lunes, 2 de marzo de 2020

El escultor Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

El escultor 

Ernesto Cardenal


Julio Valle-Castillo
Polis No. 17, 2007

El poeta Ernesto Cardenal (1925) es un escultor figurativo, mejor dicho, representativo –en la doble acepción– de una realidad, de un mundo con cuyos elementos mantiene una ligazón íntima, afectiva, sensorial, táctil y ese mundo es el nuevo mundo, América. Escultura representativa de la religiosidad, de la fauna y de la flora de América; escultura americana, más precisamente, mesoamericana. Y por americana y americano su autor, una obra mestiza, en diálogo con Europa, producida al frote tanto de la imaginaría religiosa colonial y del barroco popular, como de Brancusi, Giacometti y Henry Moore. Quizá por eso su escultura siempre está asistida y lanzada por una experiencia muy compleja; y de aquí, por la conciencia y hasta por la clarividencia del medio y de sus modelos, y sobre sus modelos. Su obra documenta, refiere su vida, su vivencia, y bien puede dividirse en tres grandes grupos: figuras humanas y «a lo divino», por religiosas o mitológicas; figuras de animales concretos, no zoomorfas y, recientemente, figuras de la flora, plantas. El primer grupo recoge quizá su aprendizaje en los años cincuenta, los modelos académicos, torsos, bustos o cabezas y cuerpos enteros desnudos, incluso, tópicos clásicos, que son mitológico-religiosos también, como «Las tres Gracias» que trabajará en los setenta muy a lo Moore, lo cual le facilitó su expresión religiosa de monje, sacerdote y hasta de patriota para representar al santoral católico y civil; de aquí las «Virgen», cinco variantes; dos «Santa Teresita», una de cuerpo entero y otra de medio cuerpo; los «Cristo», todos, en sus siete variantes, crucificados; los «Monjes», tres versiones: legos, novicios y profesos; «San Benito», «San Martín de Porres»; un conjunto: «El Nacimiento», y una pieza monumental: «La sombra de Sandino», adviértase bien, no un retrato escultórico, si no la sombra –nunca la lámina metálica ha alcanzado tanta levedad–, el fantasma de las malas conciencias rondando y alzándose sobre el lugar del crimen, el mito; porque allí estuvo el palacio del dictador que asesinó a Sandino.
2El segundo grupo recrea la fauna nicaragüense en general: aves, peces, reptiles, anfibios, mamíferos, observando en algunas la connotación religiosa. Antes de residir en las islas de Solentiname ya los había trabajado; claro está que los animales de sus dos exposiciones: 1975 y 1977, principalmente sus «Garzas», ya típicas, superan en medidas y libre interpretación, las piezas bidimensionales, y tridimensionales de ladécada del cincuenta. La presencia de animales desde antes de la convivencia con ellos en las islas ya referidas, constituye toda una constante y acusa el origen popular, indígena, americano, que en él es primitivo. En Cardenal lo popular, indígena, americano y primitivo son sinónimos. Los pájaros de sus esculturas son los mismos que sobrevuelan su vida y cantan en su canto. Estas aves son la que cruzan, las que atraviesan en sus Epigramas,en su «Hora Cero» o en su extenso poema «Canto Nacional» de 1971.
3Y el  tercer grupo que data de finales de los ochenta y de la década de los    noventa, recrea la flora mexicana, más bien, mesoamericana: cactus, pencas, agaves, nopales, arriesgándose por la multiformidad, por las líneas mixtas, contorsionadas, lo que resulta contradictorio y, a su vez, novedoso en una obra de trazos simples, nada complicados en apariencia. Estos sus tópicos son obsesionantes, o constantes, denotadores sólo de un universo artístico particular, constituyentes de su código. El mismo retorne, variantes o versiones de sus monjes y Cristos, que se vieron en las exposiciones del 75 y 77, ratifica e ilustra esta afirmación. Obra vivencial, pues, escultura en comunión y expresión de su comunidad, ligada a su entorno natural, brotada de su mundo interior, espiritual.
4Aunque deliberadamente marginado del abstraccionismo, Cardenal no reproduce sus modelos de manera verista: no es servil con ellos, si no que, como y por representativo, los reduce a lo esencial. Sus modelos sufren un proceso de desnudamiento, que es tanto como de purificación; aparecen ya desnudas de toda complejidad, y, máxime, de todo lo superfluo, para quedar simples, escuetas; pero con las huellas necesarias que permiten la inmediata identificación. Sin embargo, no pierden su similitud ni los datos referenciales concretos con sus modelos y que permiten la diferenciación entre un pez-espada, un tiburón y un oso melero y un culumuco, un perro y un cadejo. Su “Maternidad” es eso, maternidad, una mujer cargando un niño: las madonas renacentistas han sido desvestidas o reducidas a una masa ovoide, a un huevo genésico. A través de rayas incisas o pintadas y de un modelado en el volumen, Cardenal deja las señas de identidad: zarpas, dedos de pies y manos y algunos rasgos fisonómicos; aprovecha las vetas y jaspes de la madera pulida para producir efectos de piel, de pelo o de pluma; obtiene los ojos con bajorrelieves circulares, que evoca la técnica indígena del pastillaje en la cerámica, o taladra y saca un vacío circular u ovalado en la cabeza de la garza, cuando la masa alargada va a tornarse pico agudo y allí tenemos el ojo; y emplea la pintura para las manchas que terminan de hacer reconocible al tigre.
5La expresividad de su escultura estriba en su autonomía y a su vez en su similitud con el modelo. Entre la similitud y la autonomía está la independencia, y ésta Cardenal la logra a través de la reducción del modelo a lo esencial, como apuntamos. Tal reducción se opera por medio de la contemplación, de la conciencia, de un estudio largo y profundo de los modelos, de la meditación, hasta alcanzar ante el modelo mismo ese instante de “Visión”, de “Representación”, de clarividencia, de su esencia. “Visión”, “Revelación” de esencia que, a merced del oficio y de la voluntad del artista, adquiere forma y queda plasmada, sujeta en la materia. De aquí, y no por sus Cristos, Vírgenes y Monjes, que Cardenal recupere ciertas funciones objetivas originales que tuvo la escultura, la simbólica: atrapar la visión, la revelación de la esencia de sus modelos y convertir ya las obras en símbolos. Muchas veces nos hemos preguntado ¿cuántos “Cristo” simbolizarán esos pescados de Cardenal? Recordemos que para los cristianos primitivos el pez era símbolo de Cristo, de su fe. Quizás en sus pescados haya más presencia de “Cristo” que en sus “Cristo” propiamente dichos.
6¿Cuánto autorretrato del Cardenal místico y cuánta ars escultórica de Cardenal habrá igualmente en esa escultura suya titulada «Monje» (novicio), aunque carezca de fisonomía?  ¿No será acaso su símbolo y el símbolo de su escultura?
7Ese instante de revelación, Cardenal lo trasmite al espectador de sus obras, enfrentándolo con las formas y volúmenes: cilindros, esferas, conos o masas ovoides en profundo reposo, que se incorporan de súbito desde uno de su extremos y la  masa se adelgaza y se aguadiza, y con la energía y la luminosidad de un relámpago, se queda convertida en el cuello de una garza. El cilindro se torna introspectivo, se llena de contenido cuando en el extremo superior advertimos una cabeza encapuchada de monje en el canto de maitines. El cono pierde su condición y adquiere insospechados significantes: la interpretación –escultura a partir de la escultura– de una virgen de la imaginería española: con aureola de plata y manto bordado de oro sobre blanco, y aún el espacio que ocupa el cono: una peaña y un rectángulo, respaldar de madera, terminan de configurar el más sobrio –valga la paradoja– de los retablos barrocos que se nos ha dado conocer. Esta escultura, pues, esa autonomía es hija de la contemplación; no en vano Thomas Merton decía que Cardenal «fue una de las raras vocaciones (...) que han combinado en una forma clara y segura los dones del contemplativo y del artista».
8Si bien es cierto que la captación de lo esencial se logra a través de la contemplación, propia de los místicos, formalmente se traduce en la simplificación, no en la estilización, propia del arte primitivo y de algunos artistas modernos, cuyos ideales estéticos se basan en las artes primitivas. Y Cardenal es uno de esos artistas. Ya se ha hablado de sus «ingeniosas simplificaciones». La simplificación en él es modernidad, y a su vez, la simplificación es primitivismo. Primitivo por moderno. Moderno por primitivo. Infantil por primitivo; moderno por infantil; poeta y religioso por primitivo («Así como se puede decir que todo primitivo es poeta, también se puede decir que todo primitivo es religioso», dice el propio Cardenal). Popular por primitivo y revolucionario por popular.
9En Cardenal confluyen las corrientes, ya artísticas, ya antropológicas que lo hacen respecto a las culturas primitivas y al arte moderno. La corriente de Picasso, Matisse y Breton que incorpora a la excéntrica órbita del arte occidental moderno el arte negro de los africanos; del ritual y los símbolos aztecas al surrealismo; una corriente, pues, circunscrita sólo al arte, en procura de los rasgos y de la fuerza primitiva de la modernidad, y de la modernidad con fuerza y rasgos primitivos. Y la otra corriente, aquella que rescatando las culturas primitivas, nada inferiores y sí superiores en muchos aspectos, las compara y confronta con la cultura occidental, colonialista y neocolonialista a veces, casi siempre opresoras de estas culturas marginales. La segunda corriente no pretende recuperar estas culturas para occidente, sino para las propias culturas marginales, para su patrimonio, para su arte y su liberación. Por eso lo «primitivo» –vocablo con connotaciones colonialistas– equivale a popular, tal y como prefiere usarlo Cardenal, en correspondencia con su ideología. Arte «primitivo», «naif’, «ingenuo» es arte «popular», que vuelve por la cultura que expresa y de la cual es producto.
10Las esculturas de Cardenal pueden asociarse libremente con la cerámica y esculturas de las distintas tribus del mundo. Cardenal está más cerca de la cerámica mestiza, que de la estatuaria prehispánica. Igualmente muchas de sus figuras de la Trapa nos remiten de inmediato a esos dichosos juegos de niños después de la lluvia: muñecos y tortillitas hechas en las aceras con el lodo de los charcos. Una escultura con no sé qué y mucho sí sé qué de infantil y en esto reside parte de su gracia y de su modernidad. Al margen de los temas ya señalados, la recreación de un ejemplar de la imaginaría peninsular y la incorporación del color a sus esculturas, enriquece su índole de escultor popular. En las muestras de 75 y 77 se vio cómo Cardenal pasó de la monocromía (casi todas sus piezas iniciales son blancas) a la policromía, llevó el color, el esmalte a la escultura como muchos de los escultores modernos y como el artesano que, con anilina amarilla, roja  azul y verde, decora sus artesanías: caballitos de palo, canastas y carretillas. Además a través del color brillante o mate también se dio apariencia de otro material a sus esculturas de madera, como si se tratara de hierro, metal niquelado o porcelana.
11Es muy decidor que la escultura de Cardenal hasta finales de los setenta, no haya sido ni estatuaria ni monumental –recuérdese que Cardenal derribó un monumento y una estatua, de aquí que todo este tiempo no haya salido a la calle, a los parques o a las plazas públicas; a lo sumo llegó para quedarse en el bosque de un convento, a la capilla de los novicios y al altar de la ermita de Solentiname: lugares comunitarios, pero exclaustrados. Pero en 1990, con el fin de la Revolución, se plantó en la loma de Tiscapa, Managua, para perpetuar en 18 mts, «La sombra de Sandino» sobre la patria. Como la cerámica utilitaria y junto al hombre, ha ocupado muy humildemente el espacio –porque es un arte fundamentalmente de espacio– destinado a los utensilios de barro: tinajas, porongas, maceteras o pitos, ocarinas. Recogió elementos del paisaje campesino y lacustre, como son los animales y las plantas y los trajo, los integró al paisaje doméstico, casero. Acordó sus piezas –acordó en el sentido cordial, de corazón– con un espacio intimo, remanso, recodo familiar o patio para los cactus y las pencas. Cardenal es el primer intento y el primer logro moderno de convocar las vertientes de nuestra fragmentada tradición escultórica. Y esa ha sido una labor consciente. El mismo Cardenal   ha hecho un esquema definitorio tanto de su poesía como de su escultura, donde están muy claramente consignadas sus fuentes. El esquema es el siguiente:
Mí escultura y poesía, ambas con estos 3 elementos
Lo moderno
Lo indígena
Lo popular
También: ambas son simples y sencillas.
También: ambas realistas y comprensibles.
 Consideración personal mía: mi poesía y mi escultura son fáciles.
12 El arte de Cardenal tiene la modestia y el encanto de la artesanía; es una   escultura hecha entre artesanos y en un taller de artesanía. La aplicación de su colorido y el uso de materiales brillantes, refulgentes, como láminas de aluminio, acusan una sensibilidad popular, más precisamente, indígena. La misma que lo condujo a la recreación de los cactus, paradigmáticos de la naturaleza mexicana. Sus formas vienen de los centros de la alfarería nacional: San Juan de Oriente, conocido como San Juan de los Platos, porque allí se moldean los platos, la vajilla del pueblo, y La Paz Centro, en occidente, donde se hacen las alcancías zoomorfas, las ollas y las macetas para las plantas y las flores. Como escultor, Cardenal es un cruce entre el alfarero aborigen y el imaginero mestizo, un «Santero» como los llama la gente. Su obra tiene la poesía de la alfarería, de esas formas redondas acariciabas de las alcancías   –un «Chancho-de-monte» y un «Tapir» suyos me parecen verdaderas alcancías–, sus animalitos cándidos de la primera época tienen algo de la dulcería de almidón de los pueblos de Santa Teresa, La Concha y Masatepe; otras figuras suyas parecen aquellas enharinadas botellitas de azúcar y anilinas verdes, rojas, amarillas o azules de la infancia plenas de sirope. Muchas veces admirando sus “Cristos” blancos hemos evocado los “Cristos” de la melcocha envueltos en papel celofán de colores y expuestos en bateas a la entrada de los mercados o de las puertas mayores y atrios de las iglesias en las fiestas patronales. No es gratuito que los pájaros que actualmente hacen los artesanos de Solentiname y las garzas que esculpen en piedra los artesanos de San Juan de Limay, Estelí, se parezcan a sus pájaros, a sus garzas, a sus aves. Lo que aquí ha sucedido es algo extraordinario: Los artistas “cultos” siempre han recurrido a las fuentes populares para aprovechar sus temas y recursos, para nutrir su obra; ahora son los artistas populares, los mal llamados artesanos, quienes se procuran las fuentes, se aprovechan y nutren de un artista culto, que a través del tiempo modela su mismo barro, talla su madera, esculpe su piedra, decide su historia, aplica sus colores y pule hasta el fulgor de espejos y baratijas sus artesanías. Un arte que proviene del pueblo, pasa por las manos de Cardenal y torna a su pueblo.


POLIS



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POEMAS

KISS

DRAGON


Ernesto Cardenal / Despedida a mi vecino

El escritor Sergio Ramírez junto al poeta Ernesto Cardenal.
Sergio Ramírez con su vecino, el poeta Ernesto Cardenal. 

Despedida a mi vecino

El papa Juan Pablo II le recriminó su adhesión a la Teología de la Liberación y lo suspendió del sacerdocio





Ernesto Cardenal fue mi vecino calle de por medio durante cuarenta años en Managua. Se cruzaba a la hora del desayuno a dejarme lo que había escrito, aún quizás esa misma mañana, y cuando yo terminaba una novela iba a dejársela también, recién salida de la impresora. Fue mi maestro de la prosa, porque en su poesía aprendí mucho del arte narrativo y de la cadencia de las palabras.

Fallece el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, figura clave de la Teología de la Liberación

Ernesto Cardenal

Fallece el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, figura clave de la Teología de la Liberación

Voz moral de la revolución sandinista y crítico del Gobierno de Daniel Ortega, ha muerto a los 95 años en Managua


Carlos Salinas Maldonado
México, 1 de marzo ded 2020

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal ha fallecido este domingo en Managua a la edad de 95 años a causa de daños renales y cardiacos, informaron fuentes cercanas al literato, uno de los principales exponentes de la poesía latinoamericana. Cardenal era uno de los más destacados representantes de la llamada Teología de la Liberación. Su compromiso político le hizo apoyar la lucha armada contra la dictadura de Somoza, una dinastía que gobernó Nicaragua por más de 40 años, y más recientemente plantar cara al Gobierno del presidente Daniel Ortega, cuyos desmanes y arbitrariedades denunciaba allá donde viajaba a presentar su poesía. Su compromiso con los más pobres y contra las injusticias lo convirtieron en la voz moral de la revolución sandinista, un proyecto con el que se comprometió a fondo y le valió la reprimenda del papa Juan Pablo II, para quien un sacerdote no podía inmiscuirse en los asuntos políticos. “¡Nicaragua sin Guardia Nacional, veo el nuevo día! Una tierra sin terror. Sin tiranía dinástica”, había escrito en uno de sus poemas más celebrados, Canto Nacional

Una irreconocible Joan Collins aseguró estar preparada contra el coronavirus

Joan Collins


 

Una irreconocible 

Joan Collins aseguró 

estar preparada 

contra el coronavirus


Si hay una estrella que a lo largo de las décadas ha sabido conservar el glamour, esa es Joan Collins. La actriz de Dinastía, de 86 años, sigue dando de qué hablar cada vez que sube a su cuenta de Instagram alguna imagen de sus salidas y sus cuidados looks. Sin embargo, este domingo Collins sorprendió a sus seguidores compartiendo una imagen impensada.

"Preparada", escribió la actriz junto a la foto en la que apenas se la puede reconocer, porque un barbijo de papel cubre la mitad de su rostro. La diva, además, luce una gorra de béisbol y lleva puesta la capucha de un buzo negro. Para completar su atuendo, utilizó también una gabardina beige para cubrir y abrigar su cuello.

A pesar de que la imagen causó sensación en los medios estadounidenses, la estrella británica no fue la única en mostrarse con barbijo como medida de precaución contra el coronavirus, que ya se ha cobrado casi 2900 vidas. Ya son varias las celebridades que, desde las redes sociales, intentan generar conciencia sobre las medidas de precaución que deben tomarse en ciertos espacios públicos.

Gwyneth Paltrow, por ejemplo, fue fotografiada utilizando una máscara similar -cuyo costo fue de 53 euros-, la semana pasada mientras aguardaba para abordar un vuelo a París. También en las redes sociales, la actriz de Shakespeare apasionado, se burló de su rol en el thriller de acción médica Contagio, en el que su personaje termina sucumbiendo ante una enfermedad mortal. "En camino a París. ¿Paranoica? ¿Prudente? ¿En pánico? ¿Tranquila? ¿Pandemia? ¿Propaganda? Solo voy a seguir adelante y dormir con esta cosa en el avión. Ya he estado en esta película. Manténganse a salvo. No se den la mano. Lávense las manos frecuentemente", recomendó.

Su colega Kate Hudson también se mostró utilizando un barbijo, al igual que la mediática Kourtney Kardashian y la modelo Hailey Bieber, esposa de Justin Bieber.

LA NACION




domingo, 1 de marzo de 2020

Mauricio Vicent / Primero Venezuela, después Cuba

Los Castro



Primero Venezuela, después Cuba

Lo que sucede en Caracas se vive en La Habana en carne propia. Momentos críticos ha habido muchos pero ninguno como este


Mauricio Vicent
17 de febrero de 2019


Hugo Chávez y Fidel Castro en Cuba en 2006.
Hugo Chávez y Fidel Castro en Cuba en 2006. AFP/ GETTY

Cuba se enfrenta de nuevo a un momento crucial 60 años después del triunfo de la revolución de Fidel Castro. La crisis en Venezuela y la ofensiva desbocada de EE UU para acabar con el Gobierno de Nicolás Maduro han puesto a La Habana en guardia otra vez. “Primero Venezuela, después Cuba” es el mantra que late hoy en el discurso de viejos halcones de la Guerra Fría rescatados por la Administración de Trump junto a congresistas y políticos cubanoamericanos como Marco Rubio y Mauricio Claver-Carone, en quienes el presidente ha delegado la responsabilidad de implementar en la región su lema de “Hacer América grande otra vez”.
Ya no es el “eje del mal” de Bush, es la “troika de la tiranía”, según la definió el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca John Bolton, para añadir que “cada esquina de ella [Caracas, La Habana y Managua] debe caer”. La advertencia está ahí. Pero el Gobierno cubano tiene seis décadas de experiencia en resistir.

No hay que olvidarlo: Cuba salía de la pesadilla del Periodo Especial cuando, en febrero de 1999, Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela. Y se hizo la luz. Entre 1991 y 1994, luego de la desintegración de la Unión Soviética, el PIB cubano había caído un 35%. Con Moscú la isla realizaba el 70% de sus intercambios comerciales y de allí procedía, subvencionado, todo el petróleo. A Cuba —literalmente— se le hizo de noche. Y EE UU aumentó la presión. Para desincentivar las inversiones extranjeras, Washington aprobó las leyes Torricelli (1992) y Helms-Burton (1996), y grupos del exilio violento pusieron bombas en hoteles de La Habana para espantar a los turistas. Cuba emprendió un controlado proceso de reformas para sobrevivir: legalizó el dólar, inició una apertura al sector privado y apostó por el turismo y las empresas mixtas, y, aunque por el camino se quebró la sociedad igualitarista que había sido bandera de la revolución, las medidas ayudaron a superar el colapso y a que mejorasen las cifras macroeconómicas. Pero la situación no se consolidó hasta la llegada de la revolución bolivariana.


Con Maduro las relaciones privilegiadas se mantuvieron, pero los suministros y los intercambios fueron menguando

Poco antes de la muerte de Chávez (2013), Venezuela llegó a concentrar el 44% del volumen total del comercio externo de la isla. Caracas compraba anualmente servicios profesionales cubanos —de médicos, enfermeras, maestros— por más de 5.000 millones de dólares, 40.000 colaboradores trabajaban en el país sudamericano y la isla recibía 105.000 barriles diarios, que cubrían el 60% de sus necesidades de petróleo, a precios preferenciales. Con Maduro las relaciones privilegiadas se mantuvieron, pero los suministros y los intercambios fueron menguando debido a la crisis interna venezolana. Hoy a La Habana llegan unos 50.000 barriles diarios de petróleo y el número de médicos y colaboradores cubanos en Venezuela ronda los 20.000. Aun así, Caracas sigue siendo el primer socio económico de La Habana, con un intercambio comercial superior a los 2.000 millones de dólares, cerca del 12% del PIB de la isla, pero lejos del 20% que llegó a representar años atrás.
Obviamente, lo que sucede en Venezuela se vive en Cuba en carne propia: el golpe de Estado a Chávez en 2002, los comicios que ganó la oposición a Maduro en 2015; momentos críticos ha habido muchos, pero para Cuba quizá ninguno como este. No se trata solo de las repercusiones que un cambio en Venezuela puedan tener en la isla. En caso de suspenderse abruptamente los intercambios, la caída del PIB cubano podría ser del 10%, según cálculos de economistas como Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal. Pero más allá del mazazo económico, La Habana contempla con inquietud el escenario en el que esta desestabilización se produce: con una abierta derechización en el continente y una Administración de Trump en manos de viejos halcones y de anticastristas furibundos como Rubio y Claver-Carone. “Que nadie se equivoque, el verdadero objetivo de esta gente somos nosotros”, admiten en Cuba.

En caso de suspenderse abruptamente los intercambios, la caída del PIB cubano podría ser del 10%

La estrategia de Washington con Venezuela está clara. Con Cuba en vísperas de celebrar un referéndum —previsto el próximo domingo 24 de febrero— para aprobar una reforma constitucional que ha provocado una discusión inédita y con la economía en estado de extrema tensión, empieza a esbozarse una idea: que la isla quede incluida de nuevo en la lista de países patrocinadores del terrorismo —de la que la había sacado Obama en 2015— y activar el título III de la ley Helms-Burton, que permitiría a los cubanoamericanos demandar a individuos y compañías extranjeras por propiedades confiscadas por el Gobierno de Cuba. Una vuelta de tuerca más a la presión y al miedo, para propiciar el aislamiento.
El miércoles, el embajador español en La Habana, Juan Fernández Trigo, declaraba que ni España ni Europa aceptarían medidas extraterritoriales. Ese mismo día Trump anunciaba que tenía un plan B, C, D, E y F para Venezuela, y el jueves el canciller cubano, Bruno Rodríguez, advertía de movimientos de tropas norteamericanas en la región como preludio de una invasión.
“Los tiempos de la Guerra Fría han vuelto”. Lo decía un importante socio extranjero de La Habana, tras señalar que hoy la economía cubana está más preparada que antes para asumir el impacto de un cambio abrupto en Venezuela, aunque el golpe sería muy duro. “Sesenta años después del triunfo de la revolución, Cuba ha demostrado que tiene un máster en supervivencia, pero la situación es inédita”.
Es cierto. Ya no está Chávez. Ni Fidel. Ni Obama.
Y la sociedad cubana está cambiando. Y habrá que ver ahora qué llama alumbra.

La Cuba empapada de Leonardo Padura



La Cuba empapada de Leonardo Padura

Tusquets publica Agua por todas partes, una recopilación de ensayos donde el cubano habla sobre su país y sus gentes, sus gustos y maestros literarios, y, por supuesto, sobre cuál es su proceso de escritura

12 de febrero de 2019



De la nostálgica y neblinosa Habana de los bajos fondos que recorre el detective Mario Conde (La transparencia del tiempoHerejesLa neblina del ayer... ) a la Cuba prerevolucionaria donde Ramón Mercader planeó el asesinato de Trotski (El hombre que amaba a los perros), pasando por la Finca Vigía de un crepuscular Ernest Hemingway (Adiós, Hemingway), el escritor y periodista Leonardo Padura (La Habana, 1955) ha creado en sus novelas una íntima y reconocible geografía habanera que ocupa sus buenas páginas de los ensayos recogidos en Agua por todas partes, una fascinante ventana abierta a la sala de máquinas del cubano, que permite al lector curiosear por todo aquello que rodea y conforma su escritura.

Tomás Mora Fabré / A Cuba no la entienden ni los propios cubanos

Tomás Mora Fabré
La Habana, Cuba


Tomás Mora Fabré

“No hay nada más difícil que comprender este país. A Cuba no la entienden ni los propios cubanos”

Tomás Mora Fabré es un músico de 80 años que analiza la historia de la isla desde la puerta de su casa, donde toca canciones de todos los géneros para los turistas que intentan entender La Habana.

Abraham Jiménez Noa
26 de febrero de 2020
“Paso más tiempo aquí en la puerta de mi casa que dentro. A veces salgo con el plato de comida en la mano, al mediodía o en la noche, y me lo voy comiendo poco a poco mientras veo pasar a la gente o converso con algún vecino. No me gusta estar adentro, todo es muy oscuro y me siento solo como un lobo. Lo único que hago ahí es ir al baño y dormir. Además mi casa es muy pequeña y estrecha. Sólo se pueden mirar las paredes. Todo lo demás está muerto. Quedan dos o tres adornos sucios, la cocina inerte, una silla de madera enclenque, y una cama que es más bien ataúd. En mi casa lo único que tiene vida es la guitarra, el amor de mi vida, mi salvación. No sé qué hubiera hecho sin ella. A ella le debo mis últimos años, no, ni siquiera mis últimos años, la mitad de mi vida. Ella llegó cuando yo estaba en la mitad del camino. Ahora tengo 80 y ella es quien me sostiene. Si te fijas en las fotos que tengo pegadas en las paredes, verás que aparece en todas. Todos esos extranjeros los conocí a través de ella. Me ayudó a ganarme la vida. Vivo a una cuadra del “Callejón de Hamel” y lo aprovecho. A fin de cuentas, la vida se trata de eso, de tomar las dos o tres oportunidades que te regala, eso a lo que le llaman suerte. Mi regalo fue nacer aquí en Centro Habana con la guitarra, tocando, cantando, para turistas, porque los cubanos no tienen tiempo para perder. La vida de los cubanos es un relámpago, un trueno, cuando suena es que ya pasó, así que no hay tiempo. Ya no sé si es lo mismo un relámpago que un trueno. ¿Es lo mismo? Bueno si tú no sabes no importa, eso no venía al caso, pero deberías saberlo tú que dices ser periodista. ¿Los periodistas no deberían saberlo todo? Cuando pasan los extranjeros se me quedan mirando, se detienen y me dedican un rato. Eso es lo que más disfruto en la vida, cuando alguien viene caminando y joroba la cabeza hacia atrás mientras los pies le siguen caminando hacia adelante. Ese es el poder de la música, la música eclipsa, la música es una bendición, la cura de todos los males. Cuando la gente está alegre lo manifiesta con música. Cuando la gente está triste, se refugia en ella. No hay nada que le hablé al alma como la música, es la madre de los sentimientos. Nada comunica más que una melodía. Explícame cómo es que extranjeros que no hablan español se quedan parado delante de mí escuchándome. Explícame eso, eh. Me pagan por ello, por hacerlos viajar o conectarse con este país, porque no hay nada más difícil que conectarse con Cuba. A Cuba no la entienden ni los propios cubanos. Los extranjeros llegan como si fueran a un zoológico y lamentablemente, para vivir, nosotros tenemos que hacernos pasar por los animales de ese zoológico. Si a los monos les tiran frutas, a nosotros nos tiran pesos, monedas, es lo mismo, por duro que te parezca es así y hay que aceptarlo. En un día he llegado a hacer 10 o 20 dólares, es el máximo. Pero también me ha llegado la noche sin haber hecho ni un solo centavo. Pero, en serio, además de tocar para ganarme la vida, yo me siento aquí con mi guitarra porque lo disfruto, porque es lo único que me da placer y no hay nada cómo hacer lo que a uno le plazca. De vez en cuando, no siempre, cuando me lo piden, voy y enseño a algunos extranjeros a tirar su pasillito. Los llevo al Hotel Vedado y ahí les enseño el un, dos; el un, dos, tres. Aunque ya lo hago poco, estoy viejo y las piernas ya no me dan. A mí me hubiera gustado ser bailarín o estudiar música, una de dos. No hacer pude ninguna. Tú ves que la gente por ahí, sobre todo los jóvenes, andan criticando la Revolución, que si la Revolución es mala, que si hay hambre, que si no hay jabón, que si no hay papel sanitario, que si los dirigentes son los únicos que comen y por eso tienen el cuello y la cabeza como unos toros cebú. Yo quisiera que vieras cómo era Cuba antes del triunfo de la Revolución. Yo no estudié por eso, porque o trabajabas para comer o te morías, en las familias pobres era así y yo nací en una familia pobre. Yo trabajaba en una tintorería y era un esclavo. De 1959 en adelante Cuba cambió, la Revolución le dio muchas oportunidades a la gente. Yo, por ejemplo, comencé a trabajar en una empresa ensamblando tractores, aunque con el paso del tiempo todo se ha ido desmoronando. Es lo que le pasa a todo en la vida, es el ciclo, naces, te desarrollas y mueres. Yo no voy a estar cuando esto se caiga por completo, porque a mí me queda poco. Pero que no te quede duda, tú si lo vas a ver, si no eres tú, serán tus hijos o tus nietos, no más allá, porque ya estamos en las últimas, viviendo con balón de oxígeno. Así le ha pasado a todas las revoluciones, así le ha pasado a todos los procesos, es inevitable, es la vida, ya te digo. En la música pasa igual. La revolución significa cambio. Lo puedes ver ahora en el reguetón. No tengo nada en su contra, pero nadie puede negar que es aburrido y el éxito de la música es justamente lo contrario: la variación. El reguetón es una cosa lineal, una música facilista, aunque todo el mundo lo cante. De todas formas sería un error negarlo, nada en la vida se puede imponer. Yo mismo, que soy un viejo de 80 años, le hago arreglos y lo mezclo con la música tradicional cubana. Lo que sale es un caramelo. Esa es la idea: no negar a nadie y darle la oportunidad a la gente. Yo lo hago desde la puerta de mi casa, lo mismo monto música japonesa con Elvis Presley, que con The Beatles, que con Glen Miller, que con Gente de Zona. La idea es no quedarse estancado, no quedarse con lo viejo, adaptarse. Se trata de complacer al otro, de darle a la gente lo que quiere escuchar, que escojan. La imposición es un pecado. Cualquiera diría que esa última frase la dijo alguien famoso”.
– Tomás Mora Fabré, 80 años.