miércoles, 17 de diciembre de 2008

Silvia Tomasa Rivera / El sabor del miedo

Fotografía de Tom Hoops
Silvia Tomasa Rivera
EL SABOR DEL MIEDO

Porque traigo 
            en el pecho
amor del bueno, 
me muevo por donde 
                       va la noche.

Camino sin temor 
sobre piedras calizas 
que arden a la luz de la luna. 
Voy decidido rumbo 
           a la última choza 
de la serranía. 
Allá vive mi amada.
 
Esta tarde,  
mientras bailaba con ella, 
en el frente del río, 
le pedí que fuera mi mujer. 
Ella dijo que sí, 
poniendo su mirada sobre 
                                 mi pecho, 
sin levantar la vista. 

Ahora me espera su familia 
hasta el amanecer, 
con venado y tesgüino; 
y a mí me sobra fuerza 
para echarme en la espalda 
una manada de jabalíes 
hasta su puerta.

Este es amor del bueno, 
no hay nadie que se oponga. 

Ella es mujer, yo soy hombre 
y ya bailamos juntos el Yumari 
en el frente del río. 

II 

Plena de humedad 
la noche 
se apodera del campo. 

Mientras yo camino 
con una lámpara 
en la frente 
opacando la luz 
de cada estrella. 

He renunciado por amor 
al vuelo, 
ahora mis alas 
penden de tu corazón. 
Ahí palpitan. 


III 

Dormí, 
sin darme cuenta, 
junto a la madriguera 
de una serpiente. 

Desperté cuando salió 
del nido y la sentí 
deslizarse sobre 
                    mi cuerpo. 
A la velocidad del instinto, 
acaricié en el aire 
su lomo caliente.    

Ella me atravesó 
como a un tronco seco 
                  y se alejó voraz 
entre los matorrales.

Aún siento su calor 
en mis manos 
como el de una mujer 
              desnuda 
en el frío de la noche. 

IV 

Un viento fuerte, 
un ventarrón de altura 
no permite 
que llegue hasta tu casa. 

Al viento en contra mía, 
voy a cortarlo 
con una cruz de humo, 
con el puro machete 
si es preciso. 

Voy a desviar su ruta 
con el poder que tengo 
y mi palabra 
de hombre de la tierra. 

Desde este instante 
todo propósito del mal 
queda sellado. 

El viento desciende 
       vertiginosamente; 
para el amanecer 
habrá perdido fuerza 
y no podrá tumbar 
a las mujeres 
que recogen el trigo 
en la planicie.



Cuando caí 
                en el agua 
tuve una visión 
que no puede ser cierta. 

Tú me esperabas 
con el sabor del miedo, 
pero algo me dice 
que estás destinada 
a otro. 

Otro te poseerá 
frente a la hornilla 
caliente de su choza. 

Mientras yo, acaricio 
el mango del machete 
y abandono el venado 
a los pies de tus padres. 

VI 

Entre gritos 
y aullidos de coyote 
se anuncia mi llegada. 
Presiento que van a matarme. 

No hay lucero ni estrellas 
en el cielo. 
Sólo el relámpago 
y el trueno 
mantienen las miradas 
al acecho. 

VII 

ólo un rayo de luna 
ilumina el sendero 
que en este momento 
se bifurca. 

Y yo, parado en esta 
horqueta de la tierra 
no sé por cuál decidirme. 

Uno me lleva al corazón 
de mi amada, 
otro, a la carrera veloz 
que empieza con el alba. 
¿Cuál será mi destino 
si llego vivo hasta el 
                         amanecer? 

El amor o el vuelo. 
¿Cuál será la carrera 
que le gane a la muerte?
         
VIII 

En el camino trillado 
está la verdad, 
          en cada estrella 
que observo 
          desde mi resguardo, 
tumbado sobre la malva fresca. 

Estoy hasta el tope 
en la profundidad de la noche. 
Mi simiente de hombre 
no corre peligro. 

Vine aquí porque el sitio 
                                 es seguro. 
Ni los perros de presa 
habrán de olfatearme. 
Simulacro de muerte 
ejerzo yo. 

Si me alcanza la ley, 
                         caigo rendido 
ante el colmillo de la serpiente.





Lea, además
BIOGRAFÍA DE SILVIA TOMASA RIVERA






martes, 16 de diciembre de 2008

Cristina Peri Rossi / Los hijos de Babel


Katrina Wagner Grekof 

Cristina Peri Rossi
LOS HIJOS DE BABEL

Dios está dormido
y en sueños balbucea.
Somos las palabras de ese Dios
confuso
que en eterna soledad
habla para sí mismo.





Carlos Ruiz Zafón pone en escena su nueva novela con un gran 'show'

Carlos Ruiz Zafón, entrevistado por Olga Viza durante la presentación de su novela 'El juego del ángel', en el Liceo de Barcelona en 2008. En 1992, tras dejar su empleo, comenzó a escribir la primera novela, 'El príncipe de la niebla' (1993), que obtuvo el Premio Edebé de Literatura Juvenil, cuya dotación utilizó para irse a Los Ángeles, en California (Estados Unidos), donde residía desde 1994 con su familia.
Carlos Ruiz Zafón, entrevistado por Olga Viza durante la presentación de su novela 'El juego del ángel', en el Liceo de Barcelona en 2008. En 1992, tras dejar su empleo, comenzó a escribir la primera novela, 'El príncipe de la niebla' (1993), que obtuvo el Premio Edebé de Literatura Juvenil, cuya dotación utilizó para irse a Los Ángeles, en California (Estados Unidos), donde residía desde 1994 con su familia.
Foto de Carles Ribas

Carlos Ruiz Zafón pone en escena su nueva novela con un gran 'show'

'El juego del ángel' llega a las librerías con una tirada de un millón de unidades



Carlos Geli
Barcelona, 16 de abril de 2008


El dragón (su fetiche) Carlos Ruiz Zafón empieza hoy a mover sus alas en las librerías con El juego del ángel (Planeta), su nueva novela tras el éxito internacional (10 millones de ejemplares en todo el mundo) de La sombra del viento. Y a tenor de la presentación mundial ayer en Barcelona (370 invitados, 150 periodistas, 15 cámaras de televisión, una cuarentena de azafatas...), el aleteo ya amenaza con convertirse en un huracán, acaparando las ventas de libros en España unos cuantos meses.

La puesta en escena de la salida de Zafón no fue muy distinta de la que hubiera podido protagonizar la première de la última película de Javier Bardem y debió estar por encima de la inauguración de la ópera Tannhauser que este mes se representa en el Liceo y cuyos carteles estaban semicubiertos por la portada del libro.



De esta guisa, hubo photocall (sesión fotográfica), trailer audiovisual con escenarios barceloneses de los años veinte y treinta donde transcurre la acción y hasta reagrupamiento en la entrada de rezagados a la rueda de prensa porque, como en las funciones del coliseo, había empezado y el espectáculo no podía pararse.


El show parecía pensado para los medios audiovisuales. Sobre el escenario y ante un telón de fondo que reproducía una abarrotadísima librería de honda perspectiva, 4.000 libros viejos (la mitad comprados a peso por Planeta), largas mesas, escaleras de caracol y viejas esculturas querían recrear el Cementerio de los Libros Olvidados, escenario que reaparece en la nueva novela. "Podría ser más o menos así", concedió el escritor, desde una butaca de lectura frente a la periodista Olga Viza.

Con aparente aplomo (tocó el piano para relajarse en el camerino antes de ir al escenario), Zafón -pulgar e índice sujetando cabeza y corazón encima del labio (defensa y distancia, según el lenguaje no verbal)-, fue respondiendo a Viza y con posterioridad a los periodistas. Éstos vieron en su mayoría el libro por vez primera en el acto (junto a un lujoso dosier de prensa, a manera de álbum antiguo), mientras que los que lo necesitaron antes debieron acordar confidencialidad.

El vértigo ante su propio fenómeno (un millón de ejemplares de primera edición de la nueva novela sólo en España, el doble del último Ken Follet, "y eso que las peticiones de libreros nos llevaban a 1.200.000 ejemplares", reconocía un directivo de Planeta) ha debido pasar factura al autor, parco y un poco distante. Así lo pareció cuando usó un símil para explicar que el nuevo libro no era precuela ni continuación de La sombra... "Será una tetralogía, sí, pero funcionarán como cuatro puertas distintas a un laberinto cuyo centro será el cementerio de libros", informó, tras aclarar: "Es tan difícil como explicar cómo funciona el motor de un Porsche: mejor ponga sólo la llave y verá cómo va". O al justificar su escasa y adusta presencia pública: "No quiero pasar por gracioso y decir bobadas". También admitió que había rechazado "bastantes ofertas" para llevar la obra al cine. "Conozco ese mundo y suele ser un salto al vacío".

En un ambiente más oscuro que la anterior, mezcla de "thriller, novela gótica, historia de amor y literatura fantástica", Zafón ha trazado la historia del joven escritor David Martín, que en el peor momento de su vida profesional recibe un misterioso encargo para escribir un libro único que le llevará a mil intrigas.

La novela, que llegará a Suramérica el día 24 y que el 29 de mayo saldrá en catalán, empieza: "Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia (...) Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma no tiene precio". Zafón abandonó el Liceo para comer con 70 libreros de toda España. Igual hay en ese inicio una inquietud autobiográfica.

EL PAÍS






DE OTROS MUNDOS

RIMBAUD


sábado, 6 de diciembre de 2008

James Salter / En escorzo


James Salter, en escorzo


Por Jorge Ordaz

Letras Libres, Septiembre 2003 


Hay cosas que parecen insignificantes en su momento y que luego resultan serlo. Hay otras cosas que son como una pistola en una mesilla de noche, no sólo serias sino inesperadamente fatales. En la vida uno se encuentra con ambos tipos de cosas; distinguirlas al principio no es fácil pero, con el tiempo, uno acaba aprendiendo. Esto podría estar pensando el joven cuya figura se recorta en la bahía de Manila un día de 1946. La capital filipina está arrasada, en ruinas, y en la superficie de las aguas del puerto, del color de la herrumbre, flotan aún mástiles y chimeneas de barcos hundidos. La desolación impone su vacío. Este joven pensativo se llama James Salter, tiene 21 años y es oficial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Todavía no sabe que algún día habrá de convertirse en escritor, pero lo intuye. Antes, sin embargo, habrá pasado por rutinas irrelevantes, misiones especiales y situaciones comprometidas. Habrá reído con sus amigos de escuadrón y llorado con ellos por el compañero desparecido. Se habrá emborrachado y sentido el zarpazo del miedo durante un vuelo nocturno en el norte de África. Habrá participado en la guerra de Corea. Allí conocerá la estimulación y el entumecimiento del combate; la soledad del piloto en la carlinga y el rostro insensible de la muerte. También el tedio y el horror. Luego, terminada la guerra, tendrá más destinos: Hawai, Alemania, Nueva Jersey; y un buen día de 1957 pedirá la baja y pasará a la vida civil en un giro incierto.

     En su fascinante libro de memorias Burning the Days (1997), Salter cuenta que, en cierta ocasión, durante una cena, una mujer le preguntó qué demonios había encontrado en la vida militar. No supo responderle; fue incapaz de sintetizar en unas pocas palabras todo lo que había visto y vivido en sus años de uniforme: el aprendizaje y la disciplina de West Point; los destinos lejanos de Oriente; la sacudida eléctrica al divisar en el aire un reactor mig-15; el idealismo; la camaradería; los grandes días de la juventud en que se negocian los sueños.

     Para entonces, sin embargo, el aguijón de la escritura ya había hecho su efecto. Un año antes de su retiro Salter había publicado su primera novela, The Hunters, en la que recrea experiencias de su vida militar. De la novela —publicada en España con el título de Pilotos de caza(El Aleph, 2003)— se hizo en 1958 una versión cinematográfica un tanto convencional pero no desdeñable, dirigida por Dick Powell e interpretada por Robert Mitchum y May Britt, que en España se tituló Entre dos pasiones. Curiosamente ni de la novela ni de la película habla Salter en su libro de memorias. De lo que sí nos habla es del ambiente del París de los años sesenta, donde vivió varios años antes de regresar definitivamente a su país; del círculo de expatriados americanos que allí tuvo ocasión de frecuentar —James Jones, William Styron, James Baldwin...— y de su afición al cine, que le llevó a escribir diversos guiones y a dirigir en 1969 una película, Three, basada en un relato de su mentor y amigo Irwin Shaw. La película, con Charlotte Rampling de principal protagonista, no pasó desapercibida en Cannes y obtuvo críticas halagüeñas en su estreno, pero no funcionó en taquilla.

     No todos los escritores pueden presumir de una vida llena de acción y emociones fuertes; pero pocos habrían sido capaces de sacar provecho de ella como lo ha sabido hacer James Salter, sin jactancia y con pasmosa eficacia. Novelas como Juego y distracción o Años luz y libros de relatos como Anochecer se nutren de jirones de recuerdos y se hallan poblados de personajes apenas entrevistos y con más zonas de sombra que destellos; tal vez porque, como dice el propio Salter, escribir de alguien con detalle es destruirlo, agotarlo.

     James Salter ha sido calificado por algunos críticos de "escritor de escritores", dudosa categoría que suele utilizarse para distinguir a aquellos autores por lo general poco conocidos del público y de escasas ventas, pero de gran prestigio entre sus colegas. No es de extrañar que quienes más elogios vierten hacia esta clase de escritores sean autores que gozan de asentada fama, sustanciosos ingresos y —nadie es perfecto— parco reconocimiento crítico. En el fondo, sin embargo, pocos de ellos intercambiarían sus respectivos estatus. Y hacen bien, porque cada escritor es como es y escribe lo que escribe, y cuando quiere aparentar lo que no es, o lo que no sabe, acaba en la mayoría de los casos en rotundo fracaso. A pesar de todo, la literatura necesita de ambas clases de cultivadores, porque la república de las letras es suficientemente amplia y acogedora como para que quepan en ella todos los tipos de escritura. No creo, sin embargo, que Salter deba de ser considerado un escritor de escritores. Cierto que su magistral prosa, nítida y certera como un escalpelo, es un ejemplo a tener en cuenta; aunque, como toda prosa con una personalidad muy definida, no admite imitaciones. En cualquier caso, su peculiar narrativa es lo bastante sugerente como para que pueda llegar y satisfacer a un gran público; o al menos esto sería lo deseable. ~









viernes, 5 de diciembre de 2008

James Salter / Todavía así

La bella que nos mira
Coney Island, NY, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas
James Salter
BIOGRAFÍA
TODAVÍA ASÍ
 Traducción de Eduardo Jordá

Por la Quinta Avenida, las luces traseras, todo oscuro,
la calle mojada resplandece,
la ciudad en la que siempre viví, el colegio
y todo lo demás: el amigo de pelo rizado
que me contó lo que había hecho con Faith
en el apartamento de los padres de la chica, en la calle 83,
era tan inocente, igual que tantas otras.
Pienso en las primeras veces, algunas tan cerca de aquí,
el primer pato asado en casa de Ethel Reiner,
en su comedor del tercer piso,
mi primera pelea frente al Ala Egipcia
con dos hermanos flacuchos,
mi primer curso fallido de francés, mi primera
aventura sexual en el Picadilly
ella fue lista y se casó con otro,
la chica del New Yorker que vino a tomar una copa
en Longchamps, el aire terso resbalaba por sus ventanas
como en el camarote de un barco, hacía frío,
el amanecer se acercaba,
toda la ciudad existía para tu felicidad, fajos de periódicos
cada mañana, almuerzos apresurados, salidas nocturnas,
gente nueva, películas, nos abrazábamos como borrachos
en el Metropolitan, torsos sonrosados, todo iba ajustándose
poco a poco a una estructura, el amor hermoso y sosegado,
el vestido ceñido que ella llevaba en la fiesta,
y luego más primeras veces: el apartamento cerca de Gracie Square,
un perro listo, el primer dinero de verdad
un cheque de quince mil dólares,
el primer hijo, una niña, los domingos por la mañana,
la ciudad en invierno, gris y plateada, las ventanas en silencio
a lo largo de Madison Avenue,
colores de Sonia Delaunay, los amigos ricos de los años sesenta
vistiéndose para la cena, gemelos de oro macizo,
las mujeres tendidas en el sofá, las risas, almuerzos en Brittany,
las comidas en el calor del verano, las imágenes brillantes de la tarde,
una mujer desnuda en las alturas del St. Regis, el otoño,
el mordisco helado de la ginebra,
salir con el cuello del abrigo subido, la bufanda,
“Así es como se lleva, querido, con la marca
por fuera, mira, así”,
la primera casa en el campo, la primera chica europea,
la primera gonorrea, los edificios
que iban convirtiéndose en escombros, los ladrones, el divorcio,
en los años sombríos que siguieron llegó el cuadragésimo año,
las primeras arrugas en la frente, los primeros errores,
en el bar una rubia pajiza, la voz perfecta,
tardes de Cole Porter, el crepúsculo que cae,
ropa limpia, recién bañados,
pruébalo todo una vez más, en Gallagher´s está
el fornido campeón sin heridas,
“Acércate y dile algo”,
susurraba ella, “¿Y qué le digo?”,
el rostro hermoso, con gafas,
“Dile que te suena de algo, cualquier cosa”,
mirándole la espalda cuando ella pasaba.
Oleadas de lo que entonces era nuevo,
la arrogante elegancia femenina,
boinas de cuero, chaquetas de color coñac,
al lado de aquel tipo la chica asombrosa,
el elegante jersey rojo, la gorra de paracaidista y
el pendiente en una aleta de la nariz,
bello como un hilo de oro.
Las puertas que se han cerrado, los amigos que han fallado,
La ciudad populosa y humeante,
el primer hastío, el primer desprecio por las alabanzas,
las calles con otro nombre, las promesas no cumplidas,
donde apenas reina la justicia y mucho menos la piedad…

Los coches pasan por la avenida, es tarde,
los rostros jóvenes entrevistos en una esquina,
las otras noches, los otros años bajo la lluvia,
viendo cómo desaparecen,
está oscuro en la proa, ya he cruzado
el meridiano. Ahora todo se ha acabado, todo empieza.





Vasili Grossman / Todo fluye / Anhelos de libertad




Vasili Grossman (1905-1964), en Svatovo en 1943.


Anhelos de libertad


Luis Fernando Moreno Claros
5 de diciembre de 2008

El escritor y periodista ruso Vasili Grossman (1905-1964), conocido en España por su extraordinaria novela Vida y destino -"la Guerra y paz del siglo XX" (Galaxia-Círculo)-, fue cronista de guerra en la batalla de Stalingrado y el primer periodista en informar al mundo de la existencia de los campos de exterminio alemanes. Las horribles experiencias de la II Guerra Mundial, el sufrimiento de combatientes y civiles así como los crímenes de Stalin abrieron los ojos a Grossman, que dejó de creer en los ideales comunistas y, en la medida de lo posible, se atrevió a criticar los absurdos de un régimen político cada vez más inhumano. Su actitud terminó por condenarlo al ostracismo, e incluso tras la muerte de Stalin, Jruschov prohibió la publicación de Vida y destino, que sólo aparecería en 1980 fuera de Rusia, gracias a que un amigo del autor sacó el manuscrito microfilmado.

El otro premio de Marsé


A los 87 años murió el escritor Juan Marsé: aquel muchacho que ...
Juan Marsé
El otro premio de Marsé

El último Cervantes recibe en Andorra el premio Carlemany


Andorra La Vella
5 de diciembre de 2008

No sólo es Cervantes Juan Marsé, también el Carlemany. Hoy recibe en Andorra este premio oficial del Principado, que se convoca por primera vez a nivel internacional, y que tienen con él el dramaturgo británico Declan Donnellan, el científico norteamericano John Craig Venter, y el obispo africano Desmond Tutu.

En esa compañía, el autor de Encerrados con un solo juguete revalida un premio, el Cervantes español, con el principal galardón andorrano, que con esa denominación tiene también un premio de novela, que este año ha ganado el autor catalán Antoni Pladevall, con su narración La papallona negra.

El jurado que decidió los premios internacionales está compuesto por Magda Marquet, bióloga andorrana afincada en San Diego (California), Michèle Gazier, traductora, escritora y crítica literaria francesa, Yves Michaud, filósofo francés, Riccardo Petrella, polítólogo belga, José Manuel Sánchez-Ron, científico y académico de la Lengua española, Efraín Cristal, norteamericano de origen peruano, catedrático de literatura comparada en la Universidad UCLA, de Los Ángeles, y Juli Minoves, ministro de Cultura del Principado.


A Marsé le otorgaron su premio por haber creado "un universo a veces minúsculo o gigante, identificable sobre un mapa y totalmente onírico, el de la Barcelona de posguerra, su ciudad de las cien caras"; Donnellan es un dramaturgo "que ha sabido reinterpretar y modernizar el legado cultural de los pueblos"; Craig Venter recibe el premio "por sus trabajos en el ámbito de la biología molecular, en particular por el desarrollo de nuevas técnicas de secuenciación de genomas, que culminó con éxito en 2001 con la secuenciación del genoma humano"; y Desmond Tutu fue seleccionado por el jurado, para el premio de Acción Humanitaria, por su larga lucha, durante décadas, contra todo tipo de injusticias.

Para Marsé, el último Cervantes, un hombre tímido que no asiste a saraos literarios, y que se lo piensa mil veces antes de ponerse una corbata, este premio, y la compañía en que lo recibe, es una satisfacción y un orgullo, decía antes de la entrega, este mediodía en el Principado.


Los premios Carlemany, dotados cada uno con 15.000 euros, tienen vocación de continuidad, y suponen un intento del Principado por ponerse en el mapa internacional de los galardones, como un foco que atraiga a Andorra a intelectuales, científicos y artistas de renombre internacional.

EL PAÍS




martes, 2 de diciembre de 2008

Klaus Kampert / Atrapada


Klaus Kampert
ATRAPADA









Catherine Walston / El amor más que poético de Graham Greene

Graham Greene and Catherine Walston


Catherine Walston, el amor más que poético de Graham Greene

La revelación de unos poemas inéditos ha confirmado que Catherine Walston, la esposa de una de las grandes fortunas de Inglaterra, fue el amor de la vida de Graham Greene.

2 de diciembre de 2008

La revelación de unos poemas inéditos del escritor británico Graham Greenehan confirmado que Catherine Walston, la esposa de una de las grandes fortunas de Inglaterra del siglo XX, fue no sólo su amante sino el gran amor de su vida. Según publica el rotativo The Sunday Telegraph, Greene (1904-1991) escribió para un reducido grupo de amigos dos poemarios titulados Después de dos años y Para Navidad, que incluyen varios poemas manuscritos en los que refleja su pasión por Walston.
En los escritos, el autor de El tercer hombre y El americano impasible contrasta la naturaleza pasional de su relación con lady Walston con la más estable que mantenía con su esposa Vivien, con quien se casó en 1927 y con quien tuvo dos hijos. Greene y Walston iniciaron su romance en 1947, cuando el escritor tenía 42 años y la dama de alta sociedad 30.
Se conocieron después de que Walston le escribiera una carta para explicarle que había decidido convertiste al catolicismo al leer sus novelas, aunque la relación tuvo muy poco de religioso y espiritual y mucho de pasional e intenso. Greene quedó atrapado por la belleza de su amante y por su disposición a experimentar sexualmente, tal y como reflejó en su novela El fin de la aventura, que ha dado lugar a dos películas, la última protagonizada por Ralph Fiennes y Julianne Moore.
El escritor tenía un apetito sexual voraz, sufría trastorno bipolar, estuvo al borde del suicidio en varias ocasiones, experimentó con las drogas y espió para el Servicio Secreto británico. Greene encontró su contrapunto en Walston, a la que le encantaba ir contracorriente y presumía de seducir a los curas católicos.
El profesor Neil Sinyard, jefe del Departamento de Estudios Cinematográficos de la Universidad de Hull (Inglaterra) y autor del libro Graham Greene: una vida literaria, destaca la importancia de estos poemas, que sólo ha leído hasta ahora un puñado de personas. "Creo que estos volúmenes van a causar un gran interés", afirmó Sinyard, que además subraya que "ha habido siempre un intenso debate acerca de la importancia de Walston en la vida de Greene".
"Ella es claramente la inspiración para El fin de la aventura, pero ¿fue ella el amor de su vida? estos poemas desde luego parecen sugerir que fue una relación muy apasionada e intensa", añade el profesor. Sinyard recuerda que Greene "pasó los últimos 30 años de su vida con Yvone Cloetta” ella era una francesa a la que conoció en 1961 y con quien se mudó a vivir a Antibes, donde murió. El autor considera que "los poemas sugieren también que encontró en esta mujer la estabilidad que nunca logró en su relación con Catherine".
La devoción de Greene por Walston, según sus biógrafos, terminó por cansar a la aristócrata, quien siempre rechazó la idea de divorciarse de su marido y acabó por romper la relación. Green combatió la pena en Vietnam, donde gestó El americano impasible y donde, según confesó él mismo, se hizo adicto al opio.
Lady Walston murió en 1978 y a decir de los biógrafos de Greene fue un duro golpe para el escritor, quien recibió poco después una extraordinaria carta del marido de su amante. Harry Walston le decía a Greene: "no debes tener remordimientos. Le diste a Catherine algo que nadie más podía haberle dado, se transformó en un ser humano mucho más sensible.