sábado, 13 de septiembre de 2003

Antonio Machado en Collioure / Moral y melancolía



Antonio Machado en Collioure

Moral y melancolía


Manuel Vicent
13 de septiembre de 2003

Este verano visité el cementerio de Collioure, donde está enterrado Antonio Machado. Esa mañana, alrededor de su tumba, una excursión de escolares de un pueblo del Ampurdán atendía la explicación de su maestra y algunos niños dejaron después en el pequeño buzón instalado al pie de la cruz unas notas de sus cuadernos en las que habían expresado su emoción. También depositaron flores silvestres sobre la tumba que no impedían leer, grabado en la lápida, el último verso que escribió el poeta: Estos días azules y este sol de la infancia. Machado lo garabateó poco antes de morir, una tarde de febrero de 1939, en la humilde pensión de la familia Quintana que había acogido a este náufrago de la Guerra Civil, junto con su madre y su hermano José. El verso fue hallado en el bolsillo de su raída chaqueta.


Antonio Machado es un poeta moral que suena dentro de cada alma con diversos metales, limpios, sencillos, profundos. De su melancolía deriva su grandeza. Leí a Machado al salir de la adolescencia. Venía uno de las islas del tesoro, de las aventuras de Salgari, de las navegaciones de Simbad y de pronto me encontré con una tierra parda, con olivares, álamos y páramos sombríos, con negros encinares y la lluvia tras los cristales en una tarde desolada, con un viejo hospicio provinciano y también con una primavera que pasaba sobre los cerros cenicientos dejando sobre las hierbas olorosas diminutas margaritas blancas. Llevo asociada la experiencia melancólica del paisaje a la primera lectura de Antonio Machado. Ningún misterio de la selva virgen podía ser tan profundo como las tierras labrantías de Castilla con yelmos enterrados. El paisaje amasado con el alma fue la gran creación que nos legó este poeta.
Después vino el interés por conocer la vida de este adusto profesor de francés que iba arrastrando su soledad y una intensa raigambre moral por los institutos de Soria, de Baeza y de Segovia como un caballero desvencijado. Harto ya de admirar a héroes románticos, fatuos y falsamente arrojados, me encontré con este ejemplar humano, lleno de sabiduría popular, filósofo caminante, escéptico y ardiente conocedor de la gran sombra que Caín había cernido sobre la historia de España. Antonio Machado constituye la mejor vía de salida para aplacar las lecturas turbulentas de la primera juventud, de forma que la melancolía sedimente en el alma junto con las sensaciones de sobriedad, adustez y austeridad, convertidas en el eje moral de la persona.
Este verano había seguido la ruta del exilio de Machado desde el pueblo valenciano de Rocafort hasta llegar a Collioure. En medio del baño de sangre de una guerra civil que inundó España también había días azules y florecían los limoneros como en la infancia del poeta en un patio de Sevilla. El camino que le llevó a morir en aquel pueblecito de Francia, cerca de la frontera, lo recorrí recordando sus mejores poemas en algunas masías del Ampurdán donde paraba. Cuando llegué al cementerio de Collioure, el grupo de escolares alrededor de la tumba del poeta oía en medio de un absoluto silencio de pájaros a su maestra que leía en voz alta estos versos. Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales. Es la clase. En un cartel se representa a Caín fugitivo, y muerto a Abel, junto a una mancha de carmín. Pero ésta era una mañana de verano y caía un sol de fuego. Uno de los niños preguntó después a la maestra: ¿Era Caín el que se pintaba de rojo los labios? ¿O era Abel? La maestra le dijo que el carmín era de sangre.
Antes de depositar en el pequeño buzón de plástico mi tarjeta de visita volví a leer el verso grabado en la tumba. Estos días azules y este sol de la infancia. Todos los sueños de la vida, todas las patrias, todos los horizontes están incluidos en esas nueve palabras. En la tarjeta dejé escrito un pensamiento secreto en honor a este inmenso poeta que me ha acompañado desde la adolescencia. A medio camino entre la moral y la melancolía está la huella que Machado me dejó marcada.
Ahora releo esta edición inédita de Antonio Machado que recoge una antología de sus poemas extraída de sus obras completas en Espasa. Siguiendo un hilo conductor de su poesía más popular, hecha de proverbios, cantares, coplas, retratos, pensamientos de Abel Martín y sentencias de Juan de Mairena, he llegado de nuevo al alma del poeta reflejada toda entera en este libro. A través de sus soledades y galerías vuelvo a él como quien sorbe un licor profundo y puro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de septiembre de 2003



martes, 9 de septiembre de 2003

Los Trintignant contra los Cantat


Marie Trintignant

Los Trintignant contra los Cantat

La historia entre Bertrand y Marie sigue siendo materia de especulación a partir de los datos de la instrucción judicial


OCTAVI MARTI
París 9 SEP 2003

Era inevitable. El abogado de la familia Trintignant, Georges Kiejman, se manifestó ayer indignado por el tipo de apoyo que la familia de Bertrand Cantat -el cantante que causó la muerte de Marie Trintignant, en Vilnius, en el transcurso de la noche del 26 al 27 de julio- ha querido transmitir al detenido en la capital lituana al estimar que la fiesta organizada allí por los padres y la hermana del líder del grupo Noir Désir "es un ultraje para quienes viven sumergidos en una pena inconsolable, un gesto indecente".
Para Kiejman, es "inmoral la confusión de papeles" y se niega a que se hable de Cantat también como de una "víctima". Para Jean-Louis Trintignant, actor y padre de Marie, "Bertrand no asume lo que ha hecho". Ni Jean-Louis ni Nadine, la madre y realizadora del filme cuyo rodaje en Vilnius protagonizaba Marie, han querido manifestarse tras la ceremonia de adiós.

Marie Trintignant

La trágica historia de amor entre Bertrand y Marie es hoy materia de especulación en todos los semanarios. Los datos filtrados a partir de la instrucción judicial permiten conocer unos pocos hechos, pero éstos siguen siendo difícilmente comprensibles. La noche del sábado 26 de julio, Bertrand y Marie apenas participan de la fiesta de fin de rodaje organizada en honor de Lambert Wilson, otro intérprete. Él le reprocha el haber estado esperándola todo el día y prefiere estar a solas con ella. O casi a solas, porque antes hacen una visita a Andreus Leliuga, un técnico lituano que malas lenguas presentan como el suministrador de "sustancia ilícitas" para todo el equipo de rodaje.
Leliuga es testigo de un primer enfrentamiento entre Bertrand y Marie. "Se encolerizó sin razón aparente. La cogió del brazo con brusquedad y ella tropezó y se golpeó en la cabeza". Para Kiejman el problema radica en que "la quería sólo para él, separarla de todo lo que la rodeaba, de su oficio y de sus amigos". Luego, en la habitación del hotel, Bertrand dice haberla abofeteado dos o tres veces después de que ella le "hubiese agredido".
Según parece, Bertrand, que había abandonado a su esposa Kristina Rady en diciembre, tres meses después del nacimiento de su segunda criatura, creía "haber destruido su familia sin recibir nada a cambio, pues Marie seguía relacionándose conmigo cuando a él le exigía una fidelidad absoluta", dice Samuel Benchetrit, director y anterior compañero sentimental de Marie. Es más, un mensaje enviado el 26 de julio por Samuel a Marie estaría en el origen de la pérdida de control de Bertrand Cantat.
Entre la una y las tres de la noche Bertrand y Marie discuten, él la pega y la deja inconsciente. Dice no haber comprendido el alcance de las lesiones. La autopsia habla de "de explosión de los huesos de la nariz por aplastamiento" y de "lesiones cerebrales debidas a sacudidas múltiples y violentas". Mientras Marie agoniza, Bertrand llama a Samuel en París. Más tarde despertará a Vincent Trintignant, hermano de Marie y ayudante de realización, alojado en el mismo hotel. "Subí a la habitación. Vi que Marie tenía un moretón en el ojo". Dos horas más tarde, a las siete de la mañana, Vincent ve que Marie tiene sangre en la boca. "Hasta entonces no comprendí que Bertrand tenía miedo de lo que había hecho". La hemorragia interna es ya irreparable y a pesar de tres intervenciones médicas Marie muere el 1 de agosto en París.
En prisión en Vilnius, hospitalizado algunos días y tras una tentativa de suicidio, Bertrand Cantat recibe ahora el respaldo de sus familiares y de Noir Désir. Será juzgado en Lituania. Nadie sabe aún si por "asesinato" -entre 5 y 15 años de cárcel- o si por "crimen pasional"-entre uno y seis años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2003



lunes, 1 de septiembre de 2003

Harold Pinter / Por el camino de Proust




Marcel Proust

Pinter: Por el camino de Proust


1 de septiembre de 2003
En 1971, Pinter hizo la adaptación cinematográfica de En busca del tiempo perdido. La editorial Gallimard acaba de publicar el guión original.

viernes, 22 de agosto de 2003

Vivien Greene, viuda del escritor británico Graham Greene

Graham Gereene y Vivien, 1927

Vivien Greene, viuda del escritor británico Graham Greene

Vivien Greene, esposa del genial escritor, inveterado adúltero y torturado católico Graham Greene, religión a la que se convirtió gracias a la influencia de Vivien, murió el pasado martes a los 98 años de edad en su casa de la universitaria ciudad de Oxford, al sur de Inglaterra.
"Es el fin de una era", declaró ayer su sobrina Amanda Saunders al diario británico The Independent, al hacerse eco de esa muerte. Vivien Greene, que nació en 1905 con el nombre de Vivienne Daryll-Browning, ha sobrevivido 12 años a su esposo, fallecido en 1991 y de quien nunca se divorció debido a la fe católica de ambos, pese a que en 1948 se separaron.
Vivien Greene
Greeene fue para su esposa "un hombre frío e infeliz", con el que tuvo "un matrimonio intenso pero desgraciado, que le iba a perseguir en sus últimos años". Así lo definió Vivien en una de sus escasísimas entrevistas, un año después de la muerte del autor de El poder y la gloria, El americano impasible o El tercer hombre, entre otras grandes novelas que se popularizaron aún más al ser llevadas al cine.
En 1926, cuando tenía 22 años, Graham Greene se convirtió al catolicismo, un año después de conocer a Vivien, a quien consideraba como "una católica ardiente", en comparación con la supuesta frialdad del anglicanismo, la religión oficial británica.
Toda la obra de Greene está recorrida por la carga del catolicismo, su reflexión sobre el pecado, el sufrimiento y el mal, y los conflictos espirituales, en una serie de ambigüedades que lo persiguieron también en su vida.
En 1927, Graham Greene y Vivien se casaron y empezaron una vida en común que aunó la pasión por el sexo en casa ajena con los constantes arrepentimientos de él, y en los que la esposa toleró muchas veces relaciones extramatrimoniales de su marido, incluso con prostitutas.
El matrimonio tuvo dos hijos, Caroline (ahora con 69 años) y Francis (de 66) antes de separarse en 1948, un fracaso que reflejó la novela El final del romance (The end of the affair), llevada al cine en 1999 por Neil Jordan.


Después de la separación y mientras la fama de su esposo como escritor se hacía cada vez mayor, Vivien Greene pasó los últimos años de su vida coleccionando en su hogar casas de muñecas victorianas, hasta convertirse en una autoridad en la materia desde el punto de vista histórico, a lo que dedicó dos libros.
Su exhaustiva colección fue expuesta en un museo de Oxford antes de que, hace cuatro años, las miniaturas fuesen vendidas en una subasta. Vivien, hasta el fin de su vida, siguió firmando sus artículos como "la señora de Graham Greene".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de agosto de 2003

sábado, 16 de agosto de 2003

Juan Marsé / Las atracciones de Gal.la Placídia

Descobrir a Gal·la Placídia



MI RINCÓN FAVORITO

Las atracciones de Gal.la Placídia


Juan Marsé
16 de agosto de 2003

Difícil escoger. Hay muchos rincones en mi ciudad y en mi país (y fuera de mi país también) que, por una razón u otra, significan algo en mi vida. Podría hablar de cierto camino al oeste de Sant Jaume dels Domenys que me llevaba a nadar en una alberca entre viñedos con los amigos adolescentes; o del patio trasero en casa de mis abuelos, en L'Arboç del Penedès; o de un repliegue del banco ondulante del parque Güell donde sucumbí a R. L. Stevenson a la edad de 10 años; o de cierto portal en la Rue de Canettes, en París. Pero voy a escoger un enclave barcelonés que frecuento, aunque de forma esporádica, desde muy niño: una esquina, o más bien una hendidura, subiendo por la Via Augusta a mano derecha, donde se ubica una plaza llamada Gal.la Placídia.

Paisaje Urbano - Plaza Gal·la Placídia | ESCOFET

Durante la Guerra Civil, cuando yo tenía cuatro o cinco años y en mi tierna retina acababan de grabarse los bombardeos de febrero de 1938, mi abuelo materno, algunas tardes a primera hora, solía llevarnos a mi hermana y a mí a esta plaza, y juraría que ya por entonces (pero me temo que ahí la memoria arrima el ascua a su inquieta sardina) había en ese rincón predilecto algún artilugio -unos caballitos, tal vez unos simples columpios- para entretener a los críos. Años después, en 1950, mi padre frecuentaba la terraza de un bar enfrente de las atracciones de la plaza, el bar Mirasol. Pero yo entonces era un adolescente, y aquel carrusel con caballitos ya no despertaba mi interés. Lo que me tenía fascinado era un tipo verboso y divertido, de apellido dinámico, Palanca, que trabaja en el bar Mirasol y era amigo íntimo de mi padre. Gracias al Palanca recuperé a los 17 años el rincón de las atracciones. Después, en los años setenta, hice algunas visitas esporádicas con mis propios hijos, cuando estos aún eran pequeños. Y hoy, en 2003, la inercia incombustible de otro niño me devuelve a aquel lugar.

Todo empezó cuando me instalaron el satélite digital y decidí grabar, para mi nieto Guille, de tres años, una serie norteamericana de éxito de los años sesenta, basada en el cómic del superhéroe Batman. El flechazo fue fulminante y todos los días -a la misma batihora, en el mismo baticanal- la fascinación del niño por aquel misterioso y oscuro justiciero fue creciendo hasta límites insospechables. Guille fue poseído por el espíritu de Batman. Dibujarlo en lápices de colores, ceras o rotuladores, modelarlo en barro o en plastilina, trazar la señal con tiza sobre la pizarra, sobre la arena del mar, improvisar capas o recortar máscaras, reproducir escenas y diálogos aun a riesgo de recibir broncas por las réplicas mal dadas, inexactas o desganadas, el caso es que nunca nada parecía suficiente para saciar su sed del mito. Tan intensa era esta pasión que, afligidos, comentamos el asunto con algunos amigos, y recuerdo el sabio consejo que uno de ellos nos hizo llegar por carta: no había nada, absolutamente nada que hacer contra el mito. Batman es más fuerte que la vida. Un buen día, otros amigos nos dieron las señas de un lugar que, aseguraron, colmará los apetitos fantásticos del Guille: plaza de Gal.la Placídia, subiendo por Via Augusta, en un rincón a mano derecha.

Sólo cuando llegamos allí me di cuenta de que era el mismo rincón donde solía llevarnos mi abuelo, a mi hermana y a mí, durante la guerra, y al que luego acudí con mi padre, siendo ya un muchacho, y en el que también había recalado con mis hijos, hace ya más de 30 años. Ahora llego arrastrado de la mano de mi nieto. Veo que aún están los columpios, aunque modernizados, y que en las zonas ajardinadas sobreviven algunos pinos y los enormes plátanos, incluso el bar Mirasol. Y aún estoy tratando de recordar la magia del lugar cuando veo que mi nieto ya ha encontrado su reclamo y se ha encaramado a un siniestro artilugio, una especie de vehículo galáctico, rigurosamente negro, con la silueta de un murciélago en el capó.

En las atracciones de Gal.la Placídia hay un auténtico, un genuino batimóvil, donde -por el módico precio de un euro- cualquier niño como Guille puede alegremente volar a la ciudad de Gotean, y repartir justicia, que buena falta le hace a este puto país. Que lo sepan.


EL PAÍS


jueves, 7 de agosto de 2003

París despide con dolor y canciones a Marie Trintignant

Jean Louis y Nadine Trintignant, en el funeral de su hija,
la actriz Marie Trintignant.
 


París despide con dolor y canciones a Marie Trintignant

Vestidos de blanco por petición de la familia, actores, políticos, músicos y amigos dieron ayer el último adiós a la actriz.

OCTAVI MARTI
7 AGO 2003

París se despidió ayer, por partida doble, de la actriz Marie Trintignant, fallecida el viernes 1 de agosto a consecuencia de los golpes recibidos de su amante, Bertrand Cantat. Por la mañana, en el teatro Edouard VII, en el que ella había actuado recientemente, la familia reunió a sus amigos para un recordatorio privado. Catherine Deneuve, Daniel Auteuil, Patrice Chéreau, Anouk Aimée, Vincent Pérez, Sandrine Kiberlain, Amira Casar, Jane Birkin, Claude Lelouch o Romane Bohringer son algunos de los artistas que acudieron a la cita presidida por los padres de Marie, Nadine y Jean Louis Trintignant, su hermano Vincent, su hijo Roman y su suegro, Alain Corneau. Políticos como el ministro de Cultura, Jean Jacques Aillagon, o como el anterior primer ministro Lionel Jospin, también estaban presentes en un acto en el que el escritor Jorge Semprún dijo: "Nuestra cólera se calmará en la serenidad de nuestra alma y en las lágrimas de nuestros ojos".
El actor Lambert Wilson, colega de Marie en el rodaje deColette, leyó un poema de Ronsard dedicado a "los amores de Marie", mientras el cantante Jacques Higelin, con la ayuda de la actriz y también cantante Lio, insistió: "Si estamos todos aquí es porque somos amigos, porque la vida es hermosa y continúa. Marie está con nosotros y vamos a cantar pensando en ella". Los asistentes, vestidos en tonos claros, corearon con tristeza las canciones preferidas de Marie.
Por la tarde, en el cementerio de Père-Lachaise, en compañía de centenares de ciudadanos, el ministro de Cultura puso un ramo sobre la tumba "en homenaje de la República", a quien "había luchado tanto para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres".
El padre de la actriz, Jean Louis, quiso leer una de las muchísimas cartas recibidas de desconocidos en la que se afirmaba que "no hay que llorar por la que has perdido, sino alegrarte por haberla conocido", pero no pudo acabar la lectura debido a la emoción. La madre, Nadine, evocó los últimos momentos de vida de su hija: "Cuando llegué al hospital y vi que tu hermano lloraba, Marie, supe que era grave, muy grave".
La televisión pública había programado los dos últimos días una serie protagonizada por Marie y dedicada a historiar el combate feminista en Francia entre 1939 y hasta la actualidad. Varias asociaciones feministas también quisieron estar presentes en la ceremonia, con rosas blancas y claveles rojos, en honor de quien aceptó convertirse en símbolo de su combate. Para algunas de ellas, Marie "ha vivido el drama que cada año conoce un millón y medio de mujeres en Francia", refiriéndose a la violencia masculina contra la mujer, pero para otras feministas "no sirve de nada convertir un caso particular en general", porque hay que respetar "la individualidad de cada drama".






CANTAT ACEPTA LA EXTRADICIÓN


Mientras en París la ciudad se despedía de la actriz, en Vilnas el fiscal Ramutis Jancevicius recordaba que no había ninguna razón por la que las autoridades lituanas tuviesen que proceder a la inmediata extradición de Bertrand Cantat, supuesto responsable de la muerte de la actriz. "En mi opinión, una persona que ha cometido un crimen aquí, en Lituania, debe ser juzgada en Lituania". Precisó también: "Aún no he recibido demanda alguna de extradición de parte de Francia". Pero también dijo que "las autoridades del país no han firmado de momento ninguna autorización que permita a policías franceses de la brigada criminal desplazarse a Vilna para interrogar a Cantat y a diversos testigos".
El abogado de Cantat confirmó que el cantante ya conoce la noticia de la muerte de su compañera sentimental. Según el letrado, el músico "es favorable a una extradición rápida hacia Francia". En el breve interrogatorio ante un juez lituano Bertrand Cantat se declaró "dispuesto a pagar su deuda y a asumir todas sus responsabilidades", pero "en Francia". "No tengo nada que hacer aquí, en Lituania".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de agosto de 2003

jueves, 24 de julio de 2003

Siri Hustvedt / Todo cuando amé / Reseña





Siri Hustvedt

Todo cuanto amé

Trad. Gian Castelli. Circe. Barcelona, 2003. 453 págs, 24 euros

JOSÉ ANTONIO GURPEGUI
24/07/2003

“A Paul Auster” reza la dedicatoria de esta Todo cuanto amé y también a Paul Auster dedicó Siri Hustvedt su primera publicación, el volumen Los ojos vendados (1992). 


Ello puede inducir a pensar que Hustvedt toma a Auster como paradigma de la narrativa actual, pero no, las dedicatorias encuentran su sustento en el terreno familiar más que el artístico. Porque Hustvedt tiene su propia voz, y un estilo propio y singular como ya demostró en la anterior El hechizo de Lily Dahl (1996). Esta tercera Los ojos vendados es superior a la anterior pero los nexos entre una y otra resultan, cuando menos, llamativos. En El hechizo encontramos a una joven obsesionada con un pintor en este caso es el profesor y crítico de arte, Leo Hertzberg, quien se siente artísticamente atraído por la obra de un pintor desconocido, Bill Wechsler, con quien llegará a entablar una profunda relación amistosa. También volvemos a apreciar la atracción por narrar escenas cargadas de sensualidad, tragedias familiares, o los “flir-teos” con tramas próximas a la novela negra y escenas escabrosas, que maneja con la maestría de una consumada veterana pese a contar tan sólo con tres títulos.

Como ya se ha adelantado el argumento gira en torno a la amistad entre Leo y Bill. Bill es un pintor que se gana la vida trabajando por las mañanas y dedica las tardes a pintar. Pero la suya es una pintura que no encuentra acomodo en las galerías comerciales, se trata de cuadros de una mujer que titula autorretrato. Leo encuentra por casualidad uno de estos cuadros y lo compra -es el primero que ha vendido Bill- y se interesa por la identidad del autor. A partir de entonces comienza entre ellos una intima amistad, ambos con sus familias veranean juntos en Vermont e incluso Bill compra un apartamento en el mismo edificio donde vive Leo. Ahora, dos décadas después de los acontecimientos -la acción abarca el último cuarto del siglo XX- Leo, aquejado de “degeneración muscular” en los ojos, rememora como fueron aquellos años. él estaba casado con Erica, pero sentía una innegable atracción por Violet, primero modelo y después segunda mujer de Bill. Se había divorciado de su primera esposa, Lucille, cuando su hijo Mark tenía 4 años. Mark había nacido el mismo año que Matt, hijo de Leo y y Erica. Desgraciadamente Matt murió en un estúpido accidente en un campamento de verano y Leo “adoptó” a Mark como si fuera su propio hijo cuando Bill murió de un ataque cardiaco. Pero Mark lleva una vida especialmente turbulenta, las drogas están a punto de causarle la muerte y roba dinero a Leo, pero todo eso no es nada con el asesinato en que se ve involucrado. Y así llegamos a las ocho y media de la tarde del 30 de agosto de 2000, cuando Leo decide “dejar de mecanografiar para sentarme en mi butaca y descansar la vista. Lazlo llegará dentro de media hora para leerme” (450). 

La novela oscila entre dos polos claramente definidos, por una parte un pormenorizado tratamiento de las implicaciones del mundo del arte, por otra una subtrama, que termina imponiéndose, próxima al “thriller” psicológico. Estas dos variantes narrativas a primera vista tangenciales, logran armonizarse de manera que se complementan formando un conjunto armónico, sin disonancias; lo que se traduce en un claro exponente de la habilidad narrativa de Siri Hustvedt. Una autora que, sin duda, tiene todavía mucho que decirnos. 


EL CULTURAL




jueves, 17 de julio de 2003

Muere a los 78 años Celia Cruz / La reina de la salsa




Muere a los 78 años Celia Cruz, la 'reina de la salsa' de Cuba

La cantante, exiliada desde 1960, grabó más de 70 discos y logró varios premios Grammy


El País
Madrid, 17 de julio de 2003

Celia Cruz, considerada como la reina de la salsa de Cuba, falleció ayer a los 78 años en su hogar de Nueva Jersey. El año pasado fue operada de un quiste canceroso en un pecho y luego de un tumor cerebral. Con ella y con Compay Segundo, muerto el pasado domingo a los 96 años, se extingue la época señera de la música cubana. Celia Cruz estuvo acompañada en sus últimos momentos por su marido, el trompetista Pedro Knight.

El matrimonio celebró el pasado lunes su 41º aniversario, pero ella permaneció en cama, ya que había sufrido varias recaídas las últimas semanas. Antes de hacerse pública su enfermedad, Celia había dejado estipulado que, tras morir, su cuerpo fuese llevado a Miami para ser enterrado en esa ciudad, donde reside la mayor parte de la comunidad cubana fuera de la isla, aunque la cantante nunca vivió allí.
Ante su delicado estado de salud, sus colegas exiliados le organizaron un gran homenaje en marzo pasado. Celia (no en vano una de las integrantes del espectáculo Las Estrellas de Fania, que recorrió el mundo y visitó numerosas veces España) apareció en público. También acudió a la entrega de los premios Grammy y a la gala de la compañía teatral Repertorio Español, en Nueva York.
"Nunca habrá otra Celia Cruz", dijo ayer Israel López Cachao, una de las grandes figuras cubanas.
Precisamente ayer, antes de conocerse la muerte de Celia Cruz, la cantante cubana exiliada en Miami Gloria Estefan anunció su deseo de grabar un disco homenaje. "Celia está muy mal", dijo Estefan, "creo que ya estamos en víspera de que se nos vaya". Definió a Cruz como "una mujer increíble, una señora íntegra y profesional, que en el escenario no tiene edad y es embajadora de nuestra música".

Carrera

Los historiadores estiman que la fecha más probable de nacimiento de Celia Cruz es un 21 de octubre de 1924, en La Habana, aunque la cantante mantuvo siempre la incógnita sobre su edad y nunca confirmó esa fecha.
La carrera de la cantante comenzó con la participación en un concurso radiofónico, La hora del té, en el que resultó ganadora. Sus comienzos fueron difíciles, abriéndose paso en salas de fiesta de segunda categoría. No obstante, había estudiado canto y teoría musical en el conservatorio de La Habana.
La oportunidad le llegó cuando Mirta Silva, solista de la orquesta La Sonora Matancera, abandonó la formación y hubo que convocar pruebas para sustituirla. Celia obtuvo el puesto, y empezó a popularizar su grito de "¡Azúcar!". El primer disco lo grabó en 1957, y realizó su primer viaje a EE UU para recoger el primero de la que sería una larga serie de discos de oro y de platino en ese país.
El triunfo, en enero de 1959, de la revolución de Fidel Castro le cambió la vida. Con La Sonora Matancera salió en 1960 para actuar en México y decidieron no regresar a la isla. En 1962 murió su madre en Cuba, pero no se permitió regresar a Celia para el funeral. Llegó a nacionalizarse estadounidense.
Sin embargo, su vida en Estados Unidos no fue fácil al principio. Los ejecutivos musicales no estaban seguros de que la cantante cubana pudiera vender muchos discos. Pero poco a poco logró hacerse un sitio. Y se enamoró del trompetista de La Sonora Matancera, Pedro Knight. En 1966 Celia se unió a la orquesta de Tito Puente, el rey de los timbales. A partir de ahí se convirtió en referencia de la salsa en el exilio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de julio de 2003