viernes, 3 de marzo de 2017

Guillermo Cabrera Infante / Cuba como desengaño


Guillermo Cabrera Infante

Cuba como desengaño

La dictadura castrista marcó la vida de Guillermo Cabrera Infante. Un volumen reúne sus escritos políticos: desde su temprano apoyo a la revolución hasta el desencanto y el exilio


VICENTE MOLINA FOIX
22 SEP 2015 - 12:30 COT


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Guillermo Cabrera Infante y su esposa, Miriam Gómez, en 1998. DANIEL MORDZINSKI

































Pero el apasionado lector y espectador en sus facetas más degustativas y selectas se da de cara un día, por sus amistades y sus afinidades, con la Historia, en mayúscula. Ha fundado con un grupo de cinéfilos también muy jóvenes la Cinemateca de Cuba, ha conocido a una muchacha con la que poco tiempo después se casará, y publica su primer cuento en Bohemia, por el que (Fulgencio Batista acababa de dar su golpe de Estado) se le expulsa de la escuela de periodismo y se le encarcela. Sale de prisión y, ya casado y padre de una hija, da el salto a su segunda personificación novelesca: nace G. Caín, de la costilla del cine, pues con ese seudónimo —inicialmente una tapadera— formado por las primeras sílabas de sus apellidos se da a conocer, de un modo que deslumbró pronto dentro y fuera de Cuba, escribiendo sobre películas en la revista Carteles y convirtiéndose, junto a James Agee, Manny Farber, José Luis Guarner o Pauline Kael, en uno de los críticos más ocurrentes e inteligentes que ha habido.

Guillermo Cabrera Infante / “¿El Anticastro? Admito que lo soy”



Guillermo Cabrera Infante

“¿El Anticastro? Admito que lo soy”

‘Mea Cuba antes y después' reúne los escritos políticos de Guillermo Cabrera Infante y recopila por primera vez los artículos en los que apoyó la revolución



JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 15 SEP 2015 - 16:17 COT





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Guillermo Cabrera Infante en la redacción de 'Lunes de Revolución', en La Habana, en 1961. EL PAÍS

“¿Cómo es posible que haya que dar explicaciones del ajusticiamiento de una figura tan deleznable como Cornelio Rojas? […] Es un simple caso de justicia, de la más elemental e inmediata. Los fusilados son criminales connotados, sus crímenes han sido cantados por ellos mismos; un pueblo de siempre sentimental no ha movido un dedo para impedir que sigan los ajusticiamientos; hasta los familiares de los ajusticiados saben que se obra con espíritu de honradez. [...] No son las ejecuciones lo que tratan de detener, sino la marcha segura y aplastante de la revolución cubana”. Esto escribió el 11 de abril de 1959 un joven periodista llamado Guillermo Cabrera Infante. Días después cumplía 30 años. El dictador Fulgencio Batista había abandonado Cuba en la nochevieja del 58, corrían tiempos de fervor revolucionario y el futuro novelista dirigía el suplemento cultural Lunes de Revolución. Tras dos años de idilio político y su estreno como escritor con Así en la paz como en la guerra (1960) —un libro de cuentos y “viñetas” de aire “sartriano, es decir, realista socialista”—, todo cambió.

jueves, 2 de marzo de 2017

Richard Kern / Muchachas desnudas


Richard Kern
MUCHACHAS DESNUDAS



Jaime Sabines / No es que muera de amor, muero de ti...

Corazón de artista
Ernesto Bertini

Jaime Sabines
BIOGRAFÍA
No es que muera de amor, muero de ti...

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ése,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,

Anne Carson / Ella




Anne Carson
Ella
Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.
Yo viajo en trenes todo el día y llevo muchos libros –
unos para mi madre, algunos para mí
que incluyen Las obras completas de Emily Brontë.
Es mi autora favorita.
También mi principal temor, al que trato de enfrentarme.
Cada vez que visito a mi madre
siento que me convierto en Emily Brontë,
mi vida solitaria a mi alrededor como un páramo,
mi torpe cuerpo recortándose sobre los barrizales con una apariencia de transformación
que muere cuando atravieso la puerta de la cocina.
¿Qué cuerpo es ese, Emily, que nosotras necesitamos?



Edwin Morgan / La canción del monstruo del lago Ness


Edwin Morgan
LA CANCIÓN DEL MONSTRUO 
DEL LAGO NESS

Sssnnnwhuffffll?
Hnwhuffl hhnnwfl hnfl hfl?
Gdroblboblhobngbl gbl gl g g g g glbgl.
Drublhaflablhaflubhafgabhaflhafl fl fl -
gm grawwwww grf grawf awfgm graw gm.
Hovoplodok-doplodovok-plovodokot-doplodokosh?
Splgraw fok fok splgrafhatchgabrlgabrl fok splfok!
Zgra kra gka fok!
Grof grawff ghaf?
Gombl mbl bl -
blm plm,
blm plm,
blm plm,
blp.


Edwin Morgan
From Glasgow to Saturn (Carcanet, 1973)
Collected Poems (Carcanet, 1990



miércoles, 1 de marzo de 2017

Isabel Huppert / Luz en la oscuridad



Isabelle Huppert

Luz en la oscuridad: Isabelle Huppert

Isabelle Huppert elige con coherencia roles moralmente complejos y, a veces, difíciles de ver en pantalla. Y, sin embargo, somos incapaces de apartar la mirada.
Rachel Donadio
1 de marzo de 2017

Hay dos orgasmos inesperados en Elle, la película de Paul Verhoeven, y ambos los alcanza Michèle, el personaje interpretado por la actriz francesa Isabelle Huppert, la intérprete con más películas que ha tenido en competición oficial del Festival de Cine de Cannes, como solo ella podría hacerlo. Michèle es una exitosa –y para nada frívola– ejecutiva de una empresa de videojuegos, cuyo padre es un asesino en serie en prisión y su madre, una cougar obsesionada con el sexo. Ex mujer de un escritor fracasado, madre de un hijo ni-ni y, por encima de todo, una mujer que ejerce el control sobre su violador al encontrar su propio placer en tan horrible acto; no se me ocurre qué otra actriz en activo podría haber sacado adelante este papel, quién podría haberlo dignificado, haberle dado profundidad y poner la nota de humor en ello.
Pero, antes de nada, dejemos algo claro: Elle no ensalza ni justifica la violación. No dice que las víctimas no deberían llamar a la policía e invitar, en cambio, a sus violadores a cenar con su familia, tal y como hace Michèle. La película, que rompe moldes en cuanto a géneros, es un regreso vertiginoso, el de Verhoeven, el provocador holandés autor de Instinto Básico y Robocop, y principalmente un vehículo para que Huppert explore todas –todas– las armas de su arsenal interpretativo. Susan Sontag, que una vez llamó a Isabelle Huppert “la artista total”, dijo que nunca había conocido “una actriz más inteligente, o una persona más inteligente en el mundo de los actores”. Cuando vi Elle entendí a qué se refería.
Hay algo intrínsecamente europeo en el entorno turbio y moralmente complejo por el que transita Elle. Verhoeven quería rodarla en Hollywood, pero unas cinco o seis actrices americanas rechazaron el papel, probablemente, pensó, porque la película no trataba sobre la clásica venganza. Pero eso era algo que no le preocupaba a Huppert, una actriz cuyos personajes han coqueteado con el incesto (Mi Madre) y el sadomasoquismo, de manera más llamativa en La Pianista, de Michael Haneke en 2001. (A Isabelle Huppert se la conoce como la ‘Meryl Streep francesa’ por sus cualidades técnicas, pero por mucho que haya adoptado distintas formas, las mujeres más duras que ha interpretado Streep nunca han llegado a ser tan oscuras).
Su curriculum es extraordinario: ha realizado más de 100 películas desde su debut en 1971, muchas de ellas con los cineastas más audaces y visionarios, entre los que se incluyen Claude Chabrol, Claire Denis, Curtis Hanson, Hal Hartley y François Ozon. El pasado otoño, además de Elle, protagonizaba El Porvenir, un melancólico y gracioso drama dirigido por la  también francesa Mia Hansen-Love. En él interpreta a Nathalie, una profesora parisina de filosofía a la que su marido deja por una mujer más joven, cuya madre muere y cuyo editor se niega a reeditar su libro, pero que encuentra una libertad inesperada en medio de todas estas pérdidas. Nathalie se dirige hacia la luz y Michèle hacia la oscuridad, pero ambos papeles demuestran la gran habilidad de Huppert para sacar fuerzas de la flaqueza.
Mi encuentro con la actriz sucede en el lobby de un hotel de Lyon, donde estaba rodando Madame Hyde, una reinterpretación libre de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde y su quinta producción en el último año. Viste de forma casual, con jeans y camiseta. Para llegar a su habitación, subimos –o, más bien, ascendemos corriendo, dada su velocidad– cuatro niveles de una amplia escalera de piedra. Ya en la habitación, se sienta en un diván rojo. Incluso así emana una fuerte energía, similar a la de los electrones libres dando vueltas en el núcleo. Empezamos charlando de Elle y me habla sobre su aproximación al personaje de Michèle: “Mientras actuaba, no entendía al personaje –dice mientras con el movimiento de sus manos genera una nube de Chanel Nº 5–, pero creo que ese es el material del que está hecha”. Gracias a no entender del todo a su personaje, evitó hacer de él una caricatura. Y funcionó, dice, porque “no estoy segura de si Michèle decide algo. Actúa por instinto e intuición. Está cegada”.
Algo que encanta a los directores de Huppert –ella se enorgullece de ser una actriz de directores-autor– es su capacidad para transmitir la complejidad moral de los personajes de una forma única. Tras ser violada, Michèle desenmascara a su agresor. Cuando ve a ese hombre al día siguiente, no parece ni turbada ni sorprendida; está en guardia, pero también tranquila. Al igual que Michèle y otros muchos de sus personajes, Huppert es capaz de transmitir la conciencia de sí misma. Da la impresión de poder observarse al mismo tiempo que nosotros, los espectadores, la miramos a ella. “Eso es lo bonito. Ella lo va descubriendo según va ocurriendo todo, y no tiene miedo de sentir lo que siente”, nos contó Verhoeven cuando hablamos. “Creo que siempre hay algo misterioso en su forma de actuar”, añade. “Nunca he visto a un actor o una actriz aportar tanto a la película que no estuviera en el guión”.
Verhoeven cuenta que la última escena que rodaron es una en la que Michèle se encuentra en una habitación con todos los empleados de la empresa de videojuegos y los está riñendo; la mayoría de ellos son hombres más jóvenes que ella. “Las convulsiones por el orgasmo resultan mucho más tímidas”, se queja de la escena de violación entre el monstruo y la mujer. Tan pronto como la cámara paró de filmar, Huppert se derrumbó sobre el suelo retorciéndose como si estuviera mudando la piel de su personaje. Dejó a todos en shock. “Nunca había visto nada similar. Evidentemente, fue como un exorcismo”, dice Verhoeven.
El director ha descrito a Huppert como “una verdadera actriz al estilo Brecht”, en el sentido de que marca una distancia entre ella y la audiencia, sin intentar seducirla o buscar su simpatía. Esta es una cualidad que tanto los directores como el público europeos han  aceptado muy bien, pero que puede resultar extraño para los americanos. Aun así, la francesa ha hecho interpretaciones excepcionales en Estados Unidos, especialmente en La puerta del cielo, el filme ahora de culto de Michael Cimino, y en Extrañas coincidencias, de David O. Russell, que podría interpretarse como una respuesta cómica al torturado personaje de La pianista. En una escena, Huppert le hunde la cabeza a Jason Schwartzman en el barro, justo después de decirle: “Es inevitable que vuelvas de nuevo al drama humano del deseo y sufrimiento”. (En ese momento, él empuja su cabeza –la de ella– en el barro y tienen sexo debajo de un árbol caído).
A Huppert le encanta el cine americano, pero sabe bien que su sensibilidad es marcadamente francesa. “A veces veo las interpretaciones americanas y me digo: ‘les falta algo, un punto, para no ser nada’ –precisa–, “en el sentido de que transmitan lo que significa escuchar, lo que significa tener el rostro sin expresión alguna”.
O para reaccionar con cierta ambigüedad en lugar de la forma esperada. Menciona una escena de El Porvenir, cuando su personaje atisba a su marido con su nueva novia desde el autobús parisino en el que va montada. Ahí Huppert, como Nathalie, deja escapar una carcajada de sorpresa.
Le pregunté a Hansen-Love qué es lo que cree que lleva a Huppert a elegir esos papeles. “Isabelle tiene esta adicción, porque en realidad se trata de un tipo de adicción”, señala. Es algo que “compartimos,  y es en esencia la relación que tiene con la actuación, lanzarse por completo a ello, perderse en sus papeles de forma que pueda sentirse más viva”.
A Huppert se la conoce por ser reservada y celosa de su intimidad –generalmente no habla con la prensa de otra cosa que no sean sus películas– y si hay algún tipo de conexión entre su propia vida y los papeles que escoge, es algo que solo sabe ella. Creció en una zona ‘bien’ de las afueras de París, siendo la pequeña de cinco hermanos. Fue su madre quien la animó a actuar, y la apuntó a una escuela con 14 años. Su padre se dedicaba al negocio de las cajas fuertes, una ironía según ella. “Todas las familias tienen sus secretos”, cuenta. “Pero sí, a veces como regalo de Navidad recibíamos pequeñas cajas fuertes, en miniatura”.
Con su pareja, el productor y director Ronald Chammah, ha tenido tres hijos. Su hija, Lolita Chammah, es también actriz, y Huppert ha trabajado con ella en dos películas. “Nuestra relación es mucho más fuerte que cualquiera de ficción”, señala. La primera vez que rodaron juntas “nos costó mucho creérnoslo. Nos daba la risa. No éramos capaces de comportarnos como actrices. Después, nos calmamos. Si no, era imposible”.
Le pregunto cómo fue volver a casa después de interpretar a Medea, la hechicera de la mitología griega que mata a sus hijos. Sonríe recordando cómo fue meterse en el papel en el Festival de Aviñón cuando su hijo pequeño, Angelo, apenas andaba y confundía el término “aidez-moi” (“ayúdame” en francés) con “Médée”, el nombre francés para Medea. “Es algo bastante freudiano”, dice.
Durante nuestra conversación, se muestra más viva cuando habla de los papeles que ha interpretado y, en concreto, cuando lo hace sobre los que le han llevado a sitios más oscuros. No le han cambiado, señala, pero los siente con mucha pasión. “Soy actriz de la cabeza a los pies”, dice llevándose las manos a la cabeza y después inclinándose para tocar los dedos que asoman por las sandalias. “Sé exactamente lo que significa sufrir por un personaje, odiarlo, amarlo. Aunque como actriz es completamente diferente. No sufres como lo hace el espectador. Cuando sufres como actriz, en realidad no sufres, sientes placer”.

Scarlett Johansson / Esquire III


Scarlett Johansson 
ESQUIRE III




Scarlett Johansson / Esquire II


Scarlett Johansson
ESQUIRE II









DE OTROS MUNDOS


DRAGON
Scarlett Johansson / Our Miss Scarlett



Los Obama llegan a un acuerdo millonario con Penguin Random House para publicar sus memorias




Michelle y Barack Obama leen Donde viven los monstruos,
de Maurice Sendak


Los Obama llegan a un acuerdo millonario con Penguin Random House para publicar sus memorias


Aunque no ha trascendido la cifra oficial, los rumores apuntan a que podría rondar los 60 millones de dólares

EFE
Washington, 1 de marzo de 2017

El expresidente de EE.UU. Barack Obama y su esposa, Michelle, han llegado a un acuerdo millonario con la editorial Penguin Random House para publicar los primeros libros que escribirán tras su salida de la Casa Blanca.

Aunque los detalles del acuerdo no han trascendido, «The Financial Times» ha desvelado que la pugna entre editoriales para lograr la firma de los Obama estaba alrededor de los 60 millones de dólares. Tampoco se conoce todavía cuándo verán la luz esos libros.

«Con sus palabras y liderazgo, (los Obama) cambiaron el mundo, y cada día, con los libros que publicamos en Penguin Random House, nos esforzamos por hacer lo mismo», dijo el director de la editorial, Markus Dohle, en un comunicado recogido por «The New York Times». «Ahora nos sentimos ansiosos por trabajar junto al presidente y a la señora Obama para hacer de cada uno de sus libros éxitos globales de una importancia y con un alcance sin precedentes», agregó Dohle.

Obama publicó en 1995 «Dreams from My Father: A Story of Race and Inheritance» y en 2006 «The Audacity of Hope: Thoughts on Reclaiming the American Dream» con marcas asociadas a Penguin Random House, empresa con sede en Nueva York. La ex primera dama, por su parte, publicó en 2012 «American Grown: The Story of the White House Kitchen Garden and Gardens Across America» con la editorial Crown, también de Penguin Random House.

Los Obama estuvieron representados durante la negociación por la consultora neoyorquina Harry Walker Agency. Según «The New York Times», los Obama tienen intención de donar parte de las ganancias a la Fundación Obama mientras que Penguin Random House donará un millón de ejemplares a la organización sin ánimo de lucro First Book.

ABC