Bruno Vellas, geriatra: “Una persona de 70 años ya tiene una capacidad intrínseca comparable a la que presentaba alguien de 60 hace 20 años”Bruno Vellas, geriatra: “Una persona de 70 años ya tiene una capacidad intrínseca comparable a la que presentaba alguien de 60 hace 20 años”
El geriatra francés, referente mundial en longevidad saludable, apuesta por medir la edad biológica y la capacidad funcional desde los 50 años para retrasar el deterioro asociado al envejecimiento y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas
Mónica M. Bernardo
Vivimos más que nunca, pero la gran pregunta ya no es cuántos años alcanzaremos, sino cómo llegaremos a ellos. Ese es el cambio de paradigma que lleva décadas defendiendo Bruno Vellas, geriatra, profesor de Medicina y fundador del IHU HealthAge de Toulouse, uno de los principales centros europeos dedicados a la investigación sobre envejecimiento saludable. Su trabajo ha contribuido a situar conceptos como la fragilidad, la capacidad funcional o la edad biológica en el centro del debate científico y sanitario, con el objetivo de prevenir la dependencia en lugar de limitarse a tratarla cuando ya ha aparecido.
En un momento en el que la medicina de la longevidad gana protagonismo y disciplinas como la inteligencia artificial, los biomarcadores o la gerociencia prometen transformar la prevención de las enfermedades relacionadas con la edad, Vellas reclama combinar innovación con evidencia científica. Su propuesta pasa por evaluar de forma precoz la capacidad funcional de las personas, intervenir antes de que aparezcan los primeros signos de deterioro y replantear la organización de los sistemas sanitarios para responder a una población cada vez más envejecida.
El especialista participó recientemente en el BCNPit de Barcelona, uno de los encuentros internacionales de referencia en investigación sobre salud cerebral y enfermedad de Alzheimer, donde abordó la estrecha relación entre el envejecimiento saludable y la salud cognitiva.
Cuando comenzó su carrera, el envejecimiento se consideraba casi una consecuencia inevitable del paso del tiempo. ¿Qué ha cambiado en la forma de entender el envejecimiento saludable en estas cuatro décadas?
El cambio más importante ha sido pasar de una medicina centrada en tratar enfermedades, que con frecuencia acaba generando dependencia en las personas mayores, a una medicina orientada a preservar las capacidades. Para la Organización Mundial de la Salud, envejecer de forma saludable significa mantener nuestras capacidades para poder seguir haciendo aquello que más valoramos en la vida. Eso implica que la medicina debe centrarse en conservar funciones esenciales como la visión, la audición, la movilidad, la memoria, el bienestar psicológico o la vitalidad, desde un enfoque integrado. Ese es precisamente el enfoque del programa ICOPE impulsado por la OMS.
Cada vez se habla más de medicina de la longevidad. ¿Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva especialidad médica?
Creo que la longevidad saludable acabará convirtiéndose en una nueva especialidad médica, del mismo modo que ha ocurrido con la obesidad. Sin embargo, es fundamental que se desarrolle dentro de un marco académico y científico, y no únicamente comercial. Existe un enorme interés por todo lo relacionado con la longevidad, pero necesitamos construir esta disciplina sobre la evidencia. De hecho, a principios de 2026 publicamos un informe de recomendaciones de la Academia Nacional de Medicina de Francia para sentar las bases científicas de este nuevo campo.
Hoy sabemos que aproximadamente un tercio de nuestra vida transcurre después de los 60 años. En el IHU HealthAge de Toulouse trabajamos para que esta etapa se viva con buena salud, preservando las funciones que nos permiten seguir haciendo aquello que consideramos importante. Una de las mejores formas de medir ese envejecimiento es la capacidad intrínseca que reúne el conjunto de nuestras funciones físicas y mentales. Ya estamos observando avances muy significativos: actualmente, una persona de 70 años presenta una capacidad intrínseca comparable a la que tenía alguien de 60 hace apenas dos décadas. Nuestro objetivo es seguir desplazando ese límite; y si dentro de diez años conseguimos que una persona de 80 años conserve una capacidad funcional similar a la que tenía alguien de 60 hace unos años, habremos logrado un cambio extraordinario.
Usted ha sido uno de los principales impulsores del estudio de la fragilidad. ¿Por qué sigue siendo una de las condiciones más infradiagnosticadas y, al mismo tiempo, una de las más determinantes para el futuro de los sistemas sanitarios?
Porque la fragilidad es el paso previo a la dependencia y, lo más importante, todavía podemos prevenirla. Tradicionalmente, identificábamos a las personas cuando ya tenían más de 80 años y acumulaban múltiples problemas de salud, una fase en la que resulta mucho más difícil intervenir. Para cambiar esta situación, hemos desarrollado, junto con la Organización Mundial de la Salud, el programa ICOPE, que propone empezar a evaluar la función de las personas a partir de los 50 años y monitorizar su evolución mediante herramientas digitales como el ICOPE Monitor para actuar antes de que aparezca la fragilidad. Actualmente, en Francia, seguimos a unas 150.000 personas mayores mediante este programa, lo que nos permite detectar de forma precoz la pérdida de capacidad funcional y actuar antes de que aparezca la dependencia.
Cuando seamos capaces de medir correctamente la edad biológica, comprenderemos mucho mejor por qué aparecen las enfermedades relacionadas con el envejecimiento
La gerociencia plantea que, actuando sobre los mecanismos biológicos del envejecimiento, podríamos retrasar varias enfermedades al mismo tiempo. ¿Hasta qué punto estamos cerca de conseguirlo?
Cada vez estamos más cerca. El primer paso consiste en medir con precisión la edad biológica y ya disponemos de algunos biomarcadores prometedores, aunque todavía necesitamos muchos más antes de incorporarlos a la práctica clínica. Los avances en las tecnologías ómicas, que permiten analizar simultáneamente un gran número de proteínas y otros marcadores biológicos, junto con la bioinformática y la inteligencia artificial, impulsarán avances decisivos en los próximos años. Cuando seamos capaces de medir correctamente la edad biológica, comprenderemos mucho mejor por qué aparecen las enfermedades relacionadas con el envejecimiento, lo que abrirá la puerta a nuevas estrategias y tratamientos para prevenirlas o incluso tratarlas.
Buena parte de su carrera se ha centrado en el estudio del envejecimiento cerebral. ¿Qué hemos aprendido sobre la relación entre envejecimiento biológico y deterioro cognitivo?
Que la edad biológica es, con diferencia, el principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Hoy sabemos que procesos como la inflamación asociada al envejecimiento —el denominado inflammaging—, la alteración de la función mitocondrial o la acumulación de células senescentes representan posibles dianas terapéuticas. Comprender mejor estos mecanismos será fundamental para desarrollar estrategias eficaces de prevención y tratamiento.
En el BCNPit de Barcelona se habló ampliamente de biomarcadores e inteligencia artificial. ¿Qué innovaciones cree que tendrán un mayor impacto en la práctica clínica?
Ya disponemos de biomarcadores plasmáticos muy prometedores para las enfermedades neurodegenerativas. Ahora, el siguiente paso es comprender mejor cómo influye el envejecimiento en la aparición de esos biomarcadores y cuál es el papel que desempeñan factores como el estilo de vida. Ese es precisamente uno de los objetivos del programa INSPIRE que desarrollamos en el IHU HealthAge. También esperamos colaborar con varios de los grupos de investigación de Barcelona que trabajan en este ámbito.
Si una persona de 50 o 60 años le preguntara qué puede hacer hoy para llegar a los 85 o 90 años manteniendo su autonomía física y mental, ¿qué le respondería?
Le recomendaría seguir el programa ICOPE de la Organización Mundial de la Salud, un modelo basado en la evidencia científica cuyo objetivo es preservar la capacidad funcional a lo largo del envejecimiento mediante un seguimiento continuado de las principales funciones físicas y cognitivas. Sabemos que actuar precozmente es mucho más eficaz que esperar a que aparezcan la fragilidad o la dependencia.
Actuar precozmente es mucho más eficaz que esperar a que aparezcan la fragilidad o la dependencia
España y Francia son dos de las sociedades más envejecidas del mundo. ¿Cree que nuestros sistemas sanitarios están preparados para preservar la capacidad funcional o siguen centrados únicamente en tratar enfermedades?
Sinceramente, todavía no, y este cambio debe abordarse cuando antes.
¿Existe el riesgo de que los avances en longevidad saludable beneficien principalmente a quienes cuentan con más recursos económicos y educativos?
Si somos capaces de lograr una longevidad saludable y prevenir la dependencia, algo que considero factible, millones de personas mayores podrán seguir participando activamente en la sociedad, ya sea como consumidores o incluso prolongando su vida laboral si así lo desean. Ese cambio no solo tendría un enorme impacto en la calidad de vida de las personas, sino también en el crecimiento económico y la sostenibilidad de unas sociedades cada vez más envejecidas, ya que la longevidad saludable no debe entenderse únicamente como un beneficio individual, sino como una oportunidad para toda la sociedad.
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