30 años de impunidad
Delito que queda impune se repite: como a Samper, a Petro lo ayudaron a elegir los narcodineros.
Mauricio Vargas
29 de agosto de 2026
Hace más de tres décadas, en junio de 1996, la Cámara de Representantes decidió, por 111 votos contra 43, que no había méritos para que el presidente Ernesto Samper fuera juzgado por el Senado, por la llegada a su campaña electoral de 1994 de 6 millones de dólares procedentes del cartel de Cali, el mayor exportador de cocaína de la época tras la desaparición del grupo de su sanguinario competidor de Medellín, Pablo Escobar, dado de baja en los tejados de uno de sus refugios en la capital antioqueña, en diciembre de 1993.
Aunque la Justicia demostró que esos dineros mafiosos aterrizaron en la campaña y condenó a varios directivos, entre ellos el tesorero Santiago Medina; el gerente de la campaña, Fernando Botero Zea, y decenas de congresistas y cómplices, el principal beneficiario de esa operación criminal —Samper mismo, quien llegó al poder gracias al empujón de los capos de Cali— no recibió castigo. Al menos no de parte de su juez natural, el Congreso, pues, en cuanto a la opinión pública, encuestas de la época demostraron que dos tercios de los colombianos sí lo condenaron. Él siempre alegó que todo había sido “a sus espaldas”. Tres décadas después, su nombre sigue asociado al escándalo.
Escribo de este tema, que no es actual, pero sigue vigente, porque rememorar los 30 años de la votación en la Cámara resultó imposible en medio de la reñida campaña electoral de 2026, que consagró como nuevo presidente a Abelardo De La Espriella. Pero nunca es tarde para recordar. Aquellos que deseen evocar cómo fue el destape del mayor escándalo de corrupción política de la historia del país, o quienes no habían nacido o estaban muy pequeños entonces, encontrarán esta semana una doble oportunidad de acceder a los secretos del caso.
La plataforma HBO Max lanza este jueves la serie ‘El 8.000, el Presidente que se iba a caer’, basada en un libro que Jorge Lesmes, entonces jefe de Redacción de ‘Semana’; Édgar Téllez, jefe de investigaciones, y yo, como director de la revista, escribimos hace 30 años exactos. La obra, titulada ‘El Presidente que se iba a caer’, vendió más de 90.000 ejemplares, todo un récord para un texto periodístico. Gracias a la iniciativa de Intermedio Editores, propiedad de EL TIEMPO, una reedición de ese volumen saldrá esta semana a las librerías.
Tanto la reedición del libro como la serie de HBO, realizada por la productora colombiana Quinto Color, pretenden mucho más que un recorderis histórico. Permiten revivir cómo fue el destape, paso a paso y de modo casi detectivesco, del escándalo llamado proceso 8.000, el número con el que fue radicado en la Fiscalía cuando aparecieron los primeros indicios.
Como lo recuerdo en el prólogo que escribí para esta reedición, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela confirmaron la financiación acordada con la campaña —que había quedado en evidencia en los famosos ‘narcocasetes’— cuando, años más tarde, dirigieron una carta al entonces presidente Andrés Pastrana. En ella escribieron: “... en algún momento de nuestras vidas cometimos el error de contribuirles al señor doctor Ernesto Samper Pizano y a sus más inmediatos colaboradores con el dinero para su campaña presidencial”. Y sentenciaron: “No fue a sus espaldas ni mucho menos a espaldas de los directivos de la campaña...”.
Tanto la reedición del libro como la serie de HBO pretenden mucho más que un recorderis histórico. Permiten revivir cómo fue el destape, paso a paso y de modo casi detectivesco, del escándalo llamado proceso 8.000
¿Qué costo pagó el país por la impunidad que cobijó a quien ganó la presidencia gracias al enorme flujo de narcodólares de los capos de Cali? Delito que queda impune se repite: una operación criminal de corte parecido ayudó en 2022 a Gustavo Petro a llegar a la Presidencia. El infame Pacto de La Picota, negociado en tiempos de la campaña, fue base de la oprobiosa política de Paz Total que ató las manos a la Fuerza Pública para que no persiguiese a las bandas criminales que ayudaron, con dinero y reclutamiento de votantes, a la elección de Petro. Con razón Samper y Petro son ahora tan amigos. Dios los cría y ellos se juntan.
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