domingo, 27 de septiembre de 2026

'El inventor de viajes', el cuento de Irene Vallejo que lleva la semilla de 'El infinito en un junco'

 

Irene Vallejo
Albero de Lili


'El inventor de viajes', el cuento de Irene Vallejo que lleva la semilla de 'El infinito en un junco'

Siruela celebra el quinto aniversario de un best seller más inesperado y edita el relato de la autora para su bebé, escrito en el momento clave en el que cambió su carrera.


Luis Alemany
24 de octubre de 2024


Una especie de friso de personajes dibujados de perfil, de hombres a los que es posible identificar como antiguos fenicios, egipcios, nubios y persas o algo por el estilo, aparece en las primeras páginas de El inventor de viajes (recién editada por Siruela), el cuento de Irene Montero ilustrado por José Luis Cano. Son personajes que, de alguna manera expresan el hilo que lleva desde El infinito en un junco hasta El inventor de viajes. Un vínculo que también es biográfico: Vallejo explicó ayer, en la presentación de El inventor de viajes, que su cuento nació como una manera de comunicarse con su hijo cuando nació y fue enviado a una incubadora. De alguna manera tenía que darle la bienvenida al bebé y no se le ocurrió otra cosa que inventarle una historia de viajeros míticos que fuera lo contrario de su vida, que "se había vuelto pequeña, de casa al hospital y del hospital a casa". 

Respecto a El infinito en un junco, la historia está más o menos contada pero siempre conmueve escucharla. "Yo había vivido hasta entonces en las trincheras de la literatura, dando charlas en institutos de pueblo, recorriendo la península en coche para tener un encuentro en un club de lectura al otro lado de España. Luego descubría luego que los ejemplares que había vendido no compensaban el gasto en gasolina". Pasaron los años, Vallejo fue madre de un niño de salud frágil y que exigía mucha dedicación y fue asumiendo que ese modo de vida ya no funcionaba, que las cuentas no salían. Así que se puso a escribir un libro que la aliviara de la claustrofobia de su pequeña vida, entre la casa y el hospital, y que funcionase como una despedida del sueño tonto de vivir de la literatura. Que fuera como una carta de amor al amante al que se abandona. Así nació El infinito en un junco. 

El libro le llevó cinco años, los cinco primeros años de vida del hijo de Vallejo. Ayer, la presentación de El inventor de viajes fue también la celebración que su editorial, Siruela preparó porque han pasado otros cinco años desde la publicación de El infinito en un junco. Nombrar estadísticas en estos casos parece una grosería pero, por si alguien los echa de menos: El infinito en un junco ha sido traducido a 45 idiomas, lleva más de 100 ediciones en España si se suman los distintos formatos y más de 100 millones de lectores en todo el mundo. El infinito en un junco fue la Cenicienta hecha libro.


"Nació como un híbrido extraño, insólito, como un cúmulo de todas las causas perdidas que encontramos y de todas las insensateces posibles", recordó ayer Vallejo. "Parecía que los libros estaban desahuciados ante las pantallas y que las humanidades desaparecían de los planes de estudios. Y a mí me salía un ensayo de 500 páginas para hablar de todo eso y para rebatir la idea de que el libro se moría". 

La escritora echaba cuentas, intentaba averiguar cuántos profesores de latín y griego pueden quedar en España y cuántos de ellos tendrían que comprar El infinito en un junco para que Siruela no perdiese dinero con su edición. El libro apareció en otoño de 2019 y en seguida encontró su pequeño público en el boca a boca. Y todo el mundo estuvo contentop or eso. Después llegó febrero, llegó la noticia del cierre de Wuhan y, ya en marzo, el decreto del confinamiento. "Y pensamos que ahí se acababa El infinito en un junco. Bueno, que se acababa El infinito en un junco y que se acababa todo, que se acababa la editorial", recordó Ofelia Grande, la directora de Siruela. 

Parecía que la pandemia iba a ser el gran cataclismo de la industria cultural pero, de alguna manera, su público se hizo fuerte, se hizo comunidad y empresas como Siruela sobrevivieron a la primavera de 2020 mucho mejor de lo que cualquiera hubiera esperado. El infinito en un junco fue símbolo y causa de esa resistencia. En los meses de la pandemia pasó de pequeña sorpresa a inimaginable best seller. También se convirtió en la prueba de la hipótesis que quería demostrar: que la cultura del libro merecía seguir viviendo en el siglo XXI.

El niño de Irene Vallejo ha cumplido 10 años y está bien; bastante mejor de lo que esperaban los médicos. En la última página de El inventor de viajes aparece retratado de bebé, dormido y plácido, con unas nubes encima de su cabeza. "Y como un soplo de viento, aquí acaba este cuento", se lee bajo el retrato. El nuevo libro de Vallejo es, según ella misma explica, una manera de presentar a los niños el gran equívoco de la literatura, esa sutileza que consiste en aceptar que todo es una mentira pero una mentira buena, que no debería de hacer daño a nadie.


EL MUNDO






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