viernes, 5 de enero de 2007

Juan Goytisolo / Coto vedado / Un libre examen de conciencia



Juan Goytisolo presentó su libro 'Coto vedado', "un libre examen de conciencia"


EL PAÍS
Madrid 31 ENE 1985



"No es una confesión, es sólo un libre examen de conciencia", dijo anoche Juan Goytisolo en la presentación en Madrid de su último libro, Coto vedado, publicado por la editorial Seix Barral. La obra fue presentada por Rafael Conte, que leyó el texto elaborado por Lluís Bassets, quien no pudo asistir al acto. Según Bassets, se trata de un libro que "asume una mirada crítica, nada resignada, de la propia historia personal y colectivo. Goytisolo explicó que en su texto ha pretendido huir de la hipocresía y el exhibicionismo" que han caracterizado a la literatura española.
Según la presentación de Lluís Bassets leída por Rafael Conte en el acto, se trata de un libro realizado "con mucho amor, con un amor duro y cruel a veces, que exalta lo que denigra". Un libro autobiográfico y valiente, de indagación y búsqueda que "asume una mirada crítica, nada resignada de la propia historia personal y colectiva". Juan Goytislo nació en Barcelona en 1931 y vive en París desde 1956, año en el que este largo relato autobiográfico que se remonta a sus más antiguas memorias, se detiene.El escritor catalán, que comparte desde hace años su vida entre París y Marraquech, reflexiona en esta obra, entre otras cosas, sobre su falta de raices. Su condición de ser extranjero y ser errante le llevó a decir hace poco en una entrevista que él era un escritor de "ubicación ambigua y contradictoria", dotado de las virtudes del "desarraigo y la movilidad". "Un enraizamiento en la falta de raíces", escribió Bassets.
En un coloquio mantenido en mayo de 1981 en Madrid con el escritor español radicado en Francia Jorge Semprún, ambos llegaron a la conclusión de que la patria del escritor es el lenguaje. Así, según dijo Goytisolo entonces, la relación del escritor con el lenguaje puede explicarse mediante la metáfora amorosa: hay un idioma titular, los otros son aventuras.
Reconciliación
Se puede decir que en un escritor como éste, el autor realiza un ajuste de cuentas con amigos, familiares, colegas. "En estas páginas Goytisolo se reconcilia con su padre, con Cataluña, incluso con la sociedad franquista, consigo mismo", escribió Bassets. Estas confesiones versan, según explicó el autor, sobre "lo más duro y difícil de expresar, lo que no has dicho todavía a nadie".
Para Rafael Conte, Coto vedado es un libro único en las letras españolas, porque es representante excepcional de un género prácticamente desconocido en la historia literaria de este país. "Este libro me ha causado una impresión tremenda", dijo Rafael Conte. "No entré en él con facilidad, pero luego me atrapó y me causó un gran impacto".
"Coto vedado es un libro que le debe todo a España y nada a la tradición literaria española", explicó Juan Goytisolo. "En él se aborda un género que no se ha cultivado en este país, salvo excepciones, y que sí ha tenido numerosos y magníficos ejemplos en las literaturas francesa e inglesa".
Hipocresía y exhibicionismo
"Este libro debería ser forzosamente la obra de un español que ha vivido muchos años fuera", continuó Juan Goytisolo, "que ve a España de una manera muy distinta. En cierta forma, este libro llena un vacío de siglos y es por esa razón, anacrónico. Este libro debió aparecer hace dos o tres siglos. Es ese carácter de novedad y de algo esperado a la vez, lo que espero que lo acerque al lector. Considero además que esta obra hará comprender mejor al lector el resto de mi obra literaria adulta".
"La literatura española ha oscilado entre la hipocresía y el exhibicionismo. Yo he querido resolver mi conflicto hablando con sencillez, huyendo de esos extremos. Los españoles habían resuelto la ausencia de un género como este en el sacramento de la confesión. Para mí esto no es una confesión, es sólo un libre examen de conciencia".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de enero de 1985



jueves, 4 de enero de 2007

Juan Goytisolo / El exiliado gana en libertad lo que pierde en contacto con su país

Juan Goytisolo

Juan Goytisolo

BIOGRAFÍA

El exiliado gana en libertad lo que pierde en contacto con su país


ROSA MARIA PEREDA
ÁNGEL S. HARGUINDEY
13 JUN 1976


Juan Goytisolo es de sobra conocido en nuestro país, que es el suyo, aunque lo mejor de su literatura tenga que traspasar clandestinamente las fronteras y aunque él se mantenga en un exilio legalmente voluntario. En su paso fugaz por Madrid, para la presentación de su recién permitida novela Señas de identidad -sobre la que publicamos una crítica en este mismo número-, ha concedido a Rosa Pereda y a Angel S. Harguindey, una larga entrevista, en la que lo literario y lo político se muestran en su condición de componentes de un todo que es el individuo, en este caso, el propio Juan Goytisolo.

Su última publicación en España, es el estudio definitivo sobre el también exiliado Blanco White, y como los contactos y concomitancias entre ambos escritores, contra el tiempo, son evidentes, por ahí comenzamos.-La primera vez que vi algo sobre Blanco White fue en la Historia de los Heterodoxos españoles, y habituado ya a pensar lo contrario que Menéndez Pelayo, me puse a buscar la obra del escritor. En París encontré sólo algunos textos en español, pero cuando leí su libro sobre España, me quedé realmente sobrecogido, pensé que era el texto más importante y revelador sobre el país, escrito en dos siglos. Mi interés por él se hizo enorme, y cuando fui a Estados Unidos, busqué ansiosamente por las bibliotecas de las universidades americanas toda su obra inglesa. Fue una experiencia realmente impresionante, porque a medida que lo leía, encontraba páginas enteras, párrafos enteros que me daban la impresión de haberlos escrito yo, de estarlos pensando yo. Era un verdadero desdoblamiento, y la razón era muy simple: las estructuras políticas, religiosas, mentales y sociales que atacaba Blanco, eran las mismas que estaba atacando yo. Nuestra relación era muy íntima, porque nuestro conflicto con el país era el mismo.
-Incluso, la apreciación de exiliado.
-Sí. El exilio tiene ventajas y desventajas. Las desventajas son evidentes: la pérdida de contacto con el país, con la lengua del país, con su gente, pero tiene también unas ventajas importantes: permite una evaluación mucho más objetiva, desde fuera, distanciada. Y una mayor libertad en las épocas como la de Blanco, o la España que he vivido, en que había una dictadura. El exiliado gana en libertad lo que pierde en contacto con el país.

El autor prohibido

-También tendrá que ver en su obra la dificultad del público español para acceder a ella.-Este problema es más grave para los líderes políticos o para los escritores testimoniales o realistas, con comillas. De hecho, mis preocupaciones literarias, durante los últimos quince años, no eran de esta índole, sino que estaban mucho más centradas en la interpretación de la historia de España y su literatura. Una preocupación que partía de considerar que el régimen de Franco no había sido el fruto de una casualidad histórica, de la mera circunstancia histórica que motivó el triunfo de sus fuerzas sobre las republicanas, sino que intenté llevar la reflexión más allá: por qué este régimen, que conocí en mi infancia y juventud, había sido posible. Y esto me conducía a una interpretación del pensamiento oficial ortodoxo español, prácticamente desde los Reyes Católicos hasta el siglo XX. Así que el estar fuera de España no significó ningún hándicap.
-Sin embargo, una de sus dedicaciones ha sido las colaboraciones periodísticas.
-Yo escribí sobre política española en la prensa francesa, particularmente en Nouvelle Observateur y L'Expres, entre el 58 y el 64, muchos artículos, algunos con mi nombre y otros con seudónimos. Pero a raíz de un artículo que me envolvió en la polémica entre Claudin y Semprún y el Partido Comunista, y en la que este artículo fue utilizado para excluir a estos amigos, decidí no escribir más sobre política española.

La difícil voluntad de exilio

-Una de las críticas más comunes a los exiliados voluntarios que mantienen determinadas posiciones políticas, es ese mantenimiento del exilio, de motu propio, y como complaciéndose en una especie de automartirologio...-No creo que yo haya caído en ese «regodeo en mi propio dolor», que dice. Empezaré por decir que yo me marché de España, en términos generales, voluntariamente, es decir, no salí a uña de caballo, cruzando el Pirineo. Pero de hecho, lo del carácter voluntario es muy relativo, porque si yo hubiera podido escribir libremente, o enseñar libremente, o publicar lo que quería, nunca hubiera salido del país. Lo cierto es que empezaba a topar con la censura, y tenía serias dificultades.
-¿Y dónde reparte su exilio?
-He vivido desde el 58 en París. Desde el 59 doy cursos en Estados Unidos, en distintas universidades, por una razón muy simple. Con el dinero de estos cursos, trimestrales o cuatrimestrales, y mis derechos de autor, puedo trabajar a mi ritmo el resto del año. El otro tiempo lo reparto entre París y Tánger o Marraquech, porque me gusta poco el clima invernal, y por otro lado, siento una enorme simpatía por el mundo árabe.

España está cambiando

-Ha paseado por la Feria del libro. ¿Qué impresión le ha dado la producción literaria y cultural que ha podido ver?-Una impresión muy grata, como recorrer los kioskos y ver la prensa. La primera vez que vine a España, después de la muerte de Franco, tuve la impresión, para mí muy agradable de estar en el extranjero. Me había acostumbrado a esa información en régimen de pan y agua, y de repente, ante aquella carta tan completa, me quedé muy sorprendido. Tenía toda la impresión de estar en Estados Unidos, o en Francia, o en otro país, y lo digo, claro, como un piropo.
-A la vista de todo esto, ¿cuáles cree que son las perspectivas de este país?
-Resulta muy arriesgado siempre predecir el futuro, y sobre todo el futuro español, porque existen tales imponderables en el país que, inevitablemente, todos los adivinos se parten la crisma. Pero a mí me parece que era evidente, desde hace unos años, el divorcio entre el país real y las estructuras del país oficial, y que tenía que llegar forzosamente un momento en que la realidad del país se impusiera sobre la oficialidad. Este mismo divorcio, diré de paso, se da en el terreno literario, entre la literatura real y la literatura oficial.
-Y hablando de literatura real: ¿qué pasa con Juan sin Tierra?
-El año pasado la imprimió Seix Barral, pero no pudo salir al mercado y actualmente sigue prohibida. Igual prohibición se mantiene con la Reivindicación del Conde Don Julián.
-Antes mencionaba el caso de Claudín y Semprún y su alternativa dentro del PC, y todos sabemos cómo acabó. ¿Cree que la izquierda, revolucionaria o no, plantea verdaderas alternativas de cambio? ¿Cuál es su opinión acerca de esto?
-Creo que, en los últimos tiempos, ha habido una evidente renovación en el campo marxista, pero me parece que no ha tocado el fondo de los problemas. Cuando, por ejemplo, veo que el PC francés o el italiano renuncian a la noción de Dictadura del Proletariado, me parece muy bien, pero... es la misma impresión que si un concilio eclesiástico anunciara que la Virgen no subió al cielo en cuerpo y alma. Es decir, que siguen manteniendo todo un conjunto de dogmas y modos. El verdadero problema, el que habría que analizar a fondo es por qué lo que se ha llamado dictadura del proletariado es una dictadura sobre el proletariado. Nunca se ha hecho este análisis y convendría hacerlo. Hay que ir hasta el fondo de las cosas.
-¿Y cuál sería la alternativa real? ¿Existe una alternativa global?
-Bueno, los movimientos de izquierda han mantenido una serie de aspiraciones confusas de una serie de pueblos de diversos países, que se han venido reflejando, a veces de forma utópica, desde Fourier a Marcuse, pasando por pensadores como Norman Brown, etcétera, y sin olvidar, por el lado marxista, gente como. Alexandra Kollontai o Rosa Luxemburgo, o todo el anarquismo español... No se trata de hacer una síntesis, pero creo que reflejan una serie de aspiraciones reales, que no se han introducido en los esquemas del marxismo clásico.

Sobre las nacionalidades

-Una de las contradicciones que marcan la política actual viene dada por el resurgir de las nacionalidades, por un lado, y la tendencia a la desaparición de las fronteras, por parte del capital, por sus propias necesidades económicas, y por la teoría revolucionaria, por otro. ¿Cómo lo ve?-Creo que en España, el problema de las nacionalidades, el resurgir del problema, se debe al centralismo aberrante de estos últimos años. En Francia es igual, el centralismo español se importó de allí. Sin embargo, en Alemania e Italia parece haber un sistema de autonomías regionales. El centralismo ha pretendido la eliminación de una serie de características regionales, y el separatismo es un fruto de la actuación de los Gobiernos centrales.
-Pero, ¿cómo encadenar las reivindicaciones nacionalistas con la pretensión de desaparición de las fronteras?
-Es que no se trata de establecer fronteras dentro de, por ejemplo, España. Supongo que se trata del reconocimiento de su personalidad, y de una evolución de todas las fronteras. A mí, por ejemplo, me parecería bien un Portugal incluido en el total de la Península Ibérica, un total en que cada miembro de la familia ibérica se sintiera como en su propia casa.

¿Realismo? ¿Qué es el realismo?

-Una de las tesis clásicas del marxismo, para la crítica literaria, dice, simplificando, que la infraestructura económica determina, en última instancia, la producción literaria y cultural. ¿Usted la acepta?-Estoy totalmente en contra de todo tipo de interpretación esquemática. Hay una relación evidente entre la literatura y el sistema productivo, pero es mucho más compleja y flexible de lo que los críticos improvisados quieren hacernos creer. No se puede leer un texto literario como si fuera un manifiesto político. Lo digo porque, recientemente, un crítico marxista, por otra parte buen amigo mío y por el que siento mucha simpatía, ha hecho una interpretación de mi Reivindicación del Conde Don Julián,criticando, por ejemplo, el que no haya puesto de relieve el papel de la clase obrera... Mi propósito era muy otro: interpretar críticamente la cultura española.
-Se ha dicho que Don Julián es una novela anti-española.
-Durante cuarenta años, el término español ha sido acaparado por una pequeña minoría que lo manejaba y consideraba que todo lo que estuviera en contra de esta minoría era anti-español. Si esto es ser anti-español, yo lo soy, porque he estado y sigo estando en contra de esta minoría.
-¿Qué es Juan sin Tierra?
-Resulta muy difícil definir así, en dos líneas, un texto en el que he trabajado varios años. Como no tiene argumento, no se puede resumir, sería como resumir un soneto. Es imposible. Digamos que es el texto que cierra el cielo que inicié con Señas de Identidad y con Don Julián.

Por do más pecados había

-Parece que Don Julián es una especie de exorcismo...-Sí. Es una especie de psicoanálisis individual y psicoanálisis de la cultura y la historia de España. La elección de Don Julián como símbolo era importante, porque durante siglos, la interpretación de la historia de España se fundaba sobre ese mito, tan próximo por otro lado, al de la caída; era el pecado carnal de Rodrigo, la venganza de Don Julián, y el castigo: la invasión musulmana, castigo de una culpa cuyo origen era un delito sexual. Y en las leyendas donde se contaba la historia, él era castigado a ser enterrado en un pozo- con una culebra que le devoraba, comenzando por donde más pecado había, es decir, que comenzaba por devorarle el sexo. Cuando leí todos los romances y textos en que se contaba la leyenda que ha funcionado durante siglos como explicación del origen de la nación española, sentí que tenía base para una explicación, digamos freudiana.
-¿Y qué está preparando ahora?
-Estoy trabajando en un libro de ensayos, alguno de los cuales han aparecido en alguna revista. Digamos que el común denominador es el papel del erotismo y la represión en la literatura española.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de junio de 1976

miércoles, 3 de enero de 2007

Juan Goytisolo / 'Paisajes después de la batalla' es mi primera novela de humor

Juan Goytisolo

'Paisajes después de la batalla' es mi primera novela de humor

ROSA MARIA PEREDA
Madrid 16 NOV 1982



Paisajes después de la batalla es, según Juan Goytisolo, "quizá una seudoautobiografía grotesca". Al menos, ese era desde el principio el propósito de un libro que intentaba, dice, "ponerme en tela de juicio a mí, al personaje, al lector". El resultado es la "primera novela de humor que escribo", dice el novelista, "un reflejo de la espantosa comicidad del género humano". Una novela extraña publicada por Montesinos, que esta tarde presentarán los novelistas Guillermo Cabrera Infante y Jorge Semprún en el Club Internacional de Prensa (Pinar, 5; Madrid), y de la que esta misma mañana leerá su autor unos fragmentos en la Universidad Complutense. El libro fue presentado la pasada semana en Barcelona. 
El personaje, el amanuense, "es un alter ego, que vive en barrio, y a lo mejor en mi casa. De hecho, el juego del libro está en la confusión entre el protagonista y el autor. No se sabe a quién pertenecen esas fantasías eróticas, o la obsesión por los grupos armados, consecuencia de una pasada y obsesiva militancia política. De hecho, este personaje, el amanuense, es un grafómano que ha enviado una serie de escritos, fantasías científicas, que efectivamente han sido publicadas con la firma de Juan Goytisolo en EL PAIS, o una serie de cartas obscenas a los modelos infantiles del autor de Alicia en el País de las Maravillas que aparecieron en Liberation".

El París tercermundista 

Como además es un paseante, esta novela de estructura fragmentaria se convierte también "en una teoría de la ciudad. El París que este personaje recorre se contrapone al París literario de la Generación Perdida o de los Latinoamericanos, que se quedan siempre en la Rive Gauche. Aquí se trata del París meteco, plurirracial, del Sentier, que es un barrio de comerciantes mayoristas judíos en el que se han instalado colonias de diversos orígenes, árabes, turcos, libaneses, bangladeshianos... Es la medina tercermundista frente al París planificado y racional".La edición cuidadísima ha vestido las solapas de Paisajes después de la batalla con el plano del barrio parisiense del que el personaje no se mueve. "Apenas hace una salida hasta la plaza de I'Etoile, pero no cruza el Sena: se mantiene en la rive droite". También la edición hace notar la estructura en fragmentos de esta novela, estructura que permite, según Juan Goytisolo, "las distintas perspectivas, las distintas personas verbales con que se presenta al personaje, a los personajes" 
En realidad, esa confusión "que se resuelve casi al final del libro, en la página 182", muestra un personaje -ficticio- dominado por la dispersión, si es que la dispersión puede dominar, en el que todas esas facetas obsesivas -la sexualidad, la política- "van cada una por su lado". Lo nuevo en Goytisolo es, dice él mismo, "que no me lo he tomado por lo trágico, sino por lo cómico".
Y es que, dice Goytisolo, "con los años me he vuelto más escéptico y sin duda mucho más irónico. Así que veo un poco en broma las ideologías, los discursos de todo tipo con que nos bombardean los medios de comunicación, y, también y sobre todo, el propio pasado político". El libro tiene un lado de confesión, dicho sea en sentido casi sacramental, pese a lo cual Juan Goytisolo confiesa: "Me he divertido realmente escribiéndolo. Me he divertido hasta el punto de enviar esos artículos de casi ciencia-ficción a EL PAIS porque en la novela el personaje lo hace y recibe los comentarios de la gente, concretamente de su mujer, invisible, que vive enfrente y con la que se comunica mediante mensajes...". Hay muchas cosas en el personaje que son Goytisolo, pero hay una que no: su mujer. "No, no es. En un momento dado sí aparece mi verdadera mujer. No somos el mismo. Esta es una obra de ficción, no una autobiografía".
La escritura, que para algunos es más comunicativa o más fácil que en otras novelas suyas, es la que exigía el tema. "Nunca he sido deliberadamente complicado, por gusto, ni he hecho aquí un mayor esfuerzo para ser entendido. Es el tema el que me ha impuesto la escritura". Lo mismo que el resto de sus novelas que Goytisolo juzga duramente: "Novelas como Don Julián y Makbara no podían ser escritas de una manera tradicional. Yo creo que de todas la más bella y la menos entendida es Makbara, y, salvo en el caso de Señas de identidad, en todas las demás he dicho lo que quería decir".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de noviembre de 1982



martes, 2 de enero de 2007

Juan Goytisolo / El furgón de cola / Reseña



Juan Goytisolo

EL FURGÓN DE COLA

Las reflexiones de un escritor



Javier Alfaya
El País 19 de enero de 1977
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Si la publicación en 1966 de la novela Señas de identidad, de Juan Goytisolo, señaló un dramático giro sobre si mismo de uno de los escritores españoles más interesantes de la postguerra, indicio, además, claro y contundente de la liquidación final de un cierto modo de entender un realismo crítico demasiado apegado a for mas parasitarias de expresión, la aparición en París -Ruedo Ibérico- de El furgón de cola, significó la toma de conciencia crítica sobre la realidad y la cultura de la España contemporánea de un escritor cuya voluntad ensayistica hasta entonces, se había expresado muy débilmente. El urgón de cola, en cambio, era una reunión de ensayos excelentemente estructurados, fruto de una reflexión seria y profunda, cuya lectura quizá nos hubiera venido bien a todos en aquellos confusos -más que ahora, que ya es decir- tiempos. Ahora, en este momento en que a trancas y barrancas recuperamos una parte importante, al menos, de nuestra herencia maldita, nos llega esta primera edición en España del libro. Viene acompañando la edición española del mejor Goytisolo: el de Señas de identidad, el de Reivindicación del conde don Julián, el de Juan sin tierra.En España no estamos acostumbrados a que los creadores literarios reflexionen por escrito sobre su arte y sobre la sociedad en la cual está inscrito. Con unas cuantas excepciones -Antonio Machado, Luis Cernuda, a su modo, Unamuno- los escritores españoles son parcos a la hora de tratar de generar un sistema conceptual que ayude a explicar su obra o su comprensión de la obra ajena. Afortunadamente, Juan Goytisolo no pertenece a su tradición. Los ensayos de El furgón de cola, y los que aparecen en algunas revistas especializadas o de información general, nos lo muestran como un creador literario atento siempre a la indagación de los cómos y los porqués de las cosas.








El furgón de cola

de Juan GoytisoloEditorial Seix Barral Barcelona, 1976

Cuando habla de la Censura, de Larra de Cernuda, del Padre Las Casa;, Juan Goytisolo está reflexionando sobre la más honda realidad de la vida española. Juan Goytisolo es cualquier cosa menos un crítico complaciente. Su exigencia viene motivada por la conciencia de la obsequiosa y estéril bonhomía humanística, por la tendencia al guiño compadre que ha tenido -y tiene- una gran parte de nuestra crítica cultural, a la derecha y a la izquierda. El furgón de cola es, en ese sentido, un tremendo ajuste de cuentas- con el conformismo vagoroso que ha alimentado a tantos intelectuales españoles. Su dura revisión del 98, su despiadado poner los puntos sobre las ies, sobre nuestra literatura de postguerra, son esencialmente justos y certeros. La crítica oficial -y no me refiero con ello solamente a la crítica «adicta»- no puede sentirse cómoda ante un libro que ayuda a destruir, de manera implacable, tantos «clisés» bienpensantes de nuestra historia y de nuestra cultura. Juan Goytisolo aquí, como en sus novelas, demostrando así una espléndida coherencia entre su teoría y su práctica literaria, se esfuerza por quitarnos de los ojos tantas telarañas que enturbian nuestra visión de la -sociedad española y sus manifestaciones. También él es -y ese es uno de los timbres de honor de su personalidad literaria- un «desengañador de las Espanas».
Las ideas que Juan Goytisolo expresa en El furgón de cola, deberían abrir un amplio debate entre los intelectuales en esta hora especialmente ambigua. Aunque sea con diez años de retraso. Pocas palabras de Juan Goytisolo en este libro han perdido. vigencia. Aunque tengamos la tentación de creer que bastantes de sus afirmaciones están superadas, una más atenta lectura nos dirá que pueden ser discutibles, irritantes incluso, pero que no tienen nada de muertas. Son el fruto de una visión que se esfuerza por no ser fácilmente ácida por no caer en tópicos regeneracionistas, sino por abrir una discusión sin tabúes sobre nosotros mismos. A las culturas que vienen dentro del Estado español les urge una revisión de sus supuestos políticos e ideológicos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de enero de 1977