 |
| Anne Applebaum |
Anne Applebaum
El ocaso de la democracia
Fragmento
A lo largo de la historia, las pandemias siempre han implicado una expansión del poder del Estado: en los momentos en que la gente teme a la muerte, acepta medidas que —con razón o sin ella— cree que pueden salvarla, aunque ello entrañe una pérdida de libertad. En esta ocasión, en Gran Bretaña, Italia, Alemania, Francia, Estados Unidos y muchos otros países se impuso la opinión de que la gente debía quedarse en casa, de que era necesario hacer cumplir las cuarentenas y la policía tenía que desempeñar un papel excepcional. Pero en algunos lugares, el miedo a las enfermedades se convirtió, junto con otros aspectos inquietantes de la modernidad, en una fuente de inspiración para toda una nueva generación de nacionalistas autoritarios. Nigel Farage, Laura Ingraham, Mária Schmidt y Jacek Kurski, junto con los troles que trabajan para Vox en España o la derecha alternativa en Estados Unidos, ya habían abonado el terreno intelectual para que se produjera un cambio de esa naturaleza, así que pasó lo que tenía que pasar. A finales de marzo, el primer ministro húngaro Viktor Orbán promulgó una ley que le autorizaba a gobernar por decreto y permitía a su Gobierno detener y encarcelar durante cinco años a cualquier periodista que criticara las iniciativas oficiales para combatir el virus. No había ninguna necesidad de adoptar tales medidas, y tampoco ayudaban en nada a los hospitales húngaros que, como en Polonia, también se veían desbordados por la falta de inversión y la emigración. Pero el objetivo era utilizarlas como excusa para zanjar el debate. Los políticos de la oposición que protestaron fueron escarnecidos por los medios públicos, que los tildaron de ser «provirus».