domingo, 26 de julio de 2026

La diplomática | La serie imperdible que regresó con una tercera temporada perfecta

 

seriesLa actriz Keri Russell es quien interpreta a Kate Wyler en 'La diplomática'. Foto:‘La diplomática’: la serie imperdible que regresó con una tercera temporada perfecta

Con una dosis de política, 'thriller' y relaciones de pareja complicadas, la serie de Netflix se posiciona como una de las mejores de la temporada. 

Natalia Trzenko

31 de octubre de 2025

Cada semana se lanzan suficientes series nuevas o se estrenan nuevas temporadas de ficciones ya conocidas como para que el espectador promedio se sienta desconcertado o abrumado a la hora de elegir a cuál dedicarle un tiempo que, en general, le resta a su descanso. La selección equivocada puede no solo resultar en una decepción, sino también hacer que la falta de sueño se sienta como un sacrificio demasiado grande y sin recompensa alguna. Por eso, cuando aparece en el calendario un regreso como el de La diplomática hay que festejarlo.

La serie de Netflix, cuya tercera temporada está disponible desde el 16 de octubre, ya había demostrado sus cualidades en las dos entregas anteriores, pero estos nuevos y flamantes siete episodios la catapultaron a la categoría de una de las mejores series del año.




El relato, que mezcla elementos del thrillerpolítico con el drama sentimental —y lo hace con las justas dosis de humor que sus protagonistas equilibran a la perfección—, consiguió un logro poco usual: que después de dos temporadas y 14 episodios muy buenos, sus nuevos capítulos sean aún más entretenidos e inteligentes que los anteriores sin traicionar la lógica interna de la narración ni la de sus personajes centrales. E, incluso, algo más difícil de alcanzar: que la presentación de nuevos personajes amplíe el rango de la trama sin que por eso se disminuya el interés por los que el público ya aprendió a querer.

Matrimonios difíciles

La columna vertebral de La diplomáticasiempre fue la particular relación de amor y hartazgo entre Kate (Keri Russel) y su marido Hal Wyler (Rufus Sewell), un par de diplomáticos de carrera poco dispuestos a sacrificar sus ideales, pero más que versados en el arte de conseguir lo que quieren. 
En el comienzo de la historia, la pareja está a punto de divorciarse cuando Kate es nombrada embajadora de los Estados Unidos en Reino Unido, un puesto de vital importancia política que desafía su independencia como diplomática y la pone justo en el medio de las encrucijadas de lasrelaciones bilaterales entre su país e Inglaterra. Por tal motivo, el matrimonio opta por permanecer juntos para continuar con las apariencias. Pero, en la tercera temporada, los Wyler se topan con un nuevo desvío en el camino.
Como se vio en los últimos episodios de la segunda entrega, la autoría del atentado que puso al Reino Unido en pie de guerra —y en el que Hal fue una de las víctimas— se revela en el preciso momento en que muere el presidente de los Estados Unidos y Grace Penn (Allison Janney), su vicepresidenta, debe asumir el cargo, en un contexto en el que iba de salida (su reemplazo iba a ser la mismísima Kate, que la nombraron como embajadora en el Reino Unido para ponerla a prueba).
Así que, en esta última temporada, ya no es solo el matrimonio de Kate y Hal el que debe encontrar el balance entre su vida pública y privada, sino que la ficción introdujo un nuevo drama y dinámica en pareja por explorar: el de Grace y su compañero Todd, interpretado por Bradley Whitford.
Cada escena de las parejas por su lado y juntas resulta en un brillante despliegue de actuaciones apoyadas en un guion que homenajea, sin imitar o copiar, a la inolvidable serie política El ala oeste de la Casa Blanca. El vínculo no es casual.
Para los aficionados de aquella ficción estrenada en 1999, creada por Aaron Sorkin, que estuvo al aire por siete temporadas, 155 episodios y siete años, la presencia de Janney y Whitford, dos de los protagonistas del extraordinario elenco coral de El ala oeste de la Casa Blanca, alcanzaría para entusiasmarlos con la nueva temporada de La diplomática. Pero la incorporación de los actores es apenas uno de los lazos que conecta a ambas series.


La primera y más significativa es que Debora Cahn, la creadora y showrunner de La diplomática, fue una de las más destacadas guionistas de El ala oeste de la Casa Blanca y su impronta en la nueva historia se percibe especialmente en los nuevos episodios. 
Habiendo establecido el relato y a los personajes en las dos primeras temporadas, da la impresión de que Cahn y su equipo de escritores se sintieron lo suficientemente seguros en la base que construyeron como para sumar algo más de ritmo y velocidad a los diálogos que sus personajes expresan entre los pasillos del poder, una marca que Sorkin y los suyos desarrollaron en la señera El ala oeste de la Casa Blanca, que en Colombia no está disponible en plataformas de streaming. Por lo que la presencia de La diplomática en Netflix es una muy buena opción para los amantes de las series políticas.

El papel de su vida

Desde su papel protagónico en Felicity (1998), a nadie le quedaron dudas de que Keri Russell es una actriz capaz de liderar un elenco y crear uno de esos personajes televisivos imposibles de olvidar. Lo confirmó en The Americans (2013), aquel relato de espías con más de un punto en común con La diplomática, cuyo personaje principal en manos de otra intérprete podría haber resultado en más de lo mismo y, en cambio, es otra cosa igual de buena pero notablemente distinta.
Aun así, la sorpresa en la serie de Netflix es Rufus Sewell (Dangerous Beauty y Dark City), el actor británico de extensa trayectoria en cine y TV que se roba cada una de las escenas en las que aparece, a veces sin decir más que un par de palabras.
Su personaje es, al mismo tiempo, extremadamente inteligente y estúpidamente impulsivo. Un simpático Maquiavelo que quiere ser respetado y amado por todos, pero especialmente por su esposa, a la que se dedica a decepcionar, aunque intente hacer todo lo contrario. Se necesita de un talento particular para hacer un personaje tan encantador como insufrible, y Sewell lo tiene de a montones.

La trama

Al final de la segunda temporada, Kate Wyler descubre que la vicepresidenta Grace Penn estuvo detrás del ataque a una embarcación británica, que fue el gran detonante de la primera entrega. En ese contexto, Kate le manifiesta a Grace el plan del gobierno estadounidense de sacarla de la Vicepresidencia para ofrecerle ese cargo a ella. 
La tercera temporada retomará ese momento de la historia, que aborda la tensión entre ambas mujeres al tiempo de que se enteran de la muerte prematura del presidente Rayburn (Michael McKean), quien sufrió de un ataque al corazón tras enterarse, por Hal Wyler, del complot de su vicepresidenta. Esa situación cambiará el curso del futuro tanto de Grace como de Kate.
NATALIA TRZENKO 
La Nación (Argentina)

EL TIEMPO


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