domingo, 31 de mayo de 2026

Mauricio Vargas / Un tsunami de votos


Un cartel del candidato presidencial Abelardo de la Espriella en Cali. Fotografía: Santiago Saldarriaga

Un tsunami de votos

Cepeda significa el fin de la democracia, y De la Espriella es el único en capacidad de derrotarlo.

Mauricio Vargas
30 de mayo de 2026

Hoy votaré en la decimosegunda elección presidencial de mi vida. Nunca —lo digo sin un ápice de exageración— había sentido que la responsabilidad fuera tan grande. No escogemos un presidente entre varios candidatos que compartan los principios democráticos. En esta contienda, una de las dos opciones más fuertes es representada por un marxista-leninista convencido, Iván Cepeda, un comunista que no cree en la democracia liberal, ni en la multiplicidad de partidos e ideas ni en las sagradas libertades que de ese sistema se derivan.

Cepeda tiene como modelos a la Cuba de los Castro y a la Venezuela de sus amigos Hugo Chávez y Nicolás Maduro, con su secuela de miseria y represión, y con su casta privilegiada de jerarcas bandidos que someten al pueblo al destruir no solo la democracia sino la economía, al empobrecer a la gente para hacerla dependiente de un Estado que les regala miserables migajas, mientras los burócratas de la cúpula amasan sus fortunas en paraísos fiscales.
Hace cuatro años, Gustavo Petro se disfrazó de centroizquierdista moderado con la ayuda de muchos ingenuos. Por fortuna, las instituciones resistieron: Petro no consiguió meterle mano a la Constitución para instalar el modelo castrochavista. Pero cuatro años más en esa línea serían fatales, con un hombre menos disoluto y parrandero en la Casa de Nariño, empeñado en desmontar la democracia, y en capacidad de designar magistrados de la Corte Constitucional y directores del Banco de la República, y de apropiarse de los restos de los viejos partidos políticos en el Congreso.
Hace dos meses escribí en esta columna: “Votaré en primera vuelta por el que vaya de segundo detrás de Cepeda, porque en la medida en que ese candidato saque más votos en primera vuelta, mejor posicionado estará para ganarle al izquierdista en segunda...”. Todas las encuestas publicadas con vigilancia del Consejo Electoral coinciden en que esa persona es el abogado Abelardo de la Espriella. Incluso hay dos encuestadoras (Atlas y Guarumo) que lo dan ganador frente a Cepeda, en la segunda vuelta.
Paloma Valencia ha quedado rezagada, por sus propios errores y por las contradicciones de una campaña que quiso ser un poco de todo y terminó siendo mucho de nada. La virulencia de sus ataques contra De la Espriella en días recientes, mucho más fuertes que los dirigidos a Cepeda, ensombrece el final de su campaña. Ojalá esta noche, definida la contienda, recupere la altura y les advierta a los seguidores que le quedan que si Cepeda gana, en 2030 quizás no haya elecciones libres.
Votaré por De la Espriella. Me atraen sus propuestas para recuperar la seguridad, su plan de choque en salud y su compromiso de reducción del gasto público para acabar con el despilfarro del dinero de los colombianos. No comparto sus posturas en contra del aborto, pero él mismo ha sugerido que acatará lo que la Corte ha dictado sobre el tema. También me atrae que es el primer líder de la derecha, en muchos años, capaz de despertar fervor y pelear por el voto popular, una condición fundamental para enfrentar y contener el odio de clases que seguirán alimentando los Petros y los Cepedas.
Valoro las garantías que ha dado y reiterado de no buscar cambios constitucionales para quedarse en el poder. “Mi tarea será de cuatro años; una vez concluya, me retiraré de la vida pública para siempre”, me dijo en la entrevista que hice esta semana para EL TIEMPO.
Votaré por De la Espriella. Me atraen sus propuestas para recuperar la seguridad, su plan de choque en salud y su compromiso de reducción del gasto público para acabar con el despilfarro del dinero de los colombianos
El dilema es sencillo: elegimos entre democracia y fin de la democracia. Y De la Espriella es el único candidato capaz de derrotar al que acabaría con la democracia. Para ganar necesita hoy una ola gigantesca de tarjetones a su favor, un tsunami de votos que le permita enfrentar la segunda vuelta con las mayores opciones de triunfo. Votemos por él, votemos por la democracia. Los que aún dudan, no esperen a la segunda vuelta: sus votos son necesarios ya.

EL TIEMPO


No hay comentarios:

Publicar un comentario