miércoles, 5 de octubre de 2011

Chema Madoz / La fascinación de los objetos


Chema Madoz
BIOGRAFÍA
La fascinación de los objetos

Chema Madoz nos espera en su taller. Una luz clara entra por las ventanas, descubriendo un espacio distinto al de un estudio fotográfico. Aquí no se encuentran flashes, cámaras o trípodes, como cabría esperar, sino objetos y herramientas de todo tipo. Y es que Chema Madoz, además de fotógrafo, es artesano.
Pasa la mayor parte de su tiempo ideando relaciones y tensiones imposibles entre los objetos de nuestro día a día. Por eso, paseando por su taller, podemos encontrar cucharas, libros con mirillas, tazas, lupas y un sinfín de herramientas que sirven para dar forma a esas enigmáticas imágenes que pueden definirse como auténticas poesías visuales.
Desde su taller Chema Madoz reflexiona con PHE.es sobre su trayectoria y su obra fotográfica.

Presentación

Chema Madoz-
Me llamo Chema Madoz y hago fotografías. Comencé a relacionarme con ello hacia principios de los años 80. Fue todo un descubrimiento para mí encontrarme con la posibilidad de trabajar con algo con lo que realmente disfrutaba, que me permitía contar historias y me brindaba la posibilidad de crear una realidad distinta. Llevo cerca de 30 años dedicándome a esto y curiosamente todavía no me he cansado.

Inicios en la fotografía

CM-
Mi primera cámara fue una Olympus, una cámara reflex de 35 mm, me deshice de ella con el paso del tiempo. Me la compré de una forma casual, se podría decir que casi absurda. En realidad yo quería comprar un equipo de música. Había estado ahorrando y cuando fui a comprarlo, el equipo había subido de precio y no me daba. Entonces me encontré con un dinero y no sabía qué hacer con él.
Recuerdo que tenía un amigo que se había comprado una cámara hace poco tiempo y habíamos estado haciendo algunas fotos. Eran fotos de principiante, muy ingenuas, pero me había llamado mucho la atención. Decidí comprarme una cámara, aunque en ese momento no tenía ningún tipo de pretensión. La decisión no iba mucho más allá que el simple hecho de hacer fotos. Sirvió para entrar en contacto con la fotografía y descubrir las posibilidades que me brindaba.
Creo que la fotografía tiene esa especie de “patente de corso” sobre la realidad, parece que lo que se ha fotografiado es algo que ha ocurrido. Que la fotografía digital siga manteniendo algo de ese carácter es muy llamativo, pero en aquellos años ver una fotografía era situarte ante una imagen de algo que había ocurrido o que el fotógrafo había vivido. A mí me llamó mucho la atención como todo estaba mediatizado y condicionado. Como, desde el momento que eliges un fragmento y no otro para fotografiar, estás dando una visión propia y particular. En esos momentos previos a la toma se abría la posibilidad de jugar, de manipular, de condicionar la lectura que podría hacer el espectador posteriormente. Eso para mí fue un descubrimiento porque evidentemente nunca había reflexionado sobre la fotografía y fue fascinante porque me permitía jugar y tener la posibilidad de modificar esas posibles lecturas de la imagen. Después de este descubrimiento quise adentrarme más en ese universo que para mí era completamente desconocido.
En un primer momento lo último que pensaba era que pudiera vivir de mis fotografías. Entonces tenía otro tipo de trabajo y la gran diferencia era que mi trabajo era alimenticio y la fotografía era algo con lo que me lo pasaba bien. No fue hasta que pasaron los años que me di cuenta de que realmente podía empezar a vivir de ella.
En el nuevo libro de La Fábrica Colección Obras Maestras se ha incluido la primera foto que hice cuando era un enano. Recuerdo que mi padre tenía una cámara y me pidió que les hiciera una foto a ellos. Es una foto en la que aparecen los dos con la cabeza cortada. Sobra espacio por todos sitios, aun así su rostro no cabía. Hay todo un recorrido de aquella foto hasta ahora. Ahora por lo menos las pocas personas que aparecen en mis fotografías, entran.

Fotografía figurativa/fotografía conceptual

CM-
Hubo un salto natural en mis fotografías. Vino dado un poco por la propia búsqueda que había dentro del trabajo. Me interesaba ir eliminando todo aquello que no aportara algo definitivo a la imagen. Llegué a la conclusión de que el uso que hacía de las personas era muy formal, en la medida de que yo los utilizaba como punto de apoyo para construir un juego de relaciones vinculándolos a su propio entorno, pero en realidad esas imágenes no transmitían nada de lo que estaba ocurriendo con esas personas.
El elemento humano no tenía un gran peso dentro de mis fotografías y por ello intenté prescindir de él. Hubo un momento en el que el corte fue radical y la mirada comenzó a centrarse en los objetos de una forma intuitiva. Cuando arranqué a trabajar con los objetos no sabía que quería transmitir. No me interesaban mucho las naturalezas muertas ni los objetos, eso ya estaba hecho a lo largo de la historia. En ese sentido no veía que pudiera aportar nada distinto. Encontré una forma de trabajar con el objeto de una forma diferente. Me producía vértigo porque era algo desconocido pero ahí se creó una atracción que dura hasta ahora.

Relación con los objetos de las fotografías

CM-
No tengo una relación especial o fetichista con los objetos. Es algo más amplio, es mi relación con la imagen la que me hace centrarme en el objeto y éste es una especie de medio que me permite contar mis propias emociones, mis propias sensaciones, ideas… Pero ha sido algo que he ido descubriendo con el paso de los años.
Curiosamente cuando aparecían las personas en mis fotografías llegó un momento en que aquello dejó de tener interés para mí. Me quedé con la sensación de que podía hacer cientos de fotos iguales y entonces perdió el misterio, dejó de atraerme.
En cambio el trabajo con los objetos sigue ejerciendo esa fascinación sobre mí. La fotografía me permite trabajar con estos objetos desde aspectos muy diferentes. Está el aspecto puramente fotográfico, hay otras en las que tiene un carácter más gráfico, otras que son casi esculturas y otras que están mucho más cercanas a la instalación. Es un territorio que me permite trabajar en muchos ángulos y direcciones diferentes. Al fotografiar esas manifestaciones tan distintas, doto al trabajo de una cierta homogeneidad que en este caso viene dada por el uso formal de una misma técnica.

Método de trabajo

CM-
Cualquier método puede ser válido. No tengo un sistema concreto para llegar a una conclusión, si entendemos por conclusión una fotografía. Los procedimientos pueden ser muy distintos, pueden surgir a partir de la relación con un objeto o de la contemplación de algo. Otras veces tengo una sensación concreta y busco el objeto que la defina, que ponga en evidencia esa sensación que yo he tenido.
En otras ocasiones se da el caso de que hay imágenes con las que me tropiezo sin más. Estas imágenes con las que me encuentro están cercanas al hallazgo y pueden ser absurdas o pueden tener sentido. Hago un ejercicio de reflexión para ver si realmente tiene sentido, cuáles son las posibilidades de lectura que ofrece esa imagen, etc…y es lo que me empuja a dejarla de lado o a darla por válida.

Tratamientos de los objetos

CM-
Hay objetos muy sencillos a la hora de elaborar y otros que llevan un proceso más complejo. En ocasiones necesito echar mano de otra gente para que me ayude a trabajar, por ejemplo, con una madera que lleve una xerigrafía, con un lacado, etc… busco a estos profesionales que me pueden ayudar a dar el acabado que necesito para construir ese objeto. Pero disfruto por igual con todos y cada uno de ellos.
Siempre he tenido la sensación de que en realidad el trabajo que hago es algo que estaba intuido en las primeras imágenes, aunque son distintas, pero hay una manera de ver, de establecer relaciones entre los diferentes elementos que entiendo como propia y constante en mi obra.
Sólo tomo conciencia de ella en el momento en que empiezo a fotografiar. Al final la mirada que podemos tener cada uno de nosotros viene condicionada por infinidad de cosas. Nos influye la música que escuchamos, las películas que vemos, los artistas que conocemos…Hay tantas cosas que es difícil de definir de una manera concreta, pero creo que ahí reside el atractivo de todo este tipo de historias. La fotografía capta esas imágenes y eso da paso a un abanico sumamente amplio de posibilidades. Cada persona que utiliza una cámara está viendo una cosa diferente… y ahí es donde radica el atractivo y la riqueza de la fotografía.

Poesía visual

CM-
Cuando hago una fotografía intento crear una imagen que aclare mis propias ideas, mi propia forma de ver y de entender el mundo. Muchas veces me quedo con la impresión de que a la hora de comunicarme con los demás en el día a día no termino de explicarme especialmente bien. De alguna manera me cuesta mucho más el llegar a matizar cuando me expreso verbalmente, mientras que con un lenguaje visual tengo otras capacidades a la hora de trabajar. Puedo ser más contundente, puedo ser más sutil… Tengo la sensación de que controlo mejor los diferentes planos y las diferentes posibilidades de lectura que si contemplo solo el aspecto verbal. Para mí la fotografía siempre ha sido una especie de apoyo. Soy consciente, por otro lado, de que esas fotografías las va a ver un espectador y trato, a la hora de construir esa imagen, como se va a ver con unos ojos diferentes a los míos.
Mis imágenes son muy elementales, muy sencillas, pero hay en ellas algo de mecanismo de relojería, algo en el que la imagen está dotada de una especie de engranaje en el que una vez que te pones delante de ella arranca. Me gusta pensar que estas imágenes permiten diferentes tipos de lectura. Cuando tengo la ocasión de hablar con gente que ha visto la exposición o ha visto un libro puedo observar como lo interpretan de maneras radicalmente diferentes a partir de un mensaje muy elemental. Es algo tan elemental que permite todo un abanico de lecturas.

Ausencia de título en las fotografías

CM-
El título se puede utilizar en diferentes medidas. Me viene a la cabeza la obra de Magritte que tenía unos títulos fantásticos que pasaban a ser un elemento más de la obra y venía a añadir más desconcierto al desconcierto que ya te producía la propia imagen.
               A mí me costaba el enriquecer la imagen cuando añadía un título. Veía que con los títulos que barajaba estaba dando como una pista, una línea de interpretación de esa imagen. Entonces preferí prescindir de ellos y dejar las puertas abiertas.

Escenarios de las fotografías

CM-
En un primer momento los objetos aparecían en escenarios que les eran propios. Si aparecía un libro lo hacía en una estantería, un sitio en el que era habitual que te lo encontraras.
Con el tiempo esa relación entre esa localización y el propio objeto se fue difuminando. La mirada se fue centrando única y exclusivamente en el propio objeto y los fondos comenzaron a jugar un papel diferente. Con el paso del tiempo se convirtieron en fondos más neutros, más claros, más limpios que hacían que el objeto cogiera una mayor importancia dentro de la imagen.
Estos escenarios desnudos aíslan al objeto en el tiempo, hay algo en ello intangible, da otro tipo de lectura, adquiere un carácter mucho más gráfico y se centra en dónde está esa pequeña alteración, en esa manipulación que hace que podamos cambiar la comprensión que teníamos de esos elementos que aparecen en la imagen. Algunos objetos pueden seguir situados en lugares concretos, pero en general se le va quitando información a las fotografías y hay veces que siento que están en un punto en el que es difícil seguir eliminando porque el siguiente paso ya sería el vacío total.

Blanco y negro/Color

CM-
El mecanismo de toda la obra es trabajar siempre con los mínimos recursos posibles. Si comparamos el color con el blanco y negro nos estamos quedando también con la opción más “reducida”. El blanco y negro sitúa la imagen de una forma diferente, es mucho más evidente que lo que estás viendo es una representación, una reelaboración de los elementos que aparecen en las fotografías. El blanco y negro es más difícil de centrar en el tiempo. Con el color es más sencillo datar una determinada época.
Por ejemplo el color de cada década es diferente uno de otro. Una foto de los sesenta o de los ochenta es distinta a las de ahora. No somos conscientes de las condiciones que tiene el color en una década hasta que no pasa un poco de tiempo. Cuando pasa el tiempo y cambia el color vemos que la concepción que teníamos de color real ha cambiado. Es una especie de convención, pero con el paso de los años se ve que el color es diferente. Al final eso sirve para situar la imagen en un periodo muy concreto, mientras que una fotografía en blanco y negro podría estar hecha a principios de siglo o muchísimos años después. Es más ambiguo y por eso también me interesa. En definitiva es un recurso y lo adapto a lo que cuento.

Proyectos

CM-
Siempre tengo la sensación de que tengo una mirada muy corta. No suelo trabajar con proyectos a largo plazo, ni siquiera a medio plazo. Suelo trabajar en el día a día. Cuando termino una exposición no tengo ni idea de lo que voy a hacer para la próxima. Por un lado da una especie de sensación de vértigo, parece que entras en una dinámica de repetición… pero al poco tiempo me encuentro descubriendo posibilidades que no se habían pasado por mi cabeza.
Sigo trabajando a partir de objetos pero la sensación es que hay imágenes que tienen un carácter diferente, que permiten otro tipo de lecturas o de acercamientos. Yo creo que va cambiando la forma de trabajar con los propios elementos que aparecen en las fotografías. Son elementos más gráficos.

Fotografía digital

CM-
Estoy incorporando algunas imágenes que tienen tratamiento digital de forma puntual y evidente. Siempre creí que utilizar fotografía digital no tenía sentido dentro de mi trabajo, pero luego me fui dando cuenta de que la propia fotografía pone en evidencia el tratamiento digital que se ha hecho con ella y con esto se está consiguiendo lo mismo que con las imágenes anteriores, pues todas son imágenes que están manipuladas de alguna manera.
Me llama la atención que en ocasiones cuando los niños ven mis fotos dicen: “Ah, ya he visto el truco”. Para ellos es evidente que hay una manipulación, que hay “algo” que hace cambiar la mirada o la comprensión de esa imagen. Entonces si hacemos caso de esa definición que hacen los niños, el truco en la imagen siempre es patente y siempre es evidente.
En las ocasiones en las que he resuelto algo desde un punto de vista digital queda igualmente a la vista. Esto permite que convivan con las otras imágenes porque se sigue trabajando con las mismas claves, pero te permite trabajar con objetos que sin retoque digital sería imposible. Por ejemplo: yo no puedo moldear una nube y meterla dentro de una jaula. Precisamente esta evidencia hace que de alguna forma las fotografías con retoque digital se relacionen con fotografías que se producen de una forma mucho más artesanal. Me interesa manipular la realidad dentro de su propio territorio, de una manera más artesanal, pero la conclusión es que ambas técnicas pueden convivir.

Objetos que se repiten

CM-
Las partituras se repiten mucho. Podría decir que es porque me interesa la música, pero no sé leer una partitura. Hay algo ahí que me interesa mucho, como son las notas, las partituras por ese carácter gráfico tan evidente y las evocaciones que despierta la música. También trabajo mucho con los libros.
No es nunca de una forma exclusiva pero siempre trabajo con partituras y libros. Evidentemente si vuelvo a trabajar con un objeto es porque he encontrado una posibilidad nueva, aunque se repita el elemento no se repite la idea. Esto enriquece el propio trabajo más que limitarlo.
Hay imágenes que resuelvo con el paso del tiempo. Con la solución que creía haber dado en su momento no funcionaba y con los años encuentro una pequeña vuelta de tuerca que hace que la imagen cobre todo el sentido.

Objetos después de ser fotografiados

CM-
Los objetos en el estudio están almacenados. No conservo un archivo de objetos tal y como los he fotografiado. Si, por ejemplo, he fotografiado una cuchara que proyecta la sombra de un tenedor, posiblemente esa cuchara ahora esté en el cajón de los cubiertos. No conservo los montajes. Hay muy pocas de esas obras que se conserven como tal.
Hay alguna de ellas que, por temas de conservación, no se pueden mantener como es una manzana, unas zapatillas de hierba, huellas en la arena o fotografías que han sido hechas en el exterior.

Instalaciones

CM-
No desestimo hacer instalaciones. La pieza que hice en el 2006 en Fundación Telefónica fue para mostrar parte de mi propio proceso de trabajo. De hecho luego se iba a fotografiar e iba a existir como fotografía y no como instalación. Una serie de circunstancias complicaron esa última parte de tomar la foto, porque justo en aquel momento yo salía de una operación.
Es algo que me interesa y que creo que en algún momento terminaré abordando.

Fotografía en movimiento

CM-
Recientemente hice una especie de pieza corta de lo que era una fotografía que permitía esa idea de movimiento. Podía resolverse como una imagen fija pero a la vez permitía el movimiento en ella. No se ha mostrado por el momento y ya veremos si se presenta o no.
Cualquiera de esas posibilidades está ahí y en realidad sólo hace falta encontrar la idea idónea para desarrollarla en un ámbito diferente.


FOTOGRAFÍAS DE CHEMA MADOZ



























martes, 4 de octubre de 2011

James Patterson / Bikini


Javier Munguía
Bikini
James Patterson
Traducción de Carlos Gardini
Ediciones B (Barcelona, 2009)



James Patterson parece una máquina de hacer libros: según su página oficial, sólo en 2009 fueron nueve las novelas suyas que vieron la luz. Tal fecundidad creativa podría hacernos pensar en sus ficciones, por lo general agrupadas en el subgénero thriller o novela de suspenso, como obras sin mayor pretensión que hacer pasar un buen rato a sus lectores. Aun cuando dicho propósito es válido, los alcances de Patterson como escritor van más allá a juzgar por Bikini, precisamente una de esas nueve novelas del autor publicadas en el mencionado año.
El libro arranca con un prólogo firmado por quien será su narrador de principio a fin: Benjamin Hawkins. Ex policía, novelista sin éxito y periodista de nota roja de un periódico de Los Ángeles, Hawkins nos adelanta que la historia que nos narrará es la de un psicópata terrible que nos dejará, tal como lo ha dejado a él, sin aliento. Esta declaración azuza nuestra curiosidad, por supuesto, pero también puede resultar pretenciosa si el relato no está a la altura de nuestras expectativas. Por fortuna, Bikini no es una de esos libros que incumplen sus promesas.
Aun cuando la novela es contada en su totalidad por Hawkins, este narrador adopta dos modalidades: relata en primera persona, en pasado gramatical, para referirse a su experiencia en torno a los asesinatos cometidos por Henri Benoit desde la perspectiva que tenía cuando la vivió, sin apelar al conocimiento que el tiempo transcurrido desde entonces le da; y relata en tercera persona, también en pasado gramatical, recreando la perspectiva de Henri, con el apoyo de las entrevistas que el asesino le concedió cuando trabaron relación.
Si bien al principio del libro la muerte de esa bella y joven modelo de bikinis llamada Kim Levon parece central en la trama, apenas avanzamos un poco nos damos cuenta de que el de Kim es un asesinato entre los muchos que conforman el historial de Henri. Son este y Hawkins los verdaderos protagonistas de la obra: un verdugo sin escrúpulos ante la figura de un escritor que es en el fondo un hombre común y corriente, asqueado, temeroso y fascinado ante los abismos oscuros de Henri, un monstruo y  la vez una posibilidad más del ser humano.
Uno de los aciertos de Bikini es que, a pesar de que renuncia rápido a generar interés a través de un misterio a resolver, ya que en los primeros capítulos se describe la primera muerte y pronto se revela la identidad del asesino, es capaz de mantener la tensión por medio su prosa directa, sus capítulos cortos y el enfrentamiento entre Hawkins y Henri: el primero, encarnando la temeraria justicia; el segundo, las simas del alma, el vértigo por desentrañar a golpe de cuchillo o pistola los misterios de la muerte.
Bikini: entretenimiento de buena cepa y también una forma de acercarse a esos rincones inquietantes de nuestra propia naturaleza. “La parte más aterradora del verdugo es su semejanza potencial con nosotros mismos”, ha dicho José Emilio Pacheco.


lunes, 3 de octubre de 2011

James Patterson / Un millón de libros digitales


James Patterson
UN MILLÓN DE LIBROS DIGITALES

La venta de libros digitales están en su apogeo y con un espacio que poco a poco han establecido, y que a la larga han hecho que los eBooks se comercialice para todos, también serán los escritores los mayores beneficiarios, si hablamos de la parte económica como es el caso de James Patterson.
En efecto, este novelista se convirtió en el primer escritor que vende un millón de libros digitales, según su la editorial, Hachette Book Group, filial de la francesa Hachette Livres. Además es el primer escritor que más están comenzando a leer en el ipad de Apple, y entre otros dispositivos digitales.
Por el momento, Patterson se está convirtiendo en la vanguardia de una tendencia digital en los eBooks, pues por las venta que acumulado, todo indicaría que no sólo los lectores electrónicos ganan, además de los usuarios, también aquel escritor que cuenta historias y qué ven en un eBook otra ventana de llegar a los demás.
Como se sabe, a James Patterson se le conoce como creador del creador del detective Alex Cross, popularizado en el cine por Morgan Freeman con películas como “Along came a Spider“, y “Kiss the Girls“), y de policiales como “Los puentes de Londres“, “Luna de miel“, “El lobo de Siberia, entre otros.






James Patterson
BIBLIOGRAFÍA

Alex Cross
1. Along Came a Spider (1993)
2. Kiss the Girls (1995)
3. Jack & Jill (1996)
4. Cat and Mouse (1997)
5. Pop Goes the Weasel (1999)
6. Roses are Red (2000)
7. Violets Are Blue (2001)
8. Four Blind Mice (2002)
9. The Big Bad Wolf (2003)
10. London Bridges (2004)
11. Mary, Mary (2005)
12. Cross (2006)
13. Double Cross (2007)
14. Cross Country (2008)
15. Alex Cross’s Trial (2009 con Richard DiLallo)
16. I, Alex Cross (2009)
17. Cross Fire ( 2010)
Maximum Ride
1. Maximum Ride: The Angel Experiment (2005)
2. Maximum Ride: School’s Out Forever (2006)
3. Maximum Ride: Saving the World and Other Extreme Sports (2007)
4. Maximum Ride: The Final Warning (2008)
5. MAX: A Maximum Ride Novel (2009)
6. Fang: A Maximum Ride Novel (2010)
7. Angel: A Maximum Ride Novel (2011)
Michael Bennett
1. Step on a Crack (2007) (con Michael Ledwidge)
2. Run for Your Life (2009) (con Michael Ledwidge)
3. Worst Case (2010) (con Michael Ledwidge)
4. Tick Tock (2011) (con Michael Ledwidge)
Jack Morgan
1. Private (2010, con Maxine Paetro)
2. Private London (2011)
Daniel X
1. The Dangerous Days of Daniel X (2008) (con Michael Ledwidge)
2. Watch the Skies (2009) (con Ned Rust)
3. Daniel X: Demons and Druids (2010) (con Adam Sadler)
Witch & Wizard
1. Witch & Wizard (2009) (con Gabrielle Charbonnet)
2. The Gift (2010) (con Ned Rust)
Novelas autónomas
The Thomas Berryman Number (1976) (Edgar Award, 1977, Best First Novel)
Season of the Machete (1977)
Virgin (1980)
The Midnight Club (1988)
Hide & Seek (1996)
Miracle on the 17th Green (1996) (con Peter De Jonge)
See How They Run (1997, en 1977 publicada como The Jericho Commandment)
When the Wind Blows (1998)
Black Friday (2000, en 1986 publicada como Black Market)
Cradle and All (2000, Virgin, en1980)
Suzanne’s Diary for Nicholas (2001)
The Beach House (2002) (con Peter De Jonge)
The Jester (2003) (con Andrew Gross)
The Lake House (2003) (continuación de When The Wind Blows)
Sam’s Letters to Jennifer (2004)
Honeymoon (2005) (con Howard Roughan)
Lifeguard (2005) (con Andrew Gross)
Beach Road (2006) (con Peter De Jonge)
Judge and Jury (2006) (con Andrew Gross)
The Quickie (2007) (con Michael Ledwidge)
You’ve Been Warned (2007) (con Howard Roughan)
Sundays at Tiffany’s, (2008) (con Gabrielle Charbonnet)
Sail (2008) (con Howard Roughan)
Swimsuit (2009) (con Maxine Paetro)
The Postcard Killers (2010) (con Liza Marklund)
Don’t Blink (2010) (con Howard Roughan)
No ficción
Against Medical Advice: A True Story (2008) (con Hal Friedman)
The Murder of King Tut (2009) (con Martin Dugard)




domingo, 2 de octubre de 2011

Los avispones / El primer reto de Handke


Peter Handke / Los avispones
Fotografía de Triunfo Arciniegas

LOS AVISPONES

El primer reto de Handke



Cecilia Dreymüller
2 de octubre de 2011

Para ilustrar el cambio paradigmático que han sufrido las literaturas occidentales en el último cuarto de siglo no hay nada mejor que la (re)lectura de ciertos libros que en su momento revolucionaron el panorama literario. Viene perfectamente a mano para este cometido la nueva y formidable traducción de Los avispones de Peter Handke, una novela que convirtió en 1966 a su entonces veinteañero autor en aplaudido iniciador de un debate acalorado sobre las inciertas perspectivas de futuro de la narrativa alemana, algo que en el mundo literario comercializado de ahora resulta harto difícil de imaginar.

James Patterson / El escritor mejor pagado del mundo


James Patterson
EL ESCRITOR MEJOR PAGADO SEGÚN FORBES

El escritor estadounidense recaudó en 2010 más de 84 millones de dólares. La lista también está encabezada por Danielle Steel y Stephen King

EL PAÍS - Madrid - 18/08/2011




James Patterson es el escritor mejor pagado del mundo. Con su pluma cargada de ficción y suspenso el año pasado recaudó 84 millones de dólares con la publicación de 10 obras. Y no ha sido precisamente la industria del libro de tapa dura que lo ha situado en la cúspide, sino más bien el mercado digital. Así lo confirma un estudio de venta elaborado por Forbes comprendido entre mayo de 2010 a abril de 2011.
En los primeros puestos de la lista también se encuentran Danielle Steel y Stephen King. El rápido crecimiento de la demanda de libros electrónicos y la diversificación de sus marcas personales con ofertas multimedias han sido sus mejores aliados, según señala Forbe.
Nacido en Newburgh en 1947, Patterson es autor de 80 obras. Su expansión en los últimos años a los mercados de adultos y adolescentes le ha permitido consolidarse como el escritor con mayor ingreso. En el 2010 y principio de este año ha vendido 10 millones de copias de sus libros. Patterson es conocido sobre todo por sus libros del psicólogo Alex Cross, un exmiembro del FBI que investiga el asesinato de un familiar y se enfrenta a un poderoso enemigo.
No contento con el éxito de su novela policiaca, Patterson, de 64 años, incursionó el año pasado con Maximum Ride y La bruja y el asistente al mercado para adolescentes y niños. Ahí logró la venta de más de un millón de copias de las dos obras antes citadas. El escritor, que en este año verá varios de sus libros adaptados para cine, dijo a Reuters en una entrevista que inevitablemente pronto será una época en donde "la mayor parte de todo estará en una forma de libro electrónico".
En el segundo puesto se encuentra Danielle Steel, otra escritora estadounidense conocida por sus novelas románticas. Según Forbes, Steel también de 64 años, recaudó 35 millones de dólares. En tercer lugar se ubica el escritor de terror y suspenso Stephen King, que obtuvo 28 millones de dólares. En el cuarto y quinto puesto quedaron la autora de aventuras románticas Janet Evanovich con 22 millones;y la escritora de Crepúsculo Stephenie Meyer con 21 millones en ventas.
Las estimaciones de Forbes se basan en las cifras facilitadas por Nielsen Book Scan, que compila los datos de ventas en todos los puntos de transacción de libros. El estudio también se alimenta de cifras facilitados por las editoriales Publishers Weekly y numerosos agentes, directores y editores.

sábado, 1 de octubre de 2011

Olivia Wilde / “Almodóvar me gusta"



Olivia Wilde

Olivia Wilde: “Almodóvar me gusta, es el Woody Allen español”

De House al infinito. Con 10 estrenos en cartera –muchos de ellos independientes– ahora hace feliz a su familia de intelectuales con Butter, una curiosa sátira política que ha triunfado en Toronto.


DAVID MARTOS
01 OCT 2011 08:27

La chaqueta con la que Olivia nos recibe en Toronto está adornada con cenefas grecolatinas, un estampado muy parecido al que, horas después, lucirá en la alfombra roja del festival internacional de cine. Hija de productores de documentales y nieta de escritor de novela negra, la actriz reposa tranquila con las manos sobre los muslos mientras reconoce que los procesos de promoción son más fáciles cuando, como en este caso, se siente tan segura del trabajo que ha realizado. Tras asomarse a la cartelera española con Cowboys and Aliens, después de cosechar fama internacional por su papel de Trece –la doctora Hadley– en House y mientras prepara el estreno de un corto que ella misma ha dirigido, habla con orgullo de Butter. Es una comedia ácida que protagoniza junto a Hugh Jackman y Jennifer Garner sobre las envidias en la política, y en la que interpreta a una stripper muy sexy, con una melena que recuerda a la de la mítica pin-up Bettie Page.
¿Por qué le dio el «sí, quiero» a ese personaje? El guion de Butter es uno de los más divertidos e inteligentes que he leído nunca. Había oído hablar de él hace años, porque estaba en la llamada «lista negra», entre los mejores guiones de Hollywood que nunca han sido producidos. Es un filme ácido y ofensivo –de la manera más deliciosa–, y mi personaje es valiente, desternillante, loco y divertido.
Es usted una de las nuevas actrices que la prensa tiene en el punto de mira. ¿Cómo vive despertar tanta expectación? No he cambiado mi manera de vivir. Es raro que te sigan por la calle, no es normal, pero intento que no me afecte demasiado. La fama es efímera, y ahora mismo la gente me presta mucha atención porque soy nueva bajo los focos, pero pronto se fijarán en otra chica distinta… ¡Así que ahora me estoy centrando en trabajar en todos los proyectos interesantes que puedo!
También le dedica tiempo a su trabajo solidario en Haití… Amo Haití desde hace mucho tiempo. Formé una organización para apoyar a grupos de trabajo locales en 2008, así que he estado trabajando en el país desde mucho antes del terremoto de 2010. Estuve allí una semana antes de que ocurriese. Me siento muy afortunada de formar parte de una organización que pudo resultar muy útil de forma tan inmediata y efectiva. Dirigimos la única escuela secundaria libre de todo el país.
Con esta trayectoria, ¿qué piensa de quienes solo destacan de usted las cualidades de su físico? Eso ya no ocurre porque la gente se ha dado cuenta de qué tipo de persona soy. Creo que lo he dejado bastante claro pronunciándome en algunos temas políticos. Además, cualquiera que se moleste en mirar mi agenda verá que no solo está centrada en actos superficiales. De todos modos, que se te juzgue por la belleza es algo frecuente en Hollywood. Incluso a Meryl Streep la examinan minuciosamente por su aspecto; es parte del negocio.
¿Ella es uno de sus referentes en el cine? Sí, también me fascinan Katharine Hepburn y Sigourney Weaver.
¿Cree que, por fin, Streep ganará el Oscar este año? Lo bueno de Meryl Streep es que el hecho de que gane o no un Oscar es insignificante, porque ya ha cambiado el cine. Ha interpretado lo mejor de lo mejor durante 30 años, así que el Oscar sería solo una pequeña muestra de agradecimiento. Y sí, se lo merece, pero lo que me gusta de ella es que no le embriagan los elogios. 
¿Qué escena, y de qué película, le hizo saltar al mundo del cine? Me acuerdo de ver Eva al desnudo, con la actuación de Bette Davis, cuando era pequeña. Y especialmente esa maravillosa escena en la que dice: «Abróchense los cinturones. ¡Esta va a ser una noche movidita!».
¿Se imagina alguna vez trabajando con Pedro Almodóvar? Claro. Me encanta, porque le da a las mujeres papeles fantásticos. Siempre ha estado en mi lista de preferidos y creo que lo sabe. Debo confesar que una vez me abalancé sobre él y le dije: «Pedro, put me in your movies, I love you! [«¡Pedro, sácame en tus películas, te adoro!»]. Me encantan todas sus películas. Es el Woody Allen español.

Susan Sontag según Annie Leibovitz / El ojo enamorado


El ojo enamorado
Fotografías íntimas de Leibovitz sobre Sontag

La mayoría de las fotografías personales que componen Annie Leibovitz, A Photographer’s Life, 1990-2005 (una exposición y un libro que tienen el mismo nombre) habían permanecido en cajas repletas de películas que su autora, la fotógrafa norteamericana Annie Leibovitz no había revelado. Y entre ellas, la narración fotográfica de su historia de amor.

Por Belén Sáez de Ibarra
Revista Arcadia





Annie Leibovitz
           
Susan Sontag fue una polémica intelectual de su tiempo. Conocida ampliamente por todo tipo de públicos y respetada por el círculo intelectual contemporáneo, utilizó sobre todo el ensayo para ocuparse del más amplio espectro de la vida social: el arte, la cultura, la economía y la política. Controvertida por sus declaraciones y participaciones públicas; crítica de la política de seguridad internacional de su país Norteamérica, del que decía estar avergonzada –“En Estados Unidos sólo podría vivir en Manhattan porque aquí viven muchos extranjeros”–, causó polémica cuando corresponsabilizó a los líderes norteamericanos de la devastadora tragedia del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, y la condena a la decisión de enviar tropas norteamericanas a Oriente Medio y la invasión a Irak. Por esas opiniones fue acusada por influyentes columnistas de traidora y se esparció un rumor que la apodaba Osama Bin Sontag.
“Con Susan fue una historia de amor”, ha dicho Leibovitz. Se conocieron en 1988 en el registro fotográfico que le hacía Leibovitz a Sontag para la contraportada del libro El Sida y sus metáforas, una especie de continuación del libro publicado en 1978, La enfermedad y sus metáforas, en el cual Sontag se ocupó de desocultar nuestras más naturalizadas creencias sobre la enfermedad en nuestro cuerpo, explorando en el lenguaje y la literatura de una forma sencilla –con un estilo directo y diáfano– referencias e imágenes de nuestra cultura esparcidas en la cotidianidad. Sontag convivió hasta su muerte con diferentes formas de cáncer a partir de la mitad de los años setenta. Consideró el cáncer y el sida de especial interés como enfermedades atravesadas por la falsa idea de una muerte inevitable –enfermedades mortales– y cargadas de metáforas negativas de derrota y de vergüenza sobre las que no se podía hablar, las cuales había que evitar por feas y decadentes, desprovistas de romanticismo y espiritualidad.
Hace poco, en un reportaje de la BBC, Leibovitz recordaba ese primer encuentro con Sontag. Ella se mostraba segura, se conocía muy bien a sí misma y tenía bajo control la sesión de retratos que se disponían a iniciar, “Ella decidió entonces que me iba a conocer”. De ahí en adelante se hicieron pareja hasta la muerte de Sontag, ocurrida en diciembre del 2004. Una relación íntima de apoyo y de crítica.
Tal vez sin conocer este prólogo sería imposible comprender por qué, al morir Sontag, Leibovitz se consagró a una exposición y un libro que causaron polémica porque mostraban la imagen de la de la enfermedad y la muerte de una manera descarnada. Leibovitz comenzó a trabajar en un momento muy doloroso: después de la muerte de Sontag, falleció su padre y poco tiempo después nacieron dos de sus hijas. La preparación de la exhibición fue fundamentalmente un proceso de duelo. De ahí el enfoque personal de la muestra y del libro que son una experiencia de recogimiento sobre su experiencia vital que incluye su trabajo profesional. “Porque mi vida es una sola”: Así lo cuenta en la introducción del libro, en la cual insiste en que estas imágenes –que incluyen también las de su padre en el lecho de su muerte– pertenecen a la vida de sus seres amados. Leibovitz considera estas fotos personales más ricas y cercanas a su estilo de trabajo como artista en la Escuela de Bellas Artes de San Francisco en la que se formó: “Más vivo y descarnado… Me percaté de que mi trabajo profesional había perdido inmediatez y era más superfluo”, le dijo a Vanity Fair, en junio de 2009.
El hijo de Sontag, David Rieff, criticó duramente la exhibición de las fotografías de su madre agonizante. Leibovitz asegura como respuesta a las innumerables preguntas que se le han hecho sobre la polémica que Sontag habría estado de acuerdo en mostrar las fotografías: “A ella siempre le gustó el debate. Hablar sobre las cosas. Seguro que pensaría que esto (la enfermedad) es algo que pasa en la vida; entonces está bien mostrarlo”.
Nuestra cultura visual –en donde no solamente juegan un papel las industrias mediáticas sino también las prácticas artísticas– está llena de imágenes duras en donde se trafica con el dolor de los otros sin ningún pudor: en ese tipo de imágenes no existe contexto, la vida está ausente en ellas. Al decir del filósofo francés Guy Debord, en su libro La sociedad del espectáculo, de 1969: “Las imágenes que se han desprendido de cada aspecto de la vida se fusionan en un curso común, donde la unidad de esta vida ya no puede ser restablecida. La realidad considerada parcialmente se despliega en su propia unidad general en tanto que seudo-mundo aparte, objeto de mera contemplación. La especialización de las imágenes del mundo se encuentra, consumada, en el mundo de la imagen hecha autónoma, donde el mentiroso se miente a sí mismo. El espectáculo en general, como inversión concreta de la vida, es el movimiento autónomo de lo no-viviente”.
Las imágenes de Sontag lejos de encarnar la indigna parodia del espectáculo, nos acercan a la humanidad que habita en ellas, aproximándonos a un cuerpo amado: cuando Leibovitz captura estas imágenes con la ansiedad de retener un instante de intimidad. Están acompañadas por la secuencia de registros de una vida en común con ese cuerpo. En la exposición-libro aparecen fotografías de Sontag desnuda, con su cuerpo maduro, erotizado por un lente que ve y se siente conmovido más allá de lo que aparece.
Mostrar un cuerpo enfermo no es cosa de nuestros días, pues el lenguaje de nuestro tiempo no da cabida a la humanidad de la herida. Pero es necesario. No hay que sentir vergüenza de nuestros cuerpos insanos y de nuestra finitud. No somos parte de un engranaje perfecto; la vida nos hiere con su roce. Esa es nuestra condición. El teórico español de Estudios Visuales José Luis Brea, lo expresa profundamente en su texto “Muestra tus heridas” de 1994, “…Nos sabemos heridos, los unos en los otros, y todos en el mundo. Pero no queremos, ya, hacer de todo esto un drama. Traemos con nosotros heridas –incontables heridas: la historia de la humanidad es la de sus campos de batalla– pero ni queremos regodearnos en el lecho fácil de su narración inmunda, ni pretendemos entonar las virtudes salvíficas de algún universal remedio. No nos queda ya mucha esperanza, pero tampoco nos entregamos a la amarga melancolía de la convalecencia. Mostrar, esto es todo. Una herida es siempre un territorio límite, escapado a su destino. Y el hombre, sí, es la herida del mundo, su extravío. Que el hombre muestre su herida, que se muestre a sí mismo como herida –esto es necesidad y honradez. Y no hay cura en ello, pero tampoco lamento puro: sino conocimiento, conocimiento de sí, de uno mismo, de sus lugares, sus territorios, sus límites, sus pliegues y sus rompimientos, de sus heridas. Imaginar un cuerpo todo hecho de heridas, de órganos que fallan a su misión. A dónde dirige sus funciones, cómo sobrevive. Sólo el hombre es capaz de existir herido, sólo para él la herida es condición… Muestra tus heridas, sí: sólo ellas son tu verdad”.
Leibovitz siempre logra sorprender. Quizá por la honestidad de su mirada que no conoce fórmulas. Esta fotógrafa ha registrado durante su carrera escenas glamorosas, cuerpos plenos de juventud y destreza, la pulsión del carácter de interesantes personajes de nuestra cultura. Nos enseña ahora con estas fotos de su intimidad –que parecen casi una caricia– cómo el paso del tiempo, la enfermedad y la muerte no pueden arrancarles belleza a los cuerpos que amamos.
            Annie Leibovitz es una de las más celebres “fotógrafos” de nuestro tiempo y una de las pocas mujeres reconocidas en su oficio. Por eso es forzoso utilizar el género masculino de la palabra. Por su lente fotográfica ha pasado una representativa parte de la historia de Estados Unidos de los últimos cuarenta años: artistas, músicos, bailarines, fotógrafos, poetas, actores, intelectuales, líderes, políticos, empresarios y celebridades. Si no ha escuchado su nombre habrá visto al menos alguna de sus fotografías. ¿Recuerda a John Lennon desnudo, de costado, vulnerable, rodeando estrechamente con sus brazos y piernas a Yoko Ono; aferrado a ella, a su explayada cabellera negra, acostados en el suelo, ella vestida de suéter negro y jeans, serena y poderosa? Esta fotografía le ha dado la vuelta al mundo no sólo por la no convencional forma de exponer la relación íntima de la pareja que causó hondo malestar entre los músicos de los Beatles, sino porque fue tomada horas antes del asesinato de Lennon, en 1980. Las fotos de Leibovitz han aparecido desde entonces, aun sin saberlo, cientos de veces frente a nuestros ojos. Revistas como Rolling Stone, Vogue, Vanity Fair le han comisionado por décadas fotografías para portadas y reportajes que se han convertido en íconos de la cultura.


SUSAN SONTAG
Fotografías de Annie Leibovitz