sábado, 26 de septiembre de 2026

La dignidad de Sergio Pitol


La dignidad de Sergio Pitol

La dignidad de Sergio Pitol


C. RUBIO ROSELL
2 de abril de 2018

“Postrado en la cama, con úlceras en la espalda, con una infección urinaria, sin ropa en el armario, con puros andrajos y con la alfombra de su habitación oliendo a orín de perro”. Así describía en 2016 Laura Demeneghi, sobrina de Sergio Pitol, el estado en que encontró al autor de El mago de Viena, quien a raíz de una afasia degenerativa estaba entonces al cuidado del Departamento de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de su natal estado de Veracruz, operado entonces por Karime Macías, esposa del exgobernador Javier Duarte, ahora encarcelado por corrupción. Su familia, encabezada por Luis Demeneghi, primo de Pitol, ha batallado desde entonces por recuperar no solo la salud del escritor, sino su patrimonio, que entre dimes, diretes y pleitos judiciales, va de mano en mano e, incluso, de ladrón en ladrón, pues ahora mismo nadie sabe dónde está la medalla que le fue otorgada como reconocimiento por haber sido galardonado con el Premio Cervantes, y muchas de las joyas bibliográficas que atesoraba en la biblioteca de su casa en el centro de Xalapa se han esfumado, aunque alguien asegura haber encontrado a un vendedor de libros que ofrecía una edición de El llano en llamas dedicada a Pitol por el propio Juan Rulfo. 
"¿Por qué uno de los más grandes autores mexicanos del siglo XX es tratado como un simple documento?"
Entre otros perpetradores, la familia señala a un tal Rodolfo Mendoza, cercano a Pitol desde 2011, como un operador intestino dentro del conflicto por la tutoría patrimonial, y le acusa de llegar a despedir a doña Yola, el ama de llaves que cuidó y atendió a Sergio durante 24 años. Pero los problemas de Pitol no terminan ahí. Ahora mismo, cuando el escritor acaba de celebrar el pasado 18 de marzo 85 años de vida, me entero de que la Universidad Veracruzana (UV) se niega a pagar a Luis Demeneghi las regalías y la pensión de quien sigue ostentando el cargo de profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de ese centro de estudios. Y le niega, también, algo mucho más elemental y vital para él: los servicios de salud que otorga la universidad, pues sin los comprobantes de pago, Pitol no puede tener acceso a ellos. Pero la UV, a pesar de una notificación judicial, sostiene que el DIF es el tutor legal del personaje y se lava las manos, así de sencillo. ¿Por qué uno de los más grandes autores mexicanos del siglo XX es tratado como un simple documento? ¿Por qué ninguna de esas instituciones, tanto nacionales como internacionales, que tanto alabaron su valía, que se han vestido de gala con su nombre, mueve un dedo por él ahora que más lo necesita? ¿Qué tiene que pasar para que los Estados y sus instituciones se tomen en serio la dignidad de las personas?



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