martes, 4 de octubre de 2022
John Banville / El Príncipe de las dos caras
John Banville / Un Kafka diferente
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| Franz Kafka |
Un Kafka diferente
Dos biografías recientes buscan entender a Kafka como un producto de su tiempo y su entorno. Ambas retratan de modo desconcertante al escritor más enigmático del siglo XX.
John Banville
¿Cómo debemos entender a Kafka? Claro que no como él se entendía a sí mismo, o más bien, como él quería hacernos creer que se entendía a sí mismo. En una carta a su sufrida prometida Felice Bauer, le declara: “Estoy hecho de literatura; no soy nada más y no puedo ser nada más.”1 Este fue un tema constante en sus años de madurez, y uno que amplió en una significativa entrada de su diario en agosto de 1914: “Mi inclinación a describir mi onírica vida interior ha desplazado al reino de lo accesorio todas las demás cosas, las cuales se han atrofiado de un modo horrible y no cesan de atrofiarse.”2
lunes, 3 de octubre de 2022
John Banville / "Mi mayor ambición sería escribir una novela negra sin crimen"
John Banville
una novela negra sin crimen"
Con su seudónimo noir, Benjamin Black, el escritor resucita![]() |
| John Banville |
Tópicos y transgresiones
Un Beethoven por cada Hitler
EL CULTURAL
John Banville y las frases criminales
JOHN BANVILLE Y LAS FRASES CRIMINALES
EL CULTURAL
John Banville / "Escribir es un trabajo de temer, sudar y gemir"
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| John Banville |
"Escribir es un trabajo de temer, sudar y gemir"
19 de diciembre de 2006
Cuando el año pasado subió a un estrado de Londres para recoger su Premio Booker por la novela El mar, las primeras palabras del "agradecimiento" de John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) fueron: "Es bueno ver que una obra de arte ha sido reconocida". Muchos aplaudieron y algunos guardaron un silencio escandalizado. Y es que el magistral Banville -y sus formidables novelas que combinan lo mejor de Nabokov y Beckett con destellos criminales y en las que, casi siempre, un narrador poco confiable confiesa la culpa de un secreto o el secreto de una culpa perdiéndose y encontrándose por los pasillos de la memoria- no es un autor cómodo o complaciente. Así, hasta el éxito de El mar (Anagrama) -para muchos su libro más "sencillo"- el autor de El libro de las pruebas (1989), El intocable (1997), Eclipse (2000) e Imposturas (2002), entre otras, fue eso que, para bien o para mal, se conoce bajo el noble estigma de "escritor de escritores".
"Los escritores no somos otra cosa que bebés enormes, sentados en nuestras habitaciones, jugando a nuestros juegos mientras el gran mundo acontece en otra parte"
PREGUNTA. ¿Molesta esa suerte de "letra escarlata"?
RESPUESTA. "Escritor de escritores" es una desafortunada etiqueta que me han colgado del cuello o, mejor dicho, atado a mi cola, como una lata a un gato. Supongo que es lo que los críticos cansados dicen cuando no tienen tiempo para digerir un libro antes de reseñarlo. En lo que a los escritores como especie se refiere, diré que me aburren profundamente. Quiero decir que su compañía me resulta aburrida y, seguro, ellos piensan lo mismo de mí. En lo que hace a la variedad irlandesa, somos iguales que en cualquier otra parte: obsesivos, resentidos, celosos hasta la enfermedad y siempre pobres.
P. ¿Y un premio importante cambia algo de eso?
R. El Booker da miedo de tan influyente. Ganarlo es algo maravilloso, desde el punto de vista comercial, para todo escritor. Pero terrible para los que lo pierden. En lo personal, como escritor, no te cambia en nada salvo que tu banquero deja de tener pesadillas contigo. El Nobel no estaría mal en cuanto a lo económico, pero uno debería tener la opción de permanecer anónimo, como los que ganan la lotería. ¿Por qué ganó El mar y no El libro de las pruebas, que también fue finalista; o El intocable, para mí un típico "libro Booker"? Bueno, a la hora de la verdad todo es puro azar combinado con una gota de venenosa politiquería cultural, supongo.
P. A esta altura de su carrera, ¿qué piensa de un panorama editorial donde se busca con desesperación y se pagan sumas millonarias por primeras novelas y donde los escritores que entienden la literatura como "carrera de fondo" tienen cada vez menos chances de llegar a la meta?
R. Lo cierto es que no puedo responderlo. No tengo mucha idea de lo que sucede allí fuera. El mundo del libro siempre ha sido un lugar difícil poblado por ángeles y por seres poco angélicos. Yo me he preocupado en hacer lo mío sin esperar demasiado. La escritura siempre ha sido un trabajo de temer, sudar y gemir buscando el sitio exacto donde ubicar la palabra justa. El que varios de mis libros estén organizados en secuencias quizá tenga que ver con eso, con la triste esperanza de querer hacerlo mejor, de acercarme un poco más cada vez... Los escritores podemos escribir con gran sabiduría acerca de la vida, pero no somos muy buenos para vivir la realidad. Los artistas no somos otra cosa que bebés enormes, sentados en nuestras habitaciones, jugando a nuestros juegos mientras el gran mundo acontece en otra parte.
P. ¿Y está al tanto de lo que se escribe en otra parte?
R. Si se refiere a la literatura en español, me avergüenza confesar que estoy muy mal informado. Pero también estoy poco al tanto de los contemporáneos en mi propio idioma. He leído a Roberto Bolaño, espero que se traduzcan más libros suyos, pero ya puedo afirmar que se trata de un grande. Borges, en cambio, ha dejado de ser para mí la figura que fue en los sesenta y setenta. Me temo que estoy de acuerdo con Nabokov cuando dijo que Borges nos parece en principio una maravillosa mansión pero acaba siendo tan sólo un vistoso pórtico.
P. Semanas atrás usted ha publicado su primer libro bajo el seudónimo de Benjamin Black: el policial Christine Falls (que publicará Alfaguara), primero de varios thrillers protagonizados por el patólogo Quirke. Una de las diferencias fundamentales es que ha dejado de lado su característica primera persona narradora. ¿Pero por qué la súbita necesidad de ser otro?
R. Esa primera persona -o última persona, según Beckett- es algo que arrastro desde mediados de los años ochenta y que, me parece, ahora voy dejando dirigiéndome hacia una luz al final del túnel. Christine Falls era, en realidad, un guión de televisión que no fue producido y que convertí en novela. No estaría mal que Benjamín Black ganase el Booker, ja, ja. Quirke surge de los romance durs -no los Maigret- de Simenon. Los leí por primera vez no hace mucho y me impresionó lo que conseguía con un estilo tan simple y una narración tan directa.
P. ¿El estilo es rey y la trama soldado raso? ¿O viceversa?
R. El estilo avanza dando triunfales zancadas, la trama camina detrás arrastrando los pies.
John Banville ha publicado en España El libro de las pruebas (Anagrama), Eclipse (Anagrama), Copérnico (Edhasa), Kepler (Edhasa), Imposturas (Anagrama), El mar (Anagrama).
domingo, 2 de octubre de 2022
Raúl Gómez Jattin / Yo tengo para ti mi buen amigo
Yo tengo para ti mi buen amigo
un corazón de mango del Sinú
oloroso
genuino
amable y tierno
(Mi resto es una llaga
una tierra de nadie
una pedrada
un abrir y cerrar de ojos
en noche ajena
unas manos que asesinan fantasmas)
Y un consejo
no te encuentres conmigo
Raúl Gómez Jattin / Pequeña elegía
Ya para qué seguir siendo árbol
si el verano de dos años
me arrancó las hojas y las flores
Ya para qué seguir siendo árbol
si el viento no canta en mi follaje
si mis pájaros migraron a otros lugares
Ya para qué seguir siendo árbol
sin habitantes
a no ser esos ahorcados que penden
de mis ramas
como frutas podridas en otoño
Raúl Gómez Jattin / He recorrido hospitales mitigando la locura
Raúl Gómez Jattin / I have gone from hospital to hospital
He recorrido hospital mitigado la locura
Una locura que durante muchos años
ayudó a mi imaginación en mi poesía
pero que después se volvió amenazante
y puso en peligro mi vida
Ahora sin ella - escribo estos versos
y no sé si he ganado o perdido
No sé si tú lector - notarás este cambio
y lamentarás que mi verso
se haya vuelto reposado y tranquilo
Ojalá que natura de mí se haya apiadado
y no eches de menos el fervor de otros días
sábado, 1 de octubre de 2022
Joyce Carol Oates / El Presidente y la Actriz Rubia: la cita
Joyce Carol Oates
El Presidente y la Actriz Rubia: la cita
¡La llamaron a la semana siguiente a la Pascua de 1962!
«¿Dudaba de él? No.»
Por favor, vista discretamente, señorita Monroe, le habían dicho. Una voz masculina sin identificar, por teléfono. Había habido una serie de mensajes telefónicos, algunos bastante directos y otros, en clave. Ella intuía que se estaba embarcando en la más emocionante y significativa aventura de mi vida de mujer. De modo que se había preparado en privado para la experiencia. Ni maquillador profesional, ni un sastre de guardarropía. Se había comprado ropa (a crédito, en Saks, Beverly Hills) en discretos tonos crema y brezo, y aunque acababa de darse un baño de brillo en el pelo rubio platino, lo llevaba parcialmente oculto bajo un elegante casquete. Sólo el pintalabios brillaba, pero ¿no brilla siempre? Era Lorelei Lee, pero sus modales serían comedidos y juiciosos, dignos de una amiga del Presidente, habida cuenta de que ese hombre es un aristócrata estadounidense. A pesar de todo, los tipos del servicio secreto asignados para escoltarla la miraron con una reprobación que poco a poco se convertiría en indignación y asco, como si hubiese cuajado.
Vargas Llosa / Javier Marías
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| Javier Marías Ilustración de Fernando Vicente |
Mario Vargas Llosa
Javier Marías
Fue un escritor de verdad, en las buenas y en las malas, al que hay que releer para entenderlo bien, y captar con sabiduría los oscuros mensajes que dejó, y que iban dirigidos sobre todo a los jóvenes, a los continuadores de aquello que fue su vida
Javier Marías era tan discreto que se las arregló para morir en medio de la muerte real de la reina de Inglaterra, pensando tal vez que la noticia aparecería desapercibida en medio de la trompetería televisiva y periodística sobre la muerte de Isabel II. En esto se equivocaba, porque rara vez he visto yo tantos artículos sobre la muerte de una persona, como sobre la suya, en la prensa de España.
Javier Marías / Mujeres fugitivas
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| Ilustración de Fernando Vicente |
Lady Hester Stanhope,
la reina del desierto
Lady Hester Stanhope pagó cara su vena satírica, aunque también podría decirse que a ella debió indirectamente su leyenda y su fama. El periodo más satisfactorio de su vida fue el de los años en que vivió y estuvo al frente de la casa de su tío William Pitt, primer ministro de Jorge lV. AI parecer se convirtió en alguien imprescindible, por su discutible belleza, su conversación tan brillante como abrumadora y su capacidad para organizar y amenizar cenas políticas de muy altos vuelos. Sin embargo su inclinación por la sátira le creó tantos enemigos que a la muerte de Pitt, en 1806, se encontró con un gran vacío a su alrededor, si bien con la bolsa bastante llena: el Estado le concedió una generosa pensión vitalicia, es de suponer que para compensar en la sobrina los desvelos patrióticos del muy leal tío.
Javier Marías / Madame du Deffand ante los idiotas
La vida de Madame du Deffand fue sin duda demasiado larga para quien consideraba que la mayor desgracia era la de haber nacido. Sería erróneo, sin embargo, concluir que se pasó sus casi ochenta y cuatro años esperando la muerte. En más de una ocasión expresó el problema con claridad: «Vivir sin amar la vida no hace desear su fin, y apenas si disminuye el temor a perderla». Nunca fue una desesperada, como su amiga y enemiga Julie de Lespinasse, ni seguramente padeció heridas profundas de ningún género. Era solamente que se aburría.

















