lunes, 29 de marzo de 2004

Bertrand Cantat, condenado a ocho años de cárcel por el asesinato de la actriz Marie Trintignant

Bertrand Cantat espera con los ojos cerrados a la lectura de su sentencia. EFE


Bertrand Cantat, condenado a ocho años de cárcel por el asesinato de la actriz Marie Trintignant

El cantante francés recurrirá la sentencia por considerarla "excesiva"


Vilna, 29 de marzo de 2004


El cantante francés del grupo Noir Désir Bertrand Cantat, de 40 años, ha sido condenado a ocho años de cárcel por un tribunal de Vilna, en Lituania, por haber provocado la muerte de su compañera sentimental, la actriz Marie Trintignant.
La fiscalía de Vilna había reclamado una pena de nueve años de cárcel, considerando que Cantat "comprendía lo que hacía" en el momento de los hechos.


Marie Trintignant

Cuatro violentas bofetadas
El cantante reconoció haber dado cuatro violentas bofetadas a Marie Trintignant durante una pelea en la noche del 26 al 27 de julio pasado en una habitación de un hotel de la capital lituana, donde la actriz se encontraba rodando una película. Trintignant falleció el 1 de agosto el París como consecuencia de un edema cerebral provocado por los golpes recibidos.
Los tres jueces desestimaron los alegatos de los abogados de Cantat, que sostuvieron durante el proceso que su defendido era culpable sólo de "homicidio por imprudencia", delito que la justicialituana castiga con una pena máxima de cuatro de años de cárcel.
"Soy consciente de la gravedad de las consecuencias y asumo la responsabilidad de lo ocurrido. Sin embargo, nunca quise que eso ocurriera. Amaba a Marie y la amaré siempre", dijo Cantat en su última declaración ante los jueces. "Cada segundo pienso en ella. La única cosa que puedo hacer es rogar el perdón", añadió.
Nada más conocer el veredicto, Cantat ha decidido apelar la sentencia dictada en su contra. "Esperamos la copia del veredicto que tendremos en unos días y, en ese momento, nos pronunciaremos. A priori, evidentemente, apelaremos esta decisión", ha declarado hoy su abogado, Olivier Metzer.
"Constato que el tribunal ha reconocido que Bertrand Cantat no quería la muerte de Marie Trintignant. Sin embargo, el tribunal no ha llegado hasta el final de su razonamiento y ha pronunciado una pena que me parece del todo excesiva", ha añadido.





sábado, 27 de marzo de 2004

Fred Vargas / Crímenes, peste y casa de vecinos

Fred Vargas

BIOGRAFÍA

Crímenes, peste y casa de vecinos


Justo Navarro
27 de marzo de 2004


Fred Vargas sitúa esta vez una ristra de asesinatos bajo la sombra de la peste que asoló Europa en la Edad Media. Todo ello, en ambiente de barrio parisiense.

La venganza da a los humanos una especie de exaltación de dioses justicieros: Huye rápido, vete lejos (Pars vite et reviens tard, 2001) cuenta una presunta plaga de peste en París, castigo divino, un desastre universal en un ambiente de barrio, la Edad Media ahora mismo, en este tiempo. Fred Vargas (París, 1957) es novelista policiaca y arqueóloga, estudiosa de la vida medieval a partir del análisis de restos animales: el apellido lo ha tomado del personaje de Ava Gardner en La condesa descalza. Ha creado al comisario Adamsberg y su ayudante, el capitán Danglard, dos temperamentos antagónicos y complementarios: al comisario le parece interesante no hacer nada, lo que el capitán encuentra pavoroso.



HUYE RÁPIDO, VETE LEJOS

Fred Vargas
Traducción de Blanca Riestra
Siruela. Madrid, 2003
331 páginas. 16,80 euros

En París un pregonero difunde mensajes que anuncian el advenimiento de la podredumbre y la destrucción del mundo corrompido. Son citas de viejos tratados sobre la peste negra y del diario de un inglés de 1665, Samuel Pepys, que vivió la gran peste de Londres, 65.000 muertos. En el mismo momento, una mano enigmática traza en algunas puertas bellos signos terribles: ¡la cifra-talismán con que se marcaban las casas para espantar la plaga y el contagio! Y miles de histéricos empiezan a pintar sus puertas cuando el primer cadáver aparece.
Hay cinco asesinatos en ocho días de verano. ¿Ya está la peste aquí? Periódicos y televisiones dudan de la policía, que habla de muertes por estrangulamiento con un cable de plástico, aunque las víctimas quedan manchadas, con la lengua negra y picaduras de pulga de rata, probables transmisoras de la epidemia. El comisario Adamsberg, bajo, moreno, de ropa arrugada, hombre aparentemente con problemas, dado a la indolencia, la ensoñación y el paseo, busca a un asesino múltiple. Cuenta con el auxilio de Danglard, su adjunto, espíritu tenaz y preciso, experto en elaborar, clasificar y manipular ficheros, y bebedor de cantidades desesperadas de cerveza. A Danglard lo dejó su mujer, con cinco hijos. Adamsberg, en su desconcierto crónico, es un favorito de las mujeres, novio infiel de la extraordinaria Camille, compositora de música cinematográfica.

Fred Vargas tiene más investigadores fijos: un prehistoriador, un especialista en la Gran Guerra, un medievalista y su padre, policía acabado, juntos en una casa de hombres solos. Su París es doméstico, vecinal, de profesiones y oficios crepusculares o asomados al pasado, punto de reunión de pregoneros, marinos náufragos, presidiarios inocentes, maestros condenados por pederastia en un error de la justicia y convertidos en falsos aristócratas u honrados consejeros sentimentales. Este emocionalismo de casa de vecinos es muy querido por la imaginación francesa, que lo usa profusamente en novelas, tebeos y películas: el desastre universal resulta ser un asunto de familia que el instintivo Adamsberg solucionará por el fugaz resplandecer de un diamante en una plaza llena de gente. Y lo que tardaba en hacerse entretenido acaba entreteniéndonos, además de informarnos sobre los estragos de la peste en Europa desde 1347.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de marzo de 2004


martes, 16 de marzo de 2004

Comienza el juicio por el asesinato de la actriz francesa Marie Trintignant

Bertrand Cantat, acusado de golpear hasta la muerte a su compañera,
espera a la entrada del tribunal de Vilna.
 


Comienza el juicio por el asesinato de la actriz francesa Marie Trintignant

Su novio, el cantate de rock Bertrand Cantat, está acusado de golpear hasta la muerte a la mujer de 41 años


AGENCIAS
Vilna 16 MAR 2004 - 03:51 COT


El juicio contra el líder y cantante de la banda de rock francesa Noir Désir, Bertrand Cantat, acusado de matar a su compañera sentimental, la actriz Marie Trintignant, comienza hoy en Vilna (Lituania).
Cantat, de 40 años y líder de una de las bandas de rock francés más populares y reputadas, está acusado de haber golpeado hasta la muerte a Trintignant, hija del actor Jean-Louis Trintignant, la noche del 26 al 27 de julio en una habitación de un hotel de Vilna, donde la actriz participaba en el rodaje de un telefilme.


Marie Trintignant

Cinco días en coma
Trintignant murió en París el 1 de agosto de 2003, tras estar cinco días en como y ser sometida a varias intervenciones, como consecuencia de un edema cerebral, causado, como demostró su autopsia, por los golpes que recibió en el rostro.
Cantat fue detenido inmediatamente en Vilna, ciudad en la que ocurrieron los hechos, y fue hospitalizado ya que su estado psicológico era muy frágil, según relato entonces su abagodo. El gobierno lituano le acusó, tras una investigación, de golpear a su compañera hasta matarla y de "no prestar atención a una persona en peligro de muerte". Los miles de seguidores de Bertrand Cantat y su grupo Noir Désir han hecho pública su tristeza y estupor.
Marie Trintignant, madre de cuatro hijos, era hija del genial actor Jean Louis Trintignant y de la directora Nadine Trintignant. 
Por el momento, se desconoce hasta cuándo se prolongará el juicio, pero el procurador del distrito de Vilna Ramutis Jancevicius indicó el pasado domingo que el proceso podría terminar los próximos jueves y viernes.



viernes, 5 de marzo de 2004

Ewan McGregor / "El cine europeo se aferra al juego de Hollywood"

Ewan McGregor


Ewan McGregor

"El cine europeo se aferra al juego de Hollywood"

Ewan McGregor se zambulle con Albert Finney en el mundo fantástico de Tim Burton en 'Big fish'



LOURDES GÓMEZ
Londres 5 MAR 2004

Ewan McGregor ha sentado la cabeza. Con 33 años y padre de dos niñas, el actor escocés ha aprendido a moderar sus impulsos juveniles. Ya no siente presión por afianzar su fama y una posición privilegiada entre la élite del cine. La familia y el trabajo encabezan ahora su tabla de valores. En el proceso de maduración también ha perdido cierto idealismo. Según él, la industria europea funciona bajo los mismos cánones que Hollywood. Ocurrió con Young Adam, su última película de bajo presupuesto, que a punto estuvo de caer por la borda por falta de financiación. "Tuve que aceptar que el cine es un negocio. Que las dificultades y los aspectos erróneos no son exclusiva de Hollywood. Es fácil despotricar contra Hollywood, quedas muy bien criticando su industria. Pero mi visión idealista se enturbió al comprobar que mi propia industria se aferra al mismo juego", dice en Londres durante una entrevista con periodistas europeos.
McGregor se ha resignado, pero no ha perdido la ilusión por la interpretación. En su nuevo filme, Big fish, que se estrena hoy en España, entra de lleno en el mundo fantástico y particular de Tim Burton. Interpreta a un padre de familia propenso a las fantasías, Edward Bloom, en un papel que comparte con el veterano Albert Finney.



Pregunta. ¿Es Edward Bloom el prototipo de padre ideal?
Respuesta. Es un tipo genial, pero no es el mejor padre que un hijo puede desear. No pasa tiempo suficiente en casa. Su esposa lo acepta con la actitud propia de la gente enamorada, pero su forma de ser hace daño a dos personas en la película y una de ellas es su hijo. Lo interesante es que no retratamos a Edward como un hombre perfecto. Por un lado, es un gran tipo, particularmente en los recuerdos que él mismo tiene de cuando era joven. Pero en la realidad esos recuerdos acarrean muchos conflictos en la relación con su hijo.
P. ¿Le llevó la película a meditar sobre su relación con su padre?
R. Sí, por supuesto. Es una historia sobre un padre y un hijo que fuerza a todo el mundo a replantearse aspectos de sus relaciones familiares. Yo he pasado por situaciones similares a las del hijo que interpreta Billy Crudup. No llegué a enemistarme con mi padre, ni a retirarle nunca la palabra. Pero a los 16 y 17 años de edad es natural cuestionar la actitud de los padres y cortar los lazos. Si no no fuera así seguiríamos todos en casa con nuestros padres. Rebelarse es ley humana. Y, con fortuna, la reconciliación se produce más tarde. Yo he tenido suerte. Mi relación con mi padre es fantástica, mucho mejor que en cualquier otra fase de mi vida.
Ewan McGregor y Albert Finney

P. ¿Desarrolló con Albert Finney el personaje para asegurar la conexión entre la juventud y la vejez?
R. Trabajamos con la misma asesora de voz hasta dar con un tono y acento similares. Descubrir la voz común nos ayudó muchísimo, aunque realmente ambos nos desenvolvemos en esferas muy distintas. Albert interpreta a Bloom en su fase terminal, mientras que yo doy vida a los recuerdos de su juventud. En mi caso contaba con cierta licencia poética, puesto que interpreto un pasado recordado.
P. Dicen que usted se parece muchísimo a Finney de joven.
R. Hay fotos de Albert con unos 30 años que es exactamente igual que yo. Da miedo. Cuando conocí a Tim, vi una foto mía en su escritorio. No pude recordar dónde la habían sacado y al darle la vuelta descubrí que el retratado era Finney. Está riéndose en la foto y la sonrisa es igualita a la mía. Aún pienso que podría ser yo, pero estaba datada en los años sesenta. Aluciné.
P. Ya no se le ve con tanta frecuencia en eventos públicos. ¿Es una decisión consciente?
R. Sí. Me harté hace unos años. Me sentí quemado. Consumido como una vela que pasa mucho tiempo encendida por ambos lados. Me había creado yo mismo un torrente de presiones, siempre preocupado por la fama, las fiestas, los estrenos como vehículos para dar sentido a mi carrera. Todo eso ya no me importa en absoluto. Me he quitado un peso de encima y todo resulta ahora más sencillo. He aprendido a concentrarme en el trabajo, en lo que es realmente importante. Aprovecho mejor mi energía y me siento muy bien.
P. ¿Cómo fue su experiencia con Tim Burton?
R. Es un gran cineasta. Su lenguaje visual es único. No se le escapa ningún detalle y sabe exactamente cuándo ha rodado la toma perfecta. Es rápido, siempre en movimiento. Te deja explorar tu trabajo como actor sin entrometerse en el proceso. Te anima a ofrecer el máximo de tus posibilidades y no pierde nunca el tiempo. Es un realizador muy preciso, competente y seguro de sí mismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de marzo de 2004

lunes, 1 de marzo de 2004

La falsa pista / Henning Mankell no escribe novelas negras sino rojas

Henning Mankell afirma que no escribe novelas negras, sino rojas


El escritor sueco presenta en español y catalán 'La falsa pista'


MIGUEL MORA
Madrid 28 NOV 2001

Es un escritor-estrella de rock: vende millones de libros en el norte y centro de Europa, llena teatros y sus fans le esperan en los aeropuertos. Se dice que su literatura es negra, porque mezcla un detective célebre, Kurt Wallander, crímenes e intrigas. Pero este sueco de 53 años que vive seis meses del año en Mozambique, 'para escapar del egoísmo europeo', califica sus novelas como rojas: 'Critico la sociedad desde la izquierda'.
Tusquets no se equivocó cuando importó a España las novelas de Mankell, dramaturgo y narrador que es todo un fenómeno de ventas nórdico y que ha regenerado el género negro con su mirada comprometida y tolerante. Sus dos primeros títulos traducidos aquí (La quinta mujer y Asesinos sin rostro) han vendido 130.000 ejemplares, y ahora llega La falsa pista, una historia que arranca con un suicidio a lo bonzo y que luego se llena de meandros, que se publica simultáneamente en español y catalán (esta versión es el primer número de la colección L'ull de Vidre, de Tusquets).
Es sólo una prueba más de que Mankell, que a estas alturas ha sido traducido a 23 idiomas incluido el vietnamita, traspasa todo tipo de fronteras. Nacido en 1948 en Estocolmo y casado con la hija de Ingmar Bergman, Eva, que es directora de teatro, Mankell arranca la entrevista matutina con un par de lingotazos de vodka, 'para el resfriado', y luego explica su vida en Mozambique, donde dirige el Teatro Nacional: 'Llevo una vida muy poco dramática. Vivo en un piso en la ciudad, trabajo en el teatro y escribo. Lo que sí es dramática es la razón por la que me fui allí. Quería encontrar un punto de vista alejado del egoísmo europeo, de ese no escuchar, de ese muro de intolerancia que construimos tras la caída del muro de Berlín'.
Mankell ha plasmado también su experiencia africana en diversas novelas, las más notorias, Comedia infantil, que será publicada en mayo, y Bolsa de té, la historia de una muchacha africana que vive ilegalmente en Suecia tras dejar África a través de España. 'Vemos gente ahogada en las playas españolas, inmigrantes que mueren asfixiados en camiones, barcos en los que se hacinan los refugiados. Hay mucho que escribir sobre eso. Es el peor escenario posible. ¿Es lo que queremos? Yo creo que debemos abrir las fronteras, saber que el mundo es sólo uno, asumir que necesitamos inmigrantes y que lo que produce la violencia es la brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada'.
Mankell es el único que ha superado a Harry Potter en las listas de ventas de Alemania. Pero también huye de la hipocresía cuando habla de su éxito. 'Es una cosa interesante y rara. Nadie se hace escritor pensando en que no lo va a leer nadie. Vender es bueno para tus libros y para tus colegas, aunque es verdad que hay un problema: cada vez se venden más libros de menos autores, porque las editoriales apoyan siempre a determinados escritores. Por eso he creado un sello en el que utilizo mi dinero para apoyar a autores nuevos'. ¿Sentimiento de culpa? 'Bueno, sin caer en la megalomanía, no puedo evitar que me compren, no puedo culpar al público por quererme. ¿Qué debo hacer? ¿Sería mejor la vida si dejo de escribir? ¿Soy culpable de algo?'.
En cuanto a La falsa pista, que ganó en Suecia el premio a la mejor novela negra de 1994, Mankell dice que en realidad es una tragedia clásica renovada. Y añade que él nunca ha leído novelas negras; que, si acaso, puede parecerse un poco a John LeCarré; que son los medios quienes se empeñan en calificar sus libros como 'negros' y que, de todos modos, espera que en diez o quince años los autores de novelas negras puedan ganar el Nobel. 'Aunque si eso sucede, ya no les llamaremos negras'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de noviembre de 2001




domingo, 15 de febrero de 2004

Thomas Bernhard / Contar la historia

 

Thomas Bernhard

Contar la historia

15 de febrero de 2004

Mañana se cumplen 15 años de la muerte de Thomas Bernhard, uno de los más grandes escritores en lengua alemana del siglo pasado. Para sus fieles existe ahora la posibilidad de escucharlo, más allá de sus libros, en un CD que contiene todas las grabaciones realizadas por el austríaco durante su vida.

sábado, 31 de enero de 2004

Henning Mankell / Asesinos sin rostro / Novela policiaca sobre el racismo

Henning Mankell publica una novela policiaca sobre el racismo

'Soy un escritor político', afirma el creador del inspector Wallander



ROSA MORA
Madrid 31 ENE 2001

Autor de una veintena de libros, que incluyen obras de teatro y narrativa juvenil, Mankell ha viajado a Madrid para promocionar el libro. Cuenta que se fue a África bastante joven y que cuando regresó a Suecia se quedó impresionado por cómo había aumentado el racismo. 'Quise escribir sobre eso. Creo que la historia que cuento en Asesinos sin rostro es más importante que el propio Wallander'.
Esta novela, que le mereció importantes premios en Suecia, donde se ha hecho incluso una serie de televisión de cuatro capítulos, narra una ola de racismo que sigue al asesinato de una anciana pareja de granjeros. Antes de morir, la mujer logra contar que ha sido 'un extranjero'. Un campo de refugiados que esperan que se les conceda asilo político es incendiado, un somalí es abatido a balazos y Wallander y su equipo trabajan bajo una gran presión para solucionar ambos casos. 'La inseguridad en este país es grande. La gente tiene miedo', dice en cierto momento Wallander en el libro, en el que Mankell reflexiona largamente sobre la crisis de la sociedad de bienestar. 'Suecia nunca fue un paraíso. Pero durante mucho tiempo hubo una conciencia de solidaridad. Ahora se ha perdido'. 'Es una vegüenza que un país tan rico como el mío no pueda ayudar a los inmigrantes y a los refugiados', añade,' pero éste es un problema que afecta a toda a Europa, que se ha convertido en un castillo con las puertas cerradas'.
Mankell no quiere ser encasillado en el género policiaco, pero en los libros de Wallander describe minuciosamente la investigación policial, con un exhaustivo seguimiento de todas las pistas posibles, desde una colilla al corazón de una manzana. Wallander, que en esta novela tiene 42 años, es un personaje que engancha: divorciado, con problemas con el alcohol, con sobrepeso, inseguro, tenaz. Los únicos puntos en común con su personaje, explica Mankell, son que a ambos les gusta la ópera, 'Verdi, sobre todo, y también Puccini'. 'Y los dos somos muy trabajadores'. 'Creo que es más fácil escribir sobre un personaje que no te gusta. Los malos son más interesantes que los buenos'. El policía, que a los ojos de los lectores no parece malo, sino un hombre que vive una gran crisis personal, se inscribe en la generación del comisario Brunetti, de Donna Leon, o de Montalbano de Camilleri. 'Mis novelas son más políticas que las de Donna Leon. No quiero contar únicamente crímenes, sino historias ligadas a la sociedad'.
En La quinta mujer abordó la violencia contra las mujeres y en otros títulos que irá publicando en Tusquets ha tratado 'los problemas después de la caída del muro de Berlín, el apartheid en Suráfrica o la violencia en los jóvenes'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 31 de enero de 2001




lunes, 5 de enero de 2004

Julio Cortázar / La isla a mediodía


Julio CortázarBIOGRAFÍA

La isla a mediodíoa


La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo. La pasajera lo había mirado varias veces mientras él iba y venía con revistas o vasos de whisky; Marini se demoraba ajustando la mesa, preguntándose aburridamente si valdría la pena responder a la mirada insistente de la pasajera, una americana de las muchas, cuando en el óvalo azul de la ventanilla entró el litoral de la isla, la franja dorada de la playa, las colinas que subían hacia la meseta desolada. Corrigiendo la posición defectuosa del vaso de cerveza, Marini sonrió a la pasajera. «Las islas griegas», dijo. «Oh, yes, Greece», repuso la americana con un falso interés. Sonaba brevemente un timbre y el steward se enderezó sin que la sonrisa profesional se borrara de su boca de labios finos. Empezó a ocuparse de un matrimonio sirio que quería jugo de tomate, pero en la cola del avión se concedió unos segundos para mirar otra vez hacia abajo; la isla era pequeña y solitaria, y el Egeo la rodeaba con un intenso azul que exaltaba la orla de un blanco deslumbrante y como petrificado, que allá abajo sería espuma rompiendo en los arrecifes y las caletas. Marini vio que las playas desiertas corrían hacia el norte y el oeste, lo demás era la montaña entrando a pique en el mar. Una isla rocosa y desierta, aunque la mancha plomiza cerca de la playa del norte podía ser una casa, quizá un grupo de casas primitivas. Empezó a abrir la lata de jugo, y al enderezarse la isla se borró de la ventanilla; no quedó más que el mar, un verde horizonte interminable. Miró su reloj pulsera sin saber por qué; era exactamente mediodía.

domingo, 4 de enero de 2004

Julio Cortázar / La señorita Cora

Obra de Pedro José Ibáñez Torres


Julio CortázarBIOGRAFÍA

La señorita Cora


We'll send your love to college, all for a year or two,
And then perhaps in time the boy will do for you.

The trees that grow so high.(Canción folclórica inglesa.)

No entiendo por qué no me dejan pasar la noche en la clínica con el nene, al fin y al cabo soy su madre y el doctor De Luisi nos recomendó personalmente al director. Podrían traer un sofá cama y yo lo acompañaría para que se vaya acostumbrando, entró tan pálido el pobrecito como si fueran a operarlo en seguida, yo creo que es ese olor de las clínicas, su padre también estaba nervioso y no veía la hora de irse, pero yo estaba segura de que me dejarían con el nene. Después de todo tiene apenas quince años y nadie se los daría, siempre pegado a mí aunque ahora con los pantalones largos quiere disimular y hacerse el hombre grande. La impresión que le habrá hecho cuando se dio cuenta de que no me dejaban quedarme, menos mal que su padre le dio charla, le hizo poner el piyama y meterse en la cama. Y todo por esa mocosa de enfermera, yo me pregunto si verdaderamente tiene órdenes de los médicos o si lo hace por pura maldad. Pero bien que se lo dije, bien que le pregunté si estaba segura de que tenía que irme. No hay más que mirarla para darse cuenta de quién es, con esos aires de vampiresa y ese delantal ajustado, una chiquilina de porquería que se cree la directora de la clínica. Pero eso sí, no se la llevó de arriba, le dije lo que pensaba y eso que el nene no sabía donde meterse de vergüenza y su padre se hacía el desentendido y de paso seguro que le miraba las piernas como de costumbre. Lo único que me consuela es que el ambiente es bueno, se nota que es una clínica para personas pudientes; el nene tiene un velador de lo más lindo para leer sus revistas, y por suerte su padre se acordó de traerle caramelos de menta que son los que más le gustan. Pero mañana por la mañana, eso sí, lo primero que hago es hablar con el doctor De Luisi para que la ponga en su lugar a esa mocosa presumida. Habrá que ver si la frazada lo abriga bien al nene, voy a pedir que por las dudas le dejen otra a mano. Pero sí, claro que me abriga, menos mal que se fueron de una vez, mamá cree que soy un chico y me hace hacer cada papelón. Seguro que la enfermera va a pensar que no soy capaz de pedir lo que necesito, me miró de una manera cuando mamá le estaba protestando... Está bien, si no la dejaban quedarse qué le vamos a hacer, ya soy bastante grande para dormir solo de noche, me parece. Y en esta cama se dormirá bien, a esta hora ya no se oye ningún ruido, a veces de lejos el zumbido del ascensor que me hace acordar a esa película de miedo que también pasaba en una clínica, cuando a medianoche se abría poco a poco la puerta y la mujer paralítica en la cama veía entrar al hombre de la máscara blanca...

jueves, 1 de enero de 2004

Julio Cortázar / La autopista del sur



Julio CortázarBIOGRAFÍA

La autopista 

del sur


Gli automobilisti sembrano nom
avere sotir… Come realta, un ingorgo
 automobilistico impressiona ma non ci
dice gran che.

Arrigo Benedetti, "L’Espresso", Roma, 21/6/64


Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas.