El País, 8 OCT 1980
jueves, 10 de septiembre de 2026
1980 García Márquez / El fantasma del Premio Nobel I
El País, 8 OCT 1980
miércoles, 9 de septiembre de 2026
Aladino, Frankenstein y la IA: una entrevista con Jeanette Winterson

Aladino, Frankenstein y la IA:
una entrevista
con Jeanette Winterson
Steven Sampson2 de septiembre de 2026
«Aladino y yo» , un ensayo de Jeanette Winterson, relata su encuentro con el personaje de Aladino y con Las mil y una noches . Se trata de un libro híbrido, a la vez íntimo, erudito y teórico, en el que la autora combina recuerdos personales con reflexiones sobre la historia de la ciencia, los estilos narrativos orientales y occidentales, los grandes mitos —como Drácula y Frankenstein—, la inteligencia artificial y el código binario, tanto en el ámbito de la sexualidad como en la informática. Su ensayo es cautivador.
Jeanette Winterson / La vida mejora a medida que envejeces
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| Jeanette Winterson |
¿Cómo me relajo? Corriendo. Teniendo sexo. (Pero odio tener sexo mientras corro).
Rosanna Greenstret
5 de diciembre de 2009
Jeanette Winterson fue criada por padres adoptivos en Accrington. A los 23, escribió Oranges Are Not The Only Fruit, obra que ganó un premio Whitbread , y posteriormente la adaptó para una serie de la BBC que obtuvo tres premios BAFTA. En 2006, recibió la Orden del Imperio Británico (OBE) por sus servicios a la literatura. Vive entre Gloucestershire y Londres.
De genios, monstruos y mitos

De genios, monstruos y mitos
La lectura de Henry James conserva la virtud de desintoxicarme y de poner en su lugar a la mayor parte de la ficción que me veo obligado a leer
01. James
Así como mi amigo (supongo) Marías selecciona de vez en cuando una docena de películas de su completísima videoteca, y se regala con un ciclo de, por ejemplo, Joseph Mankiewicz (incluyendo, desde luego, El fantasma y la señora Muir, 1947), a mí me da por montarme de cuando en vez pequeños ciclos de los novelistas que adoro. En la última quincena he releído algunas de las mejores novelas cortas de Henry James (1843-1916), casi todas por debajo de las cien páginas. Aunque James publicó, además de sus grandes libros de ficción, más de 120 novelas cortas y cuentos, en esta ocasión me he limitado a algunas nouvelles publicadas durante la década de 1890, una de sus más prolíficas en lo que se refiere a ficción breve.
En esa época, el autor norteamericano (que se nacionalizó británico en 1914 como protesta a la no intervención de Estados Unidos en la primera fase de la guerra “europea”) se empeñó (en vano) en conquistar la escena teatral londinense, dedicando a ello la mayor parte de su tiempo, mientras se financiaba publicando narraciones cortas en revistas y recopilaciones. A ellas pertenecen las cuatro que he releído últimamente: El alumno (1891), La vida privada (1892), La figura en la alfombra (1896) y Los amigos de los amigos (1896). Mientras las revisaba (con subrayados y alguna nota de diferentes épocas) volvía a colocar a su autor en mi personal panteón de los más grandes narradores de la edad moderna: la lectura de James conserva todavía la virtud de desintoxicarme y de poner en su lugar a la mayor parte de la ficción que me veo obligado a leer.

James no necesita de “acción” o de complejas intrigas espectaculares para contar historias “interesantes” (una cualidad que juzgaba imprescindible en la novela): las suyas, siempre un prodigio de profundidad narrativa, de dominio del punto de vista y de capacidad para penetrar con sugerencias y elipsis en el interior de unos personajes sin juzgarlos —una tarea que deja siempre al arbitrio del lector— constituyen, además de un placer para la inteligencia, la mejor recomendación para los novelistas en ciernes. El pretexto para volver a James me lo dio la recuperación por Gatopardo de Lo que Maisie sabía (1897), una gran novela (y muy apropiada para acercarse al autor) que viene precedida de un estupendo prólogo de Nora Catelli, una de las críticas más perspicaces e informadas de la obra de James. Y, para mis improbables lectores que quieran leer algunos de sus mejores relatos, resultan muy asequibles, entre otras, las recopilaciones publicadas por Penguin Clásicos y Cátedra. De nada, acuérdense de mí si los disfrutan.

02. Animalitos
A la moda del nature writing se añade últimamente el subsector más especializado de lo que podríamos llamar animal writing. En las últimas semanas se han incorporado a la pila adyacente a mi sillón de orejas dos de las muestras zoológico-editoriales que, tras franquear una criba minuciosa, me han parecido más significativas. Adiós al caballo (Taurus), de Ulrich Raulff, es una elegíaca historia natural-cultural de este extraordinario animal que ha acompañado, como bestia de carga o de transporte, a casi todas las culturas de la tierra. Raulff traza una muy legible epopeya transversal, con eruditas incursiones en el cine, la literatura y el arte, acerca de lo que, a lo largo de la historia —desde el neolítico hasta el automóvil— el caballo ha representado para la humanidad.

Más insólito, pero igualmente agradecido, me ha resultado El alma de los pulpos (Seix Barral), de Sy Montgomery, con prólogo “amigo” de Donna Leon. Sin pretender ser un consumado malacólogo, el pulpo es una criatura ante la que siempre he sentido un contradictorio sentimiento de amor-terror. De jovencito pescaba pulpos pequeños buceando entre las rocas hundidas del mar de Calafell, al tiempo que me estremecía con las películas (20.000 leguas de viaje submarino, de Richard Fleisher, por ejemplo) y libros en los que pulpos y calamares gigantes y otros monstruosos kraken irrumpían en la aventura de esforzados exploradores. De mayor, ya más maleado, disfruto más bien con el exquisito bocado de un buen pulpo a la brasa o, si no hay más remedio, a feira. La naturalista Sy Montgomery construye su ensayo literariamente pulposo (así te atrapa su lectura) como si fuera una novela de aventuras cuyo protagonista es ese fascinante y antiquísimo cefalópodo que puede cambiar de color, tiene boca (con pico) en una axila y envenena a sus presas antes de devorarlas.

03. Navideños
Con el “planeta” ya concedido, y celebrado con la acostumbrada pompa y promiscuidad político-social, se oficializa la temporada del libro navideño, muchas de cuyas muestras han ido llegando a las librerías en las últimas semanas. Los hay de todo tipo y condición, aunque en todos predomina, como “filosofía” subyacente, el deseo de hacer caja para cuadrar el final del ejercicio; claro que, con el mercado atiborrado, muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Entre los últimos que he recibido selecciono, para empezar, dos que me han parecido estupendos. La Luna (Atalanta, 58 euros), de la analista junguiana Jules Cashford —a quien los lectores interesados en los mitos primordiales recordarán por su monumental El mito de la diosa, publicado también por Jacobo Siruela cuando aún era director editorial del sello al que prestó su nombre—, es una fascinante enciclopedia bellamente ilustrada de los mitos, símbolos y representaciones a los que la Luna, ese astro que tanto influye en nuestros humores, ha dado lugar desde los orígenes de la humanidad.
Más explícitamente navideño es el volumen Días de Navidad (Lumen, 22,90 euros), de Jeanette Winterson, en el que se recogen 12 narraciones imaginarias (y una felicitación autobiográfica) acompañadas de otras tantas recetas de manjares muy apropiados para la estación.
martes, 8 de septiembre de 2026
El último día de Borges y los seis meses de destierro en Ginebra

PRESENTE ETERNO – Jorge Luis Borges y María Kodama, en Nueva York en 1985.
El último día de Borges y los seis meses de destierro en Ginebra
El sábado 14 de junio de 1986, sobre el mediodía (o esa es mi memoria), los altavoces de la Feria del Libro de Madrid anunciaron la muerte del escritor Jorge Luis Borges. Fue como un latigazo para los paseantes, que unánimes se dirigieron a las casetas para adquirir algún título del fallecido, como un último homenaje. Esa mañana se agotaron su libros. Algunos recordarían que el año anterior —en ese mismo Paseo de Coches del Retiro—, un anciano pero aún verosímil Borges había estado presentando su último poemario, Los conjurados (Alianza Tres), y por la tarde no cesó de firmar libros hasta que, llegado al número 333, como un homenaje a su querido Dante, se frenó. Ya era de noche, aunque Borges llevaba treinta años viviendo en esa borrosa luminosidad que era su ceguera. No era un mal número, 333, nueve veces más que 37, que fueron los ejemplares que vendió de su libro de ensayos Historia de la eternidad, justo medio siglo antes.
Cuentos completos, de Borges
Cuentos completos, de Jorge Luis Borges
David Pérez Vega
8 de septiembre de 2026
La primera vez que leí a Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986) fue en 1989, cuando tenía quince años. Un profesor de matemáticas quiso ayudar a los alumnos a comprender el concepto de infinito y para ello nos fotocopió tres cuentos de Borges: “El libro de arena”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”y “El Aleph”. Me gustaron, pero como por aquel entonces yo era un lector de ciencia ficción y terror no seguí con él hasta que, un poco antes de cumplir veinte años, conocí a Charles Bukowski y mis intereses literarios cambiaron. A los veinte años leí Artificios(1944), aunque no sé si todos sus cuentos, en una de aquellas pequeñas ediciones de Alianza 100 de los años noventa. Y luego compré, en Alianza también, libros como Ficciones (1944) y El Aleph (1949). El informe de Brodie (1970) y El libro de arena (1975) los saqué de una biblioteca. Más tarde compré el Volumen 1 de las Obras completas de Borges en Emecé, y vendí de segunda mano las ediciones de Alianza porque no tenía mucho sitio en casa (a veces me he arrepentido de hacerlo). En este volumen de Emecé estaban también los primeros libros de poesía y ensayo de Borges, y más de una vez pensé seguir leyendo los siguientes volúmenes de Emecé que tiene mi mujer en casa. Sin embargo, cuando vi que la editorial Alfaguara publicaba las obras completas de Borges, separando su producción por géneros —cuentos, poesía y ensayo—, me apeteció solicitarle estos libros para poder leerlos en este formato y reseñarlos. He empezado por el libro Cuentos completos. La mayoría de las páginas de este libro ha sido una relectura (algunos cuentos los volvía a leer por segunda vez, y algunos otros por tercera o cuarta) y solo al último —La memoria de Shakespeare (1983)— me he acercado por primera vez.
Casa de citas / Borges

CASA DE CITAS
Jorge Luis Borges
- «El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez»
- «La duda es uno de los nombres de la inteligencia»
- «La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido»
- «Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única»
- «No hables a menos que puedas mejorar el silencio»
- «Cada escritor crea a sus precursores»
- «La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí»
- «El libro es una extensión de la memoria y la imaginación»
- «La verdad nunca penetra en una mente no dispuesta»
- «Soñar es la actividad estética más antigua»
- «El arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara»
- «Solo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece»
- «El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho»
- «La biblioteca es una de las formas más bellas de la felicidad»
- «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído»
- «Hay cosas que solo pueden decirse en un idioma y no en otro»
- «La memoria del hombre forma su propio Edén interior»
- «Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres»
- «La poesía nace del dolor. La alegría es un fin en sí misma»
- «Aceptamos la realidad tan fácilmente, tal vez porque sentimos que nada es real»
- «Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria»
- «El universo espera, inagotable, invitador»
- «Enamorarse es crear una religión que tiene un dios falible»
- «Nada está construido en piedra; todo está construido sobre arena, pero debemos construir como si la arena fuera de piedra»
- «La Historia Universal es la de un solo hombre»
- «Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes»
- «La censura es la madre de la metáfora»
- «No estoy seguro de existir, en realidad. Soy todos los escritores que he leído, todas las personas que he conocido, todas las mujeres que he amado; todas las ciudades que he visitado»
- «La mente estaba soñando. El mundo fue su sueño»
- «He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz»
- «La paternidad y los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres»
- «Las tiranías fomentan la estupidez»
- «El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo»
lunes, 7 de septiembre de 2026
"El silencio de las sirenas” de Franz Kafka
"El silencio de las sirenas” de Franz Kafka
Silencio como forma de poder
Existen peligros que cantan,
y otros más precisos que esperan.
Esperan a que afinemos nuestra defensa.
Contra una música que nunca empieza.
Al Pacino, sobre cómo le ningunearon en 'El padrino'

Al Pacino, sobre cómo le ningunearon en 'El padrino': "Me vi en la tesitura de que estuvieron a punto de despedirme unas dos semanas después de empezar"
El veterano y oscarizado intérprete dio vida a Michael Corleone en la trilogía de 'El padrino' de Francis Ford Coppola, uno de sus papeles más recordados.
Llanto por Ignacio Sánchez Mejías / Federico a las cinco

LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS
Federico a las cinco
La editorial El paseo reedita el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca, enriquecido por las glosas de Andrew A. Anderson, Georges Didi-Huberman, Luis Francisco Esplá, Laura García-Lorca, Pedro G. Romero, Alberto González Troyano, Belén Maya, Luis Pérez-Oramas, Antonio J. Pradel, Francesc Torres y Nöel Valis.
domingo, 6 de septiembre de 2026
Borges, el poeta
El Borges poeta
Borges no se acaba nunca
Borges no se acaba nunca
Hilario J Rodríguez
6 de julio de 2026
Supongamos que alguien lee Los miserables, de Victor Hugo, pero se salta ciertos párrafos descriptivos que —al parecer— no le interesan. ¿Podrá decir que ha leído la obra cuando llegue al final? ¿Podrán decirlo quienes la hayan leído sin saltarse nada si se han fiado de una traducción y no del original en francés? Me temo que no, que nadie podrá asegurar nada de forma rotunda. Ni siquiera el propio Victor Hugo. Quizás su versión definitiva sufrió revisiones por parte del editor, como los primeros cuentos de Raymond Carver. Y seguramente tenía erratas de todo tipo que precisaron del trabajo de un corrector concienzudo. Puede que él mismo hiciese cambios de última hora o que hiciese supresiones o añadidos para la segunda edición. Sus biógrafos o los filólogos podrían aclarar ciertas cosas a ese respecto. Lo malo es que así sería fácil quedar atrapado para siempre en las páginas de la novela. Habría que cotejar el manuscrito original, asegurarse de que no existen más, ver sus diferencias con respecto a la edición que se maneja… Estos procedimientos, por desgracia, no servirían para afianzar la seguridad de conocer la obra sino más bien para dejar claras las limitaciones que existen para conseguirlo. Al fin y al cabo, el autor ya no está aquí, de modo que cualquier posible duda se tendría que despejar con hipótesis, y aun en caso de que estuviese podría tratarse de un desmemoriado o un embustero. Javier Marías, por ejemplo, cuenta en un texto recogido en Pasiones pasadas que, antes de traducir El enterramiento en urnas de Thomas Browne, revisó la parte que habían traducido Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, donde abundaban las libertades y los libertinajes, además de un bellísimo párrafo inventado por ellos.
Juan Cruz / Escuchando hablar a Piglia… y a Borges
Escuchando hablar a Piglia… y a Borges
Juan Cruz
11 de agosto de 2026
Este último estuvo, por cierto, en la casa de Mara una vez que tuve la suerte de estar por allí, escuchándolo. Era impresionante cómo hablaba aquel nombre propio de la cultura literaria de uno de los países más cultos del globo. Por encima de las voces de los otros, Piglia se elevaba con la autoridad de una enciclopedia y nos dejaba a todos callados y alegres, como si estuviéramos en el día en que se inventaron el cine y la escritura.


