Agonía, disparates y saqueo
La cúpula del Gobierno en estos años no organizó un concierto sino una sinfonía para delinquir.
14 de febrero de 2026
Larga resulta la agonía del fracasado mandato del cambio del presidente Gustavo Petro. Mientras él da rienda suelta a sus delirios, que ahora incluyen el rendimiento que asegura alcanzar en la cama, y se imagina conspiraciones en su contra basadas en falsas denuncias anónimas, sus peones y alfiles untados de corrupción van cayendo uno a uno por acción de la Justicia, lo que ha llevado a Petro –en el colmo de sus desvaríos– a acusar a la fiscal general, Luz Adriana Camargo, a quien él mismo ternó, de estar al servicio de la oposición.
Los exministros Luis Fernando Velasco y Ricardo Bonilla están detenidos y llamados a juicio. El mininterior, Armando Benedetti, está siendo juzgado por la Corte Suprema por corrupción en contratos del Fonade, y enfrenta en el alto tribunal varios procesos más: inexplicable que siga en el cargo.
También está bajo la lupa el minsalud, Guillermo A. Jaramillo, cuya familia está ahíta de contratos del Gobierno. Y la mincultura, Yannai Kadamani, cuyo hermano, Salim, es uno de los favorecidos con contratos oficiales firmados horas antes de la vigencia de la ley de garantías, destinada a evitar el uso de dineros públicos en la campaña electoral. El jueves, la Contraloría reveló que el Ejecutivo firmó la bicoca de $ 14,8 billones en contratos a dedo, antes de la veda por la ley de garantías.
El ex jefe administrativo de la Presidencia, Carlos Ramón González, ficha clave del saqueo de la Unidad para la Gestión del Riesgo, también está siendo juzgado, pero en ausencia, pues se fugó a Nicaragua. Olmedo López, nombrado por Petro al frente de esa unidad, está preso por ejecutar el robo para comprar congresistas que apoyasen los proyectos petristas.
También por ese caso está en líos judiciales Jaime Ramírez Cobo, exasesor de la otrora mandamás de la Casa de Nariño, Laura Sarabia, quien –distanciada de Petro– tiene sus propios enredos con la ley. A juicio fue llamado el presidente de Ecopetrol y exgerente de la campaña petrista, Ricardo Roa. También va a juicio la mano derecha del Presidente y de Benedetti, la mañosa Juliana Guerrero, por las fraudulentas maniobras para hacerse con un diploma universitario chimbo.
No es exagerado afirmar que la cúpula del gobierno petrista, más que un equipo de gobierno, se convirtió no en un concierto, sino en una sinfonía para delinquir. El Presidente no ha asumido la más mínima responsabilidad política, no ha presentado disculpas públicas por la manada de ladrones que nombró y, por el contrario, se ha dedicado a culpar a todo el mundo, menos a sí mismo.
También se ha lavado las manos ante el aumento de la criminalidad por la libertad de actuar que les dio a sus amigos de las bandas criminales, y ante la imprevisión y lenta atención a las víctimas de la emergencia invernal. En vez de reconocer los errores resultantes de su desgobierno, Petro se pasa los días haciendo gala de alucinantes dislates.
No es exagerado afirmar que la cúpula del gobierno petrista, más que un equipo de gobierno, se convirtió no en un concierto, sino en una sinfonía para delinquir
La USO, el poderoso sindicato petrolero que no es precisamente vocero de la derecha oligárquica, lo acaba de dejar en evidencia. En una reprimenda sin igual a un jefe del Estado, el presidente de la USO, Martín Ravelo, le cantó la tabla a Petro el miércoles, por sus opiniones sobre el tema petrolero: “Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese no pasará de ser un disparate”, dijo a propósito de unas muy equivocadas apreciaciones de Petro. Y remató: “Decir disparates no resuelve nada...”.
Pero los disparates seguirán. Es el único recurso que le queda al Presidente para continuar con su tarea de engatusador de incautos. Y seguirá el saqueo, pues son muchos los funcionarios del ejército petrista que saben que la fiesta está tocando a su fin, y que quedan menos de seis meses para llenar las tulas y los maletines con dinero público, que no es otro que la plata de todos los colombianos.

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