
sábado, 3 de agosto de 2024
Petro ante el espejo / Nicolás Maduro
Maduro anuncia la creación de dos cárceles para encerrar opositores
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MADURO ANUNCIA LA CREACIÓN DE DOS CÁRCELES DE MÁXIMA SEGURIDAD PARA ENCERRAR A LOS OPOSITORES

Maduro endurece la represión y anuncia la creación de dos cárceles de máxima seguridad ante las denuncias de fraude
El mandatario venezolano promete castigar a quienes protestan: “Antes a los presos los sacaban a hacer carreteras. Quedan muchos caminos por hacer, que vayan a hacer carreteras”
Ira tras la victoria de la hiperandrógina Khelif / «Si sigue, la mata»
PARÍS 2024
Ira tras la victoria de la hiperandrógina Khelif: «Si sigue, la mata»
La leyenda del tenis Martina Navratilova y varios personajes de renombre como la escritora J.K. Rowling y el político Javier Milei han criticado el polémico combate
P. L.
1 de agosto de 2024
La victoria de la boxeadora hiperandrógina Imane Khelif sobre la italiana Ángela Carini en París 2024 ha reabierto un debate que desde hace años enfurece al mundo del deporte. Habían sido muchas las voces que habían alertado que el duelo entre africana y transalpina era de extrema desigualdad, pues la argelina había fallado en las pruebas de género, es decir, poseía los cromosomas XY como los hombres y no los XX de las mujeres. Una circunstancia que la había descalificado de los últimos Mundiales, pero no de los Juegos. Y el resultado fue el esperado.
El río Sena no estaba listo: los deportistas vieron cosas que no podrán olvidar

El río Sena no estaba listo: los deportistas vieron cosas que no podrán olvidar
La prueba del triatlón dejó diversas opiniones sobre la calidad del agua del río Sena de París durante los Juegos Olímpicos 2024.
No bastó la pequeña incursión submarina que hizo Anne Hidalgo, alcaldesa de París, en el río Sena unos días antes del inicio de los Juegos Olímpicos; al final, el agua no estaba limpia ni preparada para recibir a nadie.
viernes, 2 de agosto de 2024
Edna O’Brien / El objeto del amor
Edna O’Brien
El objeto del amor
The Love Object by Edna O’Brien
Él simplemente dijo mi nombre. Dijo “Martha”, y una vez más pude sentir que estaba sucediendo. Mis piernas temblaban bajo el gran mantel blanco y mi cabeza se nublaba, aunque no estaba borracha. Así es como me enamoro. Él estaba sentado frente a mí, el objeto de mi amor. Ojos grises. Cabello rubio opaco. El cabello estaba encaneciendo por fuera y él había extendido las hebras grises externas a lo ancho de su cabeza como para disfrazar el rubio, como algunos hombres disfrazan una zona de calvicie. Tenía lo que yo llamo una sonrisa religiosa, una sonrisa interior que aparecía y desaparecía, gobernada, por así decirlo, por su alegría privada por lo que oía o veía: un comentario que yo hacía, el camarero retirando los platos fríos que servían de adorno y trayendo otros calentados de un diseño diferente, la cortina de nailon ondeando hacia adentro y rozando mi brazo desnudo y maduro por el verano. Era el final de un cálido verano en Londres.
Edna O’Brien / Querido Joyce
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| James Joyce Loui Jover |
QUERIDO JOYCE
Cuando Ulises cumple 100 años, O'Brien intenta precisar cómo era realmente su extraordinario auto
Edna O’Brien
Miércoles 2 de febrero de 2022
¿Cómo era de locuaz? ¿Llevaba abrigo? ¿Anhelaba la fama? Esas preguntas nos las hacemos sobre los grandes difuntos, intentando a nuestra manera desdichada identificarnos con ellos, algún punto de contacto, alguna enfermedad, algún capricho que nos acerque a ellos y a nosotros. Esas preguntas no encuentran respuesta satisfactoria en las obras de ficción, los escritores son por necesidad magos, los ex amantes son poco fiables, los amigos se extralimitan, los enemigos son biliosos, así que lo más cerca que podemos llegar a una figura legendaria es a través de las cartas. Las cartas son como las líneas de un rostro, testimoniales. En este caso son el acceso al hombre que encerraba la mente, que albergaba el genio de James Joyce .
Edna O’Brien / Un extraño entre nosotros
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| Edna O'Brien, 1971 Foto de John Minihan |
Un extraño entre nosotros
James Wood
18 de abril de 2016
La gente habla de “estilo tardío” en la música clásica, pero ¿cómo podría ser ese “estilo tardío” en la ficción contemporánea? En las últimas obras de Muriel Spark, Philip Roth, Saul Bellow, William Golding y ahora Edna O’Brien, se puede detectar cierta impaciencia con las convenciones formales o genéricas; un humor negro y salvaje; una audacia en la afirmación y la argumentación; una prisa tónica en la narración, de modo que el proceso habitual de limpieza del terreno, ritmo y evidencia se acelera o se descarta por completo, como si fuera (como suele ser) mera palabrería narrativa que nos impide hablar de lo que realmente importa. En gran parte de esa obra tardía, hay una atmósfera ligeramente enrarecida, la prosa un poco menos rica y hospitalaria que antes, los personajes menos completos o persuasivos, una sensación general de excedente atenuado, pero no en la asombrosa nueva novela de Edna O’Brien, “The Little Red Chairs” (Little, Brown), su decimoséptima. O'Brien tiene ochenta y cinco años, y elogiar esta novela por su ambición, su audaz vitalidad, su curiosidad sobre la época actual y sobre las vidas de aquellos desplazados por su turbulencia no debería confundirse con el elogio ambiguo de que todo esto es notable dada la avanzada edad del autor. Es simplemente una novela notable.
Santos y pecadores, de Edna O'Brien
Santos y pecadores, de Edna O'Brien
IA pesar de su título, la nueva y melancólica colección de relatos de Edna O'Brien no está poblada tanto por santos o condenados como por personajes imperfectos que todos podemos reconocer: los tristes y los abandonados, los esperanzados y los desamparados, personas que habitan plenamente su complejo presente, pero que anticipan las pérdidas que les sobrevendrán. Los personajes de O'Brien están bañados por el anhelo más que por el arrepentimiento, y encuentran amistades en rincones inusuales; puede que no busquen la redención, pero su autora es lo suficientemente indulgente como para concedérsela de todos modos.
Edna O’Brien habla sobre el sexo, los libros y toda una vida de desafíos
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| Edna O´Brien |
La novelista Edna O’Brien habla sobre el sexo, los libros y toda una vida de desafío
Ella luchó contra su madre, su país y la religión para escribir sobre la sexualidad femenina. Ahora ya de 86 años de edad, la gran escritora irlandesa advierte: “A pesar de toda mi afabilidad, también soy fría”
Por Janan Ganesh*
23 de julio de 2017
«Toda creatividad viene del trauma y de las heridas». Edna O’Brien hace un gesto sobre su rostro, como si estuviera cubierto de heridas. De hecho, la novelista irlandesa tiene una piel sin arrugas y el cabello del color de la piel del zorro. La única pista de su edad («86 y medio») es la variedad de experiencias que se infunden en su conversación. «Tienes que tener una herida de algún tipo, y tengo una herida triple. De mi familia, especialmente de mi madre, de mi país, y de la religión. Y eso no es poca cosa».
Edna O‘Brien / La mujer que cenaba con Marlon Brando
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| Edna O’Brien |
La mujer que cenaba con Marlon Brando
La decana de las letras irlandesas –de reconocimiento tardío– no ha interpretado otro papel que el de su propia vida. La de una niña nacida en una pequeña localidad rural del oeste de Irlanda que creció en la atmósfera del catolicismo irlandés de los años cuarenta, en un hogar empobrecido por la afición al alcohol de su padre y el integrismo religioso de su madre. Pero allí donde otros veían falta de libertad ella atisbó literatura. El noble arte que le permitiría llegar a los rincones irregulares del corazón humano.
Escapó de aquella prisión rural para estudiar Farmacia en Dublín, donde trabajó como boticaria hasta que conoció al que sería su marido, Ernest Gébler. Un hombre violento, celoso y bloqueado como escritor que nunca perdonó la fluidez literaria de su esposa ni soportó su fulminante éxito con una novela escrita en tres semanas. Sería «Chicas de campo» un libro que sacudió la Irlanda rural hace cincuenta años, hasta el punto de que el párroco de su aldea quemó tres ejemplares en la plaza pública. O’Brien se enfrentó a una persecución en toda regla, señalada por sus paisanos como enemiga de Irlanda y escritora escandalosa. Desde ese momento, su país se convirtió en el material del que están compuestos sus treinta novelas, sus celebrados relatos cortos y sus presentes memorias, las mismas que juró que nunca escribiría.
Irlanda en el mapa
Como en toda su obra, hace en ellas, por Irlanda, lo que su gran amigo («sin privilegios», insiste) Philip Roth hizo por Newark: lo escandalizó, y luego lo colocó en el mapa. Para aquellos que esperen nuevas y escandalosas revelaciones de la «Diosa del amor», su reticencia como autobiógrafa le decepcionará: O’Brien ha besado mucho, pero dice muy poco de sus besos. Si bien la pasión ha sido uno de los temas medulares de su literatura, la gente que le ha apasionado queda al margen de estas páginas y siquiera revela el nombre del político que le partió el corazón.
Después de 10 años en la cárcel de su matrimonio, se separó y perdió la custodia de sus dos hijos. Para cuando la recuperó, su vida era diametralmente opuesta a la de aquella niña que creció obsesionada con su madre. Sus libros se habían convertido en películas, tomaba LSD con el precursor de la antipsiquiatría RD Laing, y su casa era una fiesta continua. Bebía con Sean Connery, tuvo una aventura con Robert Mitchum y Paul McCartney cantaba a sus hijos. Pasaba las vacaciones con Gore Vidal, cenaba con Marlon Brando y se dejaba besar por Norman Mailer. En un episodio surrealista se hace amiga de Jackie Onassis, que llegaría a decirle que era una de las tres personas que más amaba en el planeta. Siendo profundamente interesantes, el libro decae a medida que la autora se hace mayor, quizá porque los tiempos de su madurez resultan menos vívidos e interesantes pese al desfile de estrellas que retrata. Estamos ante una de las pocas escritoras cuya prosa contiene la cadencia de los salmos, el ritmo de la liturgia. Algo que nos hace leerla con un sentimiento casi de duelo.
jueves, 1 de agosto de 2024
París 2024 / Los famosos vistos en los Juegos Olímpicos de París

Ariana Grande, Tom Cruise o Nicole Kidman: Estos son los famosos vistos en los Juegos Olímpicos de París, en imágenes
Ya sea en un partido de tenis, o de paseo por las calles de la capital francesa, muchas ‘celebrities’ han demostrado su pasión por el deporte durante los primeros días del evento deportivo más importante del año.











Adiós a Edna O’Brien, novelista de la pasión femenina
Adiós a Edna O’Brien, novelista de la pasión femenina
“Las mujeres son mejores en las emociones y en los estragos que causan esas emociones”, afirmó la autora irlandesa, que ha muerto a los 93 años. Este es principal territorio que exploró en su obra más popular
Jordi Amat
29 de julio de 2024
El pasado 27 de julio la novelista Edna O’Brien murió a los 93 años. Nacida a finales de 1930 en el pueblo de Tuamgraney (Condado de Clare), vivió la mayor parte de su vida en Londres. Pronto huyó de su país. “Si encuentras que tus raíces son demasiado amenazantes, demasiado punzantes”, le confesó a Philip Roth, “tienes que irte”. Pero la Irlanda de su infancia y juventud fueron siempre el núcleo de su obra. Al decir de José María Guelbenzu, ha sido “la mejor escritora irlandesa de nuestro tiempo”.
Philip Roth / Conversación con Edna O’Brien
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| Edna O’Brien |
Philip Roth
CONVERSACIÓN CON EDNA O’BRIEN
La escritora irlandesa Edna O’Brien, que lleva muchos años viviendo en Londres, se mudó hace poco a una avenida de imponentes fachadas decimonónicas, una calle que en los años setenta del siglo XIX, cuando la construyeron, era conocida, según me cuenta la propia O’Brien, por las muchas queridas y mantenidas que en ella vivían. Las agencias inmobiliarias han dado en llamar a este rincón del distrito de Maida Vale «la Belgravia del futuro»; [1] por el momento, lo que parece es una zona de obras, por la gran cantidad de viviendas en rehabilitación que pueden verse.
Edna O’Brien rinde homenaje a Philip Roth

En su poema «No es necesario ser una habitación para estar embrujado», Emily Dickinson escribió sobre los numerosos nichos de la mente y los encuentros espectrales de la noche. He estado pensando en las habitaciones amenazantes de Philip Roth, un hombre tan cuidadosamente reservado en su vida y un autor alocado y locuazmente confesional. Expuso su propio manifiesto en unas pocas y concisas palabras: «La ficción no es un concurso de belleza y la ficción no es autobiografía». Si escribiera una autobiografía, sostenía, haría que El innombrable de Beckett se leyera como una de las ricas narraciones de Charles Dickens.
Edna O’Brien / Las chicas del campo / Capítulo 18
Edna O’Brien
LAS CHICAS DEL CAMPO
18
Me había retrasado y el señor Gentleman esperaba, aburrido. Me regaló una orquídea que tenía dos tonos de morado: uno más claro, y otro muy oscuro. Me la prendí en la rebeca.
Edna O’Brien / Las chicas del campo / Capítulo 17
Edna O’Brien
LAS CHICAS DEL CAMPO
17
Me puse de pie y dije, histérica:
—Quiero irme a casa.
—Eres una golfa frígida. Una golfa frígida —dijo él, y dio un trago largo de whisky.
—¡Y tú eres mezquino y asqueroso! —exclamé yo. Había perdido la compostura.
Edna O’Brien / Las chicas del campo / Capítulo 7
Edna O’Brien
LAS CHICAS DEL CAMPO
7
Estaba junto a la verja esperando a que pasara el autobús cuando apareció el coche del señor Gentleman. Avanzó hasta la gasolinera de la colina, donde se detuvo para repostar, y luego dio media vuelta y deshizo el camino.
Edna O’Brien / La monja y el jardinero
Edna O’Brien
LA MONJA Y EL JARDINERO
Nos sentamos en un cenador en lo alto de la colina y vimos desfilar ante nosotras a las demás en grupitos de tres o cuatro. Una pila de sillas de jardín ocupaba un rincón del cenador, y por el suelo había un montón de herramientas.
—¿Quién usa estas cosas? —pregunté.
—Las monjas —explicó Cynthia—. Ahora ya no hay jardinero.
Al decir esto se le escapó una tímida risilla.
—¿Y eso? —Había despertado mi curiosidad.
—Porque una monja se fugó con él, el año pasado. Salía mucho para echarle una mano, plantar en los macizos y esas cosas, ¡y vaya si intimaron! Así que se largó con él.
Aquello sí que era emocionante; la clase de historias que nos gustaba oír. Baba se inclinó hacia delante y se le iluminó la cara ante la idea de escuchar por fin algo sustancioso.
—¿Y cómo se las apañó? —preguntó a Cynthia.
—Saltó la tapia una noche.
Baba se puso a tararear: «Y cuando la lu-lu-luna brille sobre la vaqueriza, te estaré esperando en la puerta de la co-cocina…».
—¿Y se casaron? —quise saber.
De nuevo me estremecí, ansiosa por escuchar cómo terminaba la historia; temblaba porque deseaba un final feliz.
—No. Nos enteramos de que él la dejó al cabo de unos meses —dijo Cynthia con indiferencia.
Edna O’Brien
LAS CHICAS DEL CAMPO, cap. 8














