Prólogo de Piedad Bonett
Ya el título del nuevo
libro de Jorge Cadavid, Herbarium, da
cuenta de la naturaleza de su aventura: un bello, un perfecto simulacro. Así
como un herbario es una colección de plantas secas que intenta describir un
ámbito natural, el libro de Jorge quiere ser un personal inventario del mundo
—incompleto, como todos los inventarios— a través de poemas que hablan de
hongos, de líquenes, de polen, de helechos, de todo aquello que José Celestino
Mutis —a quien está dedicado el libro— supo mirar con ojo de verdadero
científico. ¿Por qué simulacro? Porque —en ejercicio muy contemporáneo—
valiéndose de una palabra que pareciera remitir al lector a la precisión del
lenguaje científico, el poeta explora lo más hondo y sutil de lo humano, en
gesto que permite un desplazamiento simbólico de un campo semántico a otro, y
de lo llano, lo descriptivo, lo prosaico del catálogo, a lo sutilmente poético.
Como un maestro, en el sentido más literal de la palabra, el autor recoge las
lecciones de la naturaleza. No aquellas obvias, trajinadas, manoseadas en los
más pobres manuales escolares, sino las más secretas y más hondas, a veces,
paradójicamente, por estar a nivel de la superficie.
La
flor que viene con su color
a
empañar la luz
no es
una hipótesis
tras
ella ya madura
el
fruto presentido.
Lección de jardinería
Como detrás de cada cosa
de la naturaleza, detrás de cada poema de este libro está el misterio. Las palabras
apenas si abren un pequeño agujero por donde su resplandor asoma, para cerrarse
de nuevo. Lo inefable es otro nombre para ese misterio. Como tantos poetas,
Jorge Cadavid lo busca en lo pequeño. Con palabra acorde, sin altisonancias ni
rebuscamientos, con una sencillez tan aparente como la de la vida natural y un
ritmo cercano a la prosa. La misma sencillez que le permite decir que “el árbol
se narra a sí mismo”, que las rosas “son convencionales y estúpidas, y que los
helechos “son los últimos supervivientes/ de las eras primarias/ fósiles vivos
y rescatados/ de los tiempos geológicos”.
Su palabra velada y
transparente a la vez (milagro que sólo puede hacer la poesía) nos recuerda la
de Wistawa Szymborska, la poetisa polaca a quien Cadavid rinde tributo en Jardín interior. Como el de la Nobel
polaca, su lenguaje da una sensación de levedad, de naturalidad; también como
ella maneja el poeta un fino humor, una suave ironía, que puede verse en poemas
como Psicoanálisis del musgo. Dentro
de la poesía colombiana Jorge Cadavid, en éste y en libros anteriores, se
muestra como perteneciente a esa línea delgadísima de una poesía pura, de fino
lirismo, que hace del silencio y la sutileza sus mejores aliados. Con una
unidad temática y estilística absolutamente lograda, que sabe sortear los
peligros de la monotonía, Herbarium deja
claro que detrás de estos poemas hay una voz singular, una mirada única. Yo,
desde este modesto prólogo, invito a los lectores a reconocerla.
SIETE
POEMAS
CRISaNTEMOS
(Chrysanthemun
silence)
No hablan de nada
Largos silencios
llenan la plática
de indecible blancura.
POéTICA
El árbol se narra a sí
mismo
Los troncos se ladean
azotados por el viento
Los capullos germinan
Atrás los frutos
resplandecen
El tiempo de exposición
es toda la vida.
UN
CAZaDOR DE ORQUÍDeAS
(National
Geographic)
El estrago de las orquídeas
cesó.
Algunas se extinguieron para
siempre
de la faz de la tierra
Empezó la era de la
colonización
Las orquídeas poblaron todo el
planeta
Hay especies en Alaska, Siberia
e incluso en Groenlandia
Para adaptarse a condiciones
de vida tan diversas, las
orquídeas
han demostrado que poseen
una gran capacidad de
imaginación
Linneo suponía, como
Aristóteles,
que las orquídeas vivían
sólo del aire, como los poetas.
IDeOLOGÍA
DE LOS HOnGOS
(Chlorosplenium
aeroginascens)
La mayoría de los hongos
son cosmopolitas
se encuentran repartidos
por toda la tierra
Sus esporas han
derribado reinos
han desafiado ejércitos
Ni plantas, ni animales,
sólo hongos,
obligados para
sobrevivir
a inventar, a innovar,
organizarse
Cada hongo tiene un
sentido,
un orden profundo los gobierna
y se impone frente a
nosotros
El tiempo en ellos queda
detenido
en la oscuridad y el
polvo
debajo de los muebles
colgado en los percheros
La eternidad en ellos no
transcurre, no pasa,
es una cosa que se
pudre.
MAnZANA
POdRIDA
La manzana se pudre
en un plato
vertiginosamente inmóvil
La piel un tanto azulada
va traduciendo el enigma
Bajo el moroso relámpago
del verano
el tiempo no fluye, se
amontona
como en un mal sueño
Ningún pájaro se atreve
a posarse
en su hemisferio
terrestre
No sabemos de las
conspiraciones
meteorológicas que se
traman
en las altas esferas
consteladas
de una manzana.
PROfECÍA
Y la espalda
será rota
por el crisantemo.
BrEVE
hISTORIA
I
La lluvia multiplica
el peso
de las naranjas.
II
Los frutos maduros
en sus manos
y un resplandor
en sus ojos.
HeRBARIUM
México, Literelia
Editores, 2011

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