sábado, 25 de abril de 2026

Maggie O’Farrell / Tiene que ser aquí / Reseña

 











Magia O'Farrell
TIENW QUE SER AQUI

Fue la buena reseña de @latitaquelee para "Abrir un libro", y también, no voy a negarlo, la garantía que Libros El Asteroide meproporciona, lo que hizo que me acercara a esta autora con su última novela, "Tiene que ser aquí". "Una compleja historia de amor y desamor, que se escapa del género romántico" dice Noemí (la tita que lee) en dicha reseña. Me convence, a medias, que se escape de lo puramente romántico, pero solo a medias. No me gustan las novelas románticas, a no ser que sean muy buenas y vengan precedidas del prestigio de la historia. ¿Es Jane Austen una escritora romántica? ¿Lo son las Brontë? Pues sí, seguro que sí, pero no solo románticas; pero precedidas por el aura de lo clásico y consagrado. 

Pero ¿quién consagra a Maggie Farrell? Y ahí es donde cobra importancia el papel de la editorial, porque de los muchos libros de Libros El Asteroide que he leído, falta aún el primero del que pueda decir que me ha defraudado. Y conste que no tengo ningún trato con la Editorial, pero lo que es cierto, es cierto y hay que decirlo. Ya me gustaría tener algún acuerdo y que me enviase libros para reseñar (si alguien por ahí tiene influencias que las mueva, porfa), pero puedo asegurar que no es así.
Estamos en 2010. David Sullivan y Claudette Wells viven con sus dos hijos en Donegal, en el corazón de Irlanda. Él es estadounidense de ascendencia irlandesa, ella medio inglesa, medio francesa. Él es profesor de Lingüistica en la Universidad en Belfast. "Enseño a los futuros graduados a diseccionar lo que oyen por ahí, a preguntarse cómo se construyen las oraciones, de qué manera se usan las palabras, y a intentar averiguar por qué es así". Ella es... eso es algo complejo que tendremos que ir averiguando poco a poco.
Ahora los cuatro van hacia el tren que llevará a David a impartir su clase, tras la cual tendrá que ir al aeropuerto para volar a Estados Unidos. Hace unos diez años que no visita su país, pero ahora su padre va a cumplir noventa años y después de unas tomentosas relaciones y mucha distancia teme que si no lo ve una última vez pueda arrepentirse toda una vida. 

Kathleen Mackie  (Cerca de Dufanaghy Condado de Donegal, Irlanda)


Así es que Daniel y Claudette con sus hijos, Marithe y Calvin, dos niños de escasa edad, hacen el viaje desde la casa hasta el tren. Pero antes de llegar a la carretera tienen que recorrer el sendero en el que Cludette se apea para abrir las cancillas, esperar a que pase el coche y volver a cerrarlas. "H
ay doce cancillas entre la casa y la carretera. Doce. Eso significa que tiene que salir del coche doce veces, abrir y cerrar esas malditas cosas y montar otra vez. La carretera está a algo menos de un kilómetro, a vuelo de pájaro, pero se tarda una eternidad en llegar. Y si vas solo, es un esfuerzo ímprobo, y normalmente bajo la lluvia". Y es mientras Claudette está abriendo una de esas cancillas cuando Daniel oye en la radio la noticia que pondrá en marcha toda la historia futura y una de las historias del pasado, de ese pasado que ha llevado todo hasta este presente; una de las muchas historias del pasado de las que nos iremos enterando hasta conseguir que todo encaje.
Porque esta novela, como muchas que he leído últimamente - debe de estar de moda, pero es una moda que me encanta -, salta del pasado al presente y del presente al pasado para contarnos la historia de David y de Claudette; primero cada una por separado y luego, a partir de 2000 en que se conocen, la historia de ambos. Y lo hará por medio de distintos personajes y de distintas situaciones y recursos, incluso por medio del catálogo de una casa de subastas. Así sabremos todo de ambos entre los años 1986 y 2010. Tan solo un capítulo comienza en 1944 y avanza en el tiempo hasta... 
Pero si consideramos que 2010 es el presente, también nos llevará al futuro. Los últimos capítulos van de 2013 a 2016, ahora ya de manera lineal, aunque también con diferentes escenarios y personajes. En ellos veremos lo que sucedió a partir de 2010. Veremos las consecuencias de aquellos hechos de 2010 que, a su vez, fueron consecuencia de los años anteriores y es que  "¡Qué diferente podría haber sido todo, qué minúsculas las causas y qué devastadoras las consecuencias!". Aunque tampoco son minúsculas las causas. Y de nada sirve pensar qué hubiera pasado si... o qué hubiera pasado si no... Todos tenemos esas tentaciones de vez en cuando, pero no son más que una manera de querer dar importancia a los hechos cotidianos y fútiles, casi mezquinos en lo que tienen de exiguos y poco trascendentes; tratar de enmendar la historia pasada, es como jugar con hielo entre las brasas, nos quemaremos y nos quedaremos con las manos vacías. "Hay que buscar lo que tenemos delante, no lo que nos es inalcanzable ni lo que hemos perdido. Hay que agarrarse a lo que tenemos a mano y sujetarlo con fuerza".

Maggie O'Farrell


No conocía de nada a la autora irlandesa nacida en 1972, y sin embargo esta es ya su séptima novela. Me ha gustado, a pesar de algún pequeño fallo que le he notado, nada de importancia: en un determinado momento recurre a una estrategia un tanto facilona para resumir acontecimientos que no se han contado: "le gustaría decirle: «Dejé preñada a una chica del instituto, ¿te enteras? Se nos rompió el condón, mala suerte, una posibilidad entre un millón, puede pasarle a cualquiera, elija usted el cliché que más rabia le dé. La chica era católica, una inglesa de esas pijas, así que no quiso abortar y aquí nos tiene. ¿Quiere sacarnos una foto, o qué?»". Y poco más. Poco fallo para una historia que me ha enganchado desde el principio y que me ha costado despegar de las manos; que está muy bien escrita y tiene recursos originales. 
Indagaré algo más en la autora a ver qué me depara, aunque, y espero equivocarme en este caso, algún otro autor de este estilo ha llegado a cansarme tras tenerme enganchada durante dos o tres novelas. Cuando la temática o el estilo se repiten en exceso, por mucho que guste, termina por resultar repetitivo. En literatura, o se evoluciona, aunque sea alrededor de lo mismo, o se decae hasta perderse en lo banal. Veremos.


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