de su talento además de su sensibilidad artística, ya que se convirtió en un territorio al que ha vuelto una y otra vez con la devoción de quien todavía encuentra algo nuevo interesante en lo que fijarse. "No sé si Madrid lo ha significado todo en mi carrera, pero sí mucho", concedió el pintor en un reportaje en el que habló acerca de su vínculo con esta urbe que es para él fuente de inspiración inagotable.
Llegó a la capital española de adolescente para ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde su Tomelloso natal, el rincón de Ciudad Real en el que aprendió a manejar los pinceles y al que no duda en regresar siempre que puede. "Estoy enamorado de mi pueblo, pero no de Madrid. La vida me ha traído aquí, pero son cosas distintas", afirmó.
Madrid ha sido una de las grandes protagonistas de la obra de Antonio López desde sus inicios. No como una ciudad monumental ni turística, sino como un espacio que cambia de piel constantemente. Ha pintado la Gran Vía vacía al amanecer, edificios suspendidos, azoteas en las que el tiempo parece detenerse y vistas panorámicas que convierten el caos urbano en algo sorprendentemente sereno. "Si te gusta lo que tiene que ver con las personas, el lugar donde viven..., eso es un documento excepcional. No sé si retrato rincones maravillosos, son los lugares que a mí me han parecido interesantes", explicó el manchego de ahora 90 años, quien tiene en su mirada una voluntad de fijar algo más profundo que la arquitectura.
"Tú puedes pintar una cosa que es horrible porque, simplemente, está cerca de ti, te parece interesante y quieres transmitir tu visión del mundo. En la historia de la pintura dentro del mundo de la figuración no han ido a las cosas hermosas", argumentó el que está considerado uno de los artistas españoles más admirados de las últimas décadas.
Esa relación íntima que Antonio López mantiene con Madrid le ha llevado a ser una figura inseparable de la identidad visual de la ciudad. Sus vistas urbanas de Gran Vía, Campo del Moro, Vallecas, la Puerta del Sol o Torres Blancas son ya parte de la memoria contemporánea colectiva. "Lo interesante para mí es mi mirada, traducirla desde la pintura, que todo lo cambia. El hecho de pintarlo, en vez de apretar el botón de una cámara fotográfica, estar delante del caballete, que se vaya uniendo la pintura..., todo eso lo aparta de la objetividad. Hay un espacio que ya no es objetivo, que es subjetivo, que tiene que ver conmigo, y la persona que lo contemple y entienda la pintura, lo va a notar", subrayó a Harper's Bazaar.



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