lunes, 31 de agosto de 2026

Guillermo Arriaga / 'Me sacaron de la escuela porque reprobé once de doce materias, entre ellas Conducta. Cosa de mi déficit de atención'






Arriaga (México, 1958) ganó el Premio Alfaguara de Novela 2020. Foto de MAURICIO MORENO.


Guillermo Arriaga: 'Me sacaron de la escuela porque reprobé once de doce materias, entre ellas Conducta. Cosa de mi déficit de atención'

El escritor mexicano es una de las estrellas del festival Oiga, Mire, Lea, de Cali. El evento, por cuenta del terremoto, se aplazó para noviembre.

Winston Manrique Sandoval
29 de agosto de 2026

El autor de El salvaje es uno de los grandes personajes que estará en Cali en el festival literario Oiga, Mire, Lea; el evento se aplazó por cuenta del terremoto que dejó de luto a todo el país. Este es un abrebocas de LECTURAS DOMINICALES con una de las voces esenciales de un encuentro que hará que las letras también ayuden a reconstruir una de las ciudades más vivas del planeta.


12, 14, 23, 28, 42, 49, 58, 67…
No son terminaciones de un número de lotería ni una nueva versión de Lost. Son los años que tenía Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958) cuando su futuro se encarriló, sin que él lo supiera, o cuando alguna de las piezas de su vida creativa empezó a encontrar su lugar. Una vida que se puede recorrer a través de novelas, cuentos, guiones de películas y experiencias que terminaron alimentando su obra.
Con once años lo expulsaron de la escuela primaria porque perdió once de doce materias. Al año siguiente, con doce, ya tenía buena parte de las bases y experiencias para convertirse en uno de los contadores de historias más interesantes de la literatura y el cine contemporáneos, un creador que reclama la participación activa y simultánea del lector y del espectador.
Sus obras son el resultado de una persona que, desde los catorce años, supo que quería contar lo que ya había vivido y sentido en una casa donde se amaba la cultura y en un barrio donde la vida avanzaba a trompicones, entre sus múltiples violencias.

Y, sobre todo, convirtió una supuesta desventaja, su déficit de atención, que estuvo detrás de aquella debacle de asignaturas perdidas, en una virtud, en un sello de identidad: sus historias no se desarrollan de manera lineal, sino que se acercan más a una estructura cerebral, en la que las cosas no siempre tienen un orden y, en cambio, suceden de manera simultánea, creando un rompecabezas que el lector o el espectador va armando mientras se relatan los hechos hasta que, al final, todo encaja.
Su vida personal, también, va un poco a contracorriente de la mayoría:
Guillermo Arriaga se acuesta a dormir hacia las cinco de la mañana y se levanta como a las diez. Cinco horas de sueño son suficientes. Después vienen diecinueve horas de acción, cotidianidad y creación, buena parte de ellas dedicadas a la escritura, pensando o escribiendo.
“Fíjate que me hice adicto a la escritura. Ahorita no, ahorita estoy en periodo de promover El hombre, mi nueva novela.
“Voy a Bolivia para celebrar el aniversario de la cineteca de La Paz y presento mi novela en la Feria del Libro de La Paz. La gente de Bolivia es encantadora. Luego voy a Costa Rica, a Panamá, a Bucaramanga, a Santo Domingo y a Quito”. Es uno de los protagonistas de la duodécima edición del Festival Internacional de Literatura Oiga, Mire, Lea, prevista del 2 al 6 de septiembre de 2026 y que el terremoto ha desplazado a noviembre.
Será su segunda vez en Cali.
“Allí tuve una de las experiencias más bonitas con este festival. Es un público muy cálido que me trató espectacularmente. ¿Bailar salsa en Cali? Sería ridículo que un mexicano siquiera intentara competir con un caleño. Yo no bailo, y ahora con los problemas de oído ya no voy a lugares donde la música esté muy alta”.
Lo cuenta en esta videoentrevista cuando, en su casa de Ciudad de México, son las once de la noche y se muestra con la vitalidad de las once de la mañana. 
Traducido a una veintena de idiomas, ahora prepara el regreso a la dirección con la adaptación de su novela Escuadrón Guillotina, mientras sirve de asesor para la miniserie Amores perros, la película de la que fue guionista y que lo dio a conocer a nivel mundial.
Guillermo Arriaga se dio a conocer hace treinta y cinco años con su primera novela y hace diez publicó una de las obras que mejor resume su mundo, El salvaje. En ella transfiguró gran parte de lo vivido en su adolescencia y juventud con el vigor que caracteriza su obra.
Ese universo trepidante desde el que observa la condición humana lo traslada a sus escritos. Medio mundo lo supo en el año 2000 con Amores perros. Veintiséis años después ayuda a convertir la película en una serie. Una segunda vida para una historia que llegará a nuevas generaciones.“No puedo hablar mucho del proyecto. Estoy sugiriendo escritores y algunas ideas, pero, al fin y al cabo, es el grupo creativo que se está armando el que va a tomar las decisiones.
“Me hacen el favor de consultarme y yo les doy mi retroalimentación. No podemos competir con la película, no queremos competir con la película, no queremos reproducir la película. Es otro formato y estamos explorando el mundo de Perro negro, perro blanco, que así se llama”.
Al mismo tiempo, otro proyecto creativo parece entusiasmarlo más: volver a la dirección con un largometraje, casi dos décadas después:“Voy a volver a dirigir un largometraje sin la menor duda. Cuando yo hice The Burning Plain (2008) llegaba al set con una felicidad que no te puedes imaginar. Decía: ‘No puede ser que esté aquí en este momento’. Son de los momentos más alegres, más satisfactorios, más emocionantes de mi vida. Llegar a las 4:30 de la mañana, me están poniendo las luces, todo ese mundo, uf, es una adrenalina inmensa.
“Es una experiencia de verdad con emociones muy bonitas. No tienes idea de lo privilegiado que me siento. Trabajar, por ejemplo, con alguien como Robert Elswit, el fotógrafo legendario, dirigiendo a José María Yazpik, Charlize Theron, Kim Basinger, Jennifer Lawrence, Joaquim de Almeida, Reda Kateb, con un editor armándote la película mientras la estás filmando como Craig Wood, que hizo Piratas del Caribe, sabiendo que la música la van a hacer Omar Rodríguez y Hans Zimmer.
“La película que espero rodar es Escuadrón Guillotina, una versión de mi primera novela. La tiene una productora española consiguiendo el financiamiento. Escribí la adaptación y se las mandé. Les gustó mucho. Estoy ahí listo para cuando deba empezar”.
Hay un hecho en el que convergen lo profesional, lo personal y lo soñado y que parece hacerlo especialmente feliz: el desempeño de sus hijos Santiago y Mariana en el mismo ámbito creativo:“No puedo estar más que orgulloso de mis hijos. Son infinitamente más talentosos que yo. Tienen una conexión con la imagen que me rebasa por mucho: una sensibilidad muy poderosa, un sentido de la fotografía del que yo carezco. Son fotógrafos y embajadores de Leica en América Latina. Tienen un gran sentido visual, tienen mucho sentido del actor, tienen mucho sentido de los pequeños detalles. Son muy buenos directores”. 
WINSTON MANRIQUE SABOGAL
LECTURAS DOMINICALES

EL TIEMPO

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