sábado, 14 de diciembre de 2019

Raúl Zurita / Cinco poemas





*

Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos,
habituadas a seguir siempre las tuyas, sienten
en la obscuridad que descendemos. Han cortado
todos los puentes y las cordilleras se hunden,
el Pacífico se hunde, y sus restos caen ante
nosotros como caen los restos de nuestro
corazón. Frente a la muerte alguien nos ha
hablado de la resurrección. ¿significa eso que
tus ojos vaciados verán? ¿Que mis yemas
continuarán palpando las tuyas? Mis dedos
tocan en la obscuridad tus dedos y descienden
como ahora han descendido las cumbres, el mar
como desciende nuestro amor muerto, nuestras
miradas muertas, como estas palabras muertas.
como un campo de margaritas que se doblan
te palpo, te toco, y mis manos buscan en la
oscuridad la piel de nieve con que quizás
reviviremos. Pero no, descendidas, de las
cumbres de Los Andes sólo quedan las huellas
de estas palabras, de estas páginas muertas, de
un campo largo y muerto de flores donde las
cordilleras como mortajas blancas, con
nosotros debajo y todavía abrazados se hunde.
(De INRI)

*

El Pacífico se desprende de la línea de la
costa y cae. Fue primero la cordillera y ahora
es el mar que cae. Desde la costa hasta el
horizonte cae. En una tierra enemiga es cosa
común que los cuerpos caigan, que el mar se
desprenda de la costa y caiga como las
margaritas que gimen escuchando a las
cordilleras hundirse donde el amor, donde tal
vez el amor Zurita gime llorando porque en
una tierra enemiga es cosa común que el
océano Pacífico se derrumbe boca abajo
como un torso roto sobre las piedras.
(De INRI)

*

Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos
buscan las tuyas porque si yo te amo y tú
me amas, tal vez no todo esté perdido. Las
montañas duermen abajo y quizás las
margaritas enciendan el campo de flores
blancas. Un campo donde Los Andes y el
Pacífico abrazados en el fondo de la tierra
muerta despierten y sean como un horizonte
de flores nuestros ojos ciegos emergiendo
en la nueva primavera, ¿Será? ¿Será así? las
margaritas continúan doblándose sobre el mar
difunto, sobre las grandes cumbres difuntas y
en la oscuridad, como dos envanecidas pieles
que se buscan, mis dedos palpan a tientas los
tuyos porque si yo te toco y tú me tocas tal
vez no todo esté perdido y, todavía, podamos
adivinar algo del amor. De todos los amores
muertos que fuimos y de un campo de flores
que crecerá cuando nuestras mortajas blancas,
cuando nuestras mortajas de nieve de todas
las montañas hundidas nos besen boca abajo y
nos vuelvan para arriba las erizadas pestañas.
(De INRI)

*

Y ya casi amanece y no puedo parar
de llorar; de llorar primero por ti
que te enamoraste de un viejo con
Parkinson, y después llorar por
las que me tomaron de los brazos
para que no me fuera y yo también
lloraba como cuando niño pero igual
me fui viejo culeado que ni siquiera
tuviste las bolas de matarte y siempre
optaste por ti egoísta de mierda viejo
conchadetumadre paloma arrancá,
arrancá palomitay que no te conviene.
(De Países Muertos)

*

Y ya casi amanece y siento mis
lágrimas correr por mi cara y son
como cuchillos cartoneros las
lágrimas cortándome la cara. Me
hiero y me desangro y mi sangre
está repartida por todos partes
como si me carnearan. Sobre todas
las cosas, en todas las cosas y yo
no puedo, no tengo corazón, no
tengo fuerzas, no tengo valentía.
No es nada ¿sabes?
Duerme
entonces niño, que el mar duerma,
que la inmensa desventura duerma.
(De Países Muertos)



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