martes, 24 de noviembre de 2020

Los motivos para ver «Gambito de dama» en Netflix




Los motivos para ver «Gambito de dama» en Netflix

La serie protagonizada por Anya Taylor-Joy es una de las mayores sorpresas televisivas del año

Ernesto Rodríguez
10 de noviembre de 2020


«Gambito de dama» es una creación extraña. Serie de deportes y análisis de personaje a partes iguales, el drama ajedrecista de Netflix es una de las grandes sorpresas de la plataforma este año. Escrita y dirigida por Scott Frank, guionista de «Logan» (2017) y «Minority Report» (2002), la serie presenta la historia de Elizabeth Harmond (Anya Taylor-Joy), quien descubre el ajedrez durante su infancia en un orfanato.

Con solo siete capítulos es fácil de ver en pocos días, y es suficientemente adictiva como para hacerlo en una sola tarde. Hay varios motivos por los que la serie funciona, y por los que consigue enganchar al espectador con facilidad.





Anya Taylor-Joy

Si hubiese un solo motivo para ver «Gambito de dama» sería su interpretación central. Harmond no es un personaje fácil. Sensual, brillante y rota a partes iguales. Capaz de resolver cualquier conversación con un comentario mordaz, ganar una partida de ajedrez en menos de treinta movimientos o de romperse y pasar días en una vorágine de alcohol y drogas.

Anya Taylor-Joy consigue encarnar todas sus contradicciones. Uno de los temas fundamentales de la serie es la soledad de su protagonista, por lo que pasa bastante tiempo sola frente a la cámara y Taylor-Joy hace que cada uno de estos instantes sea fascinante. Tanto sus intentos de llenar su vacío con sus vicios, como sus largas sesiones de entrenamiento frente a un tablero o un libro, consiguen captar la atención.



Las escenas de ajedrez

Aunque es poco probable aprender la estrategia del juego viendo la serie, Frank y compañía consiguen transmitirlo de forma electrizante. Mención especial para la editora Michelle Tesoro, quien ya ha trabajado en «House of cards» y «Así nos ven», y que sabe cómo sincronizarse con la banda sonora de Carlos Rafael Rivera para mantenernos al filo del asiento.

Pero no son solo los torneos, la serie consigue que entendamos la forma de pensar de los ajedrecistas de alto nivel. Desde trucos de visualización hasta la capacidad de memorizar juegos anteriores; es fácil entender cómo cada uno de los participantes entiende el deporte y por qué están enamorados del mismo. La serie llega al punto de revelar la personalidad de personajes clave explicando cómo mueven las piezas.

El nivel del elenco

Más allá de Taylor-Joy, el resto del elenco es de gran nivel. Desde Thomas Brodie-Sangster como Benny Wats, su principal rival estadounidense, pasando por Harry Melling en la piel de Harry Beltik, quién se convierte en su primera gran víctima dentro del mundo del ajedrez hasta llegar a Jacob Fortune-Lloyd como Townes, un periodista de ajedrez que se fija en la habilidad de la joven protagonista.

Pero lo mejor del elenco son cuatro figuras de la vida de Harmond que quizás hubiesen podido pasar más tiempo en pantalla. Bill Camp le da un aire de respetabilidad imprescindible al bedel que le enseña a jugar ajedrez; Marielle Heller da vida a la madre adoptiva de la joven ajedrecista y quien le traspasa algunos de sus problemas; Moses Ingram se convierte en Jolene, su primera amiga quién aparece de vuelta en momentos clave de la trama, y Marcin Dorociński consigue generar empatía y darnos pistas de una personalidad más profunda de la necesaria con las pocas escenas de su Vasily Borgov.

El diseño de producción y el vestuario

Aunque otros factores puedan opacar el aspecto visual, no debería ser secundario en los análisis. No solo es la dirección de Scott Frank en los siete capítulos sino que los escenarios y los vestuarios capturan a la perfección el ambiente de los 60 en cada una de las ciudades donde se desarrolla la historia, así como el estado mental de los personajes.

Esto último destaca en particular por la forma de vestir de la protagonista, quien pasa de ser una adolescente huérfana que trata de pasar desapercibida a saltar al glamour de su década. No se quedan atrás los trajes a la medida de Borgov o el eterno traje de cowboy que utiliza Wats.

ABC


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