
Esta no soy yo
Tusquets, 2014
320 páginas. 20,90 euros
‘Esta no soy yo’, de Liliana Viola: Aurora Venturini fue el personaje perfecto
El libro sobre la vida y obra de la argentina desentraña con pericia la vida de la autora de ‘Las primas’, evita caer en la caricatura o la hagiografía y ofrece un retrato complejo de una mujer que acumuló infinitos matices y aristas
En 2007, el prestigioso diario argentino Página 12 convoca por primera vez su premio de Nueva Novela, y lo hace con un jurado y bajo unas condiciones que auguran un fallo relevante, de esos que dan que hablar, descubren un talento joven y señalan alguna dirección emergente para la literatura en lengua castellana (es decir: promete ser un premio rarísimo). Por eso resulta tan inesperado y magnético que la galardonada sea una señora prácticamente desconocida, ¡de 85 años!, con una trayectoria a sus espaldas llena de libros, sí, pero todos ellos invisibles tanto para el gran público como para los circuitos de prestigio nacional, ya no digamos internacional. La autora se llama Aurora Venturini. La novela se titula Las primas y exhibe una crudeza insólita, excéntrica, salvaje, con un estilo inclasificable que lo mismo podría considerarse sofisticadísimo que asilvestrado. Desconcierto, estupor, fascinación. Es una noticia magnética, sobre todo cuando la Venturini se pone bajo los focos y resulta ser una figura igual de insólita, excéntrica, salvaje, sofisticada y asilvestrada que su obra. Desde entonces, se recuperó algún viejo título suyo, se publicaron otros que escribió a continuación, se comunicó la noticia de su muerte en 2015 y en circunstancias peculiares, y no me parece exagerado afirmar, en definitiva, que nació un mito.
Y es que Aurora Venturini, como ya permiten intuir sus libros, es el personaje perfecto, una máquina de acumular matices, aristas y energías cósmicas: lengua viperina o profesora amantísima, mentirosa sistemática o fabuladora bigger than life, enamorada contra toda convención o témpano sentimental, valiente o más bien escondida tras una roca, modernísima o todo lo contrario, lesbófoba o reivindicadora de la disidencia lésbica, bruja negra o bruja blanca, o tal vez ni bruja… Y siempre, siempre, peronista, aunque eso pueda significar cosas distintas en distintos momentos de su vida. Por lo demás, ¿cuántas de las historias que cuenta son reales? Sabemos con seguridad que trató de cerca a Eva Perón, pero ¿será cierto que hizo lo propio con Sartre? ¿De verdad pasó 25 años de exilio parisiense, o más bien fueron apenas 12 meses? ¿Quién fue la Venturini? El título dice que no fue “esta”, y desde luego parece una afirmación plausible, puesto que no hay “esta” que sea del todo la Venturini.
Todo esto Viola lo trata con tanta pericia que no solo evita la caricatura (o la hagiografía), sino que cerramos el libro convencidos de conocer a Aurora Venturini, con urgencia por releer lo que ya conocemos y frustración por no poder acceder (todavía) ni a sus inéditos ni a sus trabajos peor editados. Lo segundo está en nuestras manos, y lo tercero, en las de sus editores. En cuanto a lo primero, tal vez sirva esta cita de Viola para hacerse una idea: “Con el resentimiento de los de abajo, pero mirándolo todo desde arriba”. O esta otra: “El original movimiento de la literatura de Venturini es que en ningún momento se propone ‘darles voz’ a los seres diferentes, sino ser ella misma, la que escribe, una más de ese montón. Y es un movimiento que no implica descender sino todo lo contrario. Habla con autoridad desde allí”.
Además, una obra que arranca diseccionando una deliberación apasionante (quién la vota, quién la hubiese excluido, quién transigió primero…) entre los miembros de un jurado bien curioso también acabará siendo, no por casualidad, una buena ventana con vistas a ciertos mecanismos del mundo literario e incluso, ya más de fondo, a los avatares del siglo XX argentino. Pero, en todo caso, ambas cosas son factores secundarios, incapaces de robarle el protagonismo a un ser humano fascinante, e intuimos que más libre de lo que cualquier insolencia suya podría resumir. Solo les pido esto, e insisto: crean en Liliana Viola cuando se encarga de alzar a Aurora Venturini por encima del personaje excéntrico, aunque nadie les pide que para ello dejen de reírse con cada una de sus salidas de tono.

Y es que Aurora Venturini, como ya permiten intuir sus libros, es el personaje perfecto, una máquina de acumular matices, aristas y energías cósmicas: lengua viperina o profesora amantísima, mentirosa sistemática o fabuladora bigger than life, enamorada contra toda convención o témpano sentimental, valiente o más bien escondida tras una roca, modernísima o todo lo contrario, lesbófoba o reivindicadora de la disidencia lésbica, bruja negra o bruja blanca, o tal vez ni bruja… Y siempre, siempre, peronista, aunque eso pueda significar cosas distintas en distintos momentos de su vida. Por lo demás, ¿cuántas de las historias que cuenta son reales? Sabemos con seguridad que trató de cerca a Eva Perón, pero ¿será cierto que hizo lo propio con Sartre? ¿De verdad pasó 25 años de exilio parisiense, o más bien fueron apenas 12 meses? ¿Quién fue la Venturini? El título dice que no fue “esta”, y desde luego parece una afirmación plausible, puesto que no hay “esta” que sea del todo la Venturini.
Todo esto Viola lo trata con tanta pericia que no solo evita la caricatura (o la hagiografía), sino que cerramos el libro convencidos de conocer a Aurora Venturini, con urgencia por releer lo que ya conocemos y frustración por no poder acceder (todavía) ni a sus inéditos ni a sus trabajos peor editados. Lo segundo está en nuestras manos, y lo tercero, en las de sus editores. En cuanto a lo primero, tal vez sirva esta cita de Viola para hacerse una idea: “Con el resentimiento de los de abajo, pero mirándolo todo desde arriba”. O esta otra: “El original movimiento de la literatura de Venturini es que en ningún momento se propone ‘darles voz’ a los seres diferentes, sino ser ella misma, la que escribe, una más de ese montón. Y es un movimiento que no implica descender sino todo lo contrario. Habla con autoridad desde allí”.
Además, una obra que arranca diseccionando una deliberación apasionante (quién la vota, quién la hubiese excluido, quién transigió primero…) entre los miembros de un jurado bien curioso también acabará siendo, no por casualidad, una buena ventana con vistas a ciertos mecanismos del mundo literario e incluso, ya más de fondo, a los avatares del siglo XX argentino. Pero, en todo caso, ambas cosas son factores secundarios, incapaces de robarle el protagonismo a un ser humano fascinante, e intuimos que más libre de lo que cualquier insolencia suya podría resumir. Solo les pido esto, e insisto: crean en Liliana Viola cuando se encarga de alzar a Aurora Venturini por encima del personaje excéntrico, aunque nadie les pide que para ello dejen de reírse con cada una de sus salidas de tono.
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