lunes, 13 de noviembre de 2017

Hilary Mantel / "Thatcher fue una fuerza destructiva y su legado sigue vivo"

Hilary Mantel
 Ilustración de Louise Weir


Hilary Mantel: “Thatcher fue una fuerza destructiva y su legado sigue vivo”




La escritora británica mira hacia los años 70, con un viaje a la Inglaterra 'prethatcheriana' en su novela 'Experimento de amor'
CARLOS FRESNEDA

ACTUALIZADO 26/01/201604:01
Tener buenas críticas y millones de lectores es una carambola que pocos escritores alcanzan en vida. Volver a ganar el Booker con dos libros de la misma trilogía (En la corte del lobo y Una reina en el estrado) es algo insólito. A sus 63 años, a punto de cerrar su particular visión de la época de los Tudor, Hilary Mantel mira hacia atrás, hacia los años 70, con Experimento de amor (Destino), un viaje a la Inglaterra prethatcheriana que se publica por fin en España.


Usted publicó Experimento de amor cuando tenía excelentes críticas pero muy pocos lectores. ¿Qué queda de aquella escritora anónima de hace 20 años?
Aquella escritora es básicamente la misma, con nuevas inquietudes y más experiencia. Hubo un momento, es cierto, en que estaba resignada de tener buenas críticas y poco lectores. Creí que era el destino reservado para los autores literarios, a diferencia de los que escriben con la pretensión de llegar a las masas.

¿Y encontró la fórmula mágica en la novela histórica?
No precisamente. Mi primera novela, La sombra de la guillotina, fue la quinta en publicarse, un pinchazo en toda regla. Me sirvió para descubrir que a los británicos les importa un pimiento la Revolución Francesa.

Entonces, ¿cuál fue el secreto de su éxito? 
Si tengo que ser honesta, creo que el acierto fue a la hora de elegir el tema. Los Tudor y Enrique VIII siguen ejerciendo una perversa fascinación no sólo en los británicos, sino en todo el mundo. La novedad de En la corte del lobo estuvo en todo caso en la mirada de Thomas Cromwell, que no era un personaje suficientemente conocido y que me ha permitido recrear aquella época desde otro ángulo.
¿Cómo va por cierto la tercera y última entrega de la trilogía?
Avanza a su ritmo, que siempre es lento en el caso de las novelas históricas. Yo no escribo además de un modo cronológico, sino más bien acumulativo. Creo que le queda un año más o menos. No quiero forzar el resultado ni defraudar las expectativas.

¿Hay vida después de Thomas Cromwell? ¿Margaret Thatcher está tal vez ocupando de antemano el vacío?
Espero que haya vida, sí, aunque su sombra me persigue. Tengo muchos proyectos en mente, sobre todo en teatro, y algunos le incluyen también a Cromwell. Margaret Thatcher no podrá ocupar nunca su lugar. Como política, sigo viendo a Thatcher como una fuerza tremendamente destructiva en este país, y su legado sigue vivo. Ahora bien, como personaje me parece fascinante. Pero necesitamos que pase más tiempo y podamos verla desde la distancia. De momento, Thatcher es carne de biógrafos y periodistas.

Pero usted se atrevió con El asesinato de Margaret Thatcher, y la reacción política fue de órdago.
Era de esperar. Aunque lo más hiriente fue ver a viejos políticos conservadores criticándome sin haberlo leído y diciendo: "Con ese título ya tengo suficiente"... Ese relato tardó por cierto más de 30 años en fraguar, desde que coincidí con ella en un hospital cuando fue a operarse de la vista. Tuve que esperar a que muriera para poder escribirlo.
En Experimento de amor, que discurre en los años 70, hay ya una primera aparición de Thatcher...
Sí, cuando era ministra de Educación y visitó una residencia de estudiantes. Otro encuentro premonitorio.

¿Qué hay de usted en esa niña, Carmel, que rompe las barreras de clases?
Su familia es distinta y su ciudad también. Nuestras experiencias son muy similares: las primeras en nuestras familias que lograban acabar también con la discriminación femenina y llegar a la Universidad.

¿Cómo sería Carmel en la era de Cameron?
Creo que nuestro país es el más clasista de Europa. El thatcherismo sigue vivo en todo lo que estamos viendo estos años. La austeridad no es más que la excusa: detrás de todo esto hay una ideología que pretende desmantelar la noción de Estado que teníamos en el siglo XX. Puede que las mujeres lo tengan más fácil, pero la discriminación hacia los jóvenes es tremenda. No tienen la facilidad que teníamos en nuestra época; ahora salen de la universidad con el peso de una deuda que arrastrarán durante años... si son capaces de encontrar trabajo.

¿Hay tensión entre la Hilary Mantel novelista contemporánea y la novelista histórica?
 En absoluto. Son la misma escritora. La única diferencia es que la novela histórica lleva más tiempo. Tampoco tengo que cambiar de registro: cada libro tiene su propio estilo.

¿Es cierto que le tienta cada vez más el teatro? Háblenos de su devoción por Shakespeare.
 Empecé a leerlo a los diez años, y siempre ha estado ahí, trasmitiéndome esa pasión que ahora he podido desarrollar con las adaptaciones teatrales de mis novelas. Pero lo que hacía Shakespeare es distinto. En su época, la historia y el mito se daban la mano en una misma cosas. Digamos que Shakespeare no hacía distinciones entre una historia real y una buena historia. Yo necesito investigar cómo eran realmente mis personajes antes de ponerme a jugar al ajedrez con ellos.

EL MUNDO




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