sábado, 10 de junio de 2000

Graham Greene celebra sus 80 años publicando un libro sobre Omar Torrijos

Graham Greene

Graham Greene celebra sus 80 años publicando un libro sobre Omar Torrijos

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ
Londres 2 OCT 1984

Graham Greene, probablemente el más importante novelista vivo en lengua inglesa, celebra hoy su 80 aniversario con la publicación de un nuevo libro, Getting to know the general (Conocer al general), un relato vivo, fuerte y chispeante sobre sus relaciones con el líder panameño Omar Torrijos, muerto en un extraño accidente de aviación hace algunos años. Greene afirma que quiso escribir unas memorias y terminó escribiendo "una mezcla de cosas bastante insatisfactorias", pero Getting to know the general se convertirá en uno de los grandes éxitos editoriales del año. El libro es atractivo y de tan fácil lectura como una novela. Greene sintió por Torrijos admiración y afecto y ambos sentimientos están sinceramente reflejados en unas páginas llenas de sabrosas anécdotas y de inteligentes análisis sobre la situación en Centroamérica y sobre el propio papel del líder panameño.
El escritor británico no aclara el misterio de la muerte del general, pero se muestra escéptico ante la teoría del accidente: "Torrijos decía con frecuencia: 'yo no quiero entrar en la historia, quiero entrar en la zona del canal'. Bien, logró entrar, aunque en condiciones no tan satisfactorias como él quería. Es posible que pagara su éxito con la vida". La firma del tratado con EE UUU, por el que Washington devolvió la soberanía sobre el canal, significaba el fin de Torrijos y él lo supo siempre.
Graham Greene cuenta cómo conoció al líder panameño. En 1976 recibió un telegrama en el que se le invitaba a visitar aquel país como huésped del general. El escritor aceptó la invitación y voló a Centroamérica "como siempre", es decir, vía Amsterdam para evitar una escala en Estados Unidos.
"Fuimos a una casa insignificante, en los, suburbios de Panamá City... Aparecieron dos hombres vestidos con chaqueta y calzoncillos. Uno iba descalzo y el otro tenía zapatillas". El personaje descalzo era su anfitrión. La conversación se desarrolló con ciertas dificultades -Torrijos decía odiar a los intelectuales- hasta que Greene le explicó que un tío abuelo suyo había viajado a una pequeña isla del Caribe para hacerse cargo de una plantación. Murió a los pocos meses, con 19 años, pero había tenido tiempo suficiente como para dejar 13 hijos detrás de él. "Nadie con un tío abuelo así podía ser un intelectual".
El líder panameño -explica Greene- quería una Centroamérica socialdemócrata, independiente de Estados Unidos, pero que no supusiera una amenaza para su colosal vecino. Su sueño no pudo convertirse en realidad. Torrijos tenía los ojos tristes y un pronunciado sentido de la fatalidad. "Recuerdo que una vez le pregunté cuál era su sueño más frecuente. Me contestó sin dudar: la muerte".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de octubre de 1984

viernes, 9 de junio de 2000

El libro 'Yo acuso', de Graham Greene, prohibido por dos tribunales franceses

Graham Greene
Ilustración de T.A.


El libro 'Yo acuso', de Graham Greene, prohibido por dos tribunales franceses

El escritor británico denuncia en la obra la corrupción administrativa y fmanciera de Niza


EL PAÍS
11 AGO 1982

El último libro del escritor británico Graham Greene, Yo acuso, ha sido prohibido y secuestrado por orden del tribunal de apelación de Aix en Provence (Francia). Tanto el autor como el editor, la firma Bodley Head de Londres, deberán pagar 2.500 francos de fianza (40.000 pesetas) para hacer frente a los gastos de procedimiento, según informa France Presse. Greene, que desde que escribió esta obra de denuncia contra las marias de la Costa Azul "jamás sale a la calle sin su arma defensiva: un spray de gas CS", había sido demandado el pasado 18 de junio por Daniel Guy, promotor inmobiliario de Niza a quien Greene situó como personaje principal de su relato sobre la corrupción imperante en la Costa Azul, a la que se enfrentó el creador de Inglaterra me ha hecho así.
El autor, entre otros, del libro El factor humano recurrió contra la sentencia del tribunal de primera instancia de Niza que ordenaba el secuestro y la prohibición de la publicación del libro. El pasado 23 de julio se vio la causa en el tribunal de apelación que ahora ha dictado sentencia favorable a la petición del empresario francés que se ha visto mezclado en las narraciones sobre actuaciones mafiosas e ilegales en Niza.Tanto los medios municipales como los económico-financieros y ahora los judiciales de la Costa Azul parece que se han empeñado en enterrar como sea un libro-denuncia de uno de los escritores occidentales más importantes del siglo XX, afincado desde 1976 en Antibes, localidad de la Costa Azul situada a treinta kilómetros de Niza.
Primero fue el alcalde de Niza, Jacques Médecin, quien un mes antes de aparecer el libro Yo acuso dijo que con él Graham Greene pretendía prepararse la publicidad previa al lanzamiento del libro. Después, una vez publicado el relato, apareció la demanda del promotor inmobiliario Daniel Guy que se sentía el protagonista de las denuncias detalladas en el libro. Por fin han entrado en escena los tribunales y han decretado el definitivo secuestro y prohibición de la obra.

La peligrosa realidad

"A aquellos que sientan la tentación de venir a vivir a la Costa Azul les aviso: huyan de Niza, la guarida privilegiada del más poderoso mundillo de la delincuencia del sur de Francia; un mundo en el que incluso los extranjeros pueden verse envueltos, como lo hemos estado yo y mis amigos en estos últimos tres años. Y lo que es aún más grave, la gente de este mundillo está protegida por la policía y colaboran estrechamente. Tienen comprada a la policía; no hay duda de que el dinero está en el centro de toda esta corrupción. Y la justicia es impotente para desenmarañar esta telaraña cuando se permite respirar el aire viciado de la tentación". Así comienza el libro-reportaje Yo acuso -algunos lo han calificado de relato periodístico que ofrece datos reales- de Graham Greene, que a sus 78 años ha decidido regresar a la "peligrosa realidad" que tantas páginas ha ocupado previamente en su ficción.Ni siquiera el poder judicial se ha librado de las críticas de Greene, quien denuncia en su libro "el cáncer que corroe a la villa de Niza" y presenta un informesobre la delincuencia y la corrupción que, según él, son las leyes que imperan en ella. El escritor ha asegurado que se ha basado en hechos vividos personalmente y cita un caso de divorcio resuelto con una sentencia anticonstitucional, un fraude en el casino con conocimiento policial y hasta la falsificación de sus primeras obras sin que el Gobierno de entonces interviniese a pesar de que tenía conocimiento de ello.
Graham Greene se ha tomado en serio "la escrituras contra la injusticia y la corrupción". Incluso teme que por ello corra peligro su integridad física en una costa invadida ya por la mafia italiana. Por eso, a la vez que se ratifica en sus denuncias, Graham Greene dice: "Prefiero que me maten de un tiro a morirme de viejo en mi cama". Paralelamente, el escritor ha buscado apoyo en autoridades ministeriales y judiciales de París y ha promovido una campaña de denúncia de la corrupción que no ha sido muy sectindada en la Costa Azul.
Aunque en el reportaje de Greene se puede identificar al financiero Daniel Guy, la intención final es, según algunas opiniones, poner en evidencia al alcalde de Niza, Jacques Médecin, de fuerte tendencia derechista y que tiene que afrontar próximamente una reelección. Médecin es alcalde de Niza desde 1966 su padre fue alcalde antes que él y en total la familia lleva ya 54 años seguidos en el Ayuntamiento. Hasta ahora el alcalde ha salido libre de anteriores acusaciones de corrupción. "Niza no es una parroquia y yo no soy un cura", dijo Jacques Médecin en 1975 cuando se propuso convertir Niza en Las Vegas de la Costa Azul. A partir de entonces vinieron las peleas y asesinatos en los casinos, el cierre de los mismos y la invasión de la mafia italiana.
En Yo acuso, Graham Greene se ha convertido en protagonista de sus propios personajes. Para el escritor inglés escribir continúa siendo "una forma de terapia". "A veces me pregunto cómo se lasarreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía y del terror inherente a la condición humana".
El último relato de Greene, en el que ha tropezado con los bajos fondos de Niza, le ha hecho revivir parte de su vida literaria que se ha nutrido de sus andanzas como corresponsal de guerra, como espía o como simple viajero.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de agosto de 1982

jueves, 8 de junio de 2000

Graham Greene escupe en la sopa


Graham Greene
Ilustración de T.A.


Graham Greene escupe en la sopa


El País, 2 de febrero de 1982

Graham Greene, escritor británico afincado desde 1966 en Antibes, localidad de la Costa Azul gala, fue acusado el domingo pasado con la típica expresión francesa de escupir en la sopa por el alcalde de Niza, Jacques Medecin, en la polémica surgida por la guerra contra la corrupción en la capital mediterránea iniciada por el novelista. Este, en una entrevista publicada en el Sunday Times londinense, denunciaba "el cancer que corroe la villa de Niza" y anunciaba la próxima aparición de su libro Yo acuso, que presenta como un informe sobre la delincuencia y la corrupción que, según él, son las leyes que imperan en ella. El escritor asegura basarse en hechos vividos personalmente y cita un caso de divorcio resuelto con una sentencia anticonstitucional, un fraude en el casino con conocimiento policial y hasta la falsificación de sus primeras obras sin que el gobierno de entonces interviniese a pesar de tener conocimiento de ello. La respuesta no se ha hecho esperar y el alcalde centrista de Niza replica que todo es publicidad para su próximo libro y niega que la ciudad tenga tan elevado índice de criminalidad como denuncia el autor de El tercer hombre.

EL PAÍS



miércoles, 7 de junio de 2000

Admirables sombras de Graham Greene

Graham Greene
Ilustración de Triunfo Arciniegas


Admirables sombras de Graham Greene


JUAN TEBAR
12 SEP 1981

Desde hace más de un mes, Televisión Española está emitiendo una serie excelente, que no debiera pasar inadvertida, como tememos que posiblemente esté ocurriendo. Sobre todo, considerando que la programación no está sobrada de calidad. En estos momentos, Graham Greene y Le Carré, ingleses ambos, los dos autores de relatos de espías, amigos en tiempos y últimamente no muy afines, como se desprende de algunas declaraciones -vaya usted a saber si auténticas- de Greene, se reparten la mejor puntuación en la pequeña pantalla. No constituye precisamente un acierto de los programadores ofrecer Sombras de Greene en la segunda cadena, cuando en la primera todavía se emite la película de los sábados. Si a ello unimos que durante las primeras semanas apareció anunciada en algunos medios de difusión como Sombras de Grimm, nuestros temores parece -evidentemente- que tienen cierta base.
Los cuentos fueron siempre un manjar apetecido por Greene, cuando como oyente infantil todavía no podía escribirlos. Uno de los que le contaba su madre era terrible y muy sentimental. Greene relata a su amigo Ronald Matthews (Conversaciones con Graham Greene, Ediciones Cid, 1958) que «temía ese cuento porque no quería hacer el ridículo. Mis lágrimas caían con demasiada facilidad». Cuando aquel niño llegó a escribir algunos de los más personales y perdurables de la última literatura inglesa no había perdido su hipersensibilidad para el misterio.
La serie, de Thames Television, fue propuesta a Televisión Española hace ya bastantes años. Quizá se han decidido ahora por el caprichoso boom que disfrutó recientemente el autor. En ella, intérpretes y directores ingleses excelentes dan muestra absoluta de una maestría dramática y cinematográfica que no denuncia el tiempo transcurrido desde su producción. Alguno de los relatos, como «Más barato en agosto» y «La bolsa de viaje», son antológicos, y otros, como «Sueño de una tierra extraña», nos recuerdan que si Greene dijo una vez que Kafka le producía el mismo dolor en la frente que a veces provoca un helado, Greene mismo es un extraordinario helado kafkiano cuando quiere.
Entre los asesores de la serie está Hugh Greene, sobrino de Graham y especialista en detectives y espías, entre otras cosas. Los episodios son dieciocho, aunque algunos -los más breves- se emiten por parejas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de septiembre de 1981

martes, 6 de junio de 2000

Sergio Pitol / "La realidad es siempre más rica que cualquier anhelo de reproducirla"


Sergio Pitol: "La realidad es siempre más rica que cualquier anhelo de reproducirla"


El escritor mexicano habló en Barcelona con su editor de su próxima novela


JUAN JOSÉ NAVARRO ARISA
Barcelona 6 JUN 1984

El escritor mexicano Sergio Pitol, que actualmente ocupa el cargo de embajador de su país en Checoslovaquia, no es un forastero en Barcelona, donde residió tres años entre 1969 y 1972. Pitol regresó a Barcelona el pasado viernes para ver a su editor y a algunos de los numerosos amigos que dejó en esta ciudad, en la que su fascinación por las culturas fronterizas, el plurilingüísmo y la contraposición entre los enigmas y las evidencias de la realidad encuentran siempre nuevos acicates. Y no será nada sorprendente constatar que este escritor que tradujo a Henry James tuviera un percance digno del escritor norteamericano: pese a ser un buen conocedor de Barcelona, buscó sin reconocer la casa donde había vivido.
"Hay un cuento de mi último libro, Vals de Mefisto, que sucede en el Palau de la Música Catalana", comenta Sergio Pitol, "y su atmósfera tiende a ligar el modernismo, el romanticismo y la arquitectura de esta ciudad. Ahora, en esta visita, he vuelto ser susceptible a esta arquitectura, a sus hierros; me gusta mucho el tratamiento del hierro en la arquitectura modernista: en Barcelona hay una arquitectura que fue precursora, que implicó lo que seria la gran arquitectura posterior". Sergio Pitol es un excelente conocedor de Barcelona, adonde llegó en 1969 con la idea de quedarse durante dos semanas y seguir viaje a Londres, donde tenía una oferta de trabajo. Entonces acababa de dimitir de su cargo de agregado cultural en Belgrado por disconformidad con determinados aspectos de la política interior de mi país" (la violenta represión de un motín estudiantil en 1968, ordenada por el entonces presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz). Las dos semanas se convirtieron en más de tres años, en parte gracias a una buena acogida y en parte a causa del intenso ambiente literario y cultural que se respiraba en Barcelona "en aquellos tiempos, que por otro lado eran políticamente tan antipáticos".
En Barcelona, Sergio Pitol tuvo tiempo de escribir dos libros de narraciones publicados por Barral y Tusquets. En esta última editorial dirigió la colección Heterodoxos y al mismo tiempo se dedicó intensamente a la traducción, con las versiones españolas de autores como Henry James, Joseph Conrad, Jane Austen o Witold Gombrowicz. "Yo soy particularmente sensitivo a las ciudades", cuenta; "por ejemplo, Barcelona y Viena son ciudades cargadísimas; son dos de las grandes capitales donde nació el Art Nouveau, ciudades musicales y cargadas de literatura. Praga también es así, pero el centro es laberíntico, lleno de calles largas y estrechas donde no pasa nadie, de manera que uno lo asocia en seguida con Kafka, se ve que Kafka pudo surgir de allí".
Además de las ciudades, un gran acicate literario para Sergio Pitol son las culturas fronterizas, los lugares donde se produce un encuentro de culturas y de lenguas. Como Barcelona, como Praga. "Un encuentro de idiomas siempre significa contacto o enfrentamiento de cosas mucho más misteriosas; esto conduce a un sentido de la literatura en el que nunca es posible expresarse hasta el fondo, ya que siempre queda la otra parte".
Sergio Pitol -qué expresa su admiración por una variada gama de escritores, desde Joseph Conrad a Henry James, a los que ha traducido, hasta Borges, Carpentier y clásicos españoles como Pérez Galdós o Tirso de Molina- está ahora a punto de terminar una novela cuya inspiración le llegó precisamente leyendo una comedia de Tirso, La huerta de Juan Fernández. "Me estimuló, mucho esa comedia, porque en ella hay una obsesión por el disfraz, por el cambio de personalidades", cuenta.
"La novela que estoy terminando ahora sucede en México el año 1942. Entonces, México acababa de declarar la guerra a las potencias del Eje, y ello propició un pacto político interior y una apertura a los refugiados de todo el mundo, de manera que México, que entonces era una ciudad pequeña, se llenó de gentes que iban desde Trotsky al rey Carol de Rumanía. Naturalmente, esto produjo una mezcla de mundos, lenguas, personalidades y niveles de la realidad muy fecunda para la búsqueda literaria, pues la realidad es siempre mucho más compleja que cualquier, anhelo de reproducirla".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 1984
EL PAÍS



FICCIONES




Las evasiones de Graham Greene


Las evasiones de Graham Greene

JOSÉ MARÍA DE AREILZA
11 DIC 1980

Ways of escape (Caminos de evasión) es el título que encabeza la autobiografía literaria de Graham Greene, recién aparecida. El escritor británico escribió el primer resumen de su vida a los veintisiete años de edad en un gesto de parada, después de una intensa y azarosa juventud. Ahora ha querido reflexionar de nuevo desde los 75 años de la serenidad, analizando conjuntamente la trama de su existencia física y la de su creatividad imaginativa. El título de la obra, que recoge en parte artículos y ensayos, en los que había explicado episodios aislados de su trayectoria de viajero impenitente y de novelista fecundo, responde a lo que el autor piensa del oficio de escribir: «Escribir», dice, «es una terapia. Algunas veces me pregunto cómo todos aquellos que no escriben, componen o tocan música o pintan pueden escapar de la locura, de la melancolía, del miedo, de la angustia inherentes a la situación del hombre». Greene afirma que para él sus viajes incesantes, muchas veces disparatados, eran asimismo una evasión de lo cotidiano. Cita la frase conocida del poeta Auden: «El hombre necesita del escape como una exigencia fisiológica, la de la comida o la del sueño».¿De qué escapa el hombre? De sí mismo, responden algunos. De la implacable red en que se halla aprisionado por la civilización moderna, contestan otros. De la soledad radical en que le sume la desesperanza de lo material. La rutina mecánica del habitante activo de la gran ciudad fue resumida en el terceto «Metró -Boulót - Dodó» por los cancioneros franceses, exponiendo una verdad bien sabida. La evasión es la ruptura temporal, y a veces ficticia, de esa realidad que nos opirime y sujeta. Greene nos explica con su ironía congénita a dónde marchaba y para qué en sus aventuras y exploraciones. También revela su adscripción a los servicios secretos del imperio durante la segunda guerra mundial. Es interesante anotar esa actividad paralela que también ejerció otro gran escritor inglés, Somerset Maugham, durante la primera guerra, y muy probablemente también David Cornwell, mas conocido como John le Carré. Espionaje y creación literaria pueden asociarse con alguna frecuencia. La cobertura periodística ha servido, corno es notorio, de apoyo profesional a grandes agentes del Este que luego hubieron de refugiarse tras el telón, como Kim Philby y otros. Greene asegura que su misión confidencial en el Africa negra francesa sometida, a Vichy obtuvo magros resultados por su escaso conocimiento de la infraestructura de aquellas colonias. Asimismo nos cuenta que en los años estudiantiles tuvo durante algunos meses el carne del PC británico.
Otro aspecto de las evasiones humanas poco comentado son las amistades que irrumpen de pronto en nuestra vida de relación. No acertamos a entender por qué un hombre o una mujer anudan, sin aparente motivo, un vínculo permanente y sólido con otros seres que aparecieron esporádicamente en el horizonte vital de cada uno. Y es quizá la necesidad de la evasión lo que explica ese contacto inesperado y fecundo. La búsqueda de diálogo es muchas veces la que anuda ese acercamiento. O la capacidad de escuchar nuestro monólogo, como decía don Miguel de Unamuno. Cada hombre busca su Eckermann, unos como frontón intelectual de rebote; otros, como cronista verbal de las intimidades. Greene nos describe uno de esos amigos que descubrió de repente y que murió joven. Era un hombre de muchos talentos y extraordinaria cultura, llamado Herbert Read. No posaba ni afectaba erudición. Lo describe entrando discretamente en una tertulia literaria y política de Londres y tomando asiento en silencio. Al cabo de un rato, la atmósfera había cambiado. El tono violento de las discusiones se apagaba. Y nadie hablaba ya para la galería. Era uno de esos seres que irradian responsabilidad y sentido común con su sola presencia.
El largo periplo geográfico y creativo de Greene es un itinerario fascinante y abrumador. Viaja al continente africano; al Próximo y al Lejano Oriente. Vive como corresponsal la guerra de Vietnam. Conoce los entresijos de la guerra fría; del Berlín bloqueado; de la Viena cuatripartita; de la Polonia bajo Stalin; reside unos meses en Moscú; visita las dictaduras del Caribe, la América anglosajona y protestante y la América morena y católica. Sus libros reflejan esa pululante movilidad. El poder y la gloria y The End of the Affair, juntamente con The heart of the matter, fueron la base polémica de su calificación ante la opinión y ante los críticos como «novelista católico». Se vio por ello sometido a la vez a la exaltación y a ser zarandeado por los discrepantes a causa de sus juicios irrespetuosos y la convencionalidad chocante de algunos de sus personajes. En este reciente Ebro suyo refiere dos anécdotas sabrosas sobre el asunto. Pío XII le dice en los años cincuenta al entonces obispo británico Heenan: «Estoy leyendo The End of the Affair, de Greene, y me parece que este escritor está angustiado. Si algún día acude a usted, ayúdele, que lo necesita». Muchos años después visitó el autor a Pablo VI, que le dijo haber leído El poder y la gloria. «Pues el Santo Oficio lo condenó», replicó Greene. «¿Quién lo condenó?», preguntó el Pontífice. «El cardenal Pizzardo». Pablo VI guardó silencio unos segundos y dijo: «Mister Greene: algunos pasajes de sus novelas pueden ofender a ciertos lectores. Pero no haga usted caso de ello y siga escribiendo».
Greene mantuvo una viva pero cordial discusión con Evelyn Waugh, escritor de fe intransigente que le reprochó sus presuntos errores teológicos y la equívoca versión de sus personajes sacerdotales. Pero Greene, gran lector de Unamuno, se defiende de esos ataques citando pasajes del rector de Salamanca en su Sentimiento trágico de la vida. «No había leído antes ese libro de Unamuno», escribe, «con el que me identifico en ese punto. El escritor español dice, en efecto, que aquellos que piensan creer en Dios sin pasión en el corazón, sin angustia en el conocimiento, sin dudas ni incertidumbres, sin algo desesperado en el mismo consuelo, creen realmente en el Dios-idea más que en Dios mismo. Esa es la tesis que sostienen algunas de mis criaturas de ficción, como el profesor Morin y los principales protagonistas del drama de la leprosería africana que constituye la trama de The burnt-out case. Me encuentro, pues», dice el novelista británico, «con que, sin quererlo, me han situado en las tragicómicas aventuras de La Mancha quijotesca, acompañando al inmortal caballero». Y es que nada hay tan equívoco y perjudicial como identificar la función de un novelista con la del profesor de moral o la del teólogo.
Desde la escritura de la novela, Greene nos cuenta cómo se asomó al cine y al teatro, redactando guiones como El tercer hombre y comedias como El cuarto de estar. «El novelista escribe en soledad», nos dice. «Si tiene suerte, encontrará quizá otra persona con la que discutir pasajes y personajes de su obra agraz. El guionista de cine discute únicamente con el director del filme, pero al terminar el rodaje queda apartado del proceso final de la creación. No puede seguir directamente ni controlar las escenas que él ha imaginado. En cambio, el autor teatral tiene otra función radicalmente diversa. Yo descubrí que el rodaje de un filme tiene algo de enfrentamiento con el trabajo de una gran factoría, con señales, luces, palmadas, grúas y la jerarquía de las sillas de lona. No conocía, en cambio, el calor, la diversión y la camaradería del mundo del teatro. Ni el hecho de que el proceso creativo -para el que vive el hombre de letras- continúa mucho tiempo después de los ensayos y del estreno de la obra teatral».
Además de la tremenda condición solitaria del novelista, existe el hecho bien conocido de la irrupción en la psique del autor de los caracteres, cuya elaboración dura mucho tiempo -varios años- en algunos casos. Esa identificación de las figuras imaginarias de la novela en ciernes, con el espíritu del escritor pareja al rastro que deja en el talante de algunos actores la reiterada encarnación un día tras otro, en la escena, de un personaje de ficción es atroz para la vida interior del autor. del argumento. Las contradicciones y las flaquezas de las sombras inventadas recaen sobre quien las dio la vida. Además, en el largo tiempo de la elaboración cambia el ánimo y el tono del que escribe. Greene recuerda las veces que se ha visto enfrentado con las cuartillas o cuadernos. en los que escribió los primeros capítulos de una novela sin terminar muchos meses ha. «No seré nunca más el mismo hombre que fui cuando estos seres salieron de mi fantasía, aunque los haya llevado conmigo durante todo ese tiempo en mi subconsciente». De Flaubert se dijo que en algunas de sus cartas parecía convertirse en un personaje bovarista ganado por la pasión destructora de aquella vanidosa provinciana salida de su magín.
Esto le hizo inclinarse a Graham Greene hacia un último escapismo literario que enriqueció su fama: el de la Short-story o Cuento breve. «El cuento es para el novelista una evasión al no tener que vivir quien lo escribe ligado por mucho tiempo, como ocurre con los personajes novelísticos. El cuento, por su corta dimensión, permite dominar el tema con gran facilidad, y los protagonistas no conviven tantos meses o años en la mente de su autor».
¿Cuándo acaba la función creadora del escritor, el escapismo terapéutico del hombre de letras? Georges Simenon se retiró públicamente del oficio al cumplir los setenta años. Pero inmediatamente después empezó a redactar una serie dictada de volúmenes que reiteran cansinamente los viajes alrededor de su casa y de su cuarto mechados de reflexiones generales. Graham Greene tenía decidido hacer lo mismo después de publicar El factor humano. Pero nos cuenta cómo en 1971, durante un almuerzo familiar de Navidad celebrado en Suiza, la dramática historia de El doctor Fischer de Ginebra vino a su mente casi de golpe, cómo una trama satírica contra la avaricia humana. «La imaginación del escritor, como el cuerpo del hombre, luchan contra la muerte, contra toda razón». Valéry llamaba a los escritores «artesanos de las ideas», practicantes de una maestría que dura toda la vida. El éxito fue avaro para Greene y tardó muchos años en llegarle plenamente. Pero él pensaba, como Camus, que todo el que escribe guarda una esperanza, aunque sea de momento desconocido. Y que un día sus obras testimoniarán ante los lectores diciendo lo que fue.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de diciembre de 1980

lunes, 5 de junio de 2000

Graham Greene / Espías en el laberinto



Espías en el laberinto

JESUS FERNÁNDEZ SANTOS
19 OCT 1980


Resultaría inútil descubrir ahora la personalidad de Graham Greene, escritor, viajero, autor teatral, en tiempos agente más o menos secreto, como tantos de sus protagonistas, asiduamente repudiado por el Premio Nobel. Su catolicismo particular roza la sombra de su propia moral, de un dios particular, compasivo y burlón, a su imagen y semejanza.Desde el principio de los tiempos y, sobre todo, de las guerras, existen los servicios de información. Los siglos han cambiado su imagen, no sus procedimientos ni sus necesidades. Hoy, a medida que el arte de matar va haciéndose más eficaz y complicado, también la información secreta se asemeja a un laberinto, en el que agentes simples, cuando no agentes dobles, se persiguen a ciegas, unas veces en pos de una remuneración y, en ocasiones, por puro patriotismo.





El factor humano

Según la novela de Graham Greene. Dirección: Otto Preminger. Intérpretes: Richard Attenborough, John Gilgud, Derek Jacobi, Robert Morley, Nicol Williamson y la presentación de Iman. Aventura, 1979. Locales de estreno: Albéniz, Torre de Madrid y Minicine 3.

Este mundo particular, oscuro y a la vez apasionante, ha dado pie y materia a un tipo de novelas muy particular. Desde el más puro esquematismo de relatos en los que la acción por la acción se reduce a puros datos exteriores, hasta Greene, donde corre una amplia gama que culmina en este Factor humano, en el que el hombre vive y actúa como tal, acosado por sus mismas fuerzas en contra de sus enemigos o por mejor decirlo: en contra de otros hombres.
Así, lo que distingue al escritor de tantos otros, es ese andar a ras de tierra de sus héroes, que se remonta a sus primeras invenciones.

Agente doble

Conocedor por experiencia de personajes y ambientes, corno ya demostrara en ocasiones anteriores, profundo observador desapasionado del corazón humano, aquí presenta a un agente doble inglés atrapado en el laberinto de sus servicios al imperio británico y de sus propias convicciones. Como siempre en su vida y en su obra, se halla presente la ironía, ese humor especial que toca las orillas de la muerte y la vida, en este caso a la sombra de una pasión que nace por encima de razas y colores. La afición del autor por lo exótico nos lleva desde su habitual Inglaterra hasta Africa del Sur, donde esas mismas razas luchan por su definitiva hegemonía. La primera parte en la que se nos presenta la cara amable de los servicios británicos es lo mejor del filme. La segunda, cuando se nos ofrece su imagen verdadera y el amor cobra importancia, aparece más fría y rutinaria. Quizá ello se deba a una falta de fe del propio Greene en los motivos y procedimientos de sus antiguos compañeros utilizados en el servicio de su patria.Otto Preminger ha tomado del libro original lo que podía servirle y poco más, aderezándolo con una buena dirección de excelentes actores, tal como suele suceder en los repartos británicos.
La nota de color corre a cargo no sólo de la famosa Iman, más modelo que actriz, sino también de aquel famoso Claudio, que hace poco nos contaba en el televisor la decadencia de la corte romana. Todo cuanto la novela ofrece más allá de la anécdota o la intriga. queda en el filme de Preminger más para ser adivinado que sentido, más para ser leído que admirado. Tal parece ser hoy la servidumbre del cine nacido de la literatura: sugerir, interesar, hacer volver al espectador sobre el original para hallar la plenitud de las imágenes en la clave más honda de las páginas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de octubre de 1980