sábado, 7 de octubre de 2000

Isaac Bashevis Singer / La supervivencia de la diáspora

Isaac Bashevis Singer

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1978
ISAAC BASHEVIS SINGER
BIOGRAFÍA

La supervivencia de la diáspora



MARCOS-RICARDO BARNATAN
6 OCT 1978


El Premio Nobel acaba de ser concedido al último gran escritor yiddish. lsaac Bashevis Singer representa la fidelidad a una lengua condenada definitivamente a muerte, el habla legendaria de los judíos centroeuropeos, en la que se extendió durante varios siglos la vasta diáspora y con la que sobrevivió una cultura inmensamente rica. Sólo la terquedad, el acendrado espíritu de conservación, hizo que Singer no renunciara a la lengua de sus mayores y que al abandonar Polonia en 1935 no se doblegara nunca ante la inevitable prepotencia del inglés. Una lengua en trance de extinción ante el renacimiento del hebreo, como nueva expresión de los judíos, sirve a Singer como vehículo postrero de un mundo ya desaparecido y que él evoca con la vieja elocuencia del jasidismo y el esplendor clásico de la mejor tradición narrativa de la Europa decimonónica.Una obra que persiste en marcar las características que tuvo el ghetto, la vida en aislamiento de las comunidades judías, pero desnudando también el conflicto de integración de esos personajes en la contemporaneidad, sus choques frontales con los otros. Singer no puede escapar al destino de su pueblo, y toda su producción es consciente del complejo de diferencia que tatúa a toda minoría. Como Sholem Aleijem, aunque con menos humor y un poco más de dramatismo, su prosa describe una realidad más ambiciosa que rebasa el contexto de los personajes para abarcar a la ubicua, legión que ejemplifica en unos arquetipos. Si el verso de Bialik se dirigía a esa misma diáspora y la encausaba hacia su promesa milenaria, la vuelta a Canaan, Singer es el escritor de la extraterritorialidad, porque sus hombres viven en Polonia y en Montevideo, en Nueva York o en Buenos Aires, en Varsovia o en Jerusalén. Sólo el lenguaje común, la diferencia, el impreciso origen, los hermana en la ilimitada diáspora. No importa ya el escenario, la geografía se difumina ante el poder fraterno de una suprasensibilidad.






De ahí que no sea difícil identificarlo con Navokov, aunque necesariamente tendríamos que completarlo con Flaubert y Dostoievski, en un tricéfalo especimen que resume en sí mismo tres procesos distintos, y cargarlo aún con el exotismo mayor de un narrador que clausura una lengua y una literatura. Fenómeno insólito al qué rara vez se puede asistir con plena consciencia, y con la seguridad de no encontrarse con un producto decadente sino con toda la potencia de un narrador magistral.
Escritor judío en el sentido más estricto de la palabra, Singer posee toda la sabiduría tradicional aliada con los recursos de un narrador moderno que hará exclamar a Henry Miller ese «volvería a empezar por ahí» que tanto sorprendió a algunos, pero que es totalmente coherente con el vitalismo del norteamericano. Porque Singer no desciende nunca a la elegía sino que prefiere labrar un testamento vivo, donde se pueda reconocer la procesión completa, terrible y gozosa, de una multitudinaria realidad que se niega a perder. Singer sobreviviente, guarda con celo el viejo tesoro de los suyos, pero para ofrecerlo a los otros, a los demás que acabarán siendo el modelo final de la acechante asimilación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 1978


El capítulo final de Tennessee Williams

Tennessee Williams
Ilustración de Bernad Safran 



El capítulo final deTennessee Williams


ANDRÉS FERNÁNDEZ RUBIO
7 OCT 1996

Hace un mes que no llegan flores frescas, como cada semana, a la suite de dos habitaciones en la que vivía Rose Williams. La hermana e inspiradora de Tennessee Williams, disminuida mentalmente tras la lobotomía que le fue practicada en 1943, murió el pasado 4 de septiembre, a los 87 años de edad, y la noticia apenas traspasó las paredes de la Bethel Methodist Home (en Ossining, Nueva York), un edificio de ladrillo rojo en lo alto de una colina.-El patronato que el dramaturgo dejó constituido a su muerte en 1983 -unos 1 300 millones de, pesetas de herencia-, se encargó de que a Rose Williams no le faltase nada: le llegaban flores, tenía enfermeras las 24 horas, buenos muebles, visitas frecuentes y una fotografía enmarcada sobre el televisor con su actor favorito, Tristan Rogers, de su serie favorita, Hospital general."Rose. Su cabeza cortada abierta. Una navaja punzando en su cerebro. Yo. Aquí. Fumando". El poema de Tennessee Williams revela el dolor que supuso para él la pavorosa operación a la que su hermana mayor fue sometida, al parecer sin conocimiento del dramaturgo y con la sola autorización de su madre, Edwina Dakin (quien siempre pensó que su hijo nunca la perdonó por ello). En la biografia Tom, el desconocido Tennessee Williams, Lyle Leverich retrata el sofocante ambiente habitado por los hermanos, ambos vírgenes con 24 y 22 años, bajo la presión puritana de la madre y el temor a un padre alcohólico y violento (Tennessee Williams acabaría descubriendo su homosexualidad y Rose entraría en un declive demencial en buena parte consecuencia de su sexualidad frustrada).
"Tom [Tennessee] había idolatrado a su hermana desde que era un niño, y disfrutaba con cualquier imagen de ella", escribe Leverich, para quien "con el tiempo, se fue desvelando que el amor que sentían Tom y Rose el uno por el otro fue el más profundo de sus vidas".

Sangre alterada

"Mi madre y mi abuela materna venían de una sangre más calmada que mi hermana y yo", escribió Tennessee Williams. "Ellas eran incapaces de sospechar los peligros a los que nos enfrentábamos por el hecho de tener la sangre turbulenta de nuestro padre. Energías irreconciliables luchaban por la supremacía dentro de nosotros. La paz no podía conseguirse nunca: como mucho una especie de armisticio, de fuego latente alcanzado tras numerosas batallas". Esa violencia interior, la represión, la santidad, la histeria, el desequilibrio de la mente, los tranquilizantes, la opresión amiental y el fracaso de los débiles desprotegidos forman parte de los rasgos con los que Tennessee Williams dibujó algunos de sus mejores personajes. Varios de ellos se inspiraron en su hermana Rose Williams, sobre todo el de Laura en El zoo de cristal, pero también el de Blanche du Bois en Un tranvía llamado deseo, Hannah Jelkes en La noche de la iguana y Alma Winemiller en Verano y humo (esta última obra se representa en la actualidad en Broadway, en un desigual montaje interpretado por Mary McDonnell y Harry Hamlin). Prácticamente en cada obra de Williams puede seguirse el rastro, en algún personaje principal o secundario, de su hermana Rose. El dramaturgo le devolvió la conciencia por medio del teatro, en un sentimiento difuso de huida, desolación y culpa. En un poema se dirige a ella: "Quién vendrá, temprano y suavemente, a tranquilizar mi casa / mientras ando por las habitaciones en sombra con el corazón abrumado?"
En su vida cotidiana Rose Williams se había inventado una familia con la mujer que la cuidaba -a la que consideraba su hija-, la enfermera de día y el conductor. En la pared había un póster de su hermano, al que imaginaba como hijo suyo, al igual que al productor Charles Bowden, uno de sus visitantes leales. Disfrutaba de placeres como la ropa, cantar himnos en la iglesia, viajar en coche o las navidades. En una ocasión, con su hermano todavía vivo, éste, Maureen Stapleton y otros amigos le montaron a Rose Williams unas navidades en pleno verano, y los dos hermanos bailaron y cantaron villancicos. Como si se tratara de un reflejo real de Blanche du Bois, Rose Williams nunca decía no, sino "no lo deseo".
La revista The new yorker ha dicho que su muerte cierra el capítulo final del gran legado que su hermano dejó al siglo XX.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de octubre de 1996

viernes, 6 de octubre de 2000

Isaac Bashevis Singer / El triunfo de una literatura marginal

Isaac Bashevis Singer
Poster de T.A.
PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1978
ISAAC BASHEVIS SINGER
BIOGRAFÍA

El triunfo de una literatura marginal


6 OCT 1978

«Maravilloso, terrible y espléndido mundo el de Isaac Bashevis Singer, bendito sea su nombre. Quien penetre en él a fondo no sabe cómo reaccionar, si danzando, cantando o gritando de alegría... Si tuviese hoy que volver a empezar a escribir tomaría como modelo a Singer. Todo lo que hace es perfecto: cuando come, come; cuando canta, canta; cuando camina, camina... no vacila nunca. Es un escritor que puede enloquecer a quien sepa aprender la melodía que discurre por sus líneas y el sentido que en ella se encierra.» Estas palabras de Henry Miller rnuestran que la figura del reciente Premio Nobel de Literatura no es la de un desconocido. Se trata, desde luego, de un gran artista, pero de un artista marginal. Un escritor judío que además escribe en yiddish. El exilio es triple. Prinaero, por judío; después, por polaco, obligado al huir del terror nazi a Estados Unidos. Y allí, en una lengua marginal, menor, que no es el inglés, ni siquiera el hebreo clásico, ha dado su potente, hermoso, trágico y repleto de ternura testimonio.El lector español, en esta ocasión, ha tenido suerte. Hay una breve bibliografía en castellano del nuevo Premio Nobel, y esto ya desde hace más de diez años. Se trata de versiones del inglés, desde luego: el propio Singer traduce sus libros de yiddish al inglés; primero lo hizo por sí solo, después echando mano de colaboradores, hasta que finalmente se limita a revisar las traducciones que hacen otros, y más frecuentemente otras. Cronológicamente, lo primero que se publicó de Singer en castellano vino de la mano de aquellos primeros libros de bolsillo que publicaba Ediciones G. P., que luego dieron lugar a la editorial Plaza y Janés. Recuerdo a mediados de los sesenta una novela, El mago de Lublin, y un espléndido libro de relatos, El Spinoza de la calle Market. Y ya en la década de los setenta, las tres grandes novelas -La casa de Jampol, Los herederos y La familia Moskat y un libro de relatos: Un amigo de Kafka. También apareció hace muchos años otra novela, Satán en Goray -que describe las persecuciones de judíos en la Edad Media y que no he podido consultar.
Otras obras
La producción de Singer comprende, además, otras dos novelas largas, El esclavo y Enemigos, una historia de amor; otro libro de relatos, Gimpel el tonto, y unas memorias, En el patio de mi padre. De entre las traducciones al castellano destacan las efectuadas por el novelista Andrés Bosch. La muestra es por tanto bastante importante para el lector español.
Hijo de rabino, estudiante en un seminario rabínico en su Polonia natal, se exilió a Estados Unidos en 1935, cuando ya contaba treinta años. Escritor y periodista en lengua yiddish, ha publicado sus relatos, novelas y trabajos periodísticos en periódicos y revistas que aparecen en Norteamérica en este idioma, y ha sido su traducción al inglés lo que le ha proporcionado lenta, pero inexorablemente, una discreta y casi secreta fama universal, que le ha llevado hasta el Premio Nobel.
Su inspiración, sus personajes y sus historias parten de su propio mundo el universo de los judíos centrocuropeos, de los ashkenazi, sometidos a los más violentos huracanes de la historia contemporánea. Sus libros reflejan esta larga trayectoria de un mundo que se deshace, presa de la diáspora, desde mediados del siglo pasado, con la ocupa ción rusa de Polonia, hasta la invasión del país por las tropas de Hitler en la segunda guerra mundial. La descomposición, la destrucción implacable de las comunidades judías, de los ghettos, es descrita por Singer no como el producto de un agente exterior, de una maldición histórica, sino desde el interior de sus mismos personajes, familias y colectividades, en medio del conflicto, además entre tradición y modernismo. Sus grandes novelas están repletas de personajes, de anécdotas e historias, y se siguen unas a otras en orden eronológico, aunque en acciones independientes.
La inspiración religiosa, sin embargo, viene en Singer teñida de realidad, de sensualidad: su misticismo es también pesimista, desencantado: gusta de describir personajes humildes, sumidos en grandes y pequeñas tragedias, pero su talante no es jamás cruel: una escéptica ternura, una emocion teñida de nihilismo atraviesa todos sus libros. Se ha dicho de él que es un reaccionario, mas no por conservador, sino por un sutil anarquismo escéptico que lo traspasa que es un obseso sexual, pero sus descripciones nunca atraviesan los límites de la crudeza; que es un desplazado alimentado por cierto demonismo. Misticismo pesimista, moralista que se burla de la moral, un humor que parece ansiar la santidad y desemboca en el erotismo, todos estos rasgos están presentes en sus libros, tanto en sus grandes frescos novelescos como en sus intensos relatos breves, cuya temática abandona ya el mundo europeo para retratar a las comunidades judías estadounidenses y hasta en sus cuentos infantiles. En este sentido, si se le ha comparado con Flaubert o Gódol, también hace pensar en los escritores norteamericanos judíos, como Bernard Malamud o el propio Saul Bellow.
Los judíos americanos de Singer son -al contrario de los europeos- solitarios, ridículos a veces, pobres gentes movidas, sin embargo, por una extraña potencia interior. Esta es la literatura marginal, la literatura menor -pero recuérdese el estudio de Deleuze y Guattari sobre Kafka. Por una literatura menor- que el arte sutil y peculiar de Isaac Bashevis Singer ha hecho universal.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de octubre de 1978



miércoles, 4 de octubre de 2000

Cristina Peri Rossi / El amor es una droga

Cristina Peri Rossi



BIOGRAFÍA

Entrevista por Isabeltxu Ojeda Cruz

Hoy nuestro contacto es con la escritora Cristina Peri Rossi, de la cual se habló, y mucho, en España, por la presentación de su última novela, "El amor es una droga". El diario El País de Madrid comenzaba diciendo, por ejemplo: "Un fotógrafo llega a los 50 con adicción a varias sustancias y con el corazón maltrecho. Después de una cura de desintoxicación, se retira al campo. Pero un día va a la ciudad y conoce a una chica muy bonita que lo conduce al abismo". 


Así presentaba brevemente esta novela El País de Madrid, que fue, además, presentada en sociedad el pasado 18 de setiembre. 



La presentamos, primero, en Barcelona, donde la presentó Manolo Vázquez Montalbán, a quienes ustedes conocen por sus numerosos viajes a Montevideo. Y después, Vicente Berrut la presentó en Madrid. Te voy a aclarar que la crónica de El País, hecha muy rápido tiene un pequeño error. El título de la novela es "El amor es una droga dura", que es como se le llama, como tú sabés, a las drogas "fuertes", a la cocaína y a la heroína, a diferencia de las drogas "blandas". 


¿Y es cierto que tú dijiste que te llevó toda la vida escribir esta novela? 

Sí, pero fue la contestación a uno de los tantos periodistas que preguntan "cuánto tiempo le llevó escribir este libro". Yo creo que cualquier libro lleva toda la vida, en la medida en que un libro es un resumen de todas las experiencias que uno ha vivido hasta ese momento, de todo lo que ha leído, de todo lo que ha vivido, de sus propias contradicciones: de todo el ser hasta ese momento. Como si pusiéramos en la computadora un tema, y saliera toda la información que viene no solamente de la conciencia, sino también del inconsciente. 

Por eso la respuesta fue "toda la vida". Pero la podría haber dado acerca de cualquier otro libro. 

Es una historia de pasión, y de pasión aún a costa de la salud. 

Sí. Lo que los románticos llamaban "la pasión por el abismo", ¿no? Y de lo que nosotros somos todavía herederos. Esto lo decía Borges, que afirmaba que el romanticismo no era solamente un movimiento estético de determinado período conocido con el nombre de "Sturm und Drang" ("tormenta y pasión"), sino que era una sensibilidad. Y creo que los uruguayos tenemos bastante herencia también a través de Italia. Es una novela sobre la pasión, sobre la pasión de un hombre que tiene un problema cardíaco y que tiene que decidir si se retira al campo a llevar una vida más mansa, confortable y tranquila, o si sigue viviendo como le gustaba vivir antes, aún a riesgo de perder la vida. Que, de todas maneras, siempre la vamos a perder. Porque eso es verdad. 

Hagamos un poquito de memoria en este espacio en que, además de enterarnos de esta última novela tuya, queríamos... 

Que, por suerte (y quiero decirlo con mucha satisfacción), va a llegar pronto a Uruguay porque se va a publicar en la Argentina. Así que voy a tener la alegría de que va a llegar pronto a Uruguay. 

Haciendo un poco memoria: desde que te radicaste en España, ¿viviste siempre en Barcelona? 

Sí. Se puede decir que permanentemente he estado en Barcelona, excepto en un período en que tuve una de esas maravillosas invitaciones; quizá la mejor invitación para escritores, en el año 1980&; de la Deutscher Peremischer Austandient, de Berlín, cuando todavía existía el muro, que invita cada año a un escritor no europeo, a un músico, a un director de cine. Y en 1980 me tocó a mí. 

Tuve el privilegio y la gran suerte de vivir en Berlín (a pesar de no saber ni una palabra de alemán ni de inglés, pues yo sólo conozco las lenguas latinas). Para mí fue una experiencia realmente emocionante porque encontré en Berlín muchas cosas que creía perdidas al haberme ido de Montevideo. Sobre todo, el tipo de gente que vivía entonces en Berlín. En esa época, cuando existía el muro, no existía servicio militar si se residía en Berlín. Entonces, todo los chicos jóvenes contestatarios que no estaban de acuerdo con el sistema de servicio militar, la juventud que se podía pensar que era heredera de los ideales de la modernidad y del año 68, estaba en Berlín. Para mí fue una experiencia muy rica, de la cual salió, además, un libro de poemas que se llama "Europa después de la lluvia" y parte de mi novela "La nave de los locos". 

Me hablás de Berlín, y tenemos todavía la noticia fresquita del Premio Nobel de Literatura para Günther Grass. ¿Cómo lo recibiste? ¿Qué te pareció? 

A mí me parece correcto. Entre los candidatos que había, me parece que se lo merece, sobre todo porque ha sido un intelectual muy coherente. Quizá es la única voz disidente que todavía queda en Alemania, el único intelectual (no el único, pero el más importante), y muy en solitario, que defiende los viejos ideales de fraternidad, libertad, que tantos han traicionado. 

No muy querido en su país, ¿no? 

Fue discutido. Pero él tiene que hacer el papel del intelectual. El ha asumido el papel que tenía el intelectual durante la Ilustración, es decir, criticar el sistema, sea cual sea el sistema. Criticar todo aquello que es injusto, estemos en el sistema en que estemos. El ha sido muy fiel a ese principio y lo sigue siendo, aun a costa de lo que puede ser el cariño o no. Tampoco podemos aspirar a que nos quiera todo el mundo. Yo, ¿para qué quiero que me quiera Pinochet? ¿Para qué quiero que me quiera Hitler? No podemos aspirar a que nos quiera todo el mundo. Que nos quieran aquellos cuyo cariño significa una apuesta por nosotros mismos y la confianza. 

Volviendo a tu ciudad, a Barcelona... 

Gracias por lo de "tu ciudad", ¡pero mi ciudad es Montevideo! 

Sí, ya sé. Además, venís casi todos los años, ¿no es así? 

La verdad es que tengo el premio "Ciudad de Barcelona", de lo cual estoy enormemente orgullosa. En 1992 me dieron ese premio por un libro de poemas firmado "Mabel Bárbara" y que tiene la virtud de que es un premio al que uno no se presenta. En ese premio concursan todos los libros publicados durante ese año y un jurado decide cuál es el mejor. Me lo dieron cuando se cumplían 20 años de mi llegada a la ciudad. O sea que me lo tomé como un homenaje simbólico, aunque posiblemente los que me adjudicaron el premio no tenían la menor idea de que se cumplían esos 20 años. 

¿En qué zona de Barcelona vivís? 

En este momento vivo en un barrio que está bastante cerca de la Diagonal, que es la Gran Vía, como si dijéramos 18 de Julio. Pero vivo en esta zona; que es una zona intermedia, de clase media; sobre todo porque tiene una plaza adelante. Barcelona, como las grandes ciudades europeas, es una ciudad superpoblada, con problemas de contaminación. Y tener una plaza con unos arbolitos enfrente, aunque te parezca mentira, es un privilegio. Entonces, cuando me asomo al ventanal, veo la plaza, veo los arbolitos (que, además, son raquíticos porque aquí llueve poco y la tierra es poco fértil). Pero, de todas maneras, es algo muy importante tener algo de verde alrededor, en una ciudad que es muy hermosa pero que está construida con asfalto y cemento y hierro. 

Es una ciudad, de todos modos, que te ha cautivado, no te has movido de ella, no has querido dejarla. 

Tengo una relación ambivalente, como se tiene con todas las ciudades donde uno se exilió y que no eligió por motivos turísticos. Barcelona, además, ha cambiado mucho. Y la Barcelona que más me gusta es la de estos últimos años. A partir de las Olimpíadas la ciudad ha cambiado mucho. No solamente se embelleció, porque la verdad es que la gestión del Ayuntamiento socialista ha sido espléndida: limpiaron todos los edificios, convirtieron en peatonales muchas calles; sobre todo, se preocuparon por que este problema de la contaminación, de la falta de espacios verdes, e intentaron un "pacto" entre la necesidad de expansión de los automóviles y la construcción de edificios, y, digamos, el aspecto humano de la ciudad. 

En estos últimos años, de 1992 hasta ahora, la ciudad ha pegado un gran cambio, y yo creo que también los catalanes, que es una gente muy discreta, muy respetuosa de la vida privada, pero que a veces parecían un poco fríos. Ahora, sobre todo porque se ha convertido en un gran escaparate de compra y venta y de negocios, son más simpáticos. 

¿Tenés tus costumbres cotidianas de ciudadana muy arraigada, cosas que hacés semanalmente, cosas que te gusta hacer en Barcelona? 

Yo soy muy "barriera", me gustan mucho los barrios. Lo que pasa es que en estas ciudades grandes el barrio existe poco. Aunque Barcelona los conserva. En la parte en que estoy viviendo ahora, no es tanto el barrio, sino que un edificio enorme de unos 600 o 700 departamentos. No se puede hacer vida de barrio, pero en los otros lugares en que he vivido en Barcelona he tenido, por ejemplo, la cafetería, donde voy de mañana a desayunarme y donde la gente del barrio me reconoce y a veces va la televisión a filmarme. 

Entonces, la he tenido que sustituir por otras cafeterías que me gustan mucho. Costumbre montevideana y que en Barcelona se tiene poco porque la gente vive de manera muy acelerada, realmente con falta de tiempo para conversar con los amigos. Hay ciertos lugares que para mí son emblemáticos, que son como fetiches, y lamentablemente veo que a veces los destruyen con mucha rapidez. Aquí todo se construye muy rápidamente. Pero como soy muy sentimental y muy tanguera, hay lugares... 

El otro día estaba en la consulta del médico, porque quería algo para la gripe, y una señora de unos 70 años, me dice: "Hola, Cristina". Yo no la reconozco. "Cristina Peri Rossi", dice. "¿Usted no se acuerda de mí?" "No", le respondo. Y me dice: "Soy la cajera de...", y me nombra una confitería a la que yo iba muy a menudo. Y dice: "¡Las veces que la vi escribir en esa confitería! Yo era la cajera. Pero me jubilé". Esas cosas son tiernas y a mí me emocionan. Yo creo que son las cosas por las que vale la pena vivir. Pero en las grandes ciudades se pierden estas cosas. 

¿Desayunás siempre fuera de casa? 

Aquí los horarios son distintos. Justamente, en estos días está aquí una gran amiga uruguaya, Cristina Medina, que vino a la presentación de mi libro, a quien deben conocer porque es ayudante de dirección teatral, y hablábamos de los horarios distintos a los de Uruguay que hay en las comidas. Aquí se almuerza a las 3 de la tarde. Entonces, los uruguayos, que tenemos la costumbre de almorzar antes, a las 12 del día estamos muertos de hambre. Por lo tanto, nos vamos a tomar algo, un segundo desayuno antes del almuerzo. 

¿Y en esos lugares escribís, tenés inspiración fácil? ¿No te interrumpe la televisión ni la gente que te saluda? 

No. Yo tengo la facilidad de que puedo escribir en cualquier lugar donde me sienta cómoda. Lo que sí es cierto es que las veces que he intentado escribir fuera de Barcelona me ha sido más difícil. Viví un tiempo en Sevilla y me costó bastante escribir ahí porque la luz es distinta, el entorno es distinto. Y el problema es que, después de haber añorado tanto Montevideo, no tengo ganas de irme a otro lugar a añorar a Barcelona... Al fin y al cabo, los seres humanos somos animales de costumbres. Y Barcelona tiene para mí un encanto particular, que es que tiene un puerto y para mí es muy difícil... Estuve presentando el libro en Madrid, y Madrid está bellísima, hermosa, elegantísima; es una gran ciudad, mucho más cosmopolita que Barcelona, por cierto, y tiene una luz maravillosa, una luz casi montevideana. Y, sin embargo, le falta el mar. 

Barcelona ahora se ha abierto al mar; porque estaba de espaldas; y era una cosa que a los uruguayos nos volvía locos, y decíamos: "¿Cómo es posible tener el mar y construir de espaldas al mar?" Lo que está frente al mar en Barcelona es el cementerio judío, que se llama Montjuic ("monte de los judíos"), que sería el equivalente a nuestro Cerro. Pero vivían de espaldas al mar, mucho más vinculados con la tierra. Casi todos los barceloneses tienen un abuelo rural, del campo, de la Cataluña profunda. Y están mucho más relacionados con la cultura rural que con la cultura portuaria, que es una cultura de tránsito, de novedades, un poco más de mundo que se mueve. 

A partir de las Olimpíadas, Barcelona se abrió al mar. Yo le he dedicado varios poemas, en mi último libro, que se llama "Inmovilidad de los barcos", a esta apertura al mar que era tan necesaria para la ciudad. 

Además de los libros que publicaste, y que acabás de publicar en España, ¿seguís colaborando con revistas y con diarios españoles? 

Sí. No sé si se leen en Montevideo, porque yo no tengo control sobre eso, sino que lo tiene la agencia, que es EFE, que tiene un servicio que se llama "Grandes firmas", en el que somos diez o doce escritores (está Octavio Paz, y estuvo un tiempo Bioy Casares), y la única mujer soy yo. Es un servicio que vende el artículo. En esos artículos puedo hablar sobre lo que quiero con total libertad, ya sea sobre lo social, lo político o lo cultural. Yo hago un artículo mensual y sé que la agencia lo vende en todas partes. Sé que a veces lo venden en Venezuela, pero no tengo control sobre ellos. Simplemente yo los remito y ellos los revenden. Esa es una de las formas de estar presente. Además, colaboro esporádicamente mucho en diarios y revistas locales, tanto de Madrid como de Barcelona. 

Hablando de Cataluña, de los catalanes y de Barcelona, me imagino que a esta altura hablás el catalán como el español...
Te imaginás mal porque soy una gran lectora de lenguas latinas y, además, una gran admiradora del provenzal, que es el origen del catalán; pero hablo muy mal y, como ves, conservo el acento uruguayo inconfundiblemente. Creo que se me nota porque cada vez que subo a un taxi me preguntan de dónde soy, y normalmente creen que soy porteña porque les cuesta mucho distinguir el acento porteño del montevideano. 

El catalán lo entiendo. Por ejemplo, si me invitan a un programa en el Canal Autonómico catalán, que sólo se emite en catalán, me hacen las preguntas en catalán y yo contesto en castellano. Pero es porque yo tengo gran dificultad para hablar cualquier lengua que no sea la "barriobajera" de Montevideo. 

"El amor es una droga dura" es la última novela de Cristina Peri Rossi, que tendremos, como ella misma lo anunciaba, pronto por aquí. Y seguramente tendremos a la propia Cristina, que suele venir en el verano, ¿no? 

Sí. Aprovecho, generalmente, diciembre. El año pasado estaba escribiendo esta novela, que terminé el 25 de enero, y es un período de gran actividad aquí porque a los catalanes les cuesta mucho imaginar la Navidad y el año nuevo en verano. Es un período de gran actividad, aquí, pero espero poder ir este año. Mi gran ilusión es poder ir este año en un momento de diciembre. 

* Entrevista realizada por la estación de radio El Espectador, Uruguay 4 de octubre de 1999. Transcripción de Fernando Iglesias. 

GALEON

FICCIONES


Poemas


domingo, 1 de octubre de 2000

Jesús Pardo / En primera persona

Autorretrato sin retoques - Pardo, Jesús - 978-84-339-1036-3 ...
Jesús Pardo

En primera persona



Antonio Muñoz Molina
1 de octubre de 1996

Cuando Sancho Panza se disponía. a tomar posesión de su cargo de gobernador en la. Insula Barataria, uno de los muchos y muy sensatos consejos que le da don Quijote es que no incurra en -el antojo de dejarse crecer muy larga la uña del dedo meñique, calificando ese hábito de "purco y extraordinario abuso". Leyendo estos días las memorias de Jesús Pardo, me entero de que el refina do esteta y presunto dandi César González-Ruano, además de su bigote dinástico, sus camisas y sortijas con monograma y otros indicios visibles de distinción social, cuidaba y pulía con extrema delicadeza una uña muy larga en su dedo meñique, cuya utilidad no era exclusivamente suntuaria: la misma uña, dice Pardo, le servía para practicar dos orificios opuestos en los huevos crudos que se desayunaba, lo cual ya eleva el puerco y extraordinario abuso cervantino a una altura de náusea, y da una información mínima, pero muy reveladora, sobre la catadura del personaje.La uña de González-Ruano, la toquilla de vieja que se ponía don Pío Baroja sobre los hombros para no coger frío mientras charlaba con las visitas, los trajes perfectamente cortados de Cela en medio de la pobretería indumentaria del Gijón, los puños de sus camisas, que Pardo llama agresivos, el regreso fantasma a Madrid de Ramón Gómez de la Serna, la irrupción resplandeciente de Ava Gardner en una tertulia melancólica de literatos y artistas sin mucho porvenir, que la miraban luego, extranjera, inaccesible, camal, mientras el gomoso seductor Mario Cabré, que se pavoneaba con ella del brazo por los bares modernos y las salas de fiestas de Madrid, recitaba poemas taurinos a los que nadie prestaba la menor atención.