miércoles, 2 de diciembre de 2020

Morir en manos de Shakespeare


Morir en manos de Shakespeare
RAFA HOHR

Morir en manos de Shakespeare

Creador de lo humano y gran maestro de la tragedia, el inglés tenía cierta fascinación por la muerte. Elegimos las 10 mejores


Juan Carlos Galindo
21 de abril de 2016

No sabemos qué tal se llevaría John Banville con William Shakespeare pero seguro que tendrían al menos una discusión. El novelista irlandés critica siempre que puede, y más cuando habla como Benjamin Black, una de los referentes del género negro criminal, el exceso de violencia y la pornografía que con ella se hace en las novelas negras contemporáneas.

Creador de la personalidad occidental tal y como la concebimos, como se lanza a afirmar Harold Bloom en su omnicomprensivo Shakespeare, la invención de lo humano (Anagrama, traducción de Tomás Segovia) Shakespeare no tenía empacho alguno en recrearse en los detalles de la muerte violenta. Hay más de 60 decesos en las tragedias de Shakespeare: por venganza, por pena, por amor, por honor; suicidios y asesinatos; violaciones, envenenamientos, desmembramientos o apuñalamientos. Obras como The Spanish Tragedy (Thomas Kyd) y estudios sobre la época como Murder in 17th Century in England demuestran que el autor inglés no era una excepción, pero su especial sadismo merece explicación.

Luis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía 2015, traductor de Shakespeare (acaba de publicar una edición bilingüe de Macbeth en Reino de Cordelia) y excelso conocedor de la obra del bardo, lo explica para EL PAÍS: “No creo que Shakespeare sintiese una especial fascinación por la violencia. Simplemente buscaba el realismo en las escenas violentas. Por lo demás, la violencia es, aunque nos pese, consustancial a la condición humana. Shakespeare se limita a constatar ese hecho. El morbo que suscita en un auditorio un crimen o un acto de violencia es una garantía de éxito. Lamentable, pero cierto. Seguimos siendo los mismos pitecántropos de la sabana africana, aunque ahora tengamos televisión, iPhones, Internet, ese tipo de cosas. Si de aquello hace millones de años, imagínate qué diferencias puede haber entre nuestro universo y el de Shakespeare, que dista de nosotros tan solo cuatrocientos años largos”.

Explorando la fascinación por el autor y por la violencia consustancial a sus tragedias, hemos elegido 10 muertes violentas. Hay muchas más, claro, y por eso les invitamos a participar en la sección de comentarios de esta noticia.

1.- Chirón y Demetrio (en Tito Andrónico). Obra desquiciante e inquietante, considerada por Bloom y otros estudiosos como absurda, surrealista e irrealista, esta tragedia tiene imágenes como la de Lavinia utilizando los muñones de sus manos cercenadas para pasar las páginas de La Metamorfosis de Ovidio hasta llegar al relato de Filomena raptada por Tereo. El personaje que da título a la tragedia mata y despedaza a estos dos caballeros en venganza porque ellos habían violado y matado a su hija. Pero lejos de quedarse ahí, el general Andrónico los despedaza, los cocina y se los da de comer a Tamora, su madre, que engulle el pastel de carne sin saber nada. Luego dicen que Tarantino es bestia.

2.- Polonio (Hamlet). La muerte de este dignatario de la corte danesa no es muy espectacular (atravesado por la espada de Hamlet mientras se ocultaba tras una cortina), pero sí altamente simbólica. Con ella, Hamlet comete el crimen que quería castigar; con ella, el hijo del rey asesinado mata a su vez a un padre.

3.- Romeo y Julieta. Un esquema clásico: Romeo cree que Julieta está muerta y se bebe un veneno para acabar con su vida y yacer junto a su amada, que cuando despierta y ve el cuerpo sin vida de Romeo se suicida con su daga. Romeo, al igual que Marco Antonio, se da muerte porque cree que su amada ha abandonado este mundo. Mítica y trágica a más no poder, está en esta lista por su trascendencia en el imaginario colectivo.

Aquí me dejo llevar por el maestro Bloom que dice: “Lo que queda en el escenario al concluir esta tragedia es un pathos absurdo: el desolado Fray Lorenzo, que abandonó temerosamente a Julieta; el viudo montesco, que hace el voto de que se levante una estatua de Julieta de oro puro; los Capuleto que hacen el voto de dar fin a una rencilla gastada ya en cinco muertes: Mercurio, Ribaldo, París, Romeo y Julieta”.

4.- Antonio y Cleopatra. Dos muertes llenas de fuerza en una tragedia tremendamente política. Antonio, gran guerrero echado a perder por Cleopatra, muere por orgullo, para no doblar la cerviz, para no poder ser humillado en Roma por su rival Octavio Augusto. Sus palabras finales, ya agonizante, son de lo más emotivo de las tragedias de Shakespeare.

La muerte de Cleopatra, precedida de un interludio con el Bufón, que Bloom considera como uno de los diálogos más punzantes de la literatura universal, es majestuosa. Envenenada, caída con la grandeza del mejor personaje femenino de la obra shakespeariana, es, como bien dice el traductor Ángel Luis- Pujalte en la edición de Espasa, una tragedia gozosa, una muerte como triunfo (y eso que la vía escogida, el envenenamiento, es dolorosa e innecesariamente prolongada).

5.- Los hijos y la mujer de Macduff (en Macbeth). Es la muerte ‘preferida’ de Luis Alberto de cuenca. Macbeth, rey paranoico que llega al poder matando y que teme que le pase lo mismo, entra en una espiral que acaba con la vida de su aliado Banquo y trata de matar a su hijo, que escapa. Obsesionado con no dejar vástagos que puedan vengarse, paga a unos sicarios para que también maten a la mujer y a todos los hijos del barón escocés Madcuff quien, paradójicamente, luego va a decapitar al rey.

6- Macbeth y Lady Macbeth. Después de sembrar el caos y la muerte por todo el reino, Macbeth muere por la espada de Madcuff cuando se creía inmune a todo hierro, casi inmortal. La muerte no es nada cruel para todo el sufrimiento que llevó consigo. Lady Macbeth muere de culpa, de insomnio, de locura, de agotamiento. Como bien dice Bloom, es una tragedia de la imaginación y por ella muere la señora de Macbeth. Bello final.

7.- Cordelia (El Rey Lear). El rey está en la cárcel con su hija durante la batalla entre Cornwall y Albany. Edmund, hijo bastardo del conde de Gloster, ordena su muerte pero solo fallece Cordelia, ahorcada en la celda para desesperación de su progenitor, expresada de manera bella por el poeta. Es extraña esta muerte, porque deja a su ser querido más próximo vivo, algo que no suele ocurrir.

8.- Duque de Clarence (Ricardo III). Después de ser arrestado y encarcelado por su hermano Ricardo, este se lo piensa mejor y ordena matarlo para ahorrar problemas. Para asegurarse de que el bueno de Clarence está muerto, lo meten en una barrica de vino con dos cabezas de perro, detalle macabro pero no parece que pudiera aportar mucho a la verificación de la muerte.

9.- Desdémona (Otelo). Es una muerte cruel e injusta la de esta joven que abandona a su familia y es repudiada por amar al soldado negro, héroe de guerra, gran caballero. Este, loco de celos, instigado por el pérfido Yago (fascinante el retrato psicológico que de él hace el autor) la mata tras creerse un montón de patrañas y pruebas falsas. Y lo hace con sus gigantescas manos, ahogándola en una muerte lenta y angustiosa ante la incomprensión de la víctima, que mira a Otelo sin entender nada.

10.- Rodrigo (Otelo). La muerte que no es muerte, pero que retrata a un personaje. Yago, auténtico protagonista en la sombra en Otelo, engaña continuamente a su fiel amigo Rodrigo para que participe en sus conspiraciones. Cuando todo se precipita y no le hace falta, él mismo lo apuñala y le culpa de otros desmanes (con bastante poco éxito en los dos casos).

EL PAÍS


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