jueves, 14 de mayo de 2026

Emmanuel Carrère culmina su autorretrato




Carrère se define como un hombre «narcisista, inestable, lastrado por la obsesión de ser un gran escritor» Ignacio


Emmanuel Carrère culmina su autorretrato

En su último libro, 'Koljós', indaga en el origen de sus padres, un trabajo de arqueología sentimental que completa sus fragmentarias memorias



Iñigo Linaje
8 de mayo de 2026

Los hijos empiezan queriendo a los padres; cuando se hacen mayores, los juzgan, y a veces los perdonan», escribió Oscar Wilde. Emmanuel Carrère (París, 1957) lleva esa cita, como si fuera una declaración de principios, a las primeras páginas de su último libro, 'Koljós' (Anagrama), que no es una novela ni un volumen de memorias en el sentido estricto de la palabra, pero puede leerse como una crónica de la vida de sus progenitores, escrita en el momento preciso en el que ambos -en un intervalo de cinco meses- desaparecen. 



'Koljós' comienza con una escena ceremoniosa: el funeral de Estado que la República Francesa rindió a Hélène Carrère d´Encausse el 3 de octubre de 2023 en el patio de los Inválidos, en París, con doscientos invitados y presidido por Emmanuel Macron. La madre del novelista era toda una celebridad: intelectual de origen ruso, historiadora y escritora, fue la primera mujer que dirigió la Academia. Casada con Louis Carrère, experto en genealogía, ambos vivieron sus últimos años «en un enorme piso oficial», privilegio de la pareja desde que ella fue nombrada secretaria vitalicia de la institución.

Hélène Carrère, con el uniforme de la Academia francesa.
Hélène Carrère, con el uniforme de la Academia francesa. (MICHEL LIPCHITZ)

Es durante el desmantelamiento del hogar conyugal cuando el escritor comienza a revisar centenares de cartas y documentos y a indagar en el origen de sus progenitores y en su propia infancia y adolescencia. Todo un trabajo de arqueología sentimental que completa los volúmenes de memorias (fragmentarias) que eran libros previos suyos como 'Yoga' o 'Una novela rusa'. Autor de obras como 'Fuera de fuego' o 'Un fin de semana en la nieve', Carrère, uno de los grandes renovadores de la literatura de no ficción del siglo XXI, comenzó hace dos décadas una nueva etapa creativa con un título por el que será recordado a lo largo del tiempo: 'El adversario'. La soberbia crónica -escrita con el rigor periodístico de 'A sangre fría'- de un quíntuple crimen que conmocionó a la sociedad francesa en 1993.

Si la figura de su abuelo materno fue el leitmotiv de 'Una novela rusa', el libro que en 2008 le lanzó a la fama gracias a su potentísima carga confesional, en 'Koljós' vuelve a ser uno de los personajes principales. (No en vano, su historia es la de un disidente ruso que colaboró con el régimen nazi). Y lo es hasta el punto de que su personalidad es retratada por Carrère como si fuese un calco de la suya. Habla de él como «un hombre de constitución infeliz» que, según sus averiguaciones, sufría un trastorno bipolar. ·«Cuando escribí el libro no sabía que lo era, pero entretanto me han diagnosticado a mí la enfermedad, que encaja bien con todo lo que me ha atormentado a lo largo de mi vida». Ese diagnóstico y el internamiento del autor en un centro psiquiátrico es el argumento de 'Yoga', el soberbio tomo memorial que publicó hace cinco años. 

Si su familia materna es retratada con crudeza en muchos tramos de su obra, la paterna tampoco sale bien parada en esta suerte de memorias. El padre de Louis Carrère, además de violinista y director de orquesta, era un mujeriego compulsivo, algo que insinúa de sí mismo el propio autor. No menos importante es la figura de su tío Nicolás, pianista de renombre, cuya personalidad es una réplica de la del escritor, que lo define como «un adolescente mentiroso y un adulto depresivo». Igualmente, impresionan las notas que dedica a su madre al comienzo del libro: una mujer exiliada en París en los años veinte, huérfana de padre, sumida en la pobreza y la soledad hasta que conoce a su marido y se establece con él en la capital.

Los traumas de la infancia

A partir de la mitad del volumen entra en escena Emmanuel Carrère como protagonista de la narración. «Mi primer recuerdo es un cojín de color crema con unas franjas marrones», escribe evocando uno de los primeros escenarios de su infancia. El cojín del que habla forma parte del juego que da título al libro, y que él y sus dos hermanas utilizaban cuando dormían con su madre ante las numerosas ausencias del padre. El joven Carrère extraña otra cosa en el domicilio -una casa carente de tabiques y, por tanto, de intimidad- que tienen sus amigos y él no: un televisor. Y escribe: «Para mis padres era una cuestión de principios: en nuestra casa no hay tele ni radio: en nuestra casa se lee». Así, el joven se convertirá en un lector infatigable e introvertido.

En esa querencia intelectual es determinante -una vez más- su madre, que escribe ensayos de historia sobre Rusia, un motivo recurrente que atraviesa la primera parte de las memorias y enlaza con la actual guerra de Ucrania. Carrère nos habla en estas páginas de sus lecturas iniciales, de sus problemas de salud en la adolescencia y de un descubrimiento que le atormenta: el amante de su madre. Y de la sensación de rechazo brutal que siente cuando lo arrincona para hablar con él por las noches. Y de la depresión de su padre y sus ideas suicidas… La familia sufrirá un accidente de tráfico a la salida de Biarritz (donde tiene un apartamento) cuando se dirige a Burdeos. Este hecho provoca la ruptura de su madre con el diplomático ante la inestabilidad emocional del marido. A partir de ese momento, escribe Carrère, sus padres nunca volverán a dormir juntos.

Curiosamente, 'Koljós' es el libro en el que el autor habla menos de sí mismo. En la mayoría de los pasajes queda en segundo plano, pero el retrato psicológico que hace de su madre y las páginas que dedica a su padre, tíos y abuelos conforman un atinado perfil de su personalidad, lastrada por una herencia oscura y llena de abismos. Algo que explorará a fondo en una de sus grandes obras, 'Yoga' (2021), confesional y descarnada a partes iguales, que narra el viaje de un centro de meditación a un hospital psiquiátrico. En ese intento de «cura de silencio», el escritor convoca en sus meditaciones a espíritus afines (Simone Weil, Gloud, Montaigne), evoca recuerdos y encuentros sexuales y se autorretrata severamente: «Soy un hombre narcisista, inestable, lastrado por la obsesión de ser un gran escritor».


Reconstrucción personal 

Construido, como muchos de sus libros, a partir de reportajes periodísticos, 'Yoga' es un pequeño festín metaliterario, ya que en él avanza al lector el proceso de escritura del mismo. Y lo hace siguiendo un imperativo personal que define su literatura como «el lugar donde no se miente». Sin embargo, él mismo declarará que se vio obligado a «desnaturalizar» su contenido y a borrar referencias personales que afectaban, entre otras personas, a su expareja. Algo que no hizo en 'Una novela rusa' y que le costó dos años de silencio con su madre. «Hay una sola regla: no herir. Y yo la transgredí. Lo hice con dos personas: mi madre y mi novia de la época», le dijo al periodista Daniel Verdú cuando salió a la calle 'Koljós'.

Tampoco lo hizo en su libro anterior, 'V13', crónica judicial que recrea los pormenores del juicio por los atentados yihadistas del 13 de noviembre de 2015 en París que acabaron con la vida de 130 personas. Y es que si algo destaca en esa crónica periodística -que duró casi un año- es la empatía del autor. Ahí está el Carrère más humano, el que desprende ternura y comprensión, de la misma manera que en otros tramos de su obra se autoflagela sin piedad: «Mi vida avanzaba hacia el desastre, que no vino a causa de circunstancias exteriores, sino de mi tendencia a la autodestrucción», escribe en 'Yoga', donde habla sin ambages de su caída en la depresión, de su dependencia de los fármacos y del tratamiento con electroshock.

'Koljós' culmina el autorretrato fragmentario que el escritor ha ido esbozando en cada uno de sus libros. Lo hizo en 'Una novela rusa', sobre todo, pero también en 'De vidas ajenas' y en 'Yoga'. Y en todas ellas bajo el común denominador de una exposición honesta de sus vivencias personales, rayana en lo pornográfico. Y lo ha hecho a través de géneros que maneja a la perfección como el reportaje, la biografía propia o ajena (en 'Limonov' retrata a un disidente ruso), el diario íntimo o incluso la misiva. Así se despide de su madre en su novela de 2007, donde aparece -una vez más- el fantasma de su abuelo: «…debiste enfrentarte a un sufrimiento espantoso, cuyo origen no es solo la trágica desaparición de tu padre, sino todo lo que él era: su tormento, su negrura, su horror a la vida, de la que te hizo su confidente».

El 29 de mayo de 1949, tres años antes de casarse, Helénè Carrère escribirá a su futuro marido esta frase en el reverso de una fotografía que Emmanuel encontrará a la muerte de esta: «La voluntad de dos seres tendidos hacia la vida... La misma certeza luminosa de no estar solos nunca más». Esa misma fe -en la huida de la soledad- es la que el escritor francés parece invocar en sus libros. Como un mantra.


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