En 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de Isabel Perón e instalaron otra dictadura militar. Ese mismo año Ediciones Record volvería a lanzar El Eternautaen un único tomo de más de 350 páginas, reavivando esa llama de dos décadas atrás. El éxito llevó a que la editorial invitara a Solano López y a Oesterheld a hacer una segunda parte para la revista Skorpio, pero Oesterheld era ya otra persona y su nuevo Eternauta, la representación de su nueva vida, con guiones entregados desde la clandestinidad.
Desde finales de los 60, el contexto del escritor había cambiado: “Héctor había seguido a sus hijas en la militancia en Montoneros [grupo guerrillero peronista surgido a principios de los 70, en la anterior dictadura] (…).Desde esa posición, cuando le ofrecieron hacer la continuación de El Eternauta hizo un eternauta montonero”, contaba Solano López en una entrevista para la revista Caras y Caretas en 2008. Las cuatro hijas de Oesterheld, Estela, Diana, Beatriz y Marina, tenían lazos con la guerrilla que había asesinado al exdictador Pedro Eugenio Aramburu en 1970, aunque Elsa Sánchez, mujer del periodista y ama de casa, no estaba de acuerdo. La mujer no quería perder la vida que habían construido en el barrio de Beccar, en la Zona Norte de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, en junio de 1976, comenzaron las persecuciones hacia la familia: La primera secuestrada fue Beatriz cuando tenía 21 años. Su pareja, Carlos Della Nave, conocido como ‘Sin tierra’, fue capturado tres meses después por haber colaborado con el grupo guerrillero. A ella le siguió Diana Oesterheld, arrestada en agosto de ese mismo año cuando tenía 22 años en la provincia de Tucumán. La joven se encontraba embarazada e iba a tener su segundo hijo con Raúl Araldi, quien fue asesinado en la misma provincia. Según cuenta la biografía de Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, Los Oesterheld, su padre sabía las condiciones de su hija, pero Diana jamás volvió a su hogar. Fernando, hijo de la pareja, fue abandonado por los militares en una Casa Cuna.
Estela, la mayor, fue sorprendida por un grupo de tareas [el brazo ejecutor del régimen] en las inmediaciones de la Facultad de Filosofía. Intentó escapar y fue disparada en julio de 1977. El mismo día, Raúl Mortola, su compañero, cayó en manos de los militares. Las investigaciones indican que fue asesinado instantáneamente. Marina, la última superviviente, fue secuestrada en medio de su embarazo de ocho meses con Alberto Seindlis.
Tres meses antes, en abril de 1977, capturaron a Héctor Oesterheld en La Plata. Muchos testimonios ante la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, creada por el presidente electo Raúl Alfonsín en 1983, reconocieron haber compartido los últimos días del autor. Javier Casaretto, Arturo Chillida y Juan Carlos Benítez, secuestrados también ese año, aunque vendados y encapuchados la mayoría del tiempo, lo vieron con la cabeza tapada en el famoso El Vesubio, uno de los principales campos de detención del régimen.
En poco tiempo Elsa perdió a su familia. “En la época trágica de este país desaparecieron mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, otro yerno que no conocí, y dos nietos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz”, explicó la mujer ya fallecida (en 2015) del guionista en Los Oesterheld. El cuerpo de Beatriz fue el único que pudo recuperar. Fernando Araldi Oesterheld fue el único sobreviviente junto a su abuela.
“La inocente lectura de 1957 dejó de ser posible. El Eternauta ya no era más una conmovedora historia de ciencia ficción; se parecía demasiado a una profecía de lo que estaba pasando en el mundo real. La más grande de las historietas argentinas regresaba, esquivando censores, para ser leída como un himno a la libertad, a la necesidad de pelear contra los monstruos, a que la vida es lo más importante que hay sobre la tierra”, iluminó crudamente Carlos Trillo, histórico escritor de cómics, en la nueva edición del cuento publicado en 2007 por la editorial Norma.
El paralelismo de sus villanos, los cascarudos, que atacaron el mundo en búsqueda del exterminio de la raza humana, con la historia de la población argentina, representaba una afinidad imposible de negar por sus lectores, que comenzaron con el tiempo a decodificar el texto con lecturas diferentes. Fue Jorge Luis Borges quien dijo que “los clásicos son libros que nunca terminan de decir todo lo que tienen que decir”.
Siete décadas después, ya sin sus dos creadores (Solano López falleció el 12 de agosto de 2011), la historia argentina vuelve a ser reinterpretada, esta vez por el director Bruno Stagnaro, como una serie televisiva de seis capítulos. El reparto incluye, además de Ricardo Darín, a Ariel Staltari (Okupas), Carla Peterson (2+2, 100 días para enamorarse, Inseparables), César Troncoso(Milonga, Cuando Oscurece) y Mora Fisz, joven actriz de la serie Tierra Incógnita de Disney.






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